domingo, 15 de julio de 2018

VCG XXV VEINTICINCO AÑOS DANDOLE VUELTAS A LA COSA

Cuando éramos unos  jóvenes  imberbes y alocados, disfrutando de  los últimos años de la adolescencia, solíamos mirar con admiración a aquellos “adultos” de veinticinco años que caminaban por la vida con una seguridad tal que se nos antojaba inverosímil para nuestras tiernas edades juveniles.
Eran personas ya (¡¡paisanos!!!), en todo el ámbito de la palabra, capaces de afrontar cualquier desafío con una valentía y descaro envidiables, como si ello les viniera de serie. Y ansiábamos llegar a esa edad, la de los veinticinco. 
Y llegábamos claro, luego de pasar por pantalones de pata ancha y jerséis de cuello de pico, por castellanos de borlas y pelazos cardados…….era un peaje que hubo que pagar. 
Pero conseguíamos  ser adultos…o eso creíamos nosotros...
Y viene todo esto al caso de que la ha cumplido esa edad es nuestra querida Vuelta al Concejo de Gijón.
Dos décadas y media después de su primera excursión desde El Corte Inglés, se ha hecho adulta…ha alcanzado la edad perfecta, que dicen los entendidos…¡la edad de oro!...(bueno, esto lo dice la MTV).
Ha sido un crecimiento no exento de dificultades, y es que una ciudad grandona como Gijón impone sus propias reglas (además de  las del PDM, pero eso es otra historia), en forma de pérdida masiva de caminos rurales, sustituyendo la tierra pisada por capa asfáltica o de hormigón.
Así, desde las primeras vueltas, con una mayoría aplastante de suelo “vegetal", hemos pasado a tener solo unos pocos metros de sendas, que nos obligan a dar vueltas y vueltas y más vueltas en busca de terrenos sin cubrir por el manto bituminoso .
Y este año…este año… ¡el asunto se nos complicaba!, con una masiva  pérdida de caminos a pocas semanas de la ruta y un sinfín de chaparrones y  aguaceros, que retrasaba las labores de marcaje hasta los últimos días…¡poniéndonos los nervios a flor de piel; tal sería así, que a nuestro geógrafo a tiempo parcial, un hombre de espíritu tranquilo y sosegado, se le han multiplicado las canas!!
Hubo que echar mano de las buenas gentes de esta Casa, que aprovechando los resquicios que dejaban las nubes, salían a marcar en la última semana antes de la convocatoria, eludiendo chaparrones, perros y aldeanos celosos.
¡Y llegaba el gran día!...nublado y con el típico bochorno gijonés.
Como viene siendo habitual, los vehículos de apoyo,  se nutrían de antiguas figuras del ciclismo, echadas a perder, eso si…a los ya habituales Nacho, Patricio y Echevarría, estrenando, estos últimos, sendos vehículos cedidos por Ford, se unían, en diferentes calesas: Barquín, Paulino, Ruben Epic, Willi y Marino, que aducía presunta lesión pernil.
A la cabeza de toda esta sinfonía de carricoches aparejaban Don Fernando Peinador y el ilustre Barcaiztegui (Pepe Marín…), rabiando este por no poder acompañar a las huestes ciclistas a lomos de su jumenta.
¡E daba comezo a rutiña!, que diría un galego. Un poco mas colorida que lo habitual, merced de unos vistosos maillots conmemorativos, y muy bien dirigida en cabeza por los alpinos Fran, Junco y Eugenio, que sacarían los colores y los pulmones a más de uno; Ramón se incorporaría a media mañana, para relevar al trío y mantener la velocidad…(la suya, que el resto iban a media hora).
Como fuerzas mercenarias independientes, mercadeaban por la zona Pablo Gruñon y Hector, fieles a su estilo endurero, y en tramos intermedios vigilaban los incansables Gelu y Jonathan.
El cierre era propiedad del veleidoso grupo de cola, formado por insignes del pedal…Sr. Gordejuela, Sr. Montalvo,  Sr. Guzmán  y Sr. Mancha…el letrado Lledo quiso unirse al principio, pero no paso las pruebas, por lo que continuaría su marcha, y el señor Rafa huiría después de La Llorea en busca de mayores  metas.
Viesques, La Ñora, Deva,  ocasionaban los primeros retrasos, las rampas eran pronunciadas y los caminos estrechos. El pelotón llegaría al reagrupamiento del campo de golf sin mayores problemas. Desde allí, la ruta se endurecía: tras una aproximación por Deva, se ascendía “La Casa de la Radio” para desayunar en el área recreativa bajo el “depósito”.
A partir de aquí y tras un vertiginoso descenso por la cuesta de La Vaca, se entraba en la zona de Quintana, lugar de repechos imposibles.
En aquella zona abandonaba, entre otros, el barbado Guzmán, preso de molestias estomacales (algo dijo de su barriga..).
Pero las rampas eran duras, Gelu apenas daba abasto para empujar fieles y el grupo de cierre encadenaba retiros con averías, solucionadas por ese encanto de mecánica que es Úrsula. 
A las alturas del Picu El Sol, los zagueros recogían a un solitario Acedo, que soltaba sapos y culebras por la boca…tras llevar una hora en el cruce sin que nadie le diera la alternativa…como Antonio es de buen trato y mejores chistes, dimos bien en permitir que se uniera al grupo, en donde también encontraba acomodo Edu.
Jonathan, inmenso, incansable imparable!! y sobre todo, inocente, preguntaba, en aquellos mismos momentos, al Manager General si nos acompañaba o si cogía la ruta larga…a lo que el líder, cómodamente reposado en su Ford Kuga 2.0 TREND SINC2, respondía.: “La larga, por supuesto”…Y no volvimos a ver al pobre Jonathan hasta la llegada…
Los GPS indicaban las 14:30 horas y, mientras las primeras unidades ya reposaban hace un buen rato en Peñaferuz, lugar de almuerzo, el clan Gordejuela descendía por La Madera, lejos…muy lejos del lugar de almuerzo escogido; sin agua, sin víveres y casi sin fuerzas. 
Gracias a que encontraron una buena fonda donde reponer lo perdido...bueno, lo perdido y lo que habrá que perder...¡qué peligro Felix!!!.  
Fonda, por otro lado, ya conocida por la tropas de élite Ford Kuga, a quienes tuvieron que echar de allí bajo amenazas variadas en tono y disposición.
Pocos minutos después, a dos montes y mil rampas de distancia, y una vez cargadas las baterías de las e-bikes, moda esta que prolifera como las plagas bíblicas…el grueso del pelotón iniciaba la marcha, descendiendo la larga y sinuosa cuesta de la Formiga.
Y fue en estos predios donde el noreñense Florín, hombre recio y sólido donde los haya, quiso buscar 
los límites de la adherencia gravillera, saliendo despedido por encima de su montura y aterrizando en el barro como un hombre bala…la cabeza por delante.
Después de unos momentos de incierto desconsuelo (ni hablaba ni gesticulaba, raro en él) al cabo reaccionó y, tras un par de muecas que espantaron a los presentes, dijo que continuaba.
Hicieron falta el médico, la sanitaria, los directores y otros cuantos para convencerlo de lo contrario. –“La T4 tocada y una costilla rota”, decía Floro en las redes unas pocas horas después…las enfermeras decían otras cosas…no reproducibles, claro.
Al cansado pelotón solo le quedaban ya los accesos al Monte Areo, sutilmente evitados por unos cuantos guías espabilados, que disimularon por Monteana, para presentarse en el inicio del recorrido urbano, la Bascula de Veriña, donde nos esperaba la policía municipal para acompañarnos en el paseo por Gijón.
El resto iba a seguir el guión de otros años, llegada a Las Mestas, reunión de los supervivientes con familiares y amigos y entrega de premios y diplomas a los homenajeados.

Y hasta aquí la XXV VCG

Como siempre, pero este año más si cabe, hay que agradecer el trabajo de todos los guías y voluntarios que se esforzaron en marcar rutas, proteger cruces, dar relevos a sus compañeros y ayudar a todos los participantes, de una forma u otra.
Quiero recordar y recalcar aquí, que sin la colaboración de todos ellos, de todos vosotros, la Vuelta al Concejo no hubiera llegado a cumplir estos renombrados y adultos veinte y cinco años.
 Y es justo reconocer, en estas mismas páginas, la labor realizada por los integrantes de esta Peña, veteranos y noveles, en la consecución de este objetivo, que no es otro que el de rodar por los caminos de Gijón en compañía de amigos, a lomos de nuestras bicicletas.
Y, por supuesto, gracias a todos los participantes por confiar en nosotros año tras año.
Gracias a todos vosotros.


Pd. La XXV VCG finalizaría en las Mestas, pero la fiesta nocturna de algunos no se sabe donde acabó…

jueves, 4 de enero de 2018

2017, EL AÑO QUE PERDIMOS LA VERGUENZA

Si hubiera que caracterizar al año pasado, el 2017, de alguna forma, el adjetivo
que se me viene a la cabeza es el de veleidoso, cambiante, ¡frívola! (Huy se me ha escapado…)…donde en la misma semana podías pasar de un ambiente cálido y sofocante a otro gélido, ventoso y encharcado; y escribo esto cuando a primeros de Enero los termómetros se pasean por los 20 grados veraniegos, como si fuera la playa de Benidorm, a la vez que se alerta de un descenso de temperaturas para mañana!!..¡Aaah, qué voluble!
También ha sido un año de borrascas mensuales,  aunque ahora se les llame Ciclogénesis Explosivas, que parece que da más canguelo: temporales que llegaban de improviso, armados de viento y agua y que desaparecían en unos pocos días, tras dejar los caminos como barrizales y las botas de invierno en el horno, secando…
Revisando la libreta de apuntes, uno se da cuenta de que no hemos parado, bueno, excepto cuando caían chuzos.  
Desde las comarcas mineras, a las que es tan aficionado esa plaga divina que nos ha caído encima, en forma de geólogo, llamado Pepe, (socio amado y odiado a partes iguales por la mayoría de esta Peña, dependiendo del momento de la ruta, todo hay que decirlo) a las costeras, pasando por incursiones en provincias cercanas…y no tan cercanas.
También, aparte de galernas, hemos recibido la feliz llegada de nuevos socios, ahí están los Jonathan (bueno, este por los pelos…), Vanessa, Roberto, Sergio, Javi, ¡Jandrín! (pero  este… ¿no era socio ya?)…¡cómo andan los condenados!!.
Y ya que hablamos del rendimiento deportivo, señores, ¡esto no puede ser!, que los del pelotón de cola andamos derrengados, exhaustos, ¡¡acabados!!! 
Entre las bicicletas flacas, que tan buenos réditos dan a sus propietarios (a los que las utilizan) y las eléctricas, ¡mal rayo las parta!, el pelotón de los torpes las pasamos canutas para llegar al final de las rutas sin sobrepasar nuestros ritmos cardiacos. 
Luego alguno dirá que no entrena. !!mentirososos!!!
En un día normal-normal, acércate a  la carretera de Villaviciosa; está ocupada por esa panda de
jubiletas felices que van a tomar el café día sí y día no a la villa, Patricio, Tino, Calo…vamos ni acercarse…80 kilómetros diarios se hacen los benditos; por el otro lado, La  Madera es el territorio de carreteros humildes, Joaquín, Toni, Roberto, Josmar, Jonathan, el Sergio…
Venga, vamos pues en dirección a Candas…la cuadrilla de Marcelino, Richard, Paco Fran te espera…
Vale, pues me quedo en la playa...¡Coñe! Fernando, Yoli, Ángel!, pues voy a salir un domingo…hola Felix, ¿qué tal?
No puede ser, me largo hasta León, que aquello está lejos…¡RAMOOON!!!, y no te acerques a La Pola, no sea que te cojan Fran y Junco…
Va a ser que no, mas te vale tirar la bicicleta a un matu y dedicarte a caminar…
Oh, Cielos..el Juanjo!!!
En el tema competitivo, aparte de las innumerables copas y medallas que gana, carrera tras carrera, Yoli, este año contamos en las filas con todo un Campeón del Mundo Mundial, nuestro modesto Guti, que recordando épicas gloriosas de los Tercios de Flandes, les ganó a los flamencos de Bremen (no, Bremen no, que allí era los de los músicos aquellos) de AMBERES! el preciado trofeo. Bravo Guti!, y enhorabuena Eva, por la parte que te toca.
En el tema hospitalario, no constan muchas averias…un dedo dislocado de Julio, unas costaladas de Benja, algo normal, de Pepe y de Jonathan; Sergio se operaba de menisco y algo más, en un oscuro afán de emular a Ramón, y Josmar exhibía un aparatoso vendaje en su pierna, fruto de un esfuerzo inoportuno.
De las rutas casi no hablo, están todas en el calendario, hubo encerronas, sartenazos y mega sartenazos: como el infausto día de Cotobello, sudores me entran al recordarlo; o aquel día de unos tristes 36 kilómetros donde hubo que llevar el bocadillo, o le de la del Cordal de Los Llanos donde hasta Juanjo se quedaba sin batería, la llamaron La Irrepetible, ahí queda, con valentía.

Por otros lares, Tobit se llevaría a unos cuantos a disfrutar del Soporrotún de San Vicente de La Barquera; Saúl visitaba tierras Pirenaicas en dos ocasiones, en la última le acompañaría Pablo y este aprovechaba un vuelo en parapente para repartir su desayuno por  medio territorio aragonés…; Ángel, el abuelo inagotable, se marcaba casi 800 kilómetros en la Ignaciana,
desde Loyola hasta Manresa; En Junio un puñado de valientes: Gaby, Blas, Pepe y Nacho se iban a la Irati, acompañados de un inconsciente y en Octubre los diestros Zarate, Gordejuela y Marín organizaban de nuevo, y van dos, un maravilloso fin de semana en Haro, entre viñas, caldos y bodegas…algo de pedaleo también hubo.
Por supuesto Julio trajo la Vuelta al Concejo, ¡la número 24! Una ruta preparada en corto tiempo, y dado el lugar donde tuvo lugar la reunión… pues no salió tan mal, que menuda fauna se juntó en el mesón.
Pero si hay una fecha que quedará en los anales de esta Casa es la del seis de Agosto: Años, qué digo años, lustros de presentar una imagen digna y elegante se iban al traste en un momento.
Se perdían para siempre el decoro, la presencia, la honra,…la decencia, ¡cochinos!, en una triste poza de inmaculada agua, mancillada desde entonces para siempre. 
La ruta transcurría por los monte de San Isidro y alrededores, y dado que el clima era sumamente veraniego, a los presentes no se les ocurría mejor cosa que bañarse en una poza cercana…hasta aquí todo bien, hasta aquí. 
El problema vino cuando  ninguno de los presentes portaba bañador o similar, y claro…no iban a mojar el uniforme…noooo. 
Qué vergüenza, un grupo de adultos, tal y como los trajeron sus Santas Madres al mundo y retozando en la charca…y encima inmortalizaron con gran orgullo el evento!!!...Colorao me pongo todavía!.
Cerraríamos el año con la colocación del Belén y con el  triatlón de baile de El Faro del Piles, organizado por ese castigador conocido como Marino, cuyas hazañas en la pista y fuera de ella darían para otra crónica.

Y con todo esto, y superando otra ventosa borrasca de nombre Bruno, cerraríamos el año 2017, disfrutando de un sencillo paseo costero por Luanco, Peñas y Verdicio, patrocinados por el siempre cordial, dispuesto y generoso Echevarría.

Mis mejores deseos para todos y para este año 2018, un fuerte abrazo


Pd. Para este año que comienza, nos hacemos mayores, la Vuelta  al Concejo de Gijón cumple un cuarto de siglo, las bodas de plata, 25 añitos que se dicen pronto. 
¡Qué mayores nos hacemos! 

Pd 2...Querido Pepe, la hoja de parra es cortesía de un servidor...que te pillaron despistado...mira como algunos se esconden en las zarzas...


martes, 17 de octubre de 2017

HARO 2017, LOS OBARENES!!

“Nox atra cava circumvolat umbra…”…(”la negra noche nos rodea con su envolvente sombra…”)
 Las palabras resuenan, siniestras y tajantes , en la mente del caballero mientras intenta escudriñar la tenebrosa oscuridad (coñe!, que me doy miedo a mi mismo…)
Pero los dos tristes fanales que porta la menguada brigada apenas alcanzan a iluminar unas pocas varas por delante de las monturas, de tal guisa que el grupo se arrejunta como ovejas en campo de lobos, para no salirse de la trocha, que amaga un costalazo.
De su amplia mesnada inicial solo quedan cuatro infantes que, a duras penas,
siguen los pasos al tenaz Barcaiztegui: el riojano Zarate, los pirenaicos Moya y Arguelles y el persistente y duro Vigil de la Piñera; del resto nada se sabe, huidos, tiempo ya, de las durezas del camino: unos excusando males y los otros….traidores…pesares.
Mientras intenta seguir las curvas del camino, cerrado y oscuro como noche de invierno, aunque el clima es apacible y sopla un cierzo suave que mece las vides, el antiguo salesiano da vueltas en su mente al desmán que le desasosiega…¿cómo, ¡Diantres!, una docena de hombres recios y derechos, con cientos de batallas en sus alforjas, no fueron capaces de cerrar en firme una escudriñada de apenas unas decenas de leguas?
Cierto es que la ruta en sí no tenía nada de fácil, con ascensos imposibles y descensos que asemejaban precipicios, solo superados por los osados Arguelles y Molla, doctos en la materia….pero de ahí a que se le escabullan…¡más de la mitad de sus efectivos!!…PARDIEZ!, exclama rotundo el el caudillo…: el hacendado Gordejuela, Del Real, Echevarría , Del Barrio, micer Barquín, De la Venta, el Mancha…hasta el oriundo guía Don Víctor se esfumaba de la escuadra, sin despedirse siquiera.
Y ese algo roe el alma del licenciado, hasta el tuétano si el alma lo tuviera…que no…, mientras esquiva bancales de guijo y arenadas traicioneras…lo sabe aunque no quiera reconocerlo…el inicio de los problemas…:
-"si, fue allí, en la aseada villa de Sajazarra, mal rayo parta al que encargo la pitanza en aquella fonda!!...Morcilla, chistorras, huevos, papas!!!…¿a quién se le ocurre tal dislate?...y lo peor de todo, el vino, ese vino oscuro y denso, que adormece las voluntades y entibia el intelecto…ese fue el causante de la debacle…a partir de ahí no hubo nada que hacer con la patrulla amodorrada y cansina.
La jornada comenzaba fresca, una vez superado el nerviosismo del día anterior con el siniestro Paso de Altube, que tantos quebraderos de cabeza dio el año pasado…
Digo fresca y no fría porque el mercurio indicaba valores positivos, pocos, pero positivos. Tras un breve escarceo por los alrededores de la ciudad de Haro, con sus bodegas recuperándose del paso de la soldada la noche pasada, la comitiva iniciaba el ascenso a los riscos de Bilibio y su santo, San Felices, patrono de la citada.
Rampa dura y sin complejos, con un tramo final utópico hasta para el ingenio mecánico de Echevarría.
Es la ermita del anacoreta, balcón privilegiado sobre el Ebro y sus Conchas, rodeado de prietas peñas y de buitres hambrientos.
Toda vez que estos últimos no dejaban de aproximarse, tocaba retirada cautelosa del peñasco, por unos escalones pindios y traicioneros hacia altitudes mas humanas.
El camino serpenteaba ya hacia los Montes Obarenes, acercándose al monasterio de Herrera, habitado por unos pocos y raros monjes…camaldulenses dicen que se llaman…(bueno, disculpen sus mercedes el palabro… ermitaños de larga barba y hábitos clareados…para entendernos) y acometiendo la franca subida hacia la presa de Villalba.
Fue en este lugar donde el alargado prócer don Félix, elegante y gentil donde los haya, introdujo su pernil izquierdo en una suerte de sima, y, si no fuera por la baranda allí situada, se hubiera metido todo él entero.
Aunque algunos ya daban por perdida la extremidad, dada la aparatosidad de la sangría resultante (sangre patriota y tinta como buen rioja, todo hay que decirlo….) solucionaríase el asunto con un par de tafetanes y algo de ungüento que apañaron la funesta herida.
Fueron momentos tensos y angustiosos, con las tropas desperdigadas y berreándose unas a otras… -”¡Pues se ha hecho un roto bueno!!!”…-“¿tiene arreglo o tiramos??!!!”…-“Por dónde es el camino???...”…-¿Ya paramos a comer?...”.
Estas y otras voces clamaron entre los chopos hasta que el herido retorno a los andares.

Desde los bajíos de la represa, la ancha pista se convertía en un estrecho y curveado sendero a través de bosques de pinos, encinas y alcornocales, sin otra dificultad que la de sortear las piñas y raíces del camino.
Piñas estas…bueno piñones mas bien, que consiguieron lo que no lograron las altas cumbres oscenses…darle la vuelta al osado Saúl…con montura y todo…
Hubo que rebuscar de nuevo en la botica para curar los arañazos del joven casadero.
¿Por qué…por qué…?, sigue torturándose el buen doctor…¿no fui amable y condescendiente…no atendí sus ruegos…no cuidé sus ánimos….? 
Pero solo encuentra delante de él la siniestra negrura, que lo envuelve, que lo confunde…que lo exaspera!!!....(¡¡Perros!!!, seguro que ya están en la fonda contratada…)), volviendo grupas, arenga a los cuatro cofrades que le siguen…¡Rápido, mis fieles!!!, que nos dejan ensin cenar!!!)
Cañones, trincheras, sendas, daban paso al ascenso a la ermita de San Juan del Monte, y de esta a la Campa del mismo nombre, cumbre de la ruta.
Las fuerzas, ya en franca derrota, aunque pocos lo reconozcan, afrontaban un fugaz descenso hacia los pueblos de Galbarruli, Castilseco, y Sajazarra por fin, con su pulcro castillo y sus calles inmaculadas.

Había concertado allí, uno de los tres riojanos, el condumio de la milicia, con la sana intención de proseguir luego el derrotero marcado…hasta el final...¡¡¡hasta el final del vino y la cerveza que no se levantaron de la mesa los gañanes…y algunos todavía pedían licores!!!! .
Pero, no contentos con el retraso acumulado, dioles por, incluso, visitar un ancestral calado…solo las amenazas del paladín Marín, y la falta de caldo en aquella bodega lograrían que los montaraces arrancaran sus jamelgos.

Pero el mal estaba infligido ya….bien lo sabe el pesaroso adalid: -"...con las barrigas llenas, las piernas vacías y las mentes calculando la hora de la cena… poca carne para mucha faena…"
Las primeras bajas llegaron a la legua escasa de la comida: con la intención de acudir a los sanitarios, Don Félix y un grupo de escoltas seleccionados abandonarían el grupo, juntamente con el guía.
Y un poco más adelante, en las laderas de Obarenes, el comerciante, el galeno y el contable, aprovechando un descuido de la capitanía, tomarían las de Villadiego, pero hacia Haro.

Ocho leguas y media y 11 horas después de la salida llegaba el quinteto superviviente, con el tiempo justo, (bueno, sin tiempo, que se quedaron atrás!!!) para componerse un poco y coger el transportín hasta Tirgo y su asado, lugar de una buena, opípara y merecida cena.
Del resto poco hay que contar que se deje: tras la sobremesa, algunos continuaron la noche en los elegantes locales de Haro, mientras que los temerosos de Dios y de sus santas esposas, retornaban a la hostería donde pasar la noche. 
Al día siguiente, bien desayunados y descansados, la planificación indicaba una visita guiada a la villa natal de Ángel, Foncea, con ascensión al emplumado
campanario y reposo en el bar de jubilados, mientras el trío protagonista aprovisionaba morcillas arroceras para degustación familiar.

Y luego la ruta, viraría hacia el norte, a través del puerto de Pancorbo, en dirección a la puebla medieval de Frías, donde los esforzados visitarían la turística ciudadela, almorzando, de paso, en un turístico mesón.
El retorno atravesaba más tarde la comarca burgalesa de "Las Merindades“, y otras zonas y carreteras aledañas, haciendo honor a la máxima de :
"Con Viajes Gordejuela, visitará España entera…aunque usted no lo quiera….!!


Con todos  nuestros agradecimientos a estos fabulosos anfitriones de su tierra...

(Nota del autor...Ultimas investigaciones han sacado a la luz el pasado maño y seguramente republico-anarquista del conocido geólogo, por lo que...de riojano...nada de nada....bueno, el amor por el vino bueno...si ya me parecía a mi que cantaba muy bien la Jota...)
♫♫...Una advertencia he de hace-e-eer
a quien me quiera obsequia-a-aar:
que a mí no me gusta el vino-o-ooo…
en pequeña cantida-a-aaad ♫♫♫,,,


miércoles, 21 de junio de 2017

AAAYYYRATI EXTREM

Hay nombres propios, con letras grabadas de forma indeleble en tu subconsciente, que te retrotraen a recuerdos, experiencias o sensaciones, y  que han marcado de una forma dramática tu experiencia vital…(que dirían los cursis y meapilas).
Todos los tenemos: es el caso de aquel Don Agapito, atemorizante profesor de Ciencias que sufrí en 4º de EGB o el de mi tía-abuela Pilar, que ayudó a Pelayo a echar a los moros ( eso nos contaba mi padre…) o el no menos siniestro Cabrón de Peñíscola, que atemorizó mis primeros campamentos…(hasta que cogimos al condenado y lo tiramos al río, aunque clamaba que era el monitor de los pequeños…da igual, al agua que fue).
Pero hay un nombre que los ha arrinconado a todos últimamente, no por sus coscorrones, ni por sus pellizcos inesperados ni por sus alaridos en medio de la noche, no, no,  este es a causa de su extrema dureza e intransigencia….Ayyy, no me atrevo ni a pronunciarlo…¡¡¡ERROZATE!!!.
Este nombre será por siempre protagonista de mis pesadillas nocturnas….bueno, este¡…y el Zarpazo Nocturno de Blas!, pero esa es otra historia.
Y es que cuando has ascendido más de 1000 metros en 11 kilómetros, con pendientes que no bajan del 8,5 pero que se acercan al 20%, con curvas que se retuercen sobre sí mismas y te detienes, te paras, te caes! para que te alcance la respiración que has dejado abandonada hace Dios sabe cuando!, y mientras los buitres te sobrevuelan a tiro de bidón, te das cuenta de que te has metido en un buen lío….AY…¿y cuánto dice que queda???...Y es entonces cuando recuerdas los consejos de los veteranos, que resuenan como un mantra en tu caldeada cabeza…: …noooovayyyaaaaiiiis…lleeevarunpiñondeltreintaycuaaatrooo…entreeenarraaaampas…y te preguntas…¿Por qué no les haría caso…?...(¿dónde está el icono de desolación, donde? Ah, no que eso es en el Whatsapp….))
Y allí estamos, en la cima del monte en cuestión…monte…monte…!MONTAÑA,
CARAYO!, qué grande es esto, y uno de los voluntarios que te ve con mala cara(cómo no!, si llevas diez minutos buscándote las pulsaciones…) y te dice…¿ves aquel pico de allí?, (a 2000 kilómetros de distancia, calculando por lo
bajo), Si, respondes sin dudar mientras miras de reojo la panceta que se fríe en una parrilla cercana…¿ves los puntos que se mueven arriba del todo??, (arriba del todo debe de ser la cota del Everest…por lo menos…), Si, claro, (la panceta está al alcance de la mano…), pues ese es el Larrau…!!ACABâRAMOS!, ¿todavía me queda eso???, trae para acá un trozo de pan…que ya viene el autobús.
Cinco galanes nos atrevimos a desafiar a la ruta…Extrem…Irati
Extrem, que diría el espía: el versátil Nacho, el capaz Marín, el concentrado Gaby, el barbudo Blas y el inocente que escribe. 
Todos nos apuntabamos allá por el año pasado, confiando, como el alumno que se matricula de todas de en Septiembre, que nos daría tiempo de sobra para entrenar la prueba..iluso de mi… 
El caso es que pasó el tiempo y nos presentamos en aquellas lejanas tierras navarras, con buen humor y mejor ánimo, al comprobar, de paseo al bucólico hotelico en Burguete, que los primeros puertos iban a ser mero trámite, que lo duro comenzaba a partir del pueblo de Orbaitzeta, bueno un poco más adelante.
La partida era a las nueve de la mañana, una hora cómoda para gente acostumbrada a madrugar…aunque algo juusta para el presumido de Nacho, que entretenido en echarse sus aceites, sus potingues varios, sus tiritas de respirar y su cremita para el sol, nos tuvo en un vilo hasta la hora de la salida. Tal fue la rémora del Martinez, que nos obligaba a salir los últimos de la comitiva, por una empedrada y cuidada calle principal, a la vera del Anduña, y es que este pueblo de Ochogavía se llena de aficionados y no tan aficionados, que los primeros de la línea parecen muy profesionales.
Los primeros compases de la ruta son cómodos si no te enredas la melena con alguno de los 1500 ciclistas que te rodean, con colinucas de fácil ascender y con la única preocupación de no engancharse con nadie en las bajadas, que ahí es donde sale la vena Pelaya y adelantamos hasta esos “estirados” pros.

Vamos pasando por puertos de nombres espesos y aficionados a las erres.…Erremendia, Abaurreagaina…todo un sube y baja pero de desniveles asequibles 7-8%; aunque los nervios se notan y cada uno se reserva como mejor puede.
El primer susto aparece en 34 kilómetros: una rampa de hormigón de 700 metros con sangraderas oblicuas, con un pequeño descanso a la mitad e inclinación en torno al 18%...si vas sentado malo, si vas de pie, peor, que se bota mucho; el calor ya aprieta y hay que ir con mucho cuidado para no asfixiarse o que te tiren; a medio camino hay un rellano con sombra muy apetecible pero ya está ocupado por una centena de ciclistas, Cagon too!!, no hay sitio para nadie más…toca seguir.
Tras la trepada aparece el avituallamiento de Orbaitzeta, donde ya esperaban mis fieros compañeros, que habían asaltado el tenderete como castores hambrientos, Blas llevaba plátanos hasta dentro del botellín; un poco de bebida y arrancamos con alegría, pero esta dura poco…medio metro o así: avisan con carteles que empieza una subida, ¿Otra!!!?¡ pero si acabamos de subir!!!
Aquí las pendientes se ponen serias…tiene apellido corto el fulano, y sin erres…malo: Azpegui, 9,5%.
 Como que no quiere la cosa entras en La France, que diría Landa y eso se nota, juraría que las vacas mugen de forma extraña…y las ovejas son muy raras, parecen cabras?? o igual es “la calo pisha, musha, musha calo” que exhala un andaluz de Jaén que dejo atrás. 
Este Azpegui se acaba pronto, menos mal, pero lo que no se sufre en la subida, lo pagamos en el descenso: una carretera rota y curvada que provoca decenas de pinchazos y roturas de ruedas de carbono. 
 Los baches están por todos los lados, la gravilla acecha en las curvas, el verdín en las cunetas y los malditos frenos de esta flaca no son capaces de sujetar la bicicleta ni en las curvas ni mucho menos en las rectas…(¿donde estará mi Canyón con frenos SLX??)..¡Ay…ay…ay!! se impone un ritmo más conservador, que esto es cicloturismo, no nos vayamos a escacharrar en algún bardial. 
Mientras me sujeto con las dos manos al sillin y con los dientes al manillar, pienso en Blas, que seguro que ha disfrutado de lo lindo con sus bonitos frenitos de disquito…Grrrrrr.

Bajo lanzado (más que nada porque ya no atino a frenar!!) detrás de otros dos colegas de penas, superando a decenas de temerosos que descienden en primera corta, hasta que logramos parar con cierta seguridad al borde de una granja, poblada de esas singulares ovinas que nos observan desde la seguridad de una valla.
Los otros dos bajadores son navarros; uno, de cerca de allí, anda dolido de una pata y el otro gimotea por algo en su cambio trasero…pues vaya dos a los que me he juntado. 
Seguimos y logramos juntar una buena grupeta de cojos, cansinos, averiados y torpes que renqueamos por la carretera como una procesión de lisiados.
Un ligero llano para tomar aire recalentado y comienza la subida del día….el ERROZATE. …¡DEMONIOS! 
La temperatura ya pasa de los 34º y la organización obliga a iniciar la subida de uno en uno, para evitar atascos. La curva de entrada es cerrada y muy pindia, ¡JA, esta es la mía!, me levanto para coger impulso mientras supero a unos cuantos incautos por la parte interna de la misma, Jejejejjj, dice mi sonrisa de lobo que se me congela en la boca a los dos segundos: La rampa se empina en vertical y ya no me puedo sentar, la flacucha zigzaguea descontrolada y boqueo como un atún asmático.
Primeros mil metros al 12, después vendrá el 15, el 16, el ¡19! ¡Esto parece la Bonoloto, tiene todos los números!!!
No hay un triste árbol donde cobijarse, el asfalto echa humo, y hasta la brea derretida corre a esconderse en algún hueco; las dos barritas que porto en el maillot hace ya tiempo que han dejado de ser sólidas, son como sopas de chocolate caliente con tropezones. 
Aquí ya no hay grupos, solo pobres ciclistas solitarios que luchan, como pueden, contra un ascenso incalificable. Y luego se quejan de que Los Lagos son muy duros!!!  
Dicen que el Tour no pasa por aquí por las estrecheces de la caleya, que no permitiría ninguna asistencia…¡pues yo voy bien ancho!, tengo tanto sitio que voy de cuneta a cuneta...ahora a la derecha, ahora hacia la izquierda...Ay…ay…ay.
Es inútil mirar hacia arriba, la inclinación es tal que en cada curva pierdo a los que me preceden y despisto a mis perseguidores, mientras sigo encontrando grupos de pinchados y averiados. 
De los navarros hace ya tiempo que  no sé nada, atrás se han quedado los probes…y esto que no se acaba.
Por delante…muy por delante, en otra categoría celestial ya descienden las cuatro estrellas Pelayas, que me lo contaron luego (Perros, cómo andan!! ¡verguenza les debería dar!...abandonar a un compañero).
Blas y Gaby por la parte corta y Nacho y Marín por la larga. Gaby anda algo perjudicado de sensaciones y Juan le sigue a corta distancia. Los otros dos van sobrados…qué asco, piensa mi sombra, ¿qué prisa tendrán?…
Sigo apretando los riñones como si me fuera la vida en ello, cada pedalada es como levantar 40 kilos con cada pierna, 45, 50, a este paso me va a quedar un cuadriceps como un jamón de grande.
Pero la reserva se acaba, el puerto sigue y sigue y no se ve el final. 
La estrecha carretera se abre un poco y aprovecho para coger aire a la sombra de un triste pino, un par de tragos de caldo de sales, ¡buagh! Y a levantar peso de nuevo.
La gente ya camina sin disimulo, y solo unos pocos nos empeñamos en
pedalear. 
La pendiente asciende 800 metros cada kilómetro, ya voy por los 980, 1080, 1180, A lo lejos, muy lejos, se ve el exiguo avituallamiento que marca el final del bicho, quedan todavía unos cuantos minutos de sudor y  levantamiento de pesas para alcanzar la cima…1272 metros.
A partir de aquí, las sensaciones (las mías), mejoran ostensiblemente, el asiento del bus es de una comodidad exquisita y los compañeros de viaje hacen el trayecto muy entretenido…(los dos navarros ya estaban dentro).
Mientras yo reposaba de los sinsabores de la corta ruta, Gaby coronaba en solitario y con cierta ventaja el Col Bagargiak, simil de estación invernal francesa, rodeada de unos inmensos pinares y unos chalecitos muy apañados. 
A unos minutos llegaba Blas, resoplando cual locomotora de vapor, que se

juntaba con el primero y después de una cansina espera y no viendo al resto de cuadrilla por ningún lado, resolverían seguir solos hacia Larrau, pero ya con la oscura intención de hacer el ascenso por la vertiente fácil…la del autocar.

Bastante retrasados asomarían por la zona la pareja Nacho-Marín, algo cansados tras realizar un vertiginoso descenso desde la cima del Errozate, seguido de un no menos duro ascenso al Col de Sourzay. 
Refrescaban algo las meninges y proseguían ruta sin saber nada del resto de la escuadra, desperdigada desde hacía ya unos cuantos kilómetros.
Y cerrando la comitiva y frescos como rosas llegaba el furgón de los abandonados, entre chistes y chascarrillos, que asaltaba el punto de avituallamiento como si estuvieran famélicos, y es que la inactividad da mucha hambre, compañeros.
Una vez repostado el mini-Pullman con bollos, barritas, bolsas de patatas fritas y botellones de Colas y agua, arrancaríamos en pos de los fugados, que nos sacaban una ligera ventaja.
En esos mismos momentos, el duo Blas-Gaby llegaban a Larrau con cierta ventaja y justos para pillar transporte gratuito a la cima.
Al poco, Marín y Cia., o sea, Nacho, miraban con desdén a las huestes acurrucadas en la misma aldea aquitana y tomaban la misma carretera infernal a la cumbre, pero sin bajarse de sus jumentas…15 kilómetros de rampas les esperaban.
Pero estos dos son de otra pasta: Don Nacho, adalid de las causas perdidas y jubilado feliz, dispone de años y años de silencioso y nada madrugador entrenamiento, atesorado en sus cortas pantorrillas, y Marín, el docto, esta temporada ha subido montes que solo él sabía que existían.

Es más, hay quien afirma que esto ya le viene desde pequeño….¿Recordáis aquella película catastrofista de los 70s: El Coloso en Llamas?, ¡qué peliculón!, Paul Newman, Steve McQueen, la Faye Dunaway, Fred Astaire…Bueno, pues había una trama paralela en la que dos heroicos bomberos ascendían por la escalera hasta el piso 136, con la intención de alcanzar a la azotea. 
Llegan derrengados y sudorosos hasta un descansillo bloqueado…¿Y a quién se encuentran allí? ¡A una abuela con un niño!…¿os acordáis???...Cagon Ross, para mí que el lebrel era el Pepe, que ya andaba haciendo cumbres de guajin…
Larrau es un puerto emblemático, fue allí donde Indurain cedió su trono al dopado Riis, poniendo punto final a los cinco Tours que adornaban el mueble bar del navarro.
No es excesivamente duro, si se hace en solitario,pero cuando se llevan casi 100 kilómetros de pérfidos ascensos y no menos peligrosos descensos (mas tarde nos enteraríamos de que un motero se había despeñado en una de las curvas), la larga rampa castiga a los deportistas: las piernas parecen de madera de nogal, las pulsaciones se quedan estáticas, el sudor se congela en la piel, y uno no es capaz de mantener el impulso necesario para mover la bicicleta.
Los bordes de la carretera se llenan de ciclistas desolados, que caminan ya desde los primeros metros de la subida, y el autobús que transporta retirados se queda pequeño.
Nuestra guagua, sin embargo, asciende con alegría no disimulada la larga cuesta, animando a los infelices que dosifican sus pedaladas. 
Son tramos largos y penosos, de pocos llanos.
En uno de ellos, atisbo a lo lejos los estiramientos de los dos pelayos supervivientes: Marín intenta doblar una señal de tráfico con el pie mientras Martínez degusta algo parecido a un bocadillo. 

Los pierdo de vista en seguida, que si paramos se quema el embrague de la fragoneta, y unas veinte curvas después alcanzamos la cima. 
Esto es un delirio, una fiesta! que diría el manager; a los miembros de la Organización se unen decenas de familiares y amigos que esperan a los suyos entre gritos de ánimo y pancartas ostentosas.
Vislumbro a Blas y Gabriel, agazapados detrás de un poste afrancesado, esperando por los otros dos valientes, hago algunos aspavientos desde mi asiento pero como no me hacen caso me dedico a los bollos.
El descenso del Puertaco es rápido, y la carretera se llena de corredores en pos de la meta, a tan solo unos kilómetros.
Como era de esperar, llego el primero, seco y descansado, rescato la Orbea del camión de reparto y me dedico a esperar al resto de la grupeta.
Tardan los condenados, que estaban gastando la batería de los móviles haciéndose fotos en el Larrau, y se hicieron esperar un buen rato, cuando ya me dejaba querer por el plato de ensalada de pasta con que nos obsequiaba los organizadores. 
Al final, llegaron los  mozos…tarde, pero llegaron, encima, abandonaban a Blas, que renqueaba en los últimos metros. 

Fotos de rigor con los posters de la prueba y con la merienda, un poco de conversación mientras disfrutábamos de un buen grupo musical y de vuelta al hotel, a ducharnos y ponernos guapetones para la bien merecida cena.
Nacho, haciendo honor a su fama, intentaría convencernos para rodar un poco el día siguiente, hasta el inicio del Camino Francés, Saint Jean de Pied de Port, a unos 30 kilómetros de distancia, pero la falta de quorum anuló la iniciativa.
Al día siguiente tocaba desandar lo andado, de vuelta a Asturias, con una breve parada en Cabezón de la Sal, a degustar unas especialidades regionales ( rabas, hígado y ¿croquetas??) y en San Vicente de La Barquera, que tenía yo capricho de corbatas.
Caramba con la Irati Extrem!, si  no fuera por las fotos que nos sacan!!!

Todos nosotros sabemos que justo después de finalizar algunas rutas largas y duras, la sensación de no volver a realizarlas se va diluyendo rápidamente, puesto que es mayor nuestra afición a la bicicleta que el desgaste físico-psicológica que nos ocasionan (otra vez el meapilas este…).
Pero con esta NO, no y no, a no ser que lleve la bicicleta de montaña, claro...se iban a enterar esas bajaditas…


Bueno, aunque también es verdad lo del dicho gabacho: 
"Fontaine, je ne boirai pas de ton eau,
o lo que es lo mismo en correcto castellano, …
” Nunca digas de esta agua no beberé"…


Ay…que me veo en otra...edición...