jueves, 19 de junio de 2014

LA MONTAÑA PEPENTINA

Hay momentos en que las palabras se quedan cortas, vacías, en los que no apetece decir nada, solo dejarse llevar por los sentidos y disfrutar de parajes irrepetibles, de esos que te dejan sin respiración mientras escuchas el silencio de las montañas, mecido por el suave ulular de una brisa fresca, e iluminado por un suave sol primaveral. Es en esos momentos cuando miras a los compañeros de viaje y agradeces interiormente su compañía, sin hablar, sin pestañear, mientras escuchas una más que agradable explicación sobre fenómenos raros…rraaros. 
Y, de repente, sin previo aviso, como una tormenta inesperada...: -"¡¡OLISTOLITO!!!...el palabro, a medio camino entre una imprecación cursi y el saludo a un viejo amigo, retumba como trueno solitario sobre nuestras cabezas antes de arrancarse montaña abajo, provocando un par de desprendimientos y una estampida de bisontes cercanos.
El causante del desasosiego general, erguido y orgulloso, y ajeno a la zozobra que amenaza entre los bachilleres, contempla embelesado sus antiguos predios: reinos de caliza, de pizarras, de cuarcitas cuaternarias, de plataformas carbonatadas, de paleorelieves marinos, de ¡pedrolos!, en fin, de cualquier clase y condición 
También pasan por su mente los fríos interminables de una tesis larga y retirada por esas mismas montañas, perseguido en ocasiones por celosos furtivos que vigilaban sus pasos..

El resto del exiguo grupo, que adopta expresiones de angustia y temor, ante el desconocimiento del inusitado vocablo, recupera un poco la cordura ante la consiguiente explicación por parte del licenciado: -“...un bloque se superpone a otro y la parte que se superpone va deshaciéndose y a medida que se deshace van cayendo morrillos enormes…van cayendo y quedan preservados dentro de lo que es la cuenca carbonifera…”-...-”Aaaahhhh…"- responde el coro de lechuguinos sin entender nada….
La cuadrilla, mermado por las lesiones y bajas anticipadas, intenta recuperarse del descalabro de ascender hasta los 1800 metros del camino de Herreruela de Castillería por una rampa dura y sostenida, sin apenas esquinas donde descansar del interminable repecho y con tan poco oxígeno en el cerebro ya es duro hasta respirar…-“respira Pau, que paramos aquí…”.

El valle se desenrolla hacia abajo como una lámina coloreada, en dirección a Cervera, donde se encuentra el amistoso Hostal Peñalabra, que aloja al curso estudiantil, y donde el geólogo ha dejado a sus féminas queridas, con la esperanza de que no se aburran en demasía por la Tejeda de Tosande ( no, no era una fábrica de tejas, ¡lelos!, si no un bosque de tejos…), y no descubran el tono rojizo que empieza a teñir su clara piel, a la que no ha protegido suficiente (lo cierto es que después de la cena, no volvimos a saber nada de él…hasta el día siguiente…). -“...el carbonífero activo estructuralmente es más moderno que el carbonífero explotable. Primero son la cuencas carboníferas que dan el carbón y acaban con una etapa de compresión que es cuando se levanta la Cordillera Cantábrica…”Comprimidos están los estudiantes mirando arriba hacia al pico Valdecebollas, encaramado en los 2140 metros, y rodeado por tardías nevadas. Llevan ya unos doce kilómetros en plato pequeño y les quedan por lo menos otros dos de lucha contra el terreno. 
El ascenso allá arriba, una vez finalizada la conferencia, claro, se produce de manera tranquila y peatonal, porque no hay forma humana de avanzar montado en las yeguas!!!, así que toca hacer
pierna. Será una hora larga de portear el equipo cada cual a su estilo y manera, de los más variopintos, aunque se impone el “arrastre animal”, porque la nieve forma “donuts” en las ruedas, hasta la llegada al mismo vértice del pico hortelano.
Las vistas desde el mismo son aún más impresionantes, si cabe, observando la impresionante mole caliza del Espigüete, (que de espigado tiene poco, es más bien achatado y gordo), respaldado por los lejanos Picos de Europa y los parques de Fuentes Carrionas y Saja-Besaya mientras que por los bajíos corren las aguas del Pisuega y el Carrión.
Conforman la aterida colegiata, que se refugia tras el monolito del picacho mientras mastican algo que les de gracia: los avezados montañeros Moya y Del Real, los ya veteranos Barquín y  Lorente, el grácil y esbelto Blas y el grafista Mancha.

Han llegado todos ayer por la tarde, mas o menos juntos en un trayecto largo y perdido, sobre todo para el navegador ruso de Blas, empeñado en llevarnos por la Nacional Seistrrrreeinnntra y cuatrrrro…sin la ayuda de esa excelente copilota de Marín, estaríamos camino de Zaragoza…para las fiestas del Pilar!!!
El caso es que aquí estamos, rodeados de macizos calcareos, plegamientos y perolitos de esos de los que indica el titular de la cátedra, -“…y luego está reactivada durante la orogenia alpina que es cuando se forman los Alpes y además se produce una compresión levantándose de nuevo la Cordillera Cantábrica…”, (con tanto levantamiento seguro que nos sale alguna loma de más por el camino…) cuando nos damos cuenta de que tenemos hambre…pero qué mucha hambre y hay todavía un largo tramo hasta el lugar escogido para almorzar…y el hecho es que los bocadillos de lomo, cortesía de la hostelera, que llevamos en las mochilas sueltan un aroma sobrecogedor. 
Se impone descender, no sin antes darle un poco de aire a la rueda de Joaquín, que está un poco floja, y tomamos el camino nevado que baja hacia el Este, en dirección a un afloramiento tectónico de esos que los legos llamamos “el monte ese de ahí” y el  estudioso que nos acompaña, que pasó una juventud muy aburrida y solitaria, , vaya…denomina:-”...sedimentación turbidítica de tipo terrígeno...”, quedándose tan ancho mientras las personas humildes echan mano de alguna piedra con la que reducir la duración de la plática.
La bajada hacia lo que sea eso grande -“... estamos claramente pisando una situación sinorogénica…” (los asistentes vuelven a coger las piedras…) se hace de forma caótica y desordenada, toda vez que no existe senda marcada sobre la que circular, llegando disgregados al inacabado y mastodóntico refugio El Golobar, testigo de ese grandonismo ibérico que es nuestra seña de identidad hispánica y que se repite década tras década: si en aquella ocasión fue un refugio, ahora son aeropuertos, metrotrenes, etc, etc….
El refugio se encuentra a 1.800 metros de altitud y la carretera que lleva a él desde Brañosera presume de ser la de mayor altitud de la región. Se trata de una carretera más bien rota y llena de guijarrillos por donde nos lanzamos, tras esperar a Joaquín, que en esta ocasión estaba abonando la flora local. Descenso rápido, ¡muy rápido! en el que las fuerzas de choque se ponen en cabeza, ya sea por su mayor volumen o masa corporal…Paulino y Blas marcan unos nada despreciables #@# km/h (cifras censuradas por el bienestar familiar de los pupilos…) adelantando al resto del recreo que siguen sus fugaces estelas. 
En Brañosera toca parada para engullir ¡por fin! el bocadillo de lomo, cuyos grasas goteaban ya por alguna mochila, en el mesón Cholo, (por cierto, lleno hasta las trancas, apuntarlo para ir a comer algún día perdido) y reponer los líquidos consumidos. 
Pero nuestras alegrías durarían menos que los ya citados emparedados: lo que tardó el preceptor del grupo en mostrarnos la salida del pueblo: un rodeo hacía Barruelo de Santullan con una primera parte plagada de rampas retorcidas en las que hay que agarrar el manillar con las pestañas para no caerse hacia atrás. Y todo ello bajo los esfuerzos del estómago para digerir el lomo y las cervezas…sin alcohol…
Un buen rato después y cuando ya estábamos a punto de atrapar al Sartenero Mayor, que mantenía una prudente distancia entre él y nuestras piedras, el camino apuntó hacia abajo y nos condujo por un fresco bosque de hayas, helechos y otras plantas más (arándanos silvestres, apunta el botánico Pablo) pasando por antiguos caleros en dirección a la villa.
De Barruelo se va hacia Villabellaco, cuyo nombre, malpensados, no tiene nada que ver con Pepe; al parecer proviene de Vellaco o Velasco, antiguo poseedor de aquellos parajes, y donde, diose la casualidad que sufrimos una cruel bellaquería: el tener que ascender durante ¡cuatro! interminables kilómetros por una pérfida y funesta carretera. Por supuesto, ese fue el momento para que los amantes de las bicicletas finas y delicadas marcaran el ritmo a sufrir por los demás alumnos. 
Este puerto de 2ª especial, cuyo premio se llevó el barbudo Barquín, está situado en Valle de Santullán, donde hay unas cuantas esculturas y un camino en homenaje a un artista local, (Ursicino se llamaba, hay un “fierro” a la entrada del pueblo que hay que echarle imaginación...).
A los pocos minutos aparecería el resto del pelotón, con gestos hoscos y acusatorios, y todos juntos y en armonía, tomaríamos una pista que rodea Peña Cilda (...¿cómo la de la película?...si la de los Picapiedra…) devolviéndonos a San Cebrián de Muda con unos 50 kilómetros en las piernas y francas sonrisas en los rostros. Como siempre, el ladino doctor Barcaiztegui había reservado una de sus encerronas para el final: una larga e inacabable pradería en la que el cansancio acumulado nos hacía ver cigüeñas donde solo había palos trapeados, fueron momentos de angustia y desolación, no por lo trapos acigueñados, no, por aquel prado no se acababa nunca!!.
Poco restaba desde allí al lugar de partida, San Cebrián. Allí en el pueblo y mientras ajustábamos las monturas en sus lugares de transporte (caramba con el minicoche de Joaquín, menuda sótano trae en el maletero!!...) saludamos a la guardesa eclesiástica, agradable mujer donde las halla, que portaba una llave tan grande como el orgullo de Blas al verse delgado, que sale en todas las fotos presumiendo de perfil, y que nos relató sus tareas monacales con gran desparpajo.
 De San Cebrián acelerando hasta Cervera, lugar de recogimiento; había que asearse convenientemente y prepararse para la final de la Copa, previo paso por un buen local del pueblo dotado de ¡8! Pantallas televisivas…como para no gustarte el futbol. La cena posterior transcurrió con calma y tranquilidad, eso sí, vimos al maestro educador un poco callado y con las orejas…rojas…gachas.
Más tarde un reducido grupúsculo decidió rematar la cena con unos bebercios por los bares de la zona, pero el cansancio obligaba a los valientes a retornar pronto al hostal, donde ya roncaban a pierna suelta Llorente y Blas.
Al día siguiente la oficialidad había previsto una sencilla ruta partiendo de San Martín de los Herreros y subiendo a alguna peña cercana pero los ánimos de los presentes no estaban por la labor, y solamente los esforzados Barquín y Juan, que alguna promesa habían hecho, (si no, no se entiende) montaron en sus jumentas para  alcanzar el Jubileo. El resto del grupo haría lo mismo, pero en forma de tranquilo paseo dominical, pero la cosa nos salió rana, porque a medio camino, un chaparrón de los que te mojan hasta los calcetines que dejaste en casa, hizo que retornáramos a los coches chapoteando como patos en el río, acompañados por una mastina y su quejumbroso retoño.
Allí ya estaban los montaraces, que también recortaron la ruta ante el riesgo de ahogarse por el camino, y porque se sentía un poco solos, aunque no lo confesaran.
Vuelta al Hostal a despedirse y a recoger los equipajes, que nunca entran donde vinieron y retorno a los hogares, previo paso por Reinosa para comer y en Unquera a aprovisionarse de corbatas para toda la familia.


Y como moraleja, si alguna vez veis una piedra, roca o montaña, (algunas llevan una casa encima), que no tenga nada que ver con el entorno, que se sienta triste y desamparada, como cuando estáis en medio de un grupo de carreteros, entonces seguro que es un olistolito de esos...
 -"…normalmente situado dentro de formaciones olistostrómicas…”
¡¡¡Pepeeee!!!...que nos hundes, hombre...!!!

N.A.: frases reales del tenaz geólogo, rescatadas del archivo sonoro de la expedición.
Video:https://www.dropbox.com/s/alwv0jckqpm3kd4/Cervera%20de%20Pisuerga%20La%20Pelicula.WMV

jueves, 15 de mayo de 2014

1101 PEREGRINOS 2014

Corría el año 1970 o 71, que más da, y tenía yo un profesor de primaria, en aquellos tiempos gloriosos de la EGB, serio y riguroso como correspondía a la época, de nombre don Felipe, y cuyos nudillos de acero atemorizaban al más bragado de los alumnos. 
Poseía este hombre (aparte de una muñeca rápida y certera, caramba!) una afinidad tal por los “roscos” que rayaba en la obsesión: daba igual que te esforzaras, que llegaras temprano, que le dejaras los deberes pulcros y ordenados encima de su mesa…, al final mochileabas para casa dos o tres ceros…por no hacer el rabito a las letras, por no formar en fila recta, por reírte del vecino…etc, etc. 
Claro está, que además del redondo guarismo, también te llevabas un par de buenos coscorrones nudillares en la cabeza…creo que todavía me duelen.
El caso es que el hombre pasó a mejor vida hace ya unos cuantos años y andará, a sus anchas, repartiendo collejas por esos mundos espirituales. 
Y cuento todo esto, porque estoy seguro de que su espíritu se ha reencarnado…si es que no tengo ninguna duda…sigue castigándome con sus “roscos” cuarenta años después….está aquí, ¿no lo veis?...si, si, es el cuentakilómetros, creerme, da igual que me esfuerce, que cambie de trazada, que me tome un gel, que mendigue agua por el camino…los ceros me acompañan toda la subida de Orellan…si hasta puedo oír su fuerte voz dictándome las reglas…¡Ay!, ¡Uy!..
Una hora llevo aguantando este suplicio en soledad, sin nadie con quien compartir mi angustia. Ya hace tiempo que los aventajados Antonio, Fabián…¡¡Fabiaannn!!, Saúl y Adrián han coronado la cima, ya rematada hace un rato por René y Roberto, a pesar de la cadena de chicle de este último. 
En medio de estos dos grupos caracolea el nervioso Lalo, novato en estas lides y por detrás sufren
también lo suyo Nando, Garrido y el bronquiolítico Zárate, cuyas toses espantan a los pájaros de la zona.
Es este ascenso largo, muy largo, ríete tú de los otros…casi 16 kilómetros de rampa soleada y pedregosa exceptuando un pequeño descanso en el pueblo de Yeres, donde nos vimos por última vez.
Atrás han quedado el “sencillo” repecho a la cantera de San Pedro de Trones, y su fugaz descenso por una senda rápida y estrecha que  saca las sonrisas de las fuerzas pelayas, que ven como se apartan el resto de corredores a su paso. Solo un cortado al final de la trialera, imposible de trazar, obliga a echar el pie a tierra durante diez metros de caída vertical.

martes, 1 de abril de 2014

DÍA DE CHUZOS EN CHOZAS

Qué tiempos aquellos en los que ir a León (Castilla, se decía entonces) eran sinónimo de buen clima, de vacaciones, de opípara comida y sobre todo, de un tiempo seco y placentero. 
Era cuando, a la primera fiesta de cambio, nuestros padres empaquetaban maletas, fiambrera, niños y perro en el interior de minúsculos coches y tomaban camino de la casa de los abuelos, de los tíos, de los hermanos o hasta de los primos si no había más remedio. Y en aquellos pueblos de frescas casas de barro disfrutábamos de una libertad sin igual, solo interrumpida por la inapelable hora de la siesta, cuando, contra nuestra voluntad, éramos recluidos en el interior de alguna estancia a la espera de que el astro rey aflojara un poco el ritmo de sus calderas. 
Eran tiempos de trigo, de alfalfa, de tractores, de aventuras con amigos de otras ciudades, de paseos en gigantescas bicicletas de frenos de varillas.., en suma de disfrutar de otro ritmo de vida, solo influenciado por ese implacable y eterno sol que lucía día tras día, de la mañana a la noche. Pero los tiempos han cambiado, hoy en día nuestros padres suben por el Pajares sin importarles si han cargado mucho el coche, si llevan agua suficiente para el radiador o si se acuerdan de cómo hacer el doble embrague para las rampas del
21%!!! (de aquella tenía mi progenitor cierto pique con un cuñado suyo, propietario de un flamante Simca 1000, feo como él solo...al que siempre batíamos por goleada en las dichosas cuestas…vengándose luego de nuestro triste 600 en las rectas de La Robla, el condenado, hasta el día en que se hizo un recto por el viñedo familiar…jejejjj…).
Y, lo que es más importante, también ha cambiado la meteorología: de aquellos luminosos y calurosos días hemos pasado a unas jornadas grises, húmedas y lluviosas…espera… ¿estamos en Asturias?, no que en el Principado no llovía, no.
Vienen estas memorias a colación de la ruta que el siempre dispuesto terrateniente don Vega hace, año tras año por tierras leonesas, y a la que fuimos invitados el sábado pasado.

lunes, 10 de marzo de 2014

A PLANEAR RUTAS!

...Datumm…Daatummm…Daaatummmm
La cartografía, el arte de hacer y entender los mapas, tiene ciertas dosis de ciencia infusa, cuyas variables físicas confieren a la misma ese cariz de misterio, de hermetismo, de brujeríiia. 
De ahí que los eruditos de esta disciplina sean a veces tachados de  adivinos, magos o nigromantes!! 
Confirma esta aseveración el hecho de que uno de los principales investigadores de la citada ciencia, Gerardo Mercator, cuyo apellido puebla infinidad de pergaminos, estuvo en un tris de acabar en la parrilla de la inquisición, allá por el 1544, por un “quítame de ahí esos puntos cardinales”. 
Y es así; mientras que los matemáticos demuestran fácilmente que dos más dos es igual a cuatro, uno de los principales vértices de la cartografía y la navegación, el Norte Magnético, se encuentra sujeto a los caprichos de la naturaleza: -"ahora estoy aquí, ahora no…"
Y toda una pléyade de científicos, como sacerdotes de una oscura iglesia, dedican sus esfuerzos a averiguar donde demonios se halla, el Polar dichoso. 
Los profetas de esta disidencia, hombres místicos y enigmáticos, cuasi dioses, a  veces deciden compartir sus secretos con la gente humilde, con el pueblo llano, incapaz de comprender los arcanos de los poderosos. Pero da igual que se esfuercen, que iluminen sus diatribas con mil y un explicaciones, que rebajen sus intelectos al nivel del plebeyo, ¡que no hay narices!, que seguimos sin enterarnos de nada. 
Y es que: puesto que comprendemos, más o menos, que un plano, mapa o cartografía nace de una proyección de la Tierra sobre una hoja de papel, más o menos grande, ¿a qué viene que el tipo de proyección varía según su punto cenital esté dentro del geoide, en el exterior de este o a años luz del globo terráqueo, en la mismísima Estrella de la Muerte???...y que…
ahondando más en el tema o ahogándonos en el mismo, si se modifica dicha proyección, ¿no se denomina con unos términos que me niego a reproducir en estas líneas?, recatado que es uno.
Aún así y con todo, hay que reconocer el gran valor que han tenido estos dos ilustres licenciados: los señores Marín y Garrido, al compartir su amplia y dilatada sabiduría con los pobres mortales. Sucedió un aciago y lluvioso sábado de Marzo, cuando los dos prohombres tuvieron a bien deleitarnos con sus vastos conocimientos sobre el tema. Agradecidos estaremos de por vida.
Iniciaba la conferencia el vivaz geólogo, ante un público bien atento y escogido, de dentro y fuera de la provincia, (hasta un cojo había...) con una cuidada presentación sobre el sen de la cartografía o χάρτις-ραφειν, como decían aquellos griegos.
En su ponencia aclaraba tanto la historia como los raros vocablos utilizados por los geógrafos, y establecía el hecho de la deformidad de los mapas y su oportuna corrección mediante el empleo del huso, no el que pinchó a la Bella Durmiente, no, el otro.
Descifraba también unos de los acertijos de la jornada: el Datum, palabra enigmática que
designa…¡madre mía!…¿qué designa???, pues digamos que la forma de la Tierra, nuestra querida naranjita achatada, según unos parámetros que cada región escoge a su voluntad, con lo que se hace indispensable el empleo del correcto Datum, so pena de extraviarnos en medio del bosque del Lobo Malo, por utilizar el que no es, recordaba también que el que se aplica por estos lares es el WGS84.
Seguía el estudioso detallando la forma de los mapas y sus líneas, fruto del traslado de las alturas y accidentes reales al papiro, pero ya no contaba con la apreciación de los asistentes, que se habían quedado embobados con el palabro anterior y apenas atinaban a repetir el mantra mientras movían las cabezas de forma rítmica y atolondrada. Solamente recuperaron, algo, su lucidez cuando el maestro extrajo de su zurrón diversos artilugios raros y extravagantes, con los que entretenerse un poco.
Tras unos momentos de esparcimiento y recreo, subía al estrado el aguerrido profesor Don
Vicente y Pérez, para dar a conocer los últimos avances en materia de navegación; el meollo de la cartografía, pues si es bien importante el encontrarse, no menos importante es el no perderse. Hablaba el profesor Garrido, con un estilo más aplomado y circunspecto que el de su compañero de pizarra, de cómo una aplicación de origen militar, destinada a guiar bien los zambombazos de origen bélico, había derivado en la utilización de un dispositivo o parato, de amplio uso entre la concurrencia y cuya principal misión era la de encaminar nuestros pasos hacía el destino escogido, fuera este senda, bardial o mesonera. Esta tecnología en cuestión, estaba presente en infinidad de artilugios, explicaba el bachiller, con lo que actualmente era posible saber con exactitud donde se hallaba una persona.

martes, 25 de febrero de 2014

EL DÍA DE LOS CALLOS

¿CALIDAD O CANTIDAD?
Ayyy…eterna pregunta ante la que siempre decidimos la primera de las palabras, no en vano presumimos de buena escuela…pues es harto conocido el dicho de que “la esencia fina viene en frascos pequeños, ¡no en cántaros de a quince!”, y para finos, unos servidores. (Ahora bien, no es menos cierto que en la dura elección entre filete, chuletón o cachopo, de estos dos cercanos no quedan ni las migas del rebozado, mientras que el triste escalope resiste en los platos de los infelices a dieta, cosas de los genes...)
Pero esta máxima es aplicable a otros campos:…¿para qué sufrir en marchas de 50 o más kilómetros, si en una de 32 o menos, el disfrute es netamente superior?, Ahaa!!!, pues sí hermanos, o ¿no es menos verdad que este sábado pasado retozamos como lechones de bellota en una ruta corta pero intensa en sensaciones, que, de hacerse más larga, hubiera provocado deserte de las tropas y anarquía en general?
Pero aún así, es nuestra perdición y descarrío, que el subconsciente siempre, siempre, escoge la segunda…la cantidad….¡MECACHIS!!!, trae otra ración de callos, Pablo, que con esta no me llega…gracias.
Decía yo que este sábado, (¡este soleado sábado!, menos mal que la climatología nos da un respiro, porque entre galernas, ciclogenesis y tormentas tropicales extraviadas, vaya invierno que llevamos!!!) el moderado Marín, por una vez, desplegó de nuevo su ingenio en una excursión por el suroeste de esa misteriosa cordal que conocemos como monte Areo. Y por esta vez, se portó como un verdadero amigo, sin los típicos excesos y encerronas a los que nos tiene acostumbrados.
Fue el inicio y el final de la ruta la archiconocida tienda-bar de Guimarán, regentada por una más que buena cocinera, cuyas dotes a los fogones deleitamos año tras año, y culpable, juntamente con el galán Patricio, de la alta concurrencia a la ruta. Veinte y siete ciclistas se presentaron a la convocatoria, a los que hay que sumar a otros cuatro comodones que asistieron, mas tarde, al condumio.
Iniciaba la marcha el tenaz geólogo, al que últimamente se le ve muy rápido y dispuesto, situado siempre en las primeras posiciones, con un descenso fácil y rodado hacía Tabaza, para continuar hacia tierras de Tamón y Cancienes. Amén de los habituales al pedregal, contábamos en esta ocasión con la asistencia de los foráneos Susana y Vega y de los noreñenses Pachu y Manuel. El resto, kilo arriba o kilo abajo, los de siempre. 
También deambulaba por allí un silencioso Arguelles, faceta esta desconocida para el resto de mortales, que echaban de menos su vocerío y algarabía...; molestias laborales aducía el finado…de amoríos decían otros…quiera pronto recuperarse el zagal,  sin él hay demasiado sosiego en las rutas. 
Y ya que hablamos de silencios, qué tiempos aquellos en los que la llegada de Blas a los agrupamientos era motivo de temor y zozobra, pues sus improperios y maldiciones aterrorizaban al más bregado, pero sufre el infeliz tamaña dieta que no le queda fuerzas ni para vocear...come algo Juanillo, que no se lo diremos a nadie.
Al otro extremo de la balanza encontramos al feliz como una perdiz, (perdiz cebada, eso sí) el fotogénico Echevarría, que impulsa con alegría ese cuerpo afinado y brioso, rampa arriba, rampa abajo. Si, va a cola, si, pero ahora, por lo menos…habla.
Por la zona de Aguera, y poco después de rodear la cuidada iglesia de Solís, lugar minero y restaurador, Vicente agotaba la paciencia con su rueda trasera, y decidía recortar la ruta, cansado ya de insuflar aire a la condenada interina. Estaba allí Tino, pero no le dejamos acercarse a la bomba, no fuera a arrancar la cubierta de la llanta. 
Aprovecharía la retirada de Garrido, el tristón Blas, que haría un discreto mutis por el foro, en dirección a sus ensaladas y macrobióticos.  Y ya corríamos alegremente, dejando atrás Campañones, como gamos y gacela, y sucedía que, descendiendo por el  bosque que cierra Cogersa por su cara…vamos a ver…si el sol está en lo alto, la luna en lo bajo, el viento sopla a lo lejos…OESTE!!!, (Ayyy, que necesidad del cursillo del GPS..), el grupo de cabeza, abandonando temores y recelos, y de paso a sus compañeros, se saltaba el oportuno cruce, escuchando toda clase de requiebros y epítetos del feroz Pablo. Algunos retornaron cuesta arriba entre maldiciones y amenazas, pero Acedo, Manu Pedal y Gaztelu continuarían su derrota por el valle de Serín.
Como decía en aquellos momentos el jefe de ruta:,-con lo bien señalizado que está el cruce (sombrío giro a la izquierda, portilla oscura cerrada con alambre y madera…) cómo se podía despistar alguien!!”...ya…ya…este escríbano también se saltó la encrucijada…
La cancela estaba protegida por su correspondiente llendador, cuya traducción pongo  corchetada (Alambrera que suelta descargues llétriques que s'usa pa llendar el Ganau), de lo que nos dimos cuenta al observar cómo el licenciado y alguno más daban saltitos de forma rítmica y acompasada.
Una vez superada la electrizante prueba, el sendero descendía a través de unos troncos convenientemente colocados para disfrute del personal. Aquellos que cedían al impulso de atajar la curva, hundían sus ruedas en una charquera, y en el caso de Paulino, hasta las mollejas.
Esperaban en lo hondo los audaces Moya y Modesto, que espoleaban al resto de montunos, dirigiéndoles una especie de ruidos gallineros. Desde aquí, el camino suavizaba su pendiente y se convertía en un riachuelo empedrado que exigía cierta dosis de pericia a los jinetes.
La ruta perdía altitud hacia El Monticu, y una vez superado este punto, ascendía de forma continua hacia los altos del Areo, en un ascenso largo y fatigoso. Ya en las alturas, se imponía la célebre visita al dolmen y la despedida de aquellos que ya fuera por prisas, obligaciones o porque ya soñaban con callos, debían retornar a sus casas, perdiendo de esa guisa a los ilustres Marín, Felix y Josechu, a los que despedimos entre epítetos cariñosos y de los otros. El resto, o sea los paisanos, afrontamos los últimos metros hacia la fonda con rapidez y decoro.
Precavidos y dispuestos disfrutarían de un buen aseo en el estrecho vestuario, que siempre ocasiona mas de una comparación de barrigas…en la que siempre gana Tino por goleada, exhibiendo sin recato sus bien modeladas formas, para vergüenza del resto de triperos.
En la soleada terraza mientras, aguardaban los “pedestres” Vazquez, Juan Ardura y el joven Fraile, que se habían sumado al evento sin mancharse siquiera la zapatilla...tendrían que pagar de mas...
¿Y qué se puede contar de lo que hubo allí?, pues lo de siempre en estos casos: buena comida, bebida, risas y compadreo, lo acostumbrado.
Los callos estaban buenos, el picadillo y el adobo mejor y el arroz con leche delicioso.

y, como siempre, lo mejor...¡¡la compañia...!!
¡¡Vengaaa!! a repetir el picadillo de nuevo!!!