martes, 6 de enero de 2015

AÑO 2014...LA ERA DE...¡¡BLAS!!!

Siempre que este literato se encuentra ante la duda de encabezar la crónica anual, en base a nuestros acontecimientos deportivos o sociales mas destacables, claro, (no nos vayamos a los políticos que de esos este año vamos a estar mas que servidos), busca el evento más atractivo o vistoso, que al final se trata de eso: de llamar textualmente la atención del lector cansino y saturado de dulces navideños. 
Suerte tenemos que en esta Peña no andamos escasos de ninguno de los motivos nombrados, ni de los sucesos, ni de los dulces tocineros. 
Pero si hemos de recordar algo realmente inusitado e inesperado de este año que nos abandona, lo tengo claro: 
La drástica reducción de lorzas que ha conseguido nuestro barbudo Blas: un hombrón hecho y bien derecho que exhibía el año pasado tres cifras de buena y abundante masa corpórea y que ha llegado a principios de este 2015 mostrando un cuerpo esbelto y depilado que ya quisieran para sí la mayoría de nuestros socios. 
Ya, ya..., cierto es que tamaña merma ocasionada en sus carnes casi lo deja también sin alegría, y que echamos de menos sus alborozos ante un buen chuletón con patatas, cachopo al cabrales o callos a la casera, pero qué se le va a hacer, las dietas es lo que tienen…
Otra de las consecuencias funestas, para algunos, de su estado, es que ahora anda como un misil y cuando se corona un alto, no es nada raro encontrárselo allí con cara de aburrido, mientras saca fotos al resto de de quejumbrosos que se arrastran por los caminos
Enhorabuena Juanillo, y ponte piedras que vas a volar como una cometa cualquier día de estos.
En otro orden de cosas, el año 2014 se caracterizó porque la meteorología fue un poquitínnn más benigna con las huestes Pelayas: salvo casos aislados, que ya comentaré más adelante, no nos llovería en abundancia.
Los meses primerizos traían excursiones por Brañes, con fartura incluida, por Arroes y la ya habitual visita a los Callos de Carreño. Por esas fechas, si mal no recuerdo, asaltamos todo un tren de Feve para desplazarnos hasta Noreña, digo asaltamos porque no entraba ni una bicicleta más, ante la sorprendida mirada del maquinista carrilero.
Aunque dije que no llovía en abundancia, si lo hacía con frecuencia, y mientras un temporal tras otro se llevaban medio Muro por delante, aprovechábamos los aguaceros para que Marín y Garrido nos deleitaran con un entretenido curso de GPS y orientación, que aprovechamos convenientemente para encontrar un buen restaurante donde reponer fuerzas.
También, en un claro de las chubascadas, se acometía la Impensable Nocturna, muy dura en esta ocasión porque el frió que nos asoló durante toda la noche hizo que más de uno quisiera abandonar, al final solo se libraron un par de ellos, por mor de averías mecánicas.
Y llegaríamos a Mayo, el mes de las flores y de las novenas a la Virgen, que decía mi abuela (unas cuantas aguanté de pequeño, ¡coña!…tenía yo un arte en hacer nudos al rosario que mis buenos coscorrones me costó). 
Los 101 Peregrinos hicieron pasar calor a unos cuantos mientras que el resto recogía sartenes a diestro y siniestro por los valles de Peón. Pero el tiempo mejoraba y se imponía una visita a las playas de Ribadesella y alrededores. 
Fue allí donde se lesionarían Juanjo y Rafa Venta; el primero debido a un calamitoso salto de 90 centímetros en Gulpiyuri (no era más, que no os engañe…) y el segundo al aterrizar sobre unas piedras unos metros mas adelante; dos meses le costará al boticario sanear el desperfecto, mientras que Echevarria sigue padeciéndolo de cuando en cuando…según le interese…
Unos días después, Marín, el inquieto y pérfido geógrafo, diseñaba una visita a sus añoradas tierras palentinas y a sus cumbres. Un día de dura ascensión entre nieve y bisontes que no vimos, y otro de recortado paseo pedestre ante una tremenda tromba de agua que casi se lleva, flotando, el coche de Joaquín. 
En las mismas fechas, unos pocos valientes sufrían en El Soplao, haciendo buenos tiempos pese a las roturas y el aumento de dureza de la  mítica prueba. 
Seguían en plazo la Montemplaria, con un único y obligado representante y la Degaña-Ibias, que marca el comienzo del verano y cuya organización se esmera año tras año en superarse a sí  misma en amabilidad y cuidado de los participantes. Una buena recua de socios, siete en total y la mayoría neófitos en la ruta, disfrutaron de la misma. 
Reseño aquí, mal que me pese recordarlo, que en todas las participaciones hasta la de este año, el clima durante las dos jornadas variaba entre soleado a muy soleado, con temperaturas harto calurosas…hasta ahora…¡que nos cayó la del pulpo!: un aguacero continuo durante todo el primer día que hizo imprescindibles los chubasqueros, los gorros, las botas y hasta las mantas. Se daba también la circunstancia que era la segunda gran mojadura anual que sufría este escribiente (la primera fue en Chozas) y que en ambas, estaba presente cierto individuo (patrocinador de la leonesa…), de corte suave y amable…sobre cuya suerte con la climatología tengo yo mis dudas…no digo más, pero aquí lo dejo escrito, por si llueve de nuevo estando el gachó cerca.
Pero llegaba el buen tiempo y, a pesar de los imponderables burocráticos, conseguíamos hacer la Vuelta al Concejo de Gijón, la XXI, tras descartar cruces, carreteras y zonas limítrofes con otros concejos. De nuestro cuidado en la planificación de la ruta daba fe la rapidez con que se acabaron las plazas…¡cuatro días!!...¡¡ahí queda eso!!...
Y a los pocos días el Patronato nos encargaba una excursión a Covadonga con 27 voluntariosos inscritos en la marcha, férreamente vigilados por siete guías de esta casa. Como vehículo de apoyo, de nuevo que ya en la nocturna nos había acompañado, asistía el dispuesto Manuel Arrieta y su inseparable Marian.
Por aquellas meses se unía a nosotros la gentil doncella Eva, de cara a su preparación para la benéfica ruta Sevilla-Gijón, (que finalizó con gran soltura) y disfrutaba de nuestro buen hacer en una ligera excursión por San Pedro de Nora…nos perdimos unas cuantas veces.
Los peligros de las bicicletas flacuchas, esos engendros delicados y resbaladizos hacían de nuevo acto de presencia y, por un quítame allá ese bardial, Vega, el hombre-nube, arremetía con su montura sobre un inocente Rubén Patricio, que lo llevaría al hospital con un codo perjudicado. También recuerdo que, en la corta primavera, durante una frenada inesperada, Joaquín se llevaba sentado en el manillar al tranquilo Rubén Varas, repartiéndose unos cuantos verdugones entre los dos. Desde ese aciago día, Joaquín lleva protecciones de enduro…por carretera!!!
Lacra esta, la de las bicicletas escuálidas, que está invadiendo esta santa casa como la peste del XIV. A pesar de las amenazas y ataques del feroz inquisidor Moya, cuya jaculatoria mete miedo (“carreteros de m…#$%...!!!) hasta los más bragados y respetables socios e, incluso, los que juraban en arameo ante la sola visión de una de estas monturas (caso del barbado individuo del principio) van cayendo en sus redes.
Agosto traía una excursión corta pero intensa: La Carisa; 22 socios acometieron una fiera rampa de 25 kilómetros de subida, repleta de piedras, escayos, pinchazos y averías (siete en total). 
Cómo sería que el temeroso salesiano, responsable del desaguisado, rebuscó una excusa en su mochila para fugarse antes de ser linchado durante el ascenso.
Y volvíamos a Palencia, en esta ocasión equipados con bicicletas serias y de las otras. 
Una nutrida cuadrilla se presentó en Potes a la llamada del cabecilla geográfico para rodar por montes y carreteras durante dos días; el primero volviendo desde la localidad de Cervera por montes y despeñaderos y el segundo retornando a ella por puertos y valles. Algunos hubo que no secundaron la nueva religión (dos) y el segundo día, mientras que el resto de secuaces hollaban asfalto duro y peleón, disfrutarían de una jornada peatonal y campera. 
Es de reconocer el esmero que puso don Marín en organizar el viaje y sus posteriores excursiones, contratando incluso a una abeja para que hiciera el viaje más entretenido a Ramón. 
El otoño llegaba con un tiempo seco y soleado, y con una ruta interminable…Cuevallagar…aquello no se acababa nunca, siempre quedaba una rampa que ascender. La arriesgada pendiente de Bandujo se descendió con las últimas luces del día…pocos hubo que la hicieron montados…qué miedo
El invierno se presentaba mojado; tras dos semanas inhábiles por los chaparrones, las ansías confundían a Paulino, que intentaba sobrevolar una bicicleta tirada en medio del camino, sin éxito (Pau, la próxima vez tómate un RedBull…da aaalas…); el resultado fue de empate; Camino 1: Paulino Uno…brazo roto (bueno, sólo la cabeza del húmero).
La ruta a Gorfolí con los amigos de Avilés se suspendería una semana después con el grupo atechado en una cabaña, mientras los torrentes rodeaban la misma. Lo que no se aplazó fue el cachopo posterior en Los Manjares, otro clásico.
Ya se veía venir la Navidad y antes de que lo hicieran las nieves, rodamos por el bosque de Valgrande, subiendo de paso hasta la estación de Pajares, que queda alta que te rilas, por así decirlo.
Entretanto, Fran Morís y Patricio ascendían desde Sevilla, por la Ruta de La Plata, opíparamente patrocinados por la Federación Asturiana.
Y llegaban los festejos invernales: la Cena de Navidad, el belén de cumbres…bueno de Deva, la San Silvestre…etc, etc.
En una de estas reuniones deportivas: la travesía a nado del puerto, el intrépido Briansó, felizmente
recuperado de sus males, nos sorprendía reclutando a un grupeto de valientes para afrontar la citada singladura…dado el frío que se les ve en la foto, dudo que repitan el año que viene, y encima alguno se corto un dedito...Valientes!!
Y todo esto me llama la atención sobre el hecho de que esta Peña cada vez abarca más disciplinas…a la primigenia de BTT ya se une la de bicicleta de carretera, la de los corredores, la de los moteros (…pobres de ellos, para una excursión que organizan, les llueve a mares…), la de los nadadores, la de los que se quedan a tomar cervezas los viernes y días de guardar…los noctámbulos, raza aparte…los endureros, mención aparte a nuestro joven campeón Diego...etc, etc. Qué banda!!!
Ayyy, menudo año; y estrenamos sede nueva!!
Bueno, que se me acaban los apuntes, porras!!!
Como siempre, se han quedado muchas rutas y anécdotas en el tintero, demasiadas, pero ya sabéis que las mejores de todas son las atesoráis en vuestros recuerdos.

Dicho lo cual, voy a seguir jugando con el Ibertren que me han traído los Reyes Magos, no soy capaz de que suba una cuesta de nada que le he puesto…¿le pondré un 12-36???
Un abrazo

miércoles, 1 de octubre de 2014

CERVERA-POTES-CERVERA 2014, UNA Y...¿NO MÀS??

El ambiente en el pequeño despacho es tenso: al olor acre de la madera y el
cuero se une el del sudor y suciedad de la pequeña cuadrilla de guardias que allí se encuentra. Estos se mantienen firmes a ambos lados de la sala, rodeando, a una oportuna distancia, la robusta camilla firmemente atornillada al suelo de piedra y cuyo ocupante mira al frente con expresión extraviada.
Por delante de él, y a un lado de la mesa del médico que preside la estancia, se halla uno de los capitanes de la  compañía: José María Mulero, hombre serio y de pocas bromas, conocido por su defensa de la unidad familiar…
El galeno se halla ocupado revisando los legajos que aquel le ha pasado: informes de situación y andanzas de la compañía hasta el día de la fecha. 
Al levantar un momento la vista del pergamino, observa durante un momento la cara del alienado: su rostro, sus gestos, su mirada, rápida y huidiza, ya le dan una idea del perjuicio,  …-“...por ahí no, es por el otro lado…” se le oye decir entre susurros al enfermo.
-¿Y dice usted que se mantiene en este estado el día de ayer???
-“Si señor, solo atina decir eso, su confusión mental es extrema…casi lleva a la perdición al grupo, de hecho algunos de mis hombres tuvieron problemas en encontrar el camino de vuelta…”, responde Mulero, echando una reojada a su camarilla.
El facultativo se remueve turbado; algo preocupa al incólume y estoico leones, cierta inquietud que no logra apartar; como si un malestar interior lo concomiera, se rasca la pierna con un gesto nervioso.
Sigue leyendo los papeles el matasanos, a media voz…:”..a poco de empezar la exploración, el destacamento sufrió un feroz aguacero que retrasó la marcha, obligando a echar pie a tierra y a resguardarse, pero la chubascada nos siguió hasta la aldea de Resoba....”…Bah, piensa Del Hierro, una fugaz llovizna sin mayores consecuencias….
 
Un ligero ruido de papel arrugado sobresalta al neurologo: ante su mirada, uno de los guardias, individuo barbudo y de ropa holgada, esconde rápidamente un envoltorio en su chaqueta…un suave olor a jamón llega hasta el doctor, que busca en un listado el nombre del tipo…¡Aja!, Juan de Blas, no le sorprende el hecho: el pobre Blas sufre de trastornos alimenticios de los que se trata desde hace ya algunas semanas, posiblemente haya recaído de nuevo; anota en su agenda el hecho para llamarlo más tarde a consulta. 
El informe continua: -”...una vez superada la aldea, el camino ascendía a las alturas de Collado Doncellas desde donde continuaría por el valle de Pineda, acompañando al Carrión, y siempre bajo las alturas del Curavacas…”  
Una leve sonrisa suaviza los duros gestos de Hierro mientras recuerda los amoríos juveniles con una montañera de la zona, de aquella peinaba rizos y unos cuantos kilos de más.
El picor de la pierna se ha extendido a la otra, y desliza la mano en esa dirección, agitando los papeles para disimular
-”Dígame don José  María, cuando comenzó usted a sospechar?. 
–“Pués verá usted, inicia el jefe, Pasada ya media jornada, el capitán Marín comenzó a trastocar los parámetros de la ruta, confundiendo las altitudes positivas con las negativas, así si nos enfrentábamos a una dura ascensión, él nos indicaba que era todo lo contrario!!!!, tal era su obcecación que, aún siendo el terreno en franco descenso, no hacíamos más que afrontar duras rampas, una de ellas imposible de ascender si  no era pertrechados de cuerdas y crampones!!!, se queja el quejumbroso líder.
El psiquiatra asiente con la cabeza mientras se remueve en la silla intentando aplacar el escozor que siente en sus posaderas. Con la mano que tiene libre, (la otra sigue rascando el muslo de la pierna), extrae de un cajón de la mesa una serie de láminas coloreadas. –“Bien, es necesario un análisis de la situación, vamos a ver cómo reacciona ante el test de Rorschach”–“Capitán Marín…”, el infeliz, atado por piernas y pecho, sonríe en una expresión inocente. –“Dígame qué ve usted en estos dibujos, con sus propias palabras, descríbamelos lo mejor que pueda…vamos allá”Ante la primera lámina el perturbado oficial  duda un poco pero reacciona rápido, su lengua lanza las palabras como dardos…-"¡¡Hacia abajo!!!", el doctor da la vuelta al papel extrañado…muestra la segunda…-"¡¡Para abajo también!!" dice sin dudar…la tercera…-"¡¡Abajo, está claro!!!"…las seis restantes obtienen la misma respuesta y es solo en la última de las diez cuando se modifica un poco su respuesta…luego de titubear un buen rato y tras pedir que le volteen el papel, responde alto y claro, con ojos entornados…-“Casi pa’ bajo!!!””. 
Hierro, que a estas alturas, y sin darse cuenta, ya se restriega el cuello con la plegadera, alza las cejas en un gesto de asombro y estupor…la cosa está fea, piensa el cazurro…este no sale de aquí... Anota en la libreta de antes unas palabras que definen el estado del sujeto: “Respuestas a estímulos visuales erróneas, posible desorden disléxico grave”
Un suave aroma a chorizo asciende ahora a la pituitaria del buen doctor…Blas sigue con su anárquica dieta mientras el novato del corro, Gaby, contempla embelesado la bandeja de buen fiambre que extrae el dietista de su morral, ante la mirada triste y desazonada de otro no tan novato, Del Real, este sin dieta que contemplar.-“Por lo que veo, su estado mental no mejoró en la jornada siguiente, la dominical…”La comezón asciende hacia los brazos como si tuviera prisa. Don ramón se siente como mordido por un enjambre de hormigas famélicas…-“Pues no, ante una excursión que se presumía placentera, por tierras menos rebuscadas y traicioneras, el aquí presente, no cejó en su empeño de buscar el recorrido más enrevesado y fatigoso…no contento con llevarnos durante 25 kilómetros de ascenso, sudando la gota gorda, en la subida a San Glorio, continuó con su obstinación de buscar una cima tras otra que coronar, coleccionando carteles como si fueran trofeos…La Picona, Las Portillas, La Varga, todos fueron cayendo uno tras otro…” decía, estirándose la canosa perilla, el preocupado MuleroEl atento psiquiatra sigue anotando en su cuaderno: Trastorno obsesivo compulsivo, tendencia a síndrome del coleccionista…
 ---“De nada sirvieron las quejas y lamentos de la compañía, mermada en esta ocasión por las bajas de los señores Moya y Del Real, de exploración por La Cruz de la Viorna y de don Gabriel, de retirada obligada a su cuartel…cuando ya creíamos que se había tranquilizado, de nuevo
encaminaba nuestros pasos hacía otra rampa…tal parecía que se alegraba de ello” encaminaba nuestros pasos hacía otra rampa…tal parecía que se alegraba de ello”El aumento del contenido del bloc de diagnosis es paralelo al aumento de los picores…: Hierro ya se frota la espalda contra el respaldo de la silla sin ningún recato, ante la sorpresa del declarante, que se retira un par metros.....”...y del otro individuo, el fugado ¿se sabe algo...?” pregunta mientras introduce una percha por su nuca en un intento de aplacar la irritación epidérmica.-"...He destacado uno de nuestros mejores hombres en su busca, responde algo agitado el interino…no ha de tardar mucho…"
Un sonoro estruendo resuena de repente en la estancia: por encima del dintel de la puerta se abren unas grandes grietas y trozos de enfoscado caen al suelo ante el estupor de los presentes. 
Los soldados dan un paso atrás y Blas un bocado al salchichón, Gabriel intenta, sin éxito, pillar algo del embutido leonés.
Se hace el silencio y otro estruendo, esta vez en la puerta, acompaña la entrada de un gigantón, mitad hombre mitad torreón, que se echa una mano a la cabeza dolorida, con la otra, la que no tapa el chichón, arrastra una cadena que se pierde en la oscuridad del pasillo.
 –“Lo hemos apresado mi capitán, se daba a la fuga en Cervera, intentando vender su montura a unos mozalbetes de la zona…”…. Acompaña a sus palabras con un tirón de las anillas…estas tintinean sobre el suelo desnudo mientras asoma a la estancia un hombre apresado en un cepo. 
Sus ojos de un azul vermesco, lanzan destellos de rabia y furia hacia los allí congregados…sus palabras restallan entre las frías paredes de la sala…
-"¡JAMÁS ME VOLVEREIS A COGER!!!¡¡¡JAMÁS!!!...¡¡PRRTTTT….!!!!...sus ojos se encuentra con los del otro apresado y reacciona con más energía si cabe…
-“¡¡¡TUUUU!!!””, exclama el recién llegado, apuntando con su mano hacía MArín…
-"”¡¡¡TUUUU!!!”, a lo que el de la camilla responde...
-“¡¡¡PA’ BAJO…PA`BAAAJO!!!

…Paranoia persecutoria, delirium tremens, psicopatía aguda en ambos casos, se recomienda electroshock moderado repetitivo hasta eliminación de síntomas…escribe a duras pena el terapeuta ocasional, la comezon no remite ni un ápice, y el restregarse contra el quicio de la puerta, como está haciendo en este momento, no le aplaca ni un picor……







martes, 29 de julio de 2014

ABANDONADOS!!

Una práctica habitual en la política militar dieciochesca, con claros ejemplos como la Guerra de la Independencia de Estados Unidos, era la utilizada por generales y mariscales de campo de comandar sus tropas a una distancia suficientemente segura como para no sufrir daños ni pupitas varias, mira tú…
Todos nosotros recordamos esas escenas de El Patriota, en que mientras Mel Gibson se bate el cobre en las primeras filas, donde le caen palos hasta al cámara, el general británico Charles Cornwallis, observaba el desaguisado desde una colina cercana, dirigiendo sus fuerzas a base de banderazos y trompetillas varias…Así le fue al elegante, derrotado finalmente por los rebeldes durante la batalla de Yorktown (Virginia), el 19 de octubre de 1781.
Pero dejémonos de clases de historia y entremos en materia, que ya veo a sus mercedes rascándose la cabeza con las dos manos y el calzador.
Este sábado pasado estaba prevista una incursión en la parroquia de San Pedro de Nora, dirigida y promovida por el, ya célebre, licenciado Marín, ducho en estas tareas y en otras más ocultas.
La correría no entrañaba mayores dispendios: sobre 35 kilómetros de desplazamiento y unos 1200 metros de desnivel acumulado…peccata minuta que dirían nuestros vecinos mediterráneos. 
Pero hete aquí (esto de hete siempre me atrajo…) que el ladino y muy malévolo geólogo, decidió velar armas y fuerzas (convencido por instancias mayores, en su descargo..) de cara a su cercana cruzada contra las insidiosas garrapatas tirolesas, perversas criaturas siempre en busca de inocentes sangres extranjeras, abandonando a sus huestes entre lamentos y sollozos de las mismas
Tomaría entonces el mando de la desamparada y huérfana cuadrilla el siempre eficaz teniente Moya, cuyas dotes de mando están de sobra probadas en batallas y escaramuzas varias, y ante el cual no valen remilgos ni disculpas, ni evasivas, ni nada de nada,
Formaban el reducido grupo de rebeldes: el circunspecto y callado Héctor como serio escolta de Moya; el sosegado y socarrón zaguero Paulino; el locuaz y hábil adiestrador de canes, Gaby; el apolíneo Juan Blas, la jovial y joven doncella Eva, y este escriba que anota.
Las instrucciones del ausente alto mando estaban claras: -“Seguir el mapa sin dudar y al mismo sitio, sanos y salvos habréis de llegar”””. Si, claro... ¡Hasta en cinco ocasiones! tuvo la partida que retomar sus pasos, toda vez que el camino correcto se hallaba perdido, escondido, ahogado o desaparecido. Y en esas cinco ocasiones, los dispositivos geoposicionadores (buen palabro este, ya nos valía la brújula…), también en número quinto, dejaban claro que el único capaz de entender sus indicaciones se encontraba lejos y a salvo, disfrutando de un placentero baño en su morada.

El primer despiste fue en Priañes, pueblo al que llegamos tras sufrir una ruda y abrupta cuesta que nos hizo ganar altura de forma escandalosa…por los quejidos de jinetes y monturas durante el ascenso. 
Unos metros por delante pasaríamos apuros, y de los buenos, al atravesar un serpenteante puente colgante, que hizo temer a más de uno/una por su integridad. Y al poco, el grupo encontraría su segundo reto del día; averiguar por dónde demonios iba la senda marcada…como no se encontró ni a la senda ni a los del tridente, que no tricornio, se optó por atravesar una bonita pradería, poblada por unas cuantas vacas y un buen toro tamaño Miura que no se dignó ni a saludar (menos mal, si se levanta estamos corriendo todavía…).
Una vez superado el trance, se rueda por tranquilas sendas y veredas hasta llegar al tercer
misterio de la peregrinación…¿cubre o no cubre el regato?, no, no cubría, como tampoco estaba marcado en la ruta a seguir, por supuesto. Y aprovechando que hacía un buen bochorno y que el agua estaba apetecible, atravesamos el cauce de forma tranquila y valerosa, bajo la atenta mirada de un buen gañan, vigilante de nuestros chapoteos
Hay que reconocer, en este punto, la valía del oficial Moya, todo coraje y arrojo; allá donde señalaran los instrumentos, allí se metía, sin importarle atravesar zarzas o bardiales, y guiando siempre de forma ordenada a su exiguo y dispar clan.
Las poblaciones de Fuejo, Báscones,  Borones, Belandres, que suenan a rellenos de chorizo o embutidos varios, quedaban detrás de nosotros, a la vez que afrontamos de nuevo rampas endiabladas y cruces atravesados.
Por aquellas alturas tomaba la palabra la gentil fémina, animosa y tenaz como ella sola, desgranando sus conocimientos de la zona de Grado y sus cercanías, por mor de un asunto amoroso, ya finalizado, no teman sus señorías. 
Tales conocimientos (los de la zona, no los otros) eran atentamente escuchados por el otrora hombretón y ahora convertido en escuálido mediofondista, don Juan de Blas, el cual jurando en arameo y otras lenguas extrañas, buscaba un atajo que le permitiera llegar pronto a su hogar sin sufrir males mayores. 
Pero la ruta no daba tregua alguna y el citado tuvo que proseguir con sus compañeros de hincada. 
Tales premuras pasarían factura al barbudo dietista, que hincaría su rodilla en tierra en la bajada a la cantera de Nalió, sin mayores consecuencias que un depilado de la zona y el oportuno grito de guerra al saltar de su montura.
El camino indicado por el lejano caudillo seguía envolviendo en curvas y mas curvas al cansado grupo, tal parecía que el final, en vez de acercarse, se alejaba cada vez más…como así era...¡carayu!…
Aún la meta a la vista, al alcance de la mano, el alejado y taimado comandante todavía reservaba una dolorosa sorpresa para sus acólitos: una sencilla senda verde en suave descenso hacía los vehículos; ¡sencilla y suave sería en su día!, cinco años atrás, cuando no estaba tomada por cardos, espinos, enredaderas, zarzas y escayos…toda una pleyade de arbustos malvados y resentidos cuyo único objetivo era arañar, pinchar, rasgar, ¡deshilachar! a los pobres y extenuados deportistas. 
Esta tortura finalizaría ya cerca de la iglesia parroquial, a la cual llegarían los insurrectos con algunos jirones en sus ropajes y otros en sus carnes sangrantes y rasponadas..
Todavía con ganas, Moya y Del Real se bañarían en uno de los meandros del embalse cercano, para presentarse lustrosos en la fonda requerida para la comida, acompañados por la gentil Eva; esta no se bañó, no sabemos si por decoro o por miedo a los otros dos.
El resto, con mayor o menor apuro, retornaría a sus cuarteles de origen para la sabatina comida familiar.
Del tránsfuga y escurridizo militar no se sabría nada más hasta la tarde, donde mostraría su extrañeza por los derroteros tomados, totalmente ajenos a su planificación...yaaaaa.
...suerte tuvo que estaba lejos y que tomaba la diligencia aérea con prontitud, que de estar cercano, hubiera acabado también en el embalse...atado a unas espadañas.

...mira que serios salimos!!!, parecemos de verdad...

viernes, 18 de julio de 2014

XXI VCG VUELTA A LOS ORÍGENES

¡¡Mírenlos y búsquenlos!!, estos que posan en la foto más algunos que se han escabullido, están entre los responsables de sacar adelante, un año más, la Vuelta al concejo de Gijón. 
Fíjense bien en sus caras, ¡memorícenlas!, quédense con sus sonrisas, con sus atuendos, con sus posturas, con su actitud ante las cámaras…si hasta parece que están orgullosos.
Indaguen un poco más y encuentren a dos de los cabecillas…los promotores de la ruta y de su diseño gráfico…pídanles explicaciones…responsabilidades…treinta euros…lo que quieran, …¿qué no los encuentran???, no se preocupen, ya se los busco yo…yaaa
Pues sí señores, toda esta agrupación de menesterosos han sido capaces…contra viento y marea, contra burocracia y asfalto, contra sol y rampas, de presentar, un año mas y van veintiuno, (XXI según los romanos), una Vuelta al Concejo de Gijón íntegramente en el mismo concejo, que ya es difícil.
Una marcha que se tuvo que fraguar de nuevo a una semana vista de su arranque, modificando trazados, buscando caminos, encontrando atajos y quemándose, de nuevo, las pestañas en los mapas. 
Toda una declaración de principios de lo que es capaz esta hermandad de filibusteros en su empeño por hacer sufrir a los infelices deportistas que confían en su saber. Deportistas, por otro lado, que también tienen algo de culpa: que en tres días se agoten las 250 plazas previstas por la organización indica que algo debe de gustarles pasarlo mal, sufrir calambres, sentir taquicardias, soportar sudores y resistir picazones.

76 kilómetros y 2.200 metros de desnivel positivo acumulado pregonaban las elegantes pancartas; cifras que, por otro lado, no asustan demasiado, pero ya se sabe: no es la letra de la canción lo importante, si no la forma de cantarla…y ¡qué desafine!, señores: con un bochorno intolerable y un sol en estado de gracia, los dos mil y pico metros se convirtieron en un Everest vertical donde no había cordadas que te ayudaran ni sherpas porteando material.
La ruta, como en sus primeros inicios,  iniciaba camino por la cara Norte de La Providencia, en un ascenso largo y prematuro que estiraba el pelotón y hacía saltar las primeras cadenas de aquellos descuidados con sus monturas (sé yo de más de uno que aprovecha a la excelente mecánica de la Vuelta para remendar los achaques de su bicicleta; gracias un año más Úrsula…) que no miman demasiado a sus compañeras de pedal. 
Unas curvas después ya se descendía veloz hacia La Ñora, un icono entre los ciclistas montunos. 
Estaba la senda en esta ocasión no demasiado encharcada, que los pozos de aquella zona son perpetuos, lo que animaba a intentar atravesar los mismos de forma elegante, pero el tigre viejo sigue teniendo uñas, y unos cuantos ciclistas acabaron embarrados hasta las pestañas.
La antigua Granja de La Llorea, abastecedora en los años sesenta de la Universidad Laboral y hoy reconvertida en fino campo de golf era el primer reagrupamiento y encuentro con los medios de asistencia; hasta allí llegaba uno de los participantes con la bicicleta fracturada y Luis Madrazo, eficaz y pausado motero donde los halla, con el cable de embrague de su motorizada enrollado en el bolsillo. Las eficaces manos de Julián y el auxilio de los operarios del golf, canibalizando una segadora, lograron que aquel continuara su travesía. 
Por delante quedaba la Olla, el ascenso al cementerio, La Arquera y Rioseco, que continuarían mermando las capacidades de los ciclistas. 
En el Lavadero de Rioseco, y mientras las unidades de vanguardia, velozmente dirigidas por los pirenáicos Ramón, Junco y Fran atacaban Cuatro Jueces, se hacía el primer corte a los sufridores de la zaga, llevándolos por el fondo del valle hacia Paragüezos, donde ya estaban los voluntariosos sirviendo desayunos.
Dicen los buenos montañeros que es más difícil bajar que subir y en esta ocasión acertaban de pleno:la pista que descendía hacia La Collada estaba suelta…muy suelta; a pesar de las advertencias de los guías, mas de uno probó el guijo del camino (lo que me ha costao decirlo…solo yo lo sé…¡AY!…esa erre…). 
Uno de los infortunados se lesionaría de importancia en una de sus muñecas, esperamos que ya se esté reponiendo, y el otro sería nuestro querido Calo, que quiso emular a Marquez y marcaría el codo en una curva.
Si estaría mal el camino que el Nissan medicalizado (llevaba un médico dentro, que no era la UVI) no se lleva al caído y a los guías que lo acompañaban por un suspiro…y el resto de vehículos porque los mandamos parar antes de la posible montonera.
El sol ya calentaba de lo lindo, aunque nada tiene de lindo chorrear sudor por todos los poros (como bien nos dijo Barquín en una de las paradas…-“oleis mal…muy mal!!!¡¡cochinos!!”), pero qué se va a hacer, no tenemos suficiente glamour para sudar con estilo.
Cruzando La Collada  , se tomaba la caleya de La Quintana, caleya hormigonada…¿por qué?, pues porque si no lo estuviera ¡no se subía ni con funicular!. Curvas imposibles, pendiente inaccesible, sombras escasas.
Por allí se quejaba el otrora hostelero y repechín de pro: don Oscar “Barrancas”, amenazando con reclamaciones, demandas y palizas a los promotores del asunto. Lo que no contaba el penoso era la semana larga de playa y tumbona de la que volvía…bueno si lo contó, por eso se sabe. 
Y no era el único, de la dureza de las rampas hablaría también otro de sus compañeros, aquejado de calambres en uno de los trechos y la furgoneta de asistencia, hábilmente pilotada por Rafa Venta, cuyo olor a ferodo tostado atufaba a media parroquia gijonesa.
El pelotón ya no era que estuviera estirado, no, estaba roto por completo, las grandes diferencias entre cabeza y cola por hacían obligatorio otro recorte: Mientras los adelantados y los despistados bajaban a las profundidades del valle de Llantones, el resto tomaba la tranquila carretera de La Madera en dirección a Ruedes. 
Fue por aquí, con el kilometraje superando el ecuador de la prueba donde la desidia y desgana comenzó a causar bajas entre los guías: a cada cruce, a cada esquina, a cada cuneta sombreada que hubiera, allí se juntaban un buen grupo de Pelayos, cada vez más numeroso, de tranquila charleta y compadreo. De nada valían las amenazas e improperios del descansado Echevarría, la cifra de cicerones atravesados en las
veredas crecía exponencialmente: Arguelles, Gordejuela, Hector, Pedro Pablo, el Mancha, los estrenados guías Nando el galaico y Gaby…y la lista proseguía…René, Josechu, Gelu...etc, etc.. Solo bajo una feroz advertencia del Mister de dejarnos sin comida ni bebida consentimos en continuar la marcha.
 Unas pocas curvas retorcidas y pistas despejadas acercaban a la cuadrilla de cola hasta Peñaferruz, donde ya estaban con el postre los doscientos y pico participantes, amén del resto de acompañantes.
En esos momentos nos enterábamos de la fuga de Zarate y su sobrino que, atenazados por el hambre, decidieron irse a un asador de la zona a degustar un fabuloso chuletón acompañado de buena sidra,,,tuvo suerte de que lo descubrimos tarde, porque hubiera tenido que invitar a todo grupo de vigías remolones!!!
El almuerzo estaba bien organizado, hay que decirlo para que al año que viene sea mejor...: los sándwiches (…un acierto el dotar de rúcula a los bocadillos….evita que se te pegue el panecillo al paladar y luego hagas mil gestos obscenos para despegártelo…), fruta, barritas, agua, isotónicos y hasta cervezas (agazapadas, eso sí, había que buscarlas..), juntamente con los cafés que proporcionaba la asociación, el sol y la pradera recién segada donde reposaban los ciclistas proporcionaban un placentero descanso a los agotados corredores. 
Tras la siesta y el parloteo, la autoridad obligaba a reanudar el trayecto, ante las protestas de un exíguo grupo de uniformados que deseaban seguir de parranda. Acalladas las quejas con mano dura por el comisario Marín, que estaba feliz cómo una perdiz (aquí tienen a uno de los intrigantes…) la escuadra descendía veloz hacía el arroyo Veranes para luego subir al alto del mismo nombre y caer de nuevo al embalse siderúrgico de San Andrés de los Tacones, cuyas aguas ayudan a enfriar los ánimos de los laminados de la factoría.
Dábase la casualidad que al lado de dicho pantano, hállabase un mesón, bien conocido por los ciclistas y cuyos cafés con anís y aguardiente ayudan a alegrar los espíritus decaídos, y allí se detuvo toda la comitiva, en busca de esos deliciosos brebajes. 
Existía algo de  respeto por el ascenso al monte Areo, plagado de pistas y senderos empinados a más no poder, pero los directores de la prueba ahuyentaban tales miedos exhibiendo una total falta de sinceridad, lo que pudieron comprobar en sus carnes los corredores al verse incapaces de trepar por la trocha (la mayoría, que algunos subieron como potros desbocados). 
 El camino se tranquilizaba luego, con un relajante paseo por la senda del Regatón, para concluir finalmente en Veriña, donde ya esperaba el grueso de los corredores.
A partir de aquí, y acompañados ya por la municipalidad en sus aparentes motos, el pelotón, algo cansado, eso sí,  desembarcó en Las Mestas, previo desfile por la playa para disfrute y satisfacción de los atletas, poniendo punto y final a la edición XXI de esta Vuelta al Concejo, con la entrega de premios y distinciones a grupos y ciclistas, y con el encuentro de familiares y amigos, que siempre acuden por si hay que llevar a alguno al hospital.

Bueno, pues esto es, mas o menos, que la memoria de uno es de pez globo, lo que dió de sí la VCG de este año.

Esperando que hayáis disfrutado de ella y de la compañía, recordar que esta ruta no es nada sin vuestra participación, nos despedimos hasta la próxima edición…que prometemos será, como poco,…
¡¡¡igual de dura!!!

PD. Adjunto la foto del segundo de los intrigantes alevosos, el diseñador y grafista: Garrido Vicente.

jueves, 19 de junio de 2014

LA MONTAÑA PEPENTINA

Hay momentos en que las palabras se quedan cortas, vacías, en los que no apetece decir nada, solo dejarse llevar por los sentidos y disfrutar de parajes irrepetibles, de esos que te dejan sin respiración mientras escuchas el silencio de las montañas, mecido por el suave ulular de una brisa fresca, e iluminado por un suave sol primaveral. Es en esos momentos cuando miras a los compañeros de viaje y agradeces interiormente su compañía, sin hablar, sin pestañear, mientras escuchas una más que agradable explicación sobre fenómenos raros…rraaros. 
Y, de repente, sin previo aviso, como una tormenta inesperada...: -"¡¡OLISTOLITO!!!...el palabro, a medio camino entre una imprecación cursi y el saludo a un viejo amigo, retumba como trueno solitario sobre nuestras cabezas antes de arrancarse montaña abajo, provocando un par de desprendimientos y una estampida de bisontes cercanos.
El causante del desasosiego general, erguido y orgulloso, y ajeno a la zozobra que amenaza entre los bachilleres, contempla embelesado sus antiguos predios: reinos de caliza, de pizarras, de cuarcitas cuaternarias, de plataformas carbonatadas, de paleorelieves marinos, de ¡pedrolos!, en fin, de cualquier clase y condición 
También pasan por su mente los fríos interminables de una tesis larga y retirada por esas mismas montañas, perseguido en ocasiones por celosos furtivos que vigilaban sus pasos..

El resto del exiguo grupo, que adopta expresiones de angustia y temor, ante el desconocimiento del inusitado vocablo, recupera un poco la cordura ante la consiguiente explicación por parte del licenciado: -“...un bloque se superpone a otro y la parte que se superpone va deshaciéndose y a medida que se deshace van cayendo morrillos enormes…van cayendo y quedan preservados dentro de lo que es la cuenca carbonifera…”-...-”Aaaahhhh…"- responde el coro de lechuguinos sin entender nada….
La cuadrilla, mermado por las lesiones y bajas anticipadas, intenta recuperarse del descalabro de ascender hasta los 1800 metros del camino de Herreruela de Castillería por una rampa dura y sostenida, sin apenas esquinas donde descansar del interminable repecho y con tan poco oxígeno en el cerebro ya es duro hasta respirar…-“respira Pau, que paramos aquí…”.

El valle se desenrolla hacia abajo como una lámina coloreada, en dirección a Cervera, donde se encuentra el amistoso Hostal Peñalabra, que aloja al curso estudiantil, y donde el geólogo ha dejado a sus féminas queridas, con la esperanza de que no se aburran en demasía por la Tejeda de Tosande ( no, no era una fábrica de tejas, ¡lelos!, si no un bosque de tejos…), y no descubran el tono rojizo que empieza a teñir su clara piel, a la que no ha protegido suficiente (lo cierto es que después de la cena, no volvimos a saber nada de él…hasta el día siguiente…). -“...el carbonífero activo estructuralmente es más moderno que el carbonífero explotable. Primero son la cuencas carboníferas que dan el carbón y acaban con una etapa de compresión que es cuando se levanta la Cordillera Cantábrica…”Comprimidos están los estudiantes mirando arriba hacia al pico Valdecebollas, encaramado en los 2140 metros, y rodeado por tardías nevadas. Llevan ya unos doce kilómetros en plato pequeño y les quedan por lo menos otros dos de lucha contra el terreno. 
El ascenso allá arriba, una vez finalizada la conferencia, claro, se produce de manera tranquila y peatonal, porque no hay forma humana de avanzar montado en las yeguas!!!, así que toca hacer
pierna. Será una hora larga de portear el equipo cada cual a su estilo y manera, de los más variopintos, aunque se impone el “arrastre animal”, porque la nieve forma “donuts” en las ruedas, hasta la llegada al mismo vértice del pico hortelano.
Las vistas desde el mismo son aún más impresionantes, si cabe, observando la impresionante mole caliza del Espigüete, (que de espigado tiene poco, es más bien achatado y gordo), respaldado por los lejanos Picos de Europa y los parques de Fuentes Carrionas y Saja-Besaya mientras que por los bajíos corren las aguas del Pisuega y el Carrión.
Conforman la aterida colegiata, que se refugia tras el monolito del picacho mientras mastican algo que les de gracia: los avezados montañeros Moya y Del Real, los ya veteranos Barquín y  Lorente, el grácil y esbelto Blas y el grafista Mancha.

Han llegado todos ayer por la tarde, mas o menos juntos en un trayecto largo y perdido, sobre todo para el navegador ruso de Blas, empeñado en llevarnos por la Nacional Seistrrrreeinnntra y cuatrrrro…sin la ayuda de esa excelente copilota de Marín, estaríamos camino de Zaragoza…para las fiestas del Pilar!!!
El caso es que aquí estamos, rodeados de macizos calcareos, plegamientos y perolitos de esos de los que indica el titular de la cátedra, -“…y luego está reactivada durante la orogenia alpina que es cuando se forman los Alpes y además se produce una compresión levantándose de nuevo la Cordillera Cantábrica…”, (con tanto levantamiento seguro que nos sale alguna loma de más por el camino…) cuando nos damos cuenta de que tenemos hambre…pero qué mucha hambre y hay todavía un largo tramo hasta el lugar escogido para almorzar…y el hecho es que los bocadillos de lomo, cortesía de la hostelera, que llevamos en las mochilas sueltan un aroma sobrecogedor. 
Se impone descender, no sin antes darle un poco de aire a la rueda de Joaquín, que está un poco floja, y tomamos el camino nevado que baja hacia el Este, en dirección a un afloramiento tectónico de esos que los legos llamamos “el monte ese de ahí” y el  estudioso que nos acompaña, que pasó una juventud muy aburrida y solitaria, , vaya…denomina:-”...sedimentación turbidítica de tipo terrígeno...”, quedándose tan ancho mientras las personas humildes echan mano de alguna piedra con la que reducir la duración de la plática.
La bajada hacia lo que sea eso grande -“... estamos claramente pisando una situación sinorogénica…” (los asistentes vuelven a coger las piedras…) se hace de forma caótica y desordenada, toda vez que no existe senda marcada sobre la que circular, llegando disgregados al inacabado y mastodóntico refugio El Golobar, testigo de ese grandonismo ibérico que es nuestra seña de identidad hispánica y que se repite década tras década: si en aquella ocasión fue un refugio, ahora son aeropuertos, metrotrenes, etc, etc….
El refugio se encuentra a 1.800 metros de altitud y la carretera que lleva a él desde Brañosera presume de ser la de mayor altitud de la región. Se trata de una carretera más bien rota y llena de guijarrillos por donde nos lanzamos, tras esperar a Joaquín, que en esta ocasión estaba abonando la flora local. Descenso rápido, ¡muy rápido! en el que las fuerzas de choque se ponen en cabeza, ya sea por su mayor volumen o masa corporal…Paulino y Blas marcan unos nada despreciables #@# km/h (cifras censuradas por el bienestar familiar de los pupilos…) adelantando al resto del recreo que siguen sus fugaces estelas. 
En Brañosera toca parada para engullir ¡por fin! el bocadillo de lomo, cuyos grasas goteaban ya por alguna mochila, en el mesón Cholo, (por cierto, lleno hasta las trancas, apuntarlo para ir a comer algún día perdido) y reponer los líquidos consumidos. 
Pero nuestras alegrías durarían menos que los ya citados emparedados: lo que tardó el preceptor del grupo en mostrarnos la salida del pueblo: un rodeo hacía Barruelo de Santullan con una primera parte plagada de rampas retorcidas en las que hay que agarrar el manillar con las pestañas para no caerse hacia atrás. Y todo ello bajo los esfuerzos del estómago para digerir el lomo y las cervezas…sin alcohol…
Un buen rato después y cuando ya estábamos a punto de atrapar al Sartenero Mayor, que mantenía una prudente distancia entre él y nuestras piedras, el camino apuntó hacia abajo y nos condujo por un fresco bosque de hayas, helechos y otras plantas más (arándanos silvestres, apunta el botánico Pablo) pasando por antiguos caleros en dirección a la villa.
De Barruelo se va hacia Villabellaco, cuyo nombre, malpensados, no tiene nada que ver con Pepe; al parecer proviene de Vellaco o Velasco, antiguo poseedor de aquellos parajes, y donde, diose la casualidad que sufrimos una cruel bellaquería: el tener que ascender durante ¡cuatro! interminables kilómetros por una pérfida y funesta carretera. Por supuesto, ese fue el momento para que los amantes de las bicicletas finas y delicadas marcaran el ritmo a sufrir por los demás alumnos. 
Este puerto de 2ª especial, cuyo premio se llevó el barbudo Barquín, está situado en Valle de Santullán, donde hay unas cuantas esculturas y un camino en homenaje a un artista local, (Ursicino se llamaba, hay un “fierro” a la entrada del pueblo que hay que echarle imaginación...).
A los pocos minutos aparecería el resto del pelotón, con gestos hoscos y acusatorios, y todos juntos y en armonía, tomaríamos una pista que rodea Peña Cilda (...¿cómo la de la película?...si la de los Picapiedra…) devolviéndonos a San Cebrián de Muda con unos 50 kilómetros en las piernas y francas sonrisas en los rostros. Como siempre, el ladino doctor Barcaiztegui había reservado una de sus encerronas para el final: una larga e inacabable pradería en la que el cansancio acumulado nos hacía ver cigüeñas donde solo había palos trapeados, fueron momentos de angustia y desolación, no por lo trapos acigueñados, no, por aquel prado no se acababa nunca!!.
Poco restaba desde allí al lugar de partida, San Cebrián. Allí en el pueblo y mientras ajustábamos las monturas en sus lugares de transporte (caramba con el minicoche de Joaquín, menuda sótano trae en el maletero!!...) saludamos a la guardesa eclesiástica, agradable mujer donde las halla, que portaba una llave tan grande como el orgullo de Blas al verse delgado, que sale en todas las fotos presumiendo de perfil, y que nos relató sus tareas monacales con gran desparpajo.
 De San Cebrián acelerando hasta Cervera, lugar de recogimiento; había que asearse convenientemente y prepararse para la final de la Copa, previo paso por un buen local del pueblo dotado de ¡8! Pantallas televisivas…como para no gustarte el futbol. La cena posterior transcurrió con calma y tranquilidad, eso sí, vimos al maestro educador un poco callado y con las orejas…rojas…gachas.
Más tarde un reducido grupúsculo decidió rematar la cena con unos bebercios por los bares de la zona, pero el cansancio obligaba a los valientes a retornar pronto al hostal, donde ya roncaban a pierna suelta Llorente y Blas.
Al día siguiente la oficialidad había previsto una sencilla ruta partiendo de San Martín de los Herreros y subiendo a alguna peña cercana pero los ánimos de los presentes no estaban por la labor, y solamente los esforzados Barquín y Juan, que alguna promesa habían hecho, (si no, no se entiende) montaron en sus jumentas para  alcanzar el Jubileo. El resto del grupo haría lo mismo, pero en forma de tranquilo paseo dominical, pero la cosa nos salió rana, porque a medio camino, un chaparrón de los que te mojan hasta los calcetines que dejaste en casa, hizo que retornáramos a los coches chapoteando como patos en el río, acompañados por una mastina y su quejumbroso retoño.
Allí ya estaban los montaraces, que también recortaron la ruta ante el riesgo de ahogarse por el camino, y porque se sentía un poco solos, aunque no lo confesaran.
Vuelta al Hostal a despedirse y a recoger los equipajes, que nunca entran donde vinieron y retorno a los hogares, previo paso por Reinosa para comer y en Unquera a aprovisionarse de corbatas para toda la familia.


Y como moraleja, si alguna vez veis una piedra, roca o montaña, (algunas llevan una casa encima), que no tenga nada que ver con el entorno, que se sienta triste y desamparada, como cuando estáis en medio de un grupo de carreteros, entonces seguro que es un olistolito de esos...
 -"…normalmente situado dentro de formaciones olistostrómicas…”
¡¡¡Pepeeee!!!...que nos hundes, hombre...!!!

N.A.: frases reales del tenaz geólogo, rescatadas del archivo sonoro de la expedición.
Video:https://www.dropbox.com/s/alwv0jckqpm3kd4/Cervera%20de%20Pisuerga%20La%20Pelicula.WMV