miércoles, 1 de marzo de 2017

EL COTOBELLONAZO

 Todos nosotros, que atesoramos unas cuantas canas por el cuero cabelludo, hemos sufrido en nuestras carnes un sinfín de rutas…: de las que te dejan sin aliento, de las que te ponen el corazón a tope, de esas cuyos paisajes te quitan el habla, de las que cuya dureza atenta contra la propia humanidad del ciclista y unas pocas en las que las rampas superan cualquier teoría racional. 
Es cierto, lo sabemos todos, existir, existen…, pero jugamos con la probabilidad, baja eso creíamos…si, de que no se juntaran en el mismo día todas y cada una de las características antes mencionadas.
Pero este sábado pasado, rediez, este sábado perdimos hasta la poca honra que nos quedaba; no es que se juntaran en nuestra contra esas verdades de los senderos, si no que, además, el clima nos puso encima unas cuantas banderillas…¿donde se ha visto que, en pleno mes de Febrero, con las montañas blanqueadas por la nieve, se alcancen unos buenos 20 grados???,  pues en la comarca de Aller, en el día de autos.
Publicitaba el maestro de ceremonias, nuestro temido Marín, una ruta paisajística…(o eso decía el bellaco mentiroso), por los alrededores de la antigua explotación minera de Cotobello…de casta le viene al galo ((gaaaalgo, corrector tonto, galo es Obelix….).
Un sencillo paseo de unos 36 kilómetros con un "asumible", que no desdeñable, desnivel de unos 1600 metros, ( al final serían 300 más...) nada que asustara a la novena de fieros y experimentados jinetes que acudieron a la llamada.
Bueno, puntualicemos: nueve fieros y feos montañeros y una bella damisela que alegraría la cabalgata.
Al geólogo lo dejaremos fuera de momento, por pérfido y gañan.

Comenzaba la excursión en el bonito pueblo de Collanzo, antaño capital del concejo a 525 metros de altura, con tiempo despejado y con cierta tranquilidad que se perdería pasados los primeros dos kilómetros en dirección a Llamas. 
A partir de ahí, la carretera se estrechaba  y apuntaba al cielo de una forma indecente.
El desnivel no atosigaba pero molestaba; con una media del 12% pero buen asfalto, la expedición mantenía el humor y el palique, pero por poco tiempo. 
Pasando la aldea de Conforcos ya se superaban los 775 metros de desnivel y se perdían las rayas, el betún de la carretera y las ganas de conversación; los cambios comenzaban a crujir y el caporal de la marcha ponía pies en polvorosa temiendo lo peor. 
Fueron 7 kilómetros de subida (¿solo siete??...) hasta el Pico La Texera…siete duros kilómetros con rampas que superaban el 20% y hacían apretar los dientes a más de uno. 
El incremento de altura se parecía al del  IPC de Argentina en sus años locos, pero sin billetes. 
Se formaban rápidamente varios grupos, destacando en cabeza ese híbrido entre Rey Pelayo y macho cabrío, de nombre Barquín, cuyas andanzas nocturnas no son capaces de mermarle la resistencia…cómo anda el jo…cabrito. 
A su vera desfilaban el resto de sufridos congéneres: Don Gabriel, don Roberto, Lalo, Marino, Eduardo, Benjamín, el capaz Gelu y el Mancha, destacando entre todos estos bellezones la gentil y grácil Eva, que con su peso semipluma sube por las rampas sin despeinarse, bueno, algunos de nosotros tampoco nos despeinamos, pero por otro motivo.

Desde el picacho citado había un ligero descanso hasta las cercanías de Cotobello, rodando ya por
antiguas escombreras restauradas,  pero el guionista del día había decidido pasar por la propia cima, en vez de contentarse con el conocido mirador, y allá que nos llevó…4,5 horas de ruta para 21 míseros kilómetros, qué poco me gustan los números…nos echamos a perder.
Vista la hora que era, y ante las quejas generalizadas, se decidió tomar un pequeño refrigerio que apaciguara las tripas. Hay que destacar siempre en estos casos, el buen embutido que Lalo, como buen entendedor del género, acarrea para estos menesteres y para sus compañeros, si llevara una barra de pan ya sería lo máximo!. 
Biennn, una vez pertrechados y animados, descendimos raudos y veloces, unos más que otros, como suele ser habitual, atravesando pistas perdidas y suaves y falsas praderías, hasta acabar con nuestros huesos en Bello, o mejor escrito, Beyo. 
En este momento, el líder y adalid de la ruta, el intrépido Barcaiztegui, decidió aventurarse por una senda poco conocida, que tomaba altura a la salida del pueblo en dirección Sureste. 
Lo de tomar altura es una forma harto delicada de decirlo…¡QUE SARTENAZO!, ¡QUE SARTENAZO!!, señores, con mayúsculas y signos de exclamación…rampas del 30% sumían a la mayoría de los combatientes en la depresión, el abatimiento, la postración...
El desnivel y el calor obligaban a echar pie a tierra a todos sin excepción, algunos aguantaban un trecho más, pero torciendo hasta la cadena. 
Las emisoras se poblaban de maldiciones y amenazas, exigiendo la cabeza del geólogo, que, perjudicado en un tobillo, arrastraba su propio Via Crucis, amen de la bicicleta, claro. 
Pero no iba el último, que por detrás deambulaba este escribiente, vigilado de cerca por el samaritano Gelu, arrastrando hasta las gotas de sudor. 
Cuatro mil metros, no fueron más, pero no se recuerda un estacazo igual en los anales de esta Peña: ni las Cotoyas de Soto de Luiña, ni las rampas de Murias, ni las montañas de Los Ancares, pueden competir con esta atrocidad aldeana...nunca hubo nada igual que yo recuerde carajo!
El tormento acababa en la Collada del Pan, cuatro mil calurososy agotadores metros después, ventilado lugar donde llegaríamos todos, bueno, a decir verdad yo no llegue, sigo por allí, fue mi espíritu el que abandonó mi cuerpo extenuado y ahora escribe ahora estas líneas.
 Una vez que recogimos del suelo las pocas fuerzas que nos quedaban, pudimos descender de aquella loma en dirección a Collanzo, donde nos esperaban unas buenas y merecidas cervezas...la primera ronda corrió a cargo del ejecutor de la excursión.
Si no fuera por el aprecio que le tenemos al individuo este...pero qué demonios!!:

¡Enhorabuena Pepe!, una ruta soberbia, si no quisiéramos sufrir, venderíamos las bicis!!!

Pd. Si volvéis por la zona, acordaros de silbarme, a ver si reaparezco

lunes, 2 de enero de 2017

LA REVUELTA DE LOS NOVATOS

Enfrentarse a una hoja vacía es fácil, solo hay que esperar a que los recuerdos, la memoria y la imaginación acudan en tu ayuda y se materialicen sobre el folio, o más bien en este caso, sobre la pantalla digital. Es entonces un dejarse llevar por la mezcla de imágenes y apuntes que el relator haya atesorado, en su mente o en su cuadernillo de gomas.
Enfrentarse a un vacío interior es difícil, considerablemente más difícil,  aunque el tiempo relaja las percepciones y aleja el pesar, la mera mención al asunto hace que los sentimientos vuelvan, reducida, eso sí, su intensidad.
En este año que se ha ido sufriríamos una gran pérdida,… ¿alguna no lo es?: de forma inesperada y drásticamente repentina  nuestro querido Josín Peón nos dejaba. 
Sin tiempo material para hacernos a la idea, teníamos que despedirnos de su amistad y su camaradería, de su espíritu socarrón, de esa alegre picardía que alegraba todos los saraos donde se encontrara, ya fuera de copas con los amigos golfos o de ruta con los más formales, y de su compañerismo y de su lealtad,...y de él mismo en fin…
No tengo suficientes palabras ni fotografías que puedan expresar los sentimientos, nunca las hay, y aunque las tuviera, no sería capaz de escribirlas...y esta vez no es una excepción.


Mi único consuelo es que allá donde more, seguro que anda haciendo de las suyas, regalando felicidad a los que le rodeen, sean quienes sean y que, como dijo Cicerón, “la vida de los ya no están perdura en la memoria de los vivos”, y aquí estás y estarás José, entre nosotros para siempre… Vsssss…
“Forever young,
I want to be forever young.
Do you really want to live forever?
Forever, and ever…”
(Si, ya lo sé, soy un hortera…y a mucha honra, que los de Alphaville eran de mi época, perros!)

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En otro orden de cosas, esto de La Peña se nos ha ido de las manos, nos hemos venido arriba!!!…no hay libreta, ni diario, ni agenda, que pueda contener la multitud de rutas que se han realizado este año…
¡Si es que no se para!: tengo la casa llena de post-it, el ordenador cargado de notas, la mesita rezuma papelillos como si fuera una imprenta…Arrghhh!!!.
Pero aquí estamos, a pesar de la lluvia persistente y puñetera que nos asediaba cada vez que programábamos Brañavalera, hemos dejado huella de Este a Oeste, Norte a Sur, de de Muñó a Palmiano, de Santofirme a La Ñora, de Palencia a La Rioja.
Por en medio unos visitaban Bilbao a darse un baño de multitudes en la carretera, otros se iban a San Vicente de La Barquera a comer, un grupete de animosos preparaba el Soplao, y Tobit, que sufría de nervios con lo del embarazo, se daba un buen bocado en la mano.
 También caía la Impensable diurna, con un Echevarría en las últimas, (bueno no él, sino su montura, que no aguantaba el kilometraje). 
Y, por supuesto la 101 Peregrinos, cita parece ser que inexcusable entre ciclistas afamados. Para allí se se fue un reducido clan de individuos serios y bien concienciados: Marín, Lalo, Marino, Sergio y el sobreentrenado Gaby, cuya preparación excedía a la de su nueva montura, que lo dejaba tirado en un par de decenas de kilómetros.
Y eso que el primer semestre fue tranquilo!!!.  
Llegábamos a Junio, y entre garrapatas e investigación de nuestra VCG, (qué tabarra nos dio este año…) el apoderado Marín nos llevaba en volandas por sus tieras de Cervera, a la búesqueda de la famosa Falla de Ventaniella....aunque por más vueltas que dimos...no la vimos, cosas estas de la Geología.
A propósito de la VCG, lo que costó poner en cara el camino oculto: ¡hasta dos cuadrillas de desbroce hicieron falta!, equipadas de palas, sierras, serruchos y de Benjamín y su desbrozadora para abrir la vereda. 
En lo que respecta a la Vuelta en sí, espectacular como siempre, niebla húmeda, como siempre, y plazas cubiertas en cuatro días….como siempre…
Lo que hubo de diferente esta vez fue el fin de fiesta, con unos inconmensurables Felix, Marino, Guzmán y Paulino con su solo de guitarra, coronados como reyes de la pista y del Karaoke!!!. 
Algunos de nosotros hemos visto vídeos que hubiéramos creído imposibles, hasta ahora.

Unos días después, Pepin, avergonzado, huiría a las Tierras Altas de Escocia y el resto acompañarían al Patronato hasta Covadonga, en la acostumbrada peregrinación anual y de paso para purgar unos cuantos pecados. 
Por cierto que en el retorno a Gijón hubo más de uno que temblaría al ver caer piezas del remolque Asturconiano.
Comento ahora que desde hacía ya algún tiempo, cargábamos con una gran desilusión, una congoja que volvía oscuras  nuestras almas, es cierto, duele reconocerlo pero ahí esta: 
y es que cuando ya teníamos a Electromán al alcance de nuestros pedales, dado el desgaste de la batería que casi nunca utiliza el bellaco  (lease de corrido y masticando el "bellaco"), el taimado comercial sustituía su autónoma montura por otra de mayor potencia, con lo que la distancia entre nos y él volvía a la acostumbrada...no hay forma.
 Encima se apartaba de las tareas gráficas, endosando el paquete al dispuesto e inocente Saúl, que, desde entonces, anda arrastrando la carga.
)
Y para mayor descalabro psicosocial, el compacto Julian, sufrido compañero de fatigas laborales del de Lavandera, adquiriría otro artilugio de mayor empaque  y capacidad…por lo que la crisis interna continuaba
Los meses de verano ya se sabe que hay poco movimiento, pero Pedro Pablo hizo caso omiso a lo habitual y se marcó una excursión a Las Ubiñas con otros disponibles.
Llegados a este punto, he de anotar y hacer notar, que un grupo de revoltosillos, en su mayoría solteretes bisoños y noveles, aunque hay de todo, andaban organizando rutas domingueras, con el pretexto de dar distracción a los trabajadores sabatinos y de turnos, no respetando con ello los mandatos eclesiásticos, que nos exhortan a descansar domingos, festivos y días de guardar, que decía el Catecismo, impíos!!. 
¡¡Pues no!!, estos jovenzuelos imberbes, o de poco pelaje en algunos casos, encabezados muchas veces por el mohíno y tornadizo mocetón Arguelles, lo mismo tomaban un pico a pie que una senda con la bici, y subían a La Xamoca, al Polio y hasta al Cuito Negro!!!, entre otros pero no se preocupen ustedes, que todo queda convenientemente registrado y asentado…¡Aja!
Los finales del verano llevaron a 14 jinetes a disfrutar del cordal de la Cobertoria, dejándose ver por la zona los pros Fran, Ramón y Fredo; como sería de rápida la ruta que nuestro experto geólogo extravió hasta las llaves del coche, matarile, rile, rile…y hubo de volver a buscar el vehículo en la carroza de Blas.

Vendrían luego la Travesia de la Cordillera, (o TNCC, como está de moda, aunque a mí este guarismo más bien me parece una conexión del ordenador…), la de Braniella y la de Noreña.
En Octubre, el de las llaves perdidas nos regalaba con un par de excursiones…sencillas…: una por La Degollada y otra por el concejo de Valdés, entre bosques, ríos y rasas costeras.
Ah señores, pero en Octubre  llegaba la ruta del año, (o eso me parece a mi, y como soy el que escribo, obligo…):
Tras largos meses de reuniones, debates, discusiones y conclaves, con unas cuantas botellas de vino y buenos embutidos por medio, los Riojanos Gordejuela, Zarate y Barcaiztegui, daban a luz los detalles de la incursión por las tierras de Logroño. 

Fueron tres días de excelencia ciclista, gastronómica y enológica, amén de cultural, claro está, en la que los tres anfitriones, cada uno en su campo (Marin en las rutas, Zarate en las bodegas y Felix en las iglesias) ofrecieron a los invitados una experiencia totalmente irrepetible, por lo menos hasta este 2017 que volvamos de nuevo!!
En el recuerdo quedan las largas pedaladas por aquellos inmensos viñedos, las visitas a los inmaculados pueblos de la zona, con sus iglesias y castillo, y, claro, los bares, las bodegas, el asador de Cordero, el ambiente nocturno, la Gintoneria con su San Expédito…etc…etc…y el coche de Marín, Ah, no que este quedó en Altube!!!. 
Ojito, si se repite el viaje hay que tener dos cosas claras:
Una: llevar algún coche de mas…que  no nos pase como esta vez, que los boquerones en lata tiene más sitio que nosotros en los coches, y dos: si vamos de ternasco de nuevo, hay que decirle a Barquin que es pollo campero, que nos da la tabarra luego con lo del borreguito del Norit….
Seguirían en la programación, casi sin descanso, un empinado paseo hasta Campa Felguera, 1600 metrillos de ascenso en 25 kilómetros de nada…y un fin de semana en el parador de Brañagallones, aunque con la primera nevada de la temporada, solamente Pablo, Saul y Adrian se atrevieron a subir, con otros ciclistas osados y valientes.
Las fechas corrían ya desbocadas (si, como las fotos, que ya me salen por todos los lados!!!): En medio del macropuente de La Inmaculada, el 3 de Diciembre, ya subíamos a colocar el Belén de Cumbres, al monte Deva. Creo que nunca hobo tanta asistencia, por tener tuvimos hasta un dron!!
Como es bien sabido, la noche del Belén se cierra con la acostumbrada cena Navideña, y allí nos desplazamos un buen número de socios y acompañantes, para disfrutar de la compañía y de las actuaciones de los diestros del micrófono, a los ya nombrados anteriormente, se sumaban, además, el ilustre presidente, Tobit, Echevarría, aunque andaba un poco perjudicado de voz, Zarate, Paco Fran, Rafa Venta, no sé, para mi que cantaron todos, qué asesinatos sonoros!!!

Pero el mes continuaba y el buen tiempo permanecía; Pepe, especialista en sendas ocultas, nos llevaba hasta La Felguera para después retornar por uno de los mayores barrizales de los que tengo memoria. 
Fueron solo 100 metros de descenso, pero de buena tinta sé que alguno sacó barro hasta de los empastes. 
Allí perdimos de todo, la honra, la limpieza, las pastillas de freno, los cambio, los puemtes de las horquillas...las ganas de vivir...¡y eso que era cuesta abajo!!!
Se acababa el año con la consabida quedada vinatera en Cuatro Jueces. Vinatera porque lleva Paulino su vino especiado y caliente y quedada porque allí habría más de 20 personas. 
Pau, para el año que viene lleva un garrafón!!!

En lo referente a lo deportivo, poco hay que reseñar: las féminas Yoli y Eva ganando carreras como nos tienen acostumbrados; Guti a lo suyo:no dar un respiro ni a sus contrincantes ni a su bicicleta; los veteranos Fernando y Zarate con su ritmo tortuguero pero fiable y el mayor de los Garrido consiguiendo una meritoria medalla en una prueba de esas de no perderse.

¡¡Aaaah!!, si, se me olvidaba, una cosilla sin importancia: un tal Cayman, Eugenio para los demás, se empeñó en averiguar cuánto aguantaba encima de la bici, pedaleando, eso si…y vaya si insistió el porfiado individuo: cuando finalmente pudieron despegarlo de la jumenta, había batido los records mundiales de las 200 millas, de las 12 y 24 horas y el de los 1000 kilómetros…bueno también cogió otro…el de dolor de entrepierna…ahí es nada. 
Míralo que majo sale en la foto
¡¡Enhorabuena Fiera!!!


Y no hay mas!!!, bueno no tengo más en la cartilla.
 Se me olvidaran, seguro, fechas, nombres, lugares, lesiones, compras, comidas, fiestas, farturas…(no de estas no se me olvida ninguna)), pero es lo que hay, si queréis más, alquilar un mayordomo!

Mis Felicidades a esta gran familia en la que nos hemos convertido, mis recuerdos a los que están lejos y nos visitan menos de lo que quisiéramos: ese bombero pirenaico y el castizo letrado, entre otros…y mis buenos deseos para este Año que comenzamos.

UN FUERTE ABRAZO PARA TODOS

Pd: Vicente, este blog es un estrecho!!!

martes, 1 de noviembre de 2016

LA LLAMADA DEL TOLOÑO

JORNADA PRIMERA
Noche cerrada en Haro (más que noche, madrugada…). 
Suena una música al fondo del oscuro local donde se encuentran nuestros protagonistas. Es este un grupo reducido de varones de mediana edad que zascandilean alrededor de un tonel  con copones de vino en la mano. 
En la barra de la cantina una buena moza de rubia trenza atiende las mesas con descaro y atrae las miradas de la cordada de maromos, que sueltan risas nerviosas mientras brindan entre sí. 
Faroles de poca luz difuminan las formas del antro que está a medio llenar de clientela cuando hace su entrada a escena el caballero Zarate, nervioso sesentón y riojano de pura cepa garnacha.  
Trae consigo una misiva misteriosa que muestra al resto de individuos, se le nota preocupado…su copa está vacía...
Don Ángel .- “Camaradas, Compañeros…
                         cierto problema tenemos!!!
El más alto de ellos, también de la provincia vitícola y que atiende por Gordejuela, coge el billete, dispuesto, y lee con cierta dificultad…
Don Félix.-“Nosh hemosssh… quedado traspuestosss…
  Acudid rápido, hermanos...¡¡prestosss!!…”
Chasquea los labios Gordejuela a la vez que sirve otra ronda de tintos de la botella clavada a su diestra.
La nota refiere de los infantes Marín y Barquín, perdidos en los altos de Altube por mor de una avería en su calesa, que los ha dejado negros y engrasados a más no poder. Por lo visto, están abandonados y sin alternativas de transporte en la montaña. 
Todos se quedan mirando…a la mesonera…, cuya coleta los mantiene en estado catatónico. 
Tras unos momentos de duda y comezón (comezón por el estado de los compañeros infortunados y duda entre pedir otra botella de caldo o no) se decide que Zárate, que dispone de útil de transporte se desplace a la zona y que sea vigilado por el boticario don Rafael, por si hubiera necesidad de otras atenciones y menesteres.
Vanse los citados por el fondo como ratón que persigue el gato, que ya es tarde y los dos solitarios están abandonados a su suerte en medio de la fría noche…los remanentes, libres de obligaciones, se aprestan a conseguir otra botella de vinum de la feliz cantinera y proseguir la charla.
Todavía restarán unas cuantas horas para que se reúnan de nuevo hombres y máquinas…la posada está lejos…hay que atravesar media ciudad Jarrense con todos sus peligros…
JORNADA SEGUNDA
Esta fresca la mañana
fresca y húmeda como rana
pero peor está alguno
que casi no llega ni al desayuno
 Los semblantes en el almuerzo son de poema…de poema  de miedo que parece que estamos de difuntos: ojeras oscurecidas, voces  enronquecidas, caminares desfallecidos y así. Con todo, las viandas ayudan a mejorar el ánimo y el viento disipa un poco las nubes, lo que anima un poco a las huestes.
Ya está completa la escuadra: los anfitriones Zarate y Gordejuela, los siniestrados Marín y Barquín, los turísticos Guzmán y Lorente, que se han venido recorriendo media Cordillera Cantábrica, el docto Venta, el mercantil Echevarría, don Moya y los tranquilos Paulino y De la Mancha, que siguen desayunando.
Se levanta el líder de ruta, Don José y Marín de Barcaizteguí, cincuentón sobrado pero aún rumboso, coloca brazos en jarras, mira al tendido y, tras aclararse un poco la garganta con medio donuts y una café, declama ufano con voz enérgica y entonada…:


Ahora que estamos solos (pues nadie más había)
Escucharme pues muy atentos ¡LELOS!
Que ya es hora de partir y necesito que estéis despiertos
No la vayamos a liar con tanta algarabía.
La ruta de hoy es llana, es llana y hacía arriba
Que no conozco yo senda alguna que no sea positiva (murmullos de desaprobación…)
Comencemos ya tranquilos, no corráis ni destaquéis
Guardad vuestra fuerzas, queridos, ya os agotareis…después…(quejidos y ayes….)
Pueblos lindos y lustrosos  nos aguardan, nos acechan…
Haro, Ollauri, Briones, San Vicente de la Sonsierra
 Viñedos, embutidos, bodegas, allí delante nos esperan (aplausos y vítores)))

Siempre en dirección al Norte, al baluarte de la sierra
Asín que de vosotros espero y aguardo
(Mientras me ajusto un poco el leotardo)
Furia, alegría, tesón, firmeza
Vigor, coraje, poderío y ¡vehemencia!,
Y ahora, una vez dicho esto
Traedme rápido el desengrasante
Que quitarme el aceite no puedo
Ni de las piernas ni del rumiante

Y un buen rato después de lavar a conciencia a los dos jinetes y a sus monturas, engrasadas hasta la saciedad, partieron pues los once donceles y sus once corceles, (no sin antes rescatar al norteño Barquin del embrujo de la gentil hostelera) fuertemente pertrechados, en dirección al Toloño y su sierra, pues ese era el objetivo.

El camino discurría plácidamente por caminos de concentración parcelaria, y tierras de vides y regadíos, que el Ebro acompañaba a los ruteros con sus vueltas y revueltas. Y como la ruta era turística, se pasó por los pueblos citados, por sus iglesias: (por todas sus iglesias, que de eso se encargaba don Félix…) Iglesia del Salvador, Nuestras Sra. De la Asunción, Ermita del Cristo de los Remedios, Santa María la Mayor, Iglesias de San Miguel, de La Concepción…etc..etc y por sus castillos…Ollauri, Briones, San Vicente, con su macizo puente medieval y las ruinas de su fortaleza…con su subidita empedrada…carayo…y con sus vistas sobre los meandros del Ebro.
A partir de San Vicente, las cosas se ponían serias, los viñedos iban desapareciendo poco a poco y llegando a Rivas de Tereso, dejaban paso a bosques de encinas, y estos a su vez a pinares y algún alcornoque (si, en la grupeta también iba alguno…). 
La pendiente comenzaba a ser francamente positiva, y el Toloño ese ya se presentaba ante nosotros sin ningún rubor…
Por cierto que  el tal Toloño, Tulonio en celta, es primo hermano del famoso Tutatis…si, si el de los irreductibles galos, mira tú por donde y se alza a unos buenos 1271 metros sobre el nivel de mar. Forma parte de la sierra del mismo nombre y aunque pudiera parecer cercano, lo cierto es que hay que ascender con ganas…con muchas ganas o con motor eléctrico, dado el caso que nos avergüenza a todos y que padecemos en esta Santa Hermandad desde hace algún tiempo.
En aquellos momentos, el calor ya apretaba las costuras a más de uno y eso, unido a las exigentes y duras rampas, con porcentajes de ascensión que superaban en muy mucho a los de un buen caldo,(digamos que se acercaban mas a los de un buen Pacharán), hacía que el avance fuera pero que muy dificultoso: 15 kilómetros de larga y áspera subida, por terrenos pedregosos y abruptos que se convertirían en bosques atlánticos una vez cruzábamos el lindero hacia Álava.
El caso es que, llegados ya a la cima, y tras algunos momentos de titubeo, la cercanía a la peña obnubilaba el buen juicio del maestro Barcaiztegui, que como buen maño es porfiado obstinado a más no poder, y ciego en su marcha, llevaríanos hacia la cara Sur de la Sierra, en vez de rodear la misma por su suave parte Norte.
Fueron momentos angustiosos, el camino se convertía, de repente, en un despeñadero sin salida, con final posiblemente dramático si no fuera porque la razón volviole al maño obligándonos a girar grupas y desandar lo andado. 
Y ascender entre graveras y canchales de una inclinación excesiva con monturas de más de arroba y media es harto duro y peliagudo. Baste decir que algunos dejaron hasta las uñas de los pies en su intento de ascender lo más rápido posible, evitando el precipicio y ocasional despeñe.

Marín, por otro lado, expiaba su culpa al ser el que más había descendido, con la consiguiente subida en solitario, mientras el resto de la escuadra retomaba alientos en lo alto.
Una vez tranquilizados los ánimos y los corazones, el  buen camino nos conducía al sorprendente monasterio de Santa Maria de Toloño, construido en el siglo IX y cuyas ruinas aún impresionan,  restos de lo que fue un monasterio y ermita de monjes jerónimos, empecinados en mantener allí arriba una colonia de frailes.
Pero el tiempo apremiaba, las horas se consumían y quedaba todavía ruta que recorrer. 
El descenso de la sierra era de forma abrupta: toda la altura que había costado litros y litros de sudor (que hacía mucho calor!!!), se perdía rápidamente. 


Una pendiente del 20% poblada de guiiiiiiiiiiijo y de gravilla (….) haría las delicias de don  Moya y la pesadumbre del resto, obligados a descender de forma calma y cautelosa, por miedo a posteriores reprimendas en sus cuarteles.
El empinado sendero finalizaba en Labastida (iglesia de Nuestra Señora de la Asunción…), y el camino se convertía en senda fluvial, acompañando al Ebro hasta Briñas, desde donde ya se vislumbraba Haro.
La ruta programada nos desviaba entonces hasta San Felices , conocida población donde a finales de Junio, se riega a todo quisque con vino, peleón, eso sí, pero vino al fin y al cabo. 

El caso era, a estas alturas, que los cuerpos ya estaban un poco cansinos, que el sólido Guzmán llevaba ya un buen rato fugando aire por su rueda trasera y que todos sabíamos que nos esperaba una buena merendola en la bodega del primo de Zárate, que para algo habían asediado la zona él mismo, Echevarría y el boticario don Rafael la mañana del viernes, visitando viñedos, queserías y asadurias de pimientos. 

Por lo que tras un debate inexistente, se decidió recortar la ruta y dirigirnos directamente hacía Villaba, mientras el del pinchazo y Joaquín tomaban carruaje en Haro.

¡¡Nunca se fue tan rápido en toda la jornada!!!: si existe algo que estimula un Pelayo es el olor a pitanza o simplemente la promesa de la misma!!!. 
En un santiamén nos presentábamos en Villalba, donde nos recibía Leandro, sufrido primo de Don Zarate, que nos mostraba orgulloso su bodega y el proceso de la misma.
Y a merendar!!!: Embutidos de jabalí, queso de la zona, pimientos, buen vino, y mejor charla, hizo que se nos olvidara hasta de dónde veníamos.
Y así se nos iba la tarde, entre vaso y vaso y tiento al chorizo, el día se convertía en noche, así que tras despedirnos de Leandro y Jose Daniel, reemprendimos la marcha con cierta fluidez, quedaban ocho kilómetros de vides y caminos. 

Durante un buen trecho, Joaquín, Guzmán y su vehículo quisieron acompañarnos para espantar las tinieblas, pero pronto nos abandonaron por carreteras mejor dispuestas. 
Un paseo por el centro de Haro y llegada a la fonda para asearse y disponerse; el tiempo apremiaba, pues había cena contratada en conocido restaurante para disfrutar de un buen asado de cordero de la zona...de alguna zona lejana, que los únicos cuadrúpedos que vimos fueron una recua de pollines en las praderas de Ortava...
La velada transcurriría tranquila, tras la cena, una buena sobremesa en algunos bares de la zona, de la que pronto desertarían Joaquín, Marin, Pablo, Pau y Mancha, mientras que el resto asolarían los locales de la zona, hasta horas más tardías…

(Se dice que desde entonces, en cierto local de copas, siguen buscando a un tal San Expédito...)

JORNADA TERCERA
Si el amanecer de ayer había sido cansino, en el de este domingo casi  no se llega al desayuno, cerraba a las once de la mañana…qué hora tan temprana. 
Para rematar el fin de semana, nuestros orgullosos anfitriones habían preparado una visita a una conocida bodega local, y allá que nos fuimos, a disfrutar de las explicaciones y los caldos.
Tocaba después comida en la hospedería y luego el más difícil todavía: envasar nueve caballeros y ocho monturas en tres vehículos, ya que don Zárate se quedaba en la zona a reponer nietos y Echevarría ya había escapada el sábado hacía su morada leonesa.


Y de esta guisa se acaba una grande y feliz escapada
gracias a todos vosotros que nos hemos sentido queridos
don Ángel, don Félix, don Pepe!, nos sentimos agradecidos
por vuestro esfuerzo, vuestro tesón
vuestra paciencia y vuestra pasión.
...bueno y por vuestra paciencia, claro...

Pd. ¿repetimos el año que viene???



viernes, 14 de octubre de 2016

EL ESPACIO-TIEMPO...ESE DESCONOCIDO


A uno, superviviente de aquella eficaz y tristemente desaparecida EGB, no se le daban mal las matemáticas, modestia aparte: toda aquella suerte de números, conjuntos,
subconjuntos, productos cartesianos y potencias de toda índole y péñole no suponían mayor problema para el que suscribe que echar unos cuantos garabatos sobre el papel, intentando que el resultado fuera racional, y sobre todo…acertado, ¡claro!, que en eso me iba el curso.
No en vano, esta ciencia formal se basa en el razonamiento lógico, ese que dicta la razón y la propia experiencia de cada uno, de tal forma que si, por ejemplo, le hemos quitado cuatro peras a Gelu, y una se la ha llevado Zarate, que anda a todas, otra Toni, y otra el propio Gelu, está claro que solo tenemos una que llevarnos a la boca, dura como una piedra, eso sí, pero pera al fin y al cabo!!...las peras que entran por las que salen, (aunque, en el caso de la mochila de Gelu, puede salir de todo…: peras, manzanas, nueces, castañas, higos...a poco que rebusquemos puede salirnos hasta el Iker Jimenez…con su programa completo…)

Solo el añorado físico Albert Einstein se atrevió a reformular el alcance de esta materia,
retorciendo los conceptos matemáticos y físicos, con su logrado Teorema de la Relatividad, ese que algún día nos permitirá viajar por los confines del universo plegando el espacio-tiempo (al igual que ya lo hace, con su motor de curvatura, la nave U.S.S. Enterprise, solo que en la imaginación de los guionistas) sin que nos muramos de aburrimiento y de viejos, claro.
Establecidos estos serios y razonUdos fundamentos, volvamos al quid de la cuestión, el que enfrenta la razón a la experiencia…:
¿Cómo diantres, demonios, carajo, se convierte una ruta de 45 kilómetros en una de día completo???, ¿ein?, y es más...
¿Cómo demonios, carajo, diantres, salen 1700 metros de desnivel, si incluso se acortó el recorrido, evitando el consabido sartenazo??, ¿es acaso que estamos ante un nuevo erudito, descubridor de alguna otra teoría Riemanniana o no, que deje en paños menores a la primigenia??
Pues va a ser que no, que el individuo en cuestión es geólogo y no se le conocen más habilidades que las  propias de su profesión…bueno y las de sus labores caseras, que ahí también está fino el condenado.
 Estamos, pues ante otro misterio que resolver, pero analicemos, ¡analicemos hermanos!, pues, la ecuación planteada al grupo de estudio:

“La ruta planificada para el sábado 8, por el occidente asturiano, parte de Barcia
(Valdés) a las 9:30 h. Es ruta de bocata y muyyy chula. Son 45 km y unos 1.700 m de desnivel positivo acumulado. La primera parte de la ruta es hacia el interior en dirección a La Espina. La segunda parte es costera (zona de cabo Busto)...”
 decía el manuscrito. 
Así visto, el problema propuesto atraía nuestro interés…y en el axioma caímos todos…los veteranos, los novatos y bisoños, los apresurados, los  despreocupados, un par de foráneos y los del furgón de cola, tan necesarios ellos para cerrar la ruta. Y así hasta 18 infelices acudimos a la llamada del líder oscuro.
Como bien comenzaba el enunciado, la ruta salía de Barcia, en plena rasa costera de Valdés y remontaba hacia la sierra de Concilleiros, de forma más bien tranquila, no porque fuéramos de parranda, si no porque las piernas no daban más de sí. 
Iba la comitiva comandada por el afanado investigador rodeado de sus estudiantes y adláteres más avanzados: Sres. Gaby, Barquín, el recuperado Antonio y Fredo, que vigilaban la integridad física del preceptor, seguidos a corta distancia por un grupo de insurgentes entre los que se contaban a Blas, Venta, Gelu, Zárate, Saul, Lalo, Benja, Pablo y Miguel entre otros y cerraban, a distancia de pedrada si tuvieran fuerzas para ello, los tranquilos Paulino y Mancha, disfrutando del paisaje. 
A mayores, subiendo y bajando de grupo en grupo, como si no le costara nada de esfuerzo, (nada más lejos de la realidad, por supuesto) encontrábamos cada dos por tres a Echevarría y su artilugio galvánico, por llamarlo de alguna forma.

Y de esta guisa, bien cocinados al suave sol que ya asomaba, llegábamos ¡dos! horas después a la aldea de Merás, conocida por sus alegres festejos (este año tocaba el trió Flamingo). 
Se encontraba la agrupación a unos estimables 10 kilómetros del punto de salida, lo que confería una asombrosa velocidad media de ¡¡5-6 km/h!!, ríete tú de los agujeros de gusano Einstein-Rosen y demás fruslerías. Esto si que es plegar el tiempo…dos veces!! Continuaba la ruta por un impresionante senderos sobre el arroyo Ferreras, donde, al inicio del mismo, Benjamín, con esa fuerza que le caracteriza, dejaba la cadena por el suelo. 

Hizo falta el tesón de Gelu y de Mancha para convencerle de que no se podía anudar de nuevo como si fuera un cordel, y de que tampoco se podía utilizar un eslabón de tamaño diferente a la cadena. Solventado el desacuerdo, y ante las quejas de los compañeros de vanguardia, aburridos ellos, el quinteto (también caían por allí Ángel y Fredo) arrancaba de nuevo.

 Y, tras salir del sombreado sendero, y rodear San Feliz, el plano espacio-tiempo se doblaba de nuevo, hundiéndonos en una curvatura paraboloide que bloqueaba nuestros sentidos y nuestros cuentakilometros, clavados de en un solo y temeroso dígito, ahora no sé si era un cuatro o un cinco…Ay.
Se ascendía en dirección a Brañaverniza…otra hora de ascenso, esta vez bajo un buen sol otoñal (…qué otoñal ni qué narices, sudábamos como jabalís acosados…) y llevábamos ya cuatro horas de ruta…unos 20 kilómetros recorridos.

A estas alturas del día, con los estómagos rugiendo como leones en celo, la senda pasaba cerca de Trevías, y el espabilado Blas, que huele los chigres a distancia, nos condujo hacia él primer mesón que encontró, desoyendo las amenazas de Marín, que nada pudo hacer ante la hambrienta estampida. Tras el inesperado motín, y una vez terminados los cafes, Marín, paladín de las senderos perdidos, recalculaba la ruta de nuevo, obligándonos a volver sobre nuestros pasos y cruzar por segunda vez el puente colgante del Esva y afrontar una repentina subida por Llendecastillo y Bahinas que nos conduciría hasta el Llano de Canero.


El cronómetro totalizaba ya seis horas de trayectoria, verificando oportunamente la teoría de Minkowski, aquella que dice que…pónganme voz atiplada y declamen:… “el tiempo y el espacio no son entidades separadas sino variables íntimamente ligadas en el espacio de cuatro dimensiones…” ahí le has dado Hermann (su nombre de pila)…era esa...la cuarta dimensión, la que nos estaba causando estragos…(el tiempo, lelos...)
Como sería el ambiente reinante que hasta el cambio trasero del cabecilla quiso abandonarle, teniendo que acudir toda la comitiva en pleno a convencerlo de lo contrario. (también quisimos convencer al Marín de recortar la ruta...pero no hubo forma…).
Con un retraso considerable sobre todas las teorías propuestas, se decidió atacar directamente al cabo Busto y luego retornar por su faro hacia Canero. 
Alternativa que realizamos todos mmmmenos algunos inadaptados…el electrógeno entre ellos, que atajarían hacia la atalaya, ahorrándose unos tristes hectómetros.
Reunidos de nuevo, descenderíamos hasta la regodonal playa de Cuevas, y de esta, en franca subida, por supuesto, que la ruta era de quien era, hacía los vehículos y el consiguiente cañón de cerveza.
Se demostraban entonces todas y cada una de las hipotesis de nuestros ilustres matemáticos, sobre todo una de el profesor Einstein…aquella que decía…”desde que los matemáticos han invadido mi teoría…ni yo mismo la entiendo…”
Pues eso, Pepe, nosotros tampoco entenderemos nunca cómo encuentras estos senderos tan impresionantes y empinados, pero te seguiremos siempre a pies juntillas…aún cuando nos retuerzas los concepto de tiempo y espacio, y nos obligues a llevar bocadillos a rutas de sólo 45 kilometros!!!.