martes, 17 de octubre de 2017

HARO 2017, LOS OBARENES!!

“Nox atra cava circumvolat umbra…”…(”la negra noche nos rodea con su envolvente sombra…”)
 Las palabras resuenan, siniestras y tajantes , en la mente del caballero mientras intenta escudriñar la tenebrosa oscuridad (coñe!, que me doy miedo a mi mismo…)
Pero los dos tristes fanales que porta la menguada brigada apenas alcanzan a iluminar unas pocas varas por delante de las monturas, de tal guisa que el grupo se arrejunta como ovejas en campo de lobos, para no salirse de la trocha, que amaga un costalazo.
De su amplia mesnada inicial solo quedan cuatro infantes que, a duras penas,
siguen los pasos al tenaz Barcaiztegui: el riojano Zarate, los pirenaicos Moya y Arguelles y el persistente y duro Vigil de la Piñera; del resto nada se sabe, huidos, tiempo ya, de las durezas del camino: unos excusando males y los otros….traidores…pesares.
Mientras intenta seguir las curvas del camino, cerrado y oscuro como noche de invierno, aunque el clima es apacible y sopla un cierzo suave que mece las vides, el antiguo salesiano da vueltas en su mente al desmán que le desasosiega…¿cómo, ¡Diantres!, una docena de hombres recios y derechos, con cientos de batallas en sus alforjas, no fueron capaces de cerrar en firme una escudriñada de apenas unas decenas de leguas?
Cierto es que la ruta en sí no tenía nada de fácil, con ascensos imposibles y descensos que asemejaban precipicios, solo superados por los osados Arguelles y Molla, doctos en la materia….pero de ahí a que se le escabullan…¡más de la mitad de sus efectivos!!…PARDIEZ!, exclama rotundo el el caudillo…: el hacendado Gordejuela, Del Real, Echevarría , Del Barrio, micer Barquín, De la Venta, el Mancha…hasta el oriundo guía Don Víctor se esfumaba de la escuadra, sin despedirse siquiera.
Y ese algo roe el alma del licenciado, hasta el tuétano si el alma lo tuviera…que no…, mientras esquiva bancales de guijo y arenadas traicioneras…lo sabe aunque no quiera reconocerlo…el inicio de los problemas…:
-"si, fue allí, en la aseada villa de Sajazarra, mal rayo parta al que encargo la pitanza en aquella fonda!!...Morcilla, chistorras, huevos, papas!!!…¿a quién se le ocurre tal dislate?...y lo peor de todo, el vino, ese vino oscuro y denso, que adormece las voluntades y entibia el intelecto…ese fue el causante de la debacle…a partir de ahí no hubo nada que hacer con la patrulla amodorrada y cansina.
La jornada comenzaba fresca, una vez superado el nerviosismo del día anterior con el siniestro Paso de Altube, que tantos quebraderos de cabeza dio el año pasado…
Digo fresca y no fría porque el mercurio indicaba valores positivos, pocos, pero positivos. Tras un breve escarceo por los alrededores de la ciudad de Haro, con sus bodegas recuperándose del paso de la soldada la noche pasada, la comitiva iniciaba el ascenso a los riscos de Bilibio y su santo, San Felices, patrono de la citada.
Rampa dura y sin complejos, con un tramo final utópico hasta para el ingenio mecánico de Echevarría.
Es la ermita del anacoreta, balcón privilegiado sobre el Ebro y sus Conchas, rodeado de prietas peñas y de buitres hambrientos.
Toda vez que estos últimos no dejaban de aproximarse, tocaba retirada cautelosa del peñasco, por unos escalones pindios y traicioneros hacia altitudes mas humanas.
El camino serpenteaba ya hacia los Montes Obarenes, acercándose al monasterio de Herrera, habitado por unos pocos y raros monjes…camaldulenses dicen que se llaman…(bueno, disculpen sus mercedes el palabro… ermitaños de larga barba y hábitos clareados…para entendernos) y acometiendo la franca subida hacia la presa de Villalba.
Fue en este lugar donde el alargado prócer don Félix, elegante y gentil donde los haya, introdujo su pernil izquierdo en una suerte de sima, y, si no fuera por la baranda allí situada, se hubiera metido todo él entero.
Aunque algunos ya daban por perdida la extremidad, dada la aparatosidad de la sangría resultante (sangre patriota y tinta como buen rioja, todo hay que decirlo….) solucionaríase el asunto con un par de tafetanes y algo de ungüento que apañaron la funesta herida.
Fueron momentos tensos y angustiosos, con las tropas desperdigadas y berreándose unas a otras… -”¡Pues se ha hecho un roto bueno!!!”…-“¿tiene arreglo o tiramos??!!!”…-“Por dónde es el camino???...”…-¿Ya paramos a comer?...”.
Estas y otras voces clamaron entre los chopos hasta que el herido retorno a los andares.

Desde los bajíos de la represa, la ancha pista se convertía en un estrecho y curveado sendero a través de bosques de pinos, encinas y alcornocales, sin otra dificultad que la de sortear las piñas y raíces del camino.
Piñas estas…bueno piñones mas bien, que consiguieron lo que no lograron las altas cumbres oscenses…darle la vuelta al osado Saúl…con montura y todo…
Hubo que rebuscar de nuevo en la botica para curar los arañazos del joven casadero.
¿Por qué…por qué…?, sigue torturándose el buen doctor…¿no fui amable y condescendiente…no atendí sus ruegos…no cuidé sus ánimos….? 
Pero solo encuentra delante de él la siniestra negrura, que lo envuelve, que lo confunde…que lo exaspera!!!....(¡¡Perros!!!, seguro que ya están en la fonda contratada…)), volviendo grupas, arenga a los cuatro cofrades que le siguen…¡Rápido, mis fieles!!!, que nos dejan ensin cenar!!!)
Cañones, trincheras, sendas, daban paso al ascenso a la ermita de San Juan del Monte, y de esta a la Campa del mismo nombre, cumbre de la ruta.
Las fuerzas, ya en franca derrota, aunque pocos lo reconozcan, afrontaban un fugaz descenso hacia los pueblos de Galbarruli, Castilseco, y Sajazarra por fin, con su pulcro castillo y sus calles inmaculadas.

Había concertado allí, uno de los tres riojanos, el condumio de la milicia, con la sana intención de proseguir luego el derrotero marcado…hasta el final...¡¡¡hasta el final del vino y la cerveza que no se levantaron de la mesa los gañanes…y algunos todavía pedían licores!!!! .
Pero, no contentos con el retraso acumulado, dioles por, incluso, visitar un ancestral calado…solo las amenazas del paladín Marín, y la falta de caldo en aquella bodega lograrían que los montaraces arrancaran sus jamelgos.

Pero el mal estaba infligido ya….bien lo sabe el pesaroso adalid: -"...con las barrigas llenas, las piernas vacías y las mentes calculando la hora de la cena… poca carne para mucha faena…"
Las primeras bajas llegaron a la legua escasa de la comida: con la intención de acudir a los sanitarios, Don Félix y un grupo de escoltas seleccionados abandonarían el grupo, juntamente con el guía.
Y un poco más adelante, en las laderas de Obarenes, el comerciante, el galeno y el contable, aprovechando un descuido de la capitanía, tomarían las de Villadiego, pero hacia Haro.

Ocho leguas y media y 11 horas después de la salida llegaba el quinteto superviviente, con el tiempo justo, (bueno, sin tiempo, que se quedaron atrás!!!) para componerse un poco y coger el transportín hasta Tirgo y su asado, lugar de una buena, opípara y merecida cena.
Del resto poco hay que contar que se deje: tras la sobremesa, algunos continuaron la noche en los elegantes locales de Haro, mientras que los temerosos de Dios y de sus santas esposas, retornaban a la hostería donde pasar la noche. 
Al día siguiente, bien desayunados y descansados, la planificación indicaba una visita guiada a la villa natal de Ángel, Foncea, con ascensión al emplumado
campanario y reposo en el bar de jubilados, mientras el trío protagonista aprovisionaba morcillas arroceras para degustación familiar.

Y luego la ruta, viraría hacia el norte, a través del puerto de Pancorbo, en dirección a la puebla medieval de Frías, donde los esforzados visitarían la turística ciudadela, almorzando, de paso, en un turístico mesón.
El retorno atravesaba más tarde la comarca burgalesa de "Las Merindades“, y otras zonas y carreteras aledañas, haciendo honor a la máxima de :
"Con Viajes Gordejuela, visitará España entera…aunque usted no lo quiera….!!


Con todos  nuestros agradecimientos a estos fabulosos anfitriones de su tierra...

(Nota del autor...Ultimas investigaciones han sacado a la luz el pasado maño y seguramente republico-anarquista del conocido geólogo, por lo que...de riojano...nada de nada....bueno, el amor por el vino bueno...si ya me parecía a mi que cantaba muy bien la Jota...)
♫♫...Una advertencia he de hace-e-eer
a quien me quiera obsequia-a-aar:
que a mí no me gusta el vino-o-ooo…
en pequeña cantida-a-aaad ♫♫♫,,,


miércoles, 21 de junio de 2017

AAAYYYRATI EXTREM

Hay nombres propios, con letras grabadas de forma indeleble en tu subconsciente, que te retrotraen a recuerdos, experiencias o sensaciones, y  que han marcado de una forma dramática tu experiencia vital…(que dirían los cursis y meapilas).
Todos los tenemos: es el caso de aquel Don Agapito, atemorizante profesor de Ciencias que sufrí en 4º de EGB o el de mi tía-abuela Pilar, que ayudó a Pelayo a echar a los moros ( eso nos contaba mi padre…) o el no menos siniestro Cabrón de Peñíscola, que atemorizó mis primeros campamentos…(hasta que cogimos al condenado y lo tiramos al río, aunque clamaba que era el monitor de los pequeños…da igual, al agua que fue).
Pero hay un nombre que los ha arrinconado a todos últimamente, no por sus coscorrones, ni por sus pellizcos inesperados ni por sus alaridos en medio de la noche, no, no,  este es a causa de su extrema dureza e intransigencia….Ayyy, no me atrevo ni a pronunciarlo…¡¡¡ERROZATE!!!.
Este nombre será por siempre protagonista de mis pesadillas nocturnas….bueno, este¡…y el Zarpazo Nocturno de Blas!, pero esa es otra historia.
Y es que cuando has ascendido más de 1000 metros en 11 kilómetros, con pendientes que no bajan del 8,5 pero que se acercan al 20%, con curvas que se retuercen sobre sí mismas y te detienes, te paras, te caes! para que te alcance la respiración que has dejado abandonada hace Dios sabe cuando!, y mientras los buitres te sobrevuelan a tiro de bidón, te das cuenta de que te has metido en un buen lío….AY…¿y cuánto dice que queda???...Y es entonces cuando recuerdas los consejos de los veteranos, que resuenan como un mantra en tu caldeada cabeza…: …noooovayyyaaaaiiiis…lleeevarunpiñondeltreintaycuaaatrooo…entreeenarraaaampas…y te preguntas…¿Por qué no les haría caso…?...(¿dónde está el icono de desolación, donde? Ah, no que eso es en el Whatsapp….))
Y allí estamos, en la cima del monte en cuestión…monte…monte…!MONTAÑA,
CARAYO!, qué grande es esto, y uno de los voluntarios que te ve con mala cara(cómo no!, si llevas diez minutos buscándote las pulsaciones…) y te dice…¿ves aquel pico de allí?, (a 2000 kilómetros de distancia, calculando por lo
bajo), Si, respondes sin dudar mientras miras de reojo la panceta que se fríe en una parrilla cercana…¿ves los puntos que se mueven arriba del todo??, (arriba del todo debe de ser la cota del Everest…por lo menos…), Si, claro, (la panceta está al alcance de la mano…), pues ese es el Larrau…!!ACABâRAMOS!, ¿todavía me queda eso???, trae para acá un trozo de pan…que ya viene el autobús.
Cinco galanes nos atrevimos a desafiar a la ruta…Extrem…Irati
Extrem, que diría el espía: el versátil Nacho, el capaz Marín, el concentrado Gaby, el barbudo Blas y el inocente que escribe. 
Todos nos apuntabamos allá por el año pasado, confiando, como el alumno que se matricula de todas de en Septiembre, que nos daría tiempo de sobra para entrenar la prueba..iluso de mi… 
El caso es que pasó el tiempo y nos presentamos en aquellas lejanas tierras navarras, con buen humor y mejor ánimo, al comprobar, de paseo al bucólico hotelico en Burguete, que los primeros puertos iban a ser mero trámite, que lo duro comenzaba a partir del pueblo de Orbaitzeta, bueno un poco más adelante.
La partida era a las nueve de la mañana, una hora cómoda para gente acostumbrada a madrugar…aunque algo juusta para el presumido de Nacho, que entretenido en echarse sus aceites, sus potingues varios, sus tiritas de respirar y su cremita para el sol, nos tuvo en un vilo hasta la hora de la salida. Tal fue la rémora del Martinez, que nos obligaba a salir los últimos de la comitiva, por una empedrada y cuidada calle principal, a la vera del Anduña, y es que este pueblo de Ochogavía se llena de aficionados y no tan aficionados, que los primeros de la línea parecen muy profesionales.
Los primeros compases de la ruta son cómodos si no te enredas la melena con alguno de los 1500 ciclistas que te rodean, con colinucas de fácil ascender y con la única preocupación de no engancharse con nadie en las bajadas, que ahí es donde sale la vena Pelaya y adelantamos hasta esos “estirados” pros.

Vamos pasando por puertos de nombres espesos y aficionados a las erres.…Erremendia, Abaurreagaina…todo un sube y baja pero de desniveles asequibles 7-8%; aunque los nervios se notan y cada uno se reserva como mejor puede.
El primer susto aparece en 34 kilómetros: una rampa de hormigón de 700 metros con sangraderas oblicuas, con un pequeño descanso a la mitad e inclinación en torno al 18%...si vas sentado malo, si vas de pie, peor, que se bota mucho; el calor ya aprieta y hay que ir con mucho cuidado para no asfixiarse o que te tiren; a medio camino hay un rellano con sombra muy apetecible pero ya está ocupado por una centena de ciclistas, Cagon too!!, no hay sitio para nadie más…toca seguir.
Tras la trepada aparece el avituallamiento de Orbaitzeta, donde ya esperaban mis fieros compañeros, que habían asaltado el tenderete como castores hambrientos, Blas llevaba plátanos hasta dentro del botellín; un poco de bebida y arrancamos con alegría, pero esta dura poco…medio metro o así: avisan con carteles que empieza una subida, ¿Otra!!!?¡ pero si acabamos de subir!!!
Aquí las pendientes se ponen serias…tiene apellido corto el fulano, y sin erres…malo: Azpegui, 9,5%.
 Como que no quiere la cosa entras en La France, que diría Landa y eso se nota, juraría que las vacas mugen de forma extraña…y las ovejas son muy raras, parecen cabras?? o igual es “la calo pisha, musha, musha calo” que exhala un andaluz de Jaén que dejo atrás. 
Este Azpegui se acaba pronto, menos mal, pero lo que no se sufre en la subida, lo pagamos en el descenso: una carretera rota y curvada que provoca decenas de pinchazos y roturas de ruedas de carbono. 
 Los baches están por todos los lados, la gravilla acecha en las curvas, el verdín en las cunetas y los malditos frenos de esta flaca no son capaces de sujetar la bicicleta ni en las curvas ni mucho menos en las rectas…(¿donde estará mi Canyón con frenos SLX??)..¡Ay…ay…ay!! se impone un ritmo más conservador, que esto es cicloturismo, no nos vayamos a escacharrar en algún bardial. 
Mientras me sujeto con las dos manos al sillin y con los dientes al manillar, pienso en Blas, que seguro que ha disfrutado de lo lindo con sus bonitos frenitos de disquito…Grrrrrr.

Bajo lanzado (más que nada porque ya no atino a frenar!!) detrás de otros dos colegas de penas, superando a decenas de temerosos que descienden en primera corta, hasta que logramos parar con cierta seguridad al borde de una granja, poblada de esas singulares ovinas que nos observan desde la seguridad de una valla.
Los otros dos bajadores son navarros; uno, de cerca de allí, anda dolido de una pata y el otro gimotea por algo en su cambio trasero…pues vaya dos a los que me he juntado. 
Seguimos y logramos juntar una buena grupeta de cojos, cansinos, averiados y torpes que renqueamos por la carretera como una procesión de lisiados.
Un ligero llano para tomar aire recalentado y comienza la subida del día….el ERROZATE. …¡DEMONIOS! 
La temperatura ya pasa de los 34º y la organización obliga a iniciar la subida de uno en uno, para evitar atascos. La curva de entrada es cerrada y muy pindia, ¡JA, esta es la mía!, me levanto para coger impulso mientras supero a unos cuantos incautos por la parte interna de la misma, Jejejejjj, dice mi sonrisa de lobo que se me congela en la boca a los dos segundos: La rampa se empina en vertical y ya no me puedo sentar, la flacucha zigzaguea descontrolada y boqueo como un atún asmático.
Primeros mil metros al 12, después vendrá el 15, el 16, el ¡19! ¡Esto parece la Bonoloto, tiene todos los números!!!
No hay un triste árbol donde cobijarse, el asfalto echa humo, y hasta la brea derretida corre a esconderse en algún hueco; las dos barritas que porto en el maillot hace ya tiempo que han dejado de ser sólidas, son como sopas de chocolate caliente con tropezones. 
Aquí ya no hay grupos, solo pobres ciclistas solitarios que luchan, como pueden, contra un ascenso incalificable. Y luego se quejan de que Los Lagos son muy duros!!!  
Dicen que el Tour no pasa por aquí por las estrecheces de la caleya, que no permitiría ninguna asistencia…¡pues yo voy bien ancho!, tengo tanto sitio que voy de cuneta a cuneta...ahora a la derecha, ahora hacia la izquierda...Ay…ay…ay.
Es inútil mirar hacia arriba, la inclinación es tal que en cada curva pierdo a los que me preceden y despisto a mis perseguidores, mientras sigo encontrando grupos de pinchados y averiados. 
De los navarros hace ya tiempo que  no sé nada, atrás se han quedado los probes…y esto que no se acaba.
Por delante…muy por delante, en otra categoría celestial ya descienden las cuatro estrellas Pelayas, que me lo contaron luego (Perros, cómo andan!! ¡verguenza les debería dar!...abandonar a un compañero).
Blas y Gaby por la parte corta y Nacho y Marín por la larga. Gaby anda algo perjudicado de sensaciones y Juan le sigue a corta distancia. Los otros dos van sobrados…qué asco, piensa mi sombra, ¿qué prisa tendrán?…
Sigo apretando los riñones como si me fuera la vida en ello, cada pedalada es como levantar 40 kilos con cada pierna, 45, 50, a este paso me va a quedar un cuadriceps como un jamón de grande.
Pero la reserva se acaba, el puerto sigue y sigue y no se ve el final. 
La estrecha carretera se abre un poco y aprovecho para coger aire a la sombra de un triste pino, un par de tragos de caldo de sales, ¡buagh! Y a levantar peso de nuevo.
La gente ya camina sin disimulo, y solo unos pocos nos empeñamos en
pedalear. 
La pendiente asciende 800 metros cada kilómetro, ya voy por los 980, 1080, 1180, A lo lejos, muy lejos, se ve el exiguo avituallamiento que marca el final del bicho, quedan todavía unos cuantos minutos de sudor y  levantamiento de pesas para alcanzar la cima…1272 metros.
A partir de aquí, las sensaciones (las mías), mejoran ostensiblemente, el asiento del bus es de una comodidad exquisita y los compañeros de viaje hacen el trayecto muy entretenido…(los dos navarros ya estaban dentro).
Mientras yo reposaba de los sinsabores de la corta ruta, Gaby coronaba en solitario y con cierta ventaja el Col Bagargiak, simil de estación invernal francesa, rodeada de unos inmensos pinares y unos chalecitos muy apañados. 
A unos minutos llegaba Blas, resoplando cual locomotora de vapor, que se

juntaba con el primero y después de una cansina espera y no viendo al resto de cuadrilla por ningún lado, resolverían seguir solos hacia Larrau, pero ya con la oscura intención de hacer el ascenso por la vertiente fácil…la del autocar.

Bastante retrasados asomarían por la zona la pareja Nacho-Marín, algo cansados tras realizar un vertiginoso descenso desde la cima del Errozate, seguido de un no menos duro ascenso al Col de Sourzay. 
Refrescaban algo las meninges y proseguían ruta sin saber nada del resto de la escuadra, desperdigada desde hacía ya unos cuantos kilómetros.
Y cerrando la comitiva y frescos como rosas llegaba el furgón de los abandonados, entre chistes y chascarrillos, que asaltaba el punto de avituallamiento como si estuvieran famélicos, y es que la inactividad da mucha hambre, compañeros.
Una vez repostado el mini-Pullman con bollos, barritas, bolsas de patatas fritas y botellones de Colas y agua, arrancaríamos en pos de los fugados, que nos sacaban una ligera ventaja.
En esos mismos momentos, el duo Blas-Gaby llegaban a Larrau con cierta ventaja y justos para pillar transporte gratuito a la cima.
Al poco, Marín y Cia., o sea, Nacho, miraban con desdén a las huestes acurrucadas en la misma aldea aquitana y tomaban la misma carretera infernal a la cumbre, pero sin bajarse de sus jumentas…15 kilómetros de rampas les esperaban.
Pero estos dos son de otra pasta: Don Nacho, adalid de las causas perdidas y jubilado feliz, dispone de años y años de silencioso y nada madrugador entrenamiento, atesorado en sus cortas pantorrillas, y Marín, el docto, esta temporada ha subido montes que solo él sabía que existían.

Es más, hay quien afirma que esto ya le viene desde pequeño….¿Recordáis aquella película catastrofista de los 70s: El Coloso en Llamas?, ¡qué peliculón!, Paul Newman, Steve McQueen, la Faye Dunaway, Fred Astaire…Bueno, pues había una trama paralela en la que dos heroicos bomberos ascendían por la escalera hasta el piso 136, con la intención de alcanzar a la azotea. 
Llegan derrengados y sudorosos hasta un descansillo bloqueado…¿Y a quién se encuentran allí? ¡A una abuela con un niño!…¿os acordáis???...Cagon Ross, para mí que el lebrel era el Pepe, que ya andaba haciendo cumbres de guajin…
Larrau es un puerto emblemático, fue allí donde Indurain cedió su trono al dopado Riis, poniendo punto final a los cinco Tours que adornaban el mueble bar del navarro.
No es excesivamente duro, si se hace en solitario,pero cuando se llevan casi 100 kilómetros de pérfidos ascensos y no menos peligrosos descensos (mas tarde nos enteraríamos de que un motero se había despeñado en una de las curvas), la larga rampa castiga a los deportistas: las piernas parecen de madera de nogal, las pulsaciones se quedan estáticas, el sudor se congela en la piel, y uno no es capaz de mantener el impulso necesario para mover la bicicleta.
Los bordes de la carretera se llenan de ciclistas desolados, que caminan ya desde los primeros metros de la subida, y el autobús que transporta retirados se queda pequeño.
Nuestra guagua, sin embargo, asciende con alegría no disimulada la larga cuesta, animando a los infelices que dosifican sus pedaladas. 
Son tramos largos y penosos, de pocos llanos.
En uno de ellos, atisbo a lo lejos los estiramientos de los dos pelayos supervivientes: Marín intenta doblar una señal de tráfico con el pie mientras Martínez degusta algo parecido a un bocadillo. 

Los pierdo de vista en seguida, que si paramos se quema el embrague de la fragoneta, y unas veinte curvas después alcanzamos la cima. 
Esto es un delirio, una fiesta! que diría el manager; a los miembros de la Organización se unen decenas de familiares y amigos que esperan a los suyos entre gritos de ánimo y pancartas ostentosas.
Vislumbro a Blas y Gabriel, agazapados detrás de un poste afrancesado, esperando por los otros dos valientes, hago algunos aspavientos desde mi asiento pero como no me hacen caso me dedico a los bollos.
El descenso del Puertaco es rápido, y la carretera se llena de corredores en pos de la meta, a tan solo unos kilómetros.
Como era de esperar, llego el primero, seco y descansado, rescato la Orbea del camión de reparto y me dedico a esperar al resto de la grupeta.
Tardan los condenados, que estaban gastando la batería de los móviles haciéndose fotos en el Larrau, y se hicieron esperar un buen rato, cuando ya me dejaba querer por el plato de ensalada de pasta con que nos obsequiaba los organizadores. 
Al final, llegaron los  mozos…tarde, pero llegaron, encima, abandonaban a Blas, que renqueaba en los últimos metros. 

Fotos de rigor con los posters de la prueba y con la merienda, un poco de conversación mientras disfrutábamos de un buen grupo musical y de vuelta al hotel, a ducharnos y ponernos guapetones para la bien merecida cena.
Nacho, haciendo honor a su fama, intentaría convencernos para rodar un poco el día siguiente, hasta el inicio del Camino Francés, Saint Jean de Pied de Port, a unos 30 kilómetros de distancia, pero la falta de quorum anuló la iniciativa.
Al día siguiente tocaba desandar lo andado, de vuelta a Asturias, con una breve parada en Cabezón de la Sal, a degustar unas especialidades regionales ( rabas, hígado y ¿croquetas??) y en San Vicente de La Barquera, que tenía yo capricho de corbatas.
Caramba con la Irati Extrem!, si  no fuera por las fotos que nos sacan!!!

Todos nosotros sabemos que justo después de finalizar algunas rutas largas y duras, la sensación de no volver a realizarlas se va diluyendo rápidamente, puesto que es mayor nuestra afición a la bicicleta que el desgaste físico-psicológica que nos ocasionan (otra vez el meapilas este…).
Pero con esta NO, no y no, a no ser que lleve la bicicleta de montaña, claro...se iban a enterar esas bajaditas…


Bueno, aunque también es verdad lo del dicho gabacho: 
"Fontaine, je ne boirai pas de ton eau,
o lo que es lo mismo en correcto castellano, …
” Nunca digas de esta agua no beberé"…


Ay…que me veo en otra...edición...

sábado, 1 de abril de 2017

¿TIENES FUEGO? MECHERO DE SAUS 2017

PESADILLA: tipo de parasomnia o trastorno del sueño con una tremenda carga emocional de ansiedad, miedo, angustia y hasta cansino cansancio.
Se da en aquellos casos en los que la  persona afectada ha estado expuesta a algún tipo de trauma, ya sea físico o mental o los dos a la vez, ¡carayo!.
Su recuerdo suele ser claro, su vivencia nítida y ocasiona en el sujeto una gran desazón y canguelo a futuro.
Aunque en la mayoría de los casos el individuo perjudicado afronta con resignación cristiana el carácter opresivo e incluso violento de este trastorno, hay ocasiones en las que sucede lo contrario y el soñador contraataca con todo tipo de medios, llegando incluso, a repartirse estacazos a diestro y siniestro entre el durmiente y el agresor…siempre en sentido figurado, claro.
 Llevo días despertándome empapado, empapado de sudor y con los músculos de las piernas duros como las tripas de un coyote. 
Es todo culpa del sueño, de ese maldito sueño que se repite, como un bucle que arranca nada más que me duermo…
No sé qué hacer; las pastillas no me calman, las infusiones no me tranquilizan, las nanas no me sosiegan…
Despierto de puro nervio,  con los puños cerrados y una mirada homicida en mis ojos; mi Santa esposa lleva una semana durmiendo en el sofá y los críos cierran con llave sus habitaciones…
Y aún despierto, con la lámpara de la mesita agonizando entre mis manos, sigo recordando el sueño…:
ZZZZZZZZzzzzzzzzzzzzzz
El grupo va a ritmo tranquilo por una suave senda de dulce ascender  entre praderías y verdes piornales cuando de repente, sin previo aviso, somos atacados por un hombre, en paños menores, que al grito de ¡¡MÁS RÁPIDO, MÁS RÁPIDO…NO LLEGAMOS…!!! nos azuza hasta la extenuación.
Y nadie osa discutir las órdenes del prójimo de flaco aspecto, algo histriónico y con una leve querencia al faranduleo, ya cada poco se arranca con un dicho, un refrán o una jota aragonesa, no exento de cierto gracejo riojano.
El caso es que el suave paseo sabatino se convierte en una sucesión de rampas empinadas, de taludes desprotegidos y de pedregales en cuesta que asolan al corrillo, que bastante tiene con intentar escapar del vociferante fulano
¡¡¡MÁS RÁPIDO, MÁS RÁPIDO…NO LLEGAMOS…!!!
12 + 1 forman la grupeta, lo del mas uno no es gratuito, que se añade un desconocido de porte barbudo, que sigue nuestros pasos sin que seamos capaces de averiguar su nombre…algunos opinan que su apariencia y modales recordaban a cierto oscuro personaje de La Peña, pero nadie es capaz de corroborarlo…el pollo ni soltaba palabra, ni se dejaba sacar en una foto!!!

Salía la feliz comitiva del Casino de LIeres, y tras unos escarceos camino de La Fabrica, y un rodeo por la desmantelada mina de Lieres, antiguo orgullo de don Ernest Solvay, un índice del 22 %, en el ascenso hasta la campera de Ará,  nos golpeaba con furia asesina, seguido por una fugaz  caída hasta la aldea de San Julián de Bimenes y sin descanso, que vigilaba desde arriba el de las prisas, a trepar de nuevo por rampas de hormigón y pedrolos hasta los casi 700 metros de La Camperona. …¡¡¡MÁS RÁPIDO, MÁS RÁPIDO…NO LLEGAMOS…!!!
“!!DEMONIOS!!…el choque del despertador contra el cuadro de la boda me he despertado, aprovecharé para ir al baño que ayer tocó cena copiosa, mejor, a ver si avanzo algo en el sueño, que me queda lo peor…de la que vengo recojo el bastón del paragüero, por si acaso…voy pa`lla…

ZZZZZZZzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz…..
¡¡¡8 kilómetros llevamos!!!, ¡8! pedaleando contra un terreno hostil y retorcido que frena las ruedas y atasca las mentes, mejor no mirar hacia arriba que se ciega el alma, y además el grupo de cabeza espera con mala cara
¡¡¡MÁS RÁPIDO, MÁS RÁPIDO…NO LLEGAMOS…!!!
 Gelu se ha quitado hasta el casco, y hay tramos en los que solo se oyen las respiraciones angustiadas y el crujido exhausto de los pedalieres.
A buen ritmo coronan el pico Llamaera los fieras del pelotón, los de siempre, los que no entrenan, mal rayo los parta…: el geólogo apresurado, Gaby, Barquín y Marino con sus caballitos…Lalo apunta maneras, el Metropolitan se nota, Eduardo, Zarate que aguanta sin perderse, el barbas desconocido, la dulce Eva, Joako, Gelu de paseo, como siempre, y vigilando la retaguardia, Guzmán y Mancha.
Desde el picacho nos llegaríamos a las lagunas de la antigua mina Mayao Solis, donde algunos decidieron bajar hasta las charcas y otros continuar por pista.
 Angel, que llevaba algún tiempo muy tranquilo, tiró de casta y se perdió, algo habitual en él, arrastrando al despistado Joaquín; mientras tanto, el resto del grupo esperaba, enredado en un camino sin salida, pero visto que los bardiales no solo arañaban si no que además mordían, una vez llegados Zarate y compañía, volvimos sobre sus pasos en dirección a Tuilla.
El descenso era feroz, pero ni con esas cesaba el hostigamiento…
¡¡¡ MÁS RÁPIDO, MÁS RÁPIDO…NO LLEGAMOS…!!!.
Como sería la presión que algunas unidades se saltaban el desvío y apretaban los dientes en dirección al poblado minero.
Una vez llegados a las cercanías de Tuilla se cogía la senda del Trole, feliz paseo entre decrépitos y abandonados restos de minería: viejos raíles, lavaderos, cintas transportadoras, torres de aspiración, castilletes, y un sinfín de edificios tomados por la vegetación dan fe de un pasado duro. Pero el camino serpentea y pica hacia arriba…y de nuevo se escucha la voz del almuédano fustigando sin compasión…¡¡¡MÁS RÁPIDO, MÁS RÁPIDO…NO LLEGAMOS…!!!
¡!!DIABLOS!!!, he fallado por los pelos!!!, el lunes tengo que comprar otro radio-reloj!!!!...voy al baño otra vez, no vuelvo a cenar con sidra y además el cachopo estaba salado…bueno, va...a la piltra que mañana es domingo…
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Ya se ha dejado atrás La Curuxona y Candín, la ruta apunta hacia el Mechero de Saus, sorprendente vestigio de la antigua Compañía de Carbones Asturianos.
Según los lugareños y los que lo han visto, el conocido mechero solía exhibir una llama perpetua, algunos dicen que de grisú y los mas escépticos que del butano de algún vecino espabilado. 
Pero ni llama, ni gas, ni nada de nada, solo hojarasca y tierra residían en el hueco…venga, un par de fotos y algo de comida…¡¡¡MÁS RÁPIDO, MÁS RÁPIDO…NO LLEGAMOS…!!!
verás tu que el que no llega a buen puerto es él…
Pero los invitados están cansados, las fuerzas justas, y se adivina un ascenso de los de batería de cocina completa, con olla rápida, minipimer y thermomix…
Llegados a este punto, las dudas se hacen patentes…; _-"yo no subo, yo me vuelvo por carretera, ¿a qué hora pasa el FEVE?...¿quién se ha comido mi barrita""
El cancerbero no ceja, es la suya una letanía ciertamente irritante…:
¡¡¡MÁS RÁPIDO, MÁS RÁPIDO…NO LLEGAMOS…!!!

Llegados a este punto, las alternativas son pocas: o acometer la culinaria subida a Castañera a base de orgullo y pateo, o volver, pedaleando eso si, por las revueltas de la Cruz de Lieres. 
Serían los perjudicados Guzmán y Mancha los únicos que escogieron ese camino, el resto de infelices, confiando en sus fuerzas y en las falacias de Marín, afrontarían dos kilómetros de dura escalada, mordiendo el manillar de las jumentas. 
Sillín no gastaron, no, tacos de las zapatillas...todos.
Mientras que los esforzados alpinistas coronaban el precipicio, los dos huidos equivocaban la ruta, sumando 5 kilómetros más al tranquilo recorrido…
…Me despierto sobresaltado y jadeando, entre la oscuridad vislumbro la estantería oscilando en diagonal de un solo clavo, en el otro gira una zapatilla. El bastón aparece tranquilo a mi lado…
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La escena cambia, estamos en el Casino de Lieres, rehidratándonos, y contándonos las penas, Eva, desnutrida y desfallecida, decide darse un respiro y encarga una tortilla francesa de un huevo, a mayores, que después va a correr unos kilómetros por la zona, los demás hacemos como si no hubiéramos oído nada…
Se comentan las peripecias de la jornada, los sinsabores, los lances…de repente, el inflexible líder, degustando una cerveza, comenta como de pasada……”pues no fue para tanto….””

El estruendo de la lámpara del techo desplomándose sobre la cama, juntamente con un buen trozo de techo raso, hace que me proteja con la almohada, entre los pliegues de esta atino a ver como el bastón gira enrollado en los cables eléctricos, mientras estos chisporrotean como bengalas, lanzando centellas por toda la habitación, que luce como escenario bélico...esto...¿lo cubrirá el seguro??? 



Con cariño para todos, hasta para el salesiano!!!
Pd...¿se supo quién era el anónimo gachó???

miércoles, 1 de marzo de 2017

EL COTOBELLONAZO

 Todos nosotros, que atesoramos unas cuantas canas por el cuero cabelludo, hemos sufrido en nuestras carnes un sinfín de rutas…: de las que te dejan sin aliento, de las que te ponen el corazón a tope, de esas cuyos paisajes te quitan el habla, de las que cuya dureza atenta contra la propia humanidad del ciclista y unas pocas en las que las rampas superan cualquier teoría racional. 
Es cierto, lo sabemos todos, existir, existen…, pero jugamos con la probabilidad, baja eso creíamos…si, de que no se juntaran en el mismo día todas y cada una de las características antes mencionadas.
Pero este sábado pasado, rediez, este sábado perdimos hasta la poca honra que nos quedaba; no es que se juntaran en nuestra contra esas verdades de los senderos, si no que, además, el clima nos puso encima unas cuantas banderillas…¿donde se ha visto que, en pleno mes de Febrero, con las montañas blanqueadas por la nieve, se alcancen unos buenos 20 grados???,  pues en la comarca de Aller, en el día de autos.
Publicitaba el maestro de ceremonias, nuestro temido Marín, una ruta paisajística…(o eso decía el bellaco mentiroso), por los alrededores de la antigua explotación minera de Cotobello…de casta le viene al galo ((gaaaalgo, corrector tonto, galo es Obelix….).
Un sencillo paseo de unos 36 kilómetros con un "asumible", que no desdeñable, desnivel de unos 1600 metros, ( al final serían 300 más...) nada que asustara a la novena de fieros y experimentados jinetes que acudieron a la llamada.
Bueno, puntualicemos: nueve fieros y feos montañeros y una bella damisela que alegraría la cabalgata.
Al geólogo lo dejaremos fuera de momento, por pérfido y gañan.

Comenzaba la excursión en el bonito pueblo de Collanzo, antaño capital del concejo a 525 metros de altura, con tiempo despejado y con cierta tranquilidad que se perdería pasados los primeros dos kilómetros en dirección a Llamas. 
A partir de ahí, la carretera se estrechaba  y apuntaba al cielo de una forma indecente.
El desnivel no atosigaba pero molestaba; con una media del 12% pero buen asfalto, la expedición mantenía el humor y el palique, pero por poco tiempo. 
Pasando la aldea de Conforcos ya se superaban los 775 metros de desnivel y se perdían las rayas, el betún de la carretera y las ganas de conversación; los cambios comenzaban a crujir y el caporal de la marcha ponía pies en polvorosa temiendo lo peor. 
Fueron 7 kilómetros de subida (¿solo siete??...) hasta el Pico La Texera…siete duros kilómetros con rampas que superaban el 20% y hacían apretar los dientes a más de uno. 
El incremento de altura se parecía al del  IPC de Argentina en sus años locos, pero sin billetes. 
Se formaban rápidamente varios grupos, destacando en cabeza ese híbrido entre Rey Pelayo y macho cabrío, de nombre Barquín, cuyas andanzas nocturnas no son capaces de mermarle la resistencia…cómo anda el jo…cabrito. 
A su vera desfilaban el resto de sufridos congéneres: Don Gabriel, don Roberto, Lalo, Marino, Eduardo, Benjamín, el capaz Gelu y el Mancha, destacando entre todos estos bellezones la gentil y grácil Eva, que con su peso semipluma sube por las rampas sin despeinarse, bueno, algunos de nosotros tampoco nos despeinamos, pero por otro motivo.

Desde el picacho citado había un ligero descanso hasta las cercanías de Cotobello, rodando ya por
antiguas escombreras restauradas,  pero el guionista del día había decidido pasar por la propia cima, en vez de contentarse con el conocido mirador, y allá que nos llevó…4,5 horas de ruta para 21 míseros kilómetros, qué poco me gustan los números…nos echamos a perder.
Vista la hora que era, y ante las quejas generalizadas, se decidió tomar un pequeño refrigerio que apaciguara las tripas. Hay que destacar siempre en estos casos, el buen embutido que Lalo, como buen entendedor del género, acarrea para estos menesteres y para sus compañeros, si llevara una barra de pan ya sería lo máximo!. 
Biennn, una vez pertrechados y animados, descendimos raudos y veloces, unos más que otros, como suele ser habitual, atravesando pistas perdidas y suaves y falsas praderías, hasta acabar con nuestros huesos en Bello, o mejor escrito, Beyo. 
En este momento, el líder y adalid de la ruta, el intrépido Barcaiztegui, decidió aventurarse por una senda poco conocida, que tomaba altura a la salida del pueblo en dirección Sureste. 
Lo de tomar altura es una forma harto delicada de decirlo…¡QUE SARTENAZO!, ¡QUE SARTENAZO!!, señores, con mayúsculas y signos de exclamación…rampas del 30% sumían a la mayoría de los combatientes en la depresión, el abatimiento, la postración...
El desnivel y el calor obligaban a echar pie a tierra a todos sin excepción, algunos aguantaban un trecho más, pero torciendo hasta la cadena. 
Las emisoras se poblaban de maldiciones y amenazas, exigiendo la cabeza del geólogo, que, perjudicado en un tobillo, arrastraba su propio Via Crucis, amen de la bicicleta, claro. 
Pero no iba el último, que por detrás deambulaba este escribiente, vigilado de cerca por el samaritano Gelu, arrastrando hasta las gotas de sudor. 
Cuatro mil metros, no fueron más, pero no se recuerda un estacazo igual en los anales de esta Peña: ni las Cotoyas de Soto de Luiña, ni las rampas de Murias, ni las montañas de Los Ancares, pueden competir con esta atrocidad aldeana...nunca hubo nada igual que yo recuerde carajo!
El tormento acababa en la Collada del Pan, cuatro mil calurososy agotadores metros después, ventilado lugar donde llegaríamos todos, bueno, a decir verdad yo no llegue, sigo por allí, fue mi espíritu el que abandonó mi cuerpo extenuado y ahora escribe ahora estas líneas.
 Una vez que recogimos del suelo las pocas fuerzas que nos quedaban, pudimos descender de aquella loma en dirección a Collanzo, donde nos esperaban unas buenas y merecidas cervezas...la primera ronda corrió a cargo del ejecutor de la excursión.
Si no fuera por el aprecio que le tenemos al individuo este...pero qué demonios!!:

¡Enhorabuena Pepe!, una ruta soberbia, si no quisiéramos sufrir, venderíamos las bicis!!!

Pd. Si volvéis por la zona, acordaros de silbarme, a ver si reaparezco