martes, 1 de noviembre de 2016

LA LLAMADA DEL TOLOÑO

JORNADA PRIMERA
Noche cerrada en Haro (más que noche, madrugada…). 
Suena una música al fondo del oscuro local donde se encuentran nuestros protagonistas. Es este un grupo reducido de varones de mediana edad que zascandilean alrededor de un tonel  con copones de vino en la mano. 
En la barra de la cantina una buena moza de rubia trenza atiende las mesas con descaro y atrae las miradas de la cordada de maromos, que sueltan risas nerviosas mientras brindan entre sí. 
Faroles de poca luz difuminan las formas del antro que está a medio llenar de clientela cuando hace su entrada a escena el caballero Zarate, nervioso sesentón y riojano de pura cepa garnacha.  
Trae consigo una misiva misteriosa que muestra al resto de individuos, se le nota preocupado…su copa está vacía...
Don Ángel .- “Camaradas, Compañeros…
                         cierto problema tenemos!!!
El más alto de ellos, también de la provincia vitícola y que atiende por Gordejuela, coge el billete, dispuesto, y lee con cierta dificultad…
Don Félix.-“Nosh hemosssh… quedado traspuestosss…
  Acudid rápido, hermanos...¡¡prestosss!!…”
Chasquea los labios Gordejuela a la vez que sirve otra ronda de tintos de la botella clavada a su diestra.
La nota refiere de los infantes Marín y Barquín, perdidos en los altos de Altube por mor de una avería en su calesa, que los ha dejado negros y engrasados a más no poder. Por lo visto, están abandonados y sin alternativas de transporte en la montaña. 
Todos se quedan mirando…a la mesonera…, cuya coleta los mantiene en estado catatónico. 
Tras unos momentos de duda y comezón (comezón por el estado de los compañeros infortunados y duda entre pedir otra botella de caldo o no) se decide que Zárate, que dispone de útil de transporte se desplace a la zona y que sea vigilado por el boticario don Rafael, por si hubiera necesidad de otras atenciones y menesteres.
Vanse los citados por el fondo como ratón que persigue el gato, que ya es tarde y los dos solitarios están abandonados a su suerte en medio de la fría noche…los remanentes, libres de obligaciones, se aprestan a conseguir otra botella de vinum de la feliz cantinera y proseguir la charla.
Todavía restarán unas cuantas horas para que se reúnan de nuevo hombres y máquinas…la posada está lejos…hay que atravesar media ciudad Jarrense con todos sus peligros…
JORNADA SEGUNDA
Esta fresca la mañana
fresca y húmeda como rana
pero peor está alguno
que casi no llega ni al desayuno
 Los semblantes en el almuerzo son de poema…de poema  de miedo que parece que estamos de difuntos: ojeras oscurecidas, voces  enronquecidas, caminares desfallecidos y así. Con todo, las viandas ayudan a mejorar el ánimo y el viento disipa un poco las nubes, lo que anima un poco a las huestes.
Ya está completa la escuadra: los anfitriones Zarate y Gordejuela, los siniestrados Marín y Barquín, los turísticos Guzmán y Lorente, que se han venido recorriendo media Cordillera Cantábrica, el docto Venta, el mercantil Echevarría, don Moya y los tranquilos Paulino y De la Mancha, que siguen desayunando.
Se levanta el líder de ruta, Don José y Marín de Barcaizteguí, cincuentón sobrado pero aún rumboso, coloca brazos en jarras, mira al tendido y, tras aclararse un poco la garganta con medio donuts y una café, declama ufano con voz enérgica y entonada…:


Ahora que estamos solos (pues nadie más había)
Escucharme pues muy atentos ¡LELOS!
Que ya es hora de partir y necesito que estéis despiertos
No la vayamos a liar con tanta algarabía.
La ruta de hoy es llana, es llana y hacía arriba
Que no conozco yo senda alguna que no sea positiva (murmullos de desaprobación…)
Comencemos ya tranquilos, no corráis ni destaquéis
Guardad vuestra fuerzas, queridos, ya os agotareis…después…(quejidos y ayes….)
Pueblos lindos y lustrosos  nos aguardan, nos acechan…
Haro, Ollauri, Briones, San Vicente de la Sonsierra
 Viñedos, embutidos, bodegas, allí delante nos esperan (aplausos y vítores)))

Siempre en dirección al Norte, al baluarte de la sierra
Asín que de vosotros espero y aguardo
(Mientras me ajusto un poco el leotardo)
Furia, alegría, tesón, firmeza
Vigor, coraje, poderío y ¡vehemencia!,
Y ahora, una vez dicho esto
Traedme rápido el desengrasante
Que quitarme el aceite no puedo
Ni de las piernas ni del rumiante

Y un buen rato después de lavar a conciencia a los dos jinetes y a sus monturas, engrasadas hasta la saciedad, partieron pues los once donceles y sus once corceles, (no sin antes rescatar al norteño Barquin del embrujo de la gentil hostelera) fuertemente pertrechados, en dirección al Toloño y su sierra, pues ese era el objetivo.

El camino discurría plácidamente por caminos de concentración parcelaria, y tierras de vides y regadíos, que el Ebro acompañaba a los ruteros con sus vueltas y revueltas. Y como la ruta era turística, se pasó por los pueblos citados, por sus iglesias: (por todas sus iglesias, que de eso se encargaba don Félix…) Iglesia del Salvador, Nuestras Sra. De la Asunción, Ermita del Cristo de los Remedios, Santa María la Mayor, Iglesias de San Miguel, de La Concepción…etc..etc y por sus castillos…Ollauri, Briones, San Vicente, con su macizo puente medieval y las ruinas de su fortaleza…con su subidita empedrada…carayo…y con sus vistas sobre los meandros del Ebro.
A partir de San Vicente, las cosas se ponían serias, los viñedos iban desapareciendo poco a poco y llegando a Rivas de Tereso, dejaban paso a bosques de encinas, y estos a su vez a pinares y algún alcornoque (si, en la grupeta también iba alguno…). 
La pendiente comenzaba a ser francamente positiva, y el Toloño ese ya se presentaba ante nosotros sin ningún rubor…
Por cierto que  el tal Toloño, Tulonio en celta, es primo hermano del famoso Tutatis…si, si el de los irreductibles galos, mira tú por donde y se alza a unos buenos 1271 metros sobre el nivel de mar. Forma parte de la sierra del mismo nombre y aunque pudiera parecer cercano, lo cierto es que hay que ascender con ganas…con muchas ganas o con motor eléctrico, dado el caso que nos avergüenza a todos y que padecemos en esta Santa Hermandad desde hace algún tiempo.
En aquellos momentos, el calor ya apretaba las costuras a más de uno y eso, unido a las exigentes y duras rampas, con porcentajes de ascensión que superaban en muy mucho a los de un buen caldo,(digamos que se acercaban mas a los de un buen Pacharán), hacía que el avance fuera pero que muy dificultoso: 15 kilómetros de larga y áspera subida, por terrenos pedregosos y abruptos que se convertirían en bosques atlánticos una vez cruzábamos el lindero hacia Álava.
El caso es que, llegados ya a la cima, y tras algunos momentos de titubeo, la cercanía a la peña obnubilaba el buen juicio del maestro Barcaiztegui, que como buen maño es porfiado obstinado a más no poder, y ciego en su marcha, llevaríanos hacia la cara Sur de la Sierra, en vez de rodear la misma por su suave parte Norte.
Fueron momentos angustiosos, el camino se convertía, de repente, en un despeñadero sin salida, con final posiblemente dramático si no fuera porque la razón volviole al maño obligándonos a girar grupas y desandar lo andado. 
Y ascender entre graveras y canchales de una inclinación excesiva con monturas de más de arroba y media es harto duro y peliagudo. Baste decir que algunos dejaron hasta las uñas de los pies en su intento de ascender lo más rápido posible, evitando el precipicio y ocasional despeñe.

Marín, por otro lado, expiaba su culpa al ser el que más había descendido, con la consiguiente subida en solitario, mientras el resto de la escuadra retomaba alientos en lo alto.
Una vez tranquilizados los ánimos y los corazones, el  buen camino nos conducía al sorprendente monasterio de Santa Maria de Toloño, construido en el siglo IX y cuyas ruinas aún impresionan,  restos de lo que fue un monasterio y ermita de monjes jerónimos, empecinados en mantener allí arriba una colonia de frailes.
Pero el tiempo apremiaba, las horas se consumían y quedaba todavía ruta que recorrer. 
El descenso de la sierra era de forma abrupta: toda la altura que había costado litros y litros de sudor (que hacía mucho calor!!!), se perdía rápidamente. 


Una pendiente del 20% poblada de guiiiiiiiiiiijo y de gravilla (….) haría las delicias de don  Moya y la pesadumbre del resto, obligados a descender de forma calma y cautelosa, por miedo a posteriores reprimendas en sus cuarteles.
El empinado sendero finalizaba en Labastida (iglesia de Nuestra Señora de la Asunción…), y el camino se convertía en senda fluvial, acompañando al Ebro hasta Briñas, desde donde ya se vislumbraba Haro.
La ruta programada nos desviaba entonces hasta San Felices , conocida población donde a finales de Junio, se riega a todo quisque con vino, peleón, eso sí, pero vino al fin y al cabo. 

El caso era, a estas alturas, que los cuerpos ya estaban un poco cansinos, que el sólido Guzmán llevaba ya un buen rato fugando aire por su rueda trasera y que todos sabíamos que nos esperaba una buena merendola en la bodega del primo de Zárate, que para algo habían asediado la zona él mismo, Echevarría y el boticario don Rafael la mañana del viernes, visitando viñedos, queserías y asadurias de pimientos. 

Por lo que tras un debate inexistente, se decidió recortar la ruta y dirigirnos directamente hacía Villaba, mientras el del pinchazo y Joaquín tomaban carruaje en Haro.

¡¡Nunca se fue tan rápido en toda la jornada!!!: si existe algo que estimula un Pelayo es el olor a pitanza o simplemente la promesa de la misma!!!. 
En un santiamén nos presentábamos en Villalba, donde nos recibía Leandro, sufrido primo de Don Zarate, que nos mostraba orgulloso su bodega y el proceso de la misma.
Y a merendar!!!: Embutidos de jabalí, queso de la zona, pimientos, buen vino, y mejor charla, hizo que se nos olvidara hasta de dónde veníamos.
Y así se nos iba la tarde, entre vaso y vaso y tiento al chorizo, el día se convertía en noche, así que tras despedirnos de Leandro y Jose Daniel, reemprendimos la marcha con cierta fluidez, quedaban ocho kilómetros de vides y caminos. 

Durante un buen trecho, Joaquín, Guzmán y su vehículo quisieron acompañarnos para espantar las tinieblas, pero pronto nos abandonaron por carreteras mejor dispuestas. 
Un paseo por el centro de Haro y llegada a la fonda para asearse y disponerse; el tiempo apremiaba, pues había cena contratada en conocido restaurante para disfrutar de un buen asado de cordero de la zona...de alguna zona lejana, que los únicos cuadrúpedos que vimos fueron una recua de pollines en las praderas de Ortava...
La velada transcurriría tranquila, tras la cena, una buena sobremesa en algunos bares de la zona, de la que pronto desertarían Joaquín, Marin, Pablo, Pau y Mancha, mientras que el resto asolarían los locales de la zona, hasta horas más tardías…

(Se dice que desde entonces, en cierto local de copas, siguen buscando a un tal San Expédito...)

JORNADA TERCERA
Si el amanecer de ayer había sido cansino, en el de este domingo casi  no se llega al desayuno, cerraba a las once de la mañana…qué hora tan temprana. 
Para rematar el fin de semana, nuestros orgullosos anfitriones habían preparado una visita a una conocida bodega local, y allá que nos fuimos, a disfrutar de las explicaciones y los caldos.
Tocaba después comida en la hospedería y luego el más difícil todavía: envasar nueve caballeros y ocho monturas en tres vehículos, ya que don Zárate se quedaba en la zona a reponer nietos y Echevarría ya había escapada el sábado hacía su morada leonesa.


Y de esta guisa se acaba una grande y feliz escapada
gracias a todos vosotros que nos hemos sentido queridos
don Ángel, don Félix, don Pepe!, nos sentimos agradecidos
por vuestro esfuerzo, vuestro tesón
vuestra paciencia y vuestra pasión.
...bueno y por vuestra paciencia, claro...

Pd. ¿repetimos el año que viene???



viernes, 14 de octubre de 2016

EL ESPACIO-TIEMPO...ESE DESCONOCIDO


A uno, superviviente de aquella eficaz y tristemente desaparecida EGB, no se le daban mal las matemáticas, modestia aparte: toda aquella suerte de números, conjuntos,
subconjuntos, productos cartesianos y potencias de toda índole y péñole no suponían mayor problema para el que suscribe que echar unos cuantos garabatos sobre el papel, intentando que el resultado fuera racional, y sobre todo…acertado, ¡claro!, que en eso me iba el curso.
No en vano, esta ciencia formal se basa en el razonamiento lógico, ese que dicta la razón y la propia experiencia de cada uno, de tal forma que si, por ejemplo, le hemos quitado cuatro peras a Gelu, y una se la ha llevado Zarate, que anda a todas, otra Toni, y otra el propio Gelu, está claro que solo tenemos una que llevarnos a la boca, dura como una piedra, eso sí, pero pera al fin y al cabo!!...las peras que entran por las que salen, (aunque, en el caso de la mochila de Gelu, puede salir de todo…: peras, manzanas, nueces, castañas, higos...a poco que rebusquemos puede salirnos hasta el Iker Jimenez…con su programa completo…)

Solo el añorado físico Albert Einstein se atrevió a reformular el alcance de esta materia,
retorciendo los conceptos matemáticos y físicos, con su logrado Teorema de la Relatividad, ese que algún día nos permitirá viajar por los confines del universo plegando el espacio-tiempo (al igual que ya lo hace, con su motor de curvatura, la nave U.S.S. Enterprise, solo que en la imaginación de los guionistas) sin que nos muramos de aburrimiento y de viejos, claro.
Establecidos estos serios y razonUdos fundamentos, volvamos al quid de la cuestión, el que enfrenta la razón a la experiencia…:
¿Cómo diantres, demonios, carajo, se convierte una ruta de 45 kilómetros en una de día completo???, ¿ein?, y es más...
¿Cómo demonios, carajo, diantres, salen 1700 metros de desnivel, si incluso se acortó el recorrido, evitando el consabido sartenazo??, ¿es acaso que estamos ante un nuevo erudito, descubridor de alguna otra teoría Riemanniana o no, que deje en paños menores a la primigenia??
Pues va a ser que no, que el individuo en cuestión es geólogo y no se le conocen más habilidades que las  propias de su profesión…bueno y las de sus labores caseras, que ahí también está fino el condenado.
 Estamos, pues ante otro misterio que resolver, pero analicemos, ¡analicemos hermanos!, pues, la ecuación planteada al grupo de estudio:

“La ruta planificada para el sábado 8, por el occidente asturiano, parte de Barcia
(Valdés) a las 9:30 h. Es ruta de bocata y muyyy chula. Son 45 km y unos 1.700 m de desnivel positivo acumulado. La primera parte de la ruta es hacia el interior en dirección a La Espina. La segunda parte es costera (zona de cabo Busto)...”
 decía el manuscrito. 
Así visto, el problema propuesto atraía nuestro interés…y en el axioma caímos todos…los veteranos, los novatos y bisoños, los apresurados, los  despreocupados, un par de foráneos y los del furgón de cola, tan necesarios ellos para cerrar la ruta. Y así hasta 18 infelices acudimos a la llamada del líder oscuro.
Como bien comenzaba el enunciado, la ruta salía de Barcia, en plena rasa costera de Valdés y remontaba hacia la sierra de Concilleiros, de forma más bien tranquila, no porque fuéramos de parranda, si no porque las piernas no daban más de sí. 
Iba la comitiva comandada por el afanado investigador rodeado de sus estudiantes y adláteres más avanzados: Sres. Gaby, Barquín, el recuperado Antonio y Fredo, que vigilaban la integridad física del preceptor, seguidos a corta distancia por un grupo de insurgentes entre los que se contaban a Blas, Venta, Gelu, Zárate, Saul, Lalo, Benja, Pablo y Miguel entre otros y cerraban, a distancia de pedrada si tuvieran fuerzas para ello, los tranquilos Paulino y Mancha, disfrutando del paisaje. 
A mayores, subiendo y bajando de grupo en grupo, como si no le costara nada de esfuerzo, (nada más lejos de la realidad, por supuesto) encontrábamos cada dos por tres a Echevarría y su artilugio galvánico, por llamarlo de alguna forma.

Y de esta guisa, bien cocinados al suave sol que ya asomaba, llegábamos ¡dos! horas después a la aldea de Merás, conocida por sus alegres festejos (este año tocaba el trió Flamingo). 
Se encontraba la agrupación a unos estimables 10 kilómetros del punto de salida, lo que confería una asombrosa velocidad media de ¡¡5-6 km/h!!, ríete tú de los agujeros de gusano Einstein-Rosen y demás fruslerías. Esto si que es plegar el tiempo…dos veces!! Continuaba la ruta por un impresionante senderos sobre el arroyo Ferreras, donde, al inicio del mismo, Benjamín, con esa fuerza que le caracteriza, dejaba la cadena por el suelo. 

Hizo falta el tesón de Gelu y de Mancha para convencerle de que no se podía anudar de nuevo como si fuera un cordel, y de que tampoco se podía utilizar un eslabón de tamaño diferente a la cadena. Solventado el desacuerdo, y ante las quejas de los compañeros de vanguardia, aburridos ellos, el quinteto (también caían por allí Ángel y Fredo) arrancaba de nuevo.

 Y, tras salir del sombreado sendero, y rodear San Feliz, el plano espacio-tiempo se doblaba de nuevo, hundiéndonos en una curvatura paraboloide que bloqueaba nuestros sentidos y nuestros cuentakilometros, clavados de en un solo y temeroso dígito, ahora no sé si era un cuatro o un cinco…Ay.
Se ascendía en dirección a Brañaverniza…otra hora de ascenso, esta vez bajo un buen sol otoñal (…qué otoñal ni qué narices, sudábamos como jabalís acosados…) y llevábamos ya cuatro horas de ruta…unos 20 kilómetros recorridos.

A estas alturas del día, con los estómagos rugiendo como leones en celo, la senda pasaba cerca de Trevías, y el espabilado Blas, que huele los chigres a distancia, nos condujo hacia él primer mesón que encontró, desoyendo las amenazas de Marín, que nada pudo hacer ante la hambrienta estampida. Tras el inesperado motín, y una vez terminados los cafes, Marín, paladín de las senderos perdidos, recalculaba la ruta de nuevo, obligándonos a volver sobre nuestros pasos y cruzar por segunda vez el puente colgante del Esva y afrontar una repentina subida por Llendecastillo y Bahinas que nos conduciría hasta el Llano de Canero.


El cronómetro totalizaba ya seis horas de trayectoria, verificando oportunamente la teoría de Minkowski, aquella que dice que…pónganme voz atiplada y declamen:… “el tiempo y el espacio no son entidades separadas sino variables íntimamente ligadas en el espacio de cuatro dimensiones…” ahí le has dado Hermann (su nombre de pila)…era esa...la cuarta dimensión, la que nos estaba causando estragos…(el tiempo, lelos...)
Como sería el ambiente reinante que hasta el cambio trasero del cabecilla quiso abandonarle, teniendo que acudir toda la comitiva en pleno a convencerlo de lo contrario. (también quisimos convencer al Marín de recortar la ruta...pero no hubo forma…).
Con un retraso considerable sobre todas las teorías propuestas, se decidió atacar directamente al cabo Busto y luego retornar por su faro hacia Canero. 
Alternativa que realizamos todos mmmmenos algunos inadaptados…el electrógeno entre ellos, que atajarían hacia la atalaya, ahorrándose unos tristes hectómetros.
Reunidos de nuevo, descenderíamos hasta la regodonal playa de Cuevas, y de esta, en franca subida, por supuesto, que la ruta era de quien era, hacía los vehículos y el consiguiente cañón de cerveza.
Se demostraban entonces todas y cada una de las hipotesis de nuestros ilustres matemáticos, sobre todo una de el profesor Einstein…aquella que decía…”desde que los matemáticos han invadido mi teoría…ni yo mismo la entiendo…”
Pues eso, Pepe, nosotros tampoco entenderemos nunca cómo encuentras estos senderos tan impresionantes y empinados, pero te seguiremos siempre a pies juntillas…aún cuando nos retuerzas los concepto de tiempo y espacio, y nos obligues a llevar bocadillos a rutas de sólo 45 kilometros!!!.

lunes, 4 de enero de 2016

AÑO 2015 LLEGA LA ELECTRIFICACIÓN

La vida del cronista aficionado es dura, estéril, ¡desértica!, siempre a la búsqueda de un detalle, de una noticia, de la gesta que realcen el sentido de un relato y den energía al mismo de tal forma que el leyente, aún ajeno a las circunstancias de la historia, se vea cautivado o incluso atraído hacia su lectura. 
Condiciones estas que no ayudan precisamente a la buena salud mental mental del pobre escriba, siempre bajo la presión de confeccionar una decente narración que deleite a los fieles. 
Pero en ocasiones…¿veo muertos? Pues no, hay ocasiones en las que las musas o la tecnología, en este caso, se ponen de acuerdo en soplar en la misma dirección y otorgan un placet al sufrido prosista. 
Y es este el asunto del año que se fue, o acaso ¿no hemos sufrido en carnes propias y ajenas el fatal zumbido que antecede a Echevarría y su e-bike?.
Sí señores,  este ha sido el año de ese engendro mecatrónico que nos lleva castigando durante unos cuantos meses. 
Meses de sufrimiento y condena, aguantando cómo el sonriente individuo accionaba su maneta y ascendía por las cuestas como si fueran llanuras…por esas mismas rampas en las que, años atrás, pedía ánimos, compasión y hasta oxígeno. 
Y el mencionado sujeto, no contento con su “hazaña”, subía y bajaba de nuevo, y ¡¡hacía fotos!!!, y se permitía incluso “atacar” a los profesionales del pedal.
No solamente actuaba en las rutas menores, el prójimo, si no que incluso se atrevió con las grandes…Travesía, VCG, Noreña, etc. 
Pero la justicia acaba llegando a todos, aunque no tengan tarjetas Black, y en estas últimas rutas, se observa cierto decaimiento de la capacidad propulsora del motor Bosch…
Sí hermanos, si, han sido días muy duros, en los el pecado del secuestro y venta a tratantes de blancos estuvo muy presente en nuestras mentes...ayyyy...
En otro orden de cosas, el año estuvo movidito, exceptuando febrero, donde llovió de lo lindo y nos tuvo encerrados en casa (las malas lenguas dicen que Blas se quedó sin uñas ante el déficit kilometrero…), las rutas fueron continuas: Llosorio-Viapará, Les Praeres-Foces del Pendón, el pico Paxoto, Priescas, Playa de Vega, etc, etc. 
Siempre bien dirigidos por la castigadora batuta del perverso Marín, cuya capacidad para diseñar tramos imposibles parece no tener fin en esta vida.
Pero llegaba Mayo, mes de las devociones como muy bien sabemos todos, y el travieso geólogo, en su afán de la búsqueda de la excelencia, nos obsequiaría con la ruta del año: Los Ancares: Un glorioso fin de semana en Ambasmestas que nos arrancará una sonrisa hasta que nos falle la memoria. 
Fue ahí, en esa ruta, donde tuvo lugar el estreno del demoníaco vehículo motorizado, y buen estreno hizo, ¡iVive Dios!, que no hubo forma de que el bellaco echara pie a tierra. 
Y no cuento más porque ya lo narré en su día, y si queréis escuchar de nuevo las habaneras de Alfonso, ¿ incluso había un vídeo?, si, que no lo borré.
Ese mes florido, también llevaba a algunos socios a los 101 Peregrinos, destacando el
informe que el alférez Arguelles haría al finalizar la aventura...”Hemos llegado Antonio y yo, del resto ni idea…y tan pancho se quedaba el zagal...caían así, en el olvido: Sergio, Rene, Alberto, Vicente, Hector y Nando (la preocupación del joven por sus compañeros sentaría cátedra entre los veteranos).
Otros socios se irían a La Garandilla con el comandante Vega y, a finales de mes, un reducido grupo se desplazaría a Degaña para romper radios, horquillas de suspensión y extraviar el Gps de Blas. 
Suerte hubo que la piscina estaba en su punto, que había fiesta de inauguración en el complejo acuático y que el Gps apareció al día siguiente, ante el alborozo del flaco Juan.
Los meses veraniegos aparte de nuestra VCG, líder del periodo estival, trajeron un abrumador estreno de bicicletas: ya fuera por rotura, cansancio, o porque tocaba, Felix, Rafa, Lalo, Pablo, Fredo, Antonio, Angel Zarate y alguno más que se me escapa, estrenaban monturas en versión 27,5 o superior, ¡que el mercado manda!. 
Fueron meses de relajo y paseos tranquilos, Fario, La Ñora, Monte Areo, Candás, aprovechando que el licenciado correteaba por las Azores y su anticiclón.
Pero la alegría duraba poco y en Agosto, los infelices que quedaban en la villa sufrían lo suyo en la Niembro-Llamigo, un sartenazo Mariniano de tal envergadura que hasta la batería de Echevarría dio su brazo a torcer. 
Cómo sería el asunto que la ruta hubo de ser acortada, ante las amenazas de linchamiento contra el veterano geólogo. 
Se hacía perdonar unas semanas más tarde en la Peñerudes-Dosango, con final en un buen restaurante de la zona, cortesía del olvidadizo Saúl.
Por aquel entonces, acudían a una pseudo competición de esas de cuerdas, maderos y todo eso, OrientaRaid se da en llamar… los señores Barquin, Alberto, Vicente, Joako y José Peon, para mi, viendo el listado, con mayoría de solteros, que van a ver si pillan a la Pedroche, aficionada también a esas maneras, pero nada, que no pillaron que se sepa. Bueno, José que pilló: una placa de titanio con 14 tornillos, fruto de una tonta caída (todas las caídas son tontas…).
Llegaba Septiembre con su Travesía, donde Electroman hizo de las suyas, otra vez; con la Geras-Beberino con corderada final y con la Vuelta a Noreña, estreno televisivo de la Peña Pelayo, con un humilde, conciso y casi desconocido Juanjo delante de las cámaras; del saludo final, mejor ni hablo…
Por aquellos tiempos, Ramón acudía al quirófano (POR FIN!!!) a cambiar la trasmisión de su pierna ¿derecha?, y no sabemos que le pusieron, de Ultegra para arriba, pienso yo…porque ahora …¡¡¡ANDA MÁS!!!, hasta el perro de compañía cogía la baja para no salir de paseo con él.

Octubre, además de la compañía de Tanja, nos llevaba (bueno, el mes no, Marín) por la zona de  VegaPujin, allá por Las Omañas y en pleno Valle Gordo. Y gorda nos la lió, de nuevo, el mariscal de los mapas: 15 buenos hombres sufrieron lo suyo para acabar la ruta; ni siquiera con la ayuda del café de un servidor ni de la cazalla, que portaba el perito en guijarros, pudimos con aquellas rampas. 
Hasta el citado Marín tuvo un desfallecimiento, y qué decir del hombre-voltio…sus pilas dijeron basta poco después del café cargado y tuvo que arrastrar el artilugio siniestro por la cuesta, como si fuera un Ecce Homo con su Cruz. 
Todas las rutas tienen ese algo que las diferencia, y en esta fue la compañía que nos hizo una perruca que, saliendo de Fasgar con nosotros, se hizo los 45 kilómetros al trote perruno, ante nuestra gran sorpresa…y envidia!!!.
Quedaban un par de excursiones serias para terminar el año: la típica de Ventaniella, donde el recurrente Pepe olvida la cámara, año tras año y otra por las tierras vaqueiras, de la que alguno todavía luce cardenales en el tobillo.
Cerrabamos ya el año con una multitudinaria asistencia al Belén…(nos quedamos sin tortilla…¡fartones!!), a la que siguió una también masiva asistencia a la cena de Navidad, (nos quedamos sin bacalao, ¡¡triperos!!), y en la que logramos clausurar el restaurante con ¡75!! comensales, a este paso la hacemos en el Pinal, el de las bodas, y ¡mira!, nos queda cerca del Belén.
No quisiera yo rematar la faena sin recordar las hazañas de nuestra Yoli, que no ceja en su empeño de ganar carrera tras carrera, del joven Diego, mas de lo mismo y de nuestro flamante Campeón de Asturias 2015, Agustín, cuya fama de gran deportista y mejor persona superan los límites de la autonomía, (que pregunten en Cantabria), aunque en todo ello algo tendrá que ver su entrenadora personal, que recientemente ha cumplido años, muy pocos eso si…
También hay que hacer una mención para el capitán de los endurolays, don Nando Junco, que ha sido feliz padre de un retoño de nombre bíblico-galaico.


Y ya que estamos en recordatorios y demás, me permito unas palabras de aliento a un querido compi que anda un poco perjudicado: 
"Antonio, te queda un puerto por subir, y  vas a hacerlo en plato GRANDE...
¡ANIMO!"

Un fuerte abrazo

viernes, 11 de diciembre de 2015

POR LAS TIERRAS VAQUEIRAS


Ulex cantabricus : Arbusto lleno de infinitas espinas muuy punzantes, capaz de superar los dos metros de altura, con los tallos principales erectos o ascendentes. 
A veces dueño de amplias extensiones (tojales), florece de forma espectacular desde muy joven. En muchos lugares es considerada una mala hierba (pero mala, mala), al crecer en prados soleados que no están muy cuidados o abandonados, son plantas incómodas al transitar entre ellas (Je, ¡qué me va a contar usted!!! por las duras espinas que poseen y se ven como refugio de alimañas (…y abejorros zumbones…).

¡DOS HORAS!...¡¡DOS HORAS!!! Llevamos en este maldito monte de cotoyas. ¡Dos horas! buscando el dichoso camino que desciende hasta la carretera y que intuimos unos centenares de metros por debajo.
No nos entra un arañazo más en las piernas, en los brazos, en la cabeza, que las zarzas estas superan nuestra altura. 

Andamos desperdigados…por un lado Marín, Lalo, Saul, Tobit, un poco más lejos Manu y Gelu, buscando una salida al laberinto de pinchos, a nuestra derecha escuchamos los lamentos de Edu y Barquín, ¿y de Blas?, de Blas no se sabe nada, la última vez que le escuchamos, hace ya media hora larga, descendía por el monte tirando de su bicicleta, recuerdos de sus tiempos de paisano y medio.
-“Pues el camino está muy cerca, casi al lado, mirad, mirad…” pronuncia Pepe, pero no le escuchamos, no le miramos, no sea que vea nuestro ojos asesinos, fraticidas…

Estamos exhaustos, no podemos movernos ni para separarnos de estas espinas que nos torturan; para mas INRI, el monte esta arado en bancales y entre uno y otro hay taludes de ¡dos metros!, por los que rodamos uno tras otro.

A todo esto recuperamos a Juan, se le oye por el megáfono -“he caído en un agujero!!!” vocea el infeliz, nos miramos en silencio unos a otros…”cualquiera baja a buscarlo si ni se le ve, …¿decimos que se perdió y que no lo encontramos? “ Se oye por lo bajini. –“¿Llevaba comida con él?, se interesa otro…
-“Ya salí del pozo!!”, consuela el dietista, evitando su propia perdición y la de sus compañeros. 
El geólogo indaga rápido, ha sorprendido una mirada oscura de uno de los emboscados y teme por su futuro cercano…- ¿ves el camino?, a lo que el mocetón responde -“siiii, a lo leeejos!!!, su eco se pierde en el valle a la vez que nuestras esperanzas se difuminan en un bosque de púas y pinchos.
Se toma la decisión de abandonar a Blas en su descenso y retornar hasta Arquillina, donde se veía la comarcal. 
Ahora hay que trepar los bancales que descendimos antes, con la bicicleta sobre las espaldas, volviendo sobre nuestros pasos, raspándonos de nuevo con estas condenadas zarzas que te desollan, que te enganchan, que te agarran….
De repente, a nuestra derecha, salen coceando de entre los espinos Gelu y Manu, perseguidos por un furioso enjambre de abejas, que se dan por contentas tras asestarles un par de aguijonazos a cada uno. El resto continuamos con el duro ascenso, será otra hora más hasta poder montar y despedirse del condenado monte…LA CUESTA se llamaba el funesto lugar.

Llevamos ya seis horas de ruta, desde Soto de Luiña, lugar de partida hace ya una eternidad.
Había diseñado el geólogo una excursión, suave, como todas las suyas, de unos cuarenta y pocos kilómetros con otros 1800 metros de desnivel. Poca ropa, como sueles decir con la boca torcida mientras empaquetas la mochila. 
Pero a las rutas de este taimado individuo hay que acudir con una buena reserva de geles y otros potenciadores energéticos, porque se sabe cuando empiezan pero no cuando finalizan.
La propuesta partía de la villa citada, en una mañana fresca y húmeda, y la definían tres lugares: Brañaseca, Lendepeña y Arquillina, sencillo ¿verdad?. La realidad es que a la primera no llegamos y a la segunda tampoco, que pegaban tiros, aunque, para compensar, por la tercera pasamos dos veces, una de ida y otra...de vuelta.
Pero allá partíamos, contentos y entretenidos, en dirección al monte Corollos: Se presentaban a la llamada los señores Blas, Lalo, Barquín, Arguelles, Manu, Gelu, Edu, el diplomado Tobit con su resplandeciente nueva montura, el dirigente Marín, y el colista que suscribe.
Ascendía suavemente la ruta por un frondoso pinar en el que Barquín, aburrido, decidía 
pinchar por primera vez. El camino, una vez alcanzada la altura deseada, serpenteaba por la ladera Este de la Sierra del Pumar, dejando atrás al Llan de Cubel y tras unos entretenidos subes y bajas, llegaba a Campo La Bordinga, en solo tres horas!!! (iban 18 kilómetros, creo…pa’ echarse a llorar).
En esta zona crecen los eólicos como setas en castañal; por suerte, estaban al ralentí, o sea que el viento era mínimo y se rodaba, por llano, con facilidad (arranca de allí una sierra, también erizada de ventiladores, denominada Sierra de los Vientos, o sea que soplar…sopla…). Y al fondo del valle, en Lendepeña, restallaban los voladores de la fiesta.
La amplia vereda serpentea por la cresta, acompañando a los cíclopes hasta el cruce de Cerizal y pocas reseñas hubo en la zona: algún que otro resbalón, uno que se echó a 
descansar en cama de matojos, una recua de percherones que hacia como que no nos veía y en la bajada hasta Cerizal, otra de asnos nos observaba con cierta desgana. 
Cerca del cruce, tuvimos que abrir un cierre potentemente electrificado, que hay que ver cómo se las gastan por allí, como sería que con solo dos toques recargué hasta la linterna que había dejado en casa!, todavía tengo los pelos del moño erizados.

Desde Cerizal se desciende con cierta alegría hacia Arquillina, una de las brañas del recorrido, triste lugar con un par de casuchas de pradería, en donde nos encontrábamos de nuevo, dos horas más tarde sedientos y agotados. Suerte que, ahora sí, la carretera secundaria estaba cerca y nos conduciría a Arcallana, villa en la que ya reposaba el bienhallado Blas, a salvo de espinos y hondonadas.

Es Arcallana aldea limpia y sencilla, pero sin bares ni chigres en qué tomar ni un triste café. Dadas las horas y la ruta que faltaba, hubo un corto debate sobre la posibilidad de acortar la misma por carretera, decisión que tomaron los cansados Gelu y Manu, que abandonaron la grupeta entre cacareos gallináceos y suelta de plumón, que no pluma.
El resto, hombre hechos y derechos como Dios manda, de los de pelo en pecho y algunos hasta en la espalda, tomamos el camino de Cabornín, una seca y áspera rampa de dos kilómetros (los medí metro a metro, centímetro a centimetro…) en los que faltaban piñones grandes y sobraban todos los pequeños, (Pau…vuelve!!!, o préstame el 42)).
Una vez arriba, en terrenos de falso llano, y variados recubrimientos, ora hierba, ora tierra, ¡hasta balastro de ferrocarril encontramos!, la ruta hollaba el camino de Santiago en dirección contraria y se cresteaba una parte de la Sierra de Troncedo, hasta casi su final a las alturas de Pandiello. 


Y había que descender, pues llegaba la noche.
Tras unos momentos de duda, con el camino atravesado de troncos en su parte inicial, dimos en proseguir, enviando al veloz Edu en vanguardia de las fuerzas (bueno fuerzas, fuerzas… pocas) de la tropa mejor dicho, y a este que escribe intentando no perderle de vista…en mala hora lo decidí: a unos metros del final, un tronco menudo pero muy mal encarado, nos hacia una fea maña a la bicicleta y a mi, de la que ando cojeando todavía. 

La trocha se perdía en la espesura y voceamos a un morador de la zona por la mejor bajada, indicando este que era mejor tirarse por la escollera del tren, cosa que
hicimos algunos pocos, los demás, aburridos ellos, fueron a pelearse con unas zarzas de la zona.
Estábamos ya en el valle, en Casa Paciencia, qué bonico nombre. 
A partir de aquí, y hasta Soto de Luiña la senda se convertía en un paseo fluvial bien húmedo, con sus puentes de madera recubiertos de sugerente pátina verdinesca que hacían, a todos, aflojar la marcha y a Edu echar culo a tierra.
Y rematábamos la excursión con las últimas luces, y unas buenas cervezas en un chigre (ahora sí), de la villa.

¿Y de los vaqueiros, que fue de ellos, visteis alguno?,
¿A quien?, ¿A ese grupo étnico y social, caracterizado, por su condición de trashumante, a “alzar“ su morada y pertenencias y trasladarlas a las brañas de arriba en verano o a las del valle en invierno, juntamente con sus ganados? ¿También conocidos por sus censos de población siempre indefinidos, y por su independencia frente al pago de impuestos y oficios religiosos? (eran otros tiempos, que no estaba Montoro in vigilando).
Pues mira tú por dónde, Jeremías, ¡si esta definición se ajusta casi como un guante a los Pelayos!: somos un grupo (algunos dirían una banda) que cada dos por tres cogemos nuestras ganaderías y nos desplazamos también a las brañas, que casi nunca sabemos quién se presenta a las excursiones, al que los sedentarios, aldeanos o no, miran con recelo, y que practicamos una cierta endogamia grupal, identificándonos entre nosotros por nuestros atuendos y monturas... ¿seremos Vaqueiros también?


COLOFÓN
Si no estás fuerte, como Hércules u Odín, sufrirás en las rutas del licenciado Marín,
pero si lo que quieres de verdad es disfrutar, ninguna ruta del fiero geólogo debes evitar.