viernes, 14 de octubre de 2016

EL ESPACIO-TIEMPO...ESE DESCONOCIDO


A uno, superviviente de aquella eficaz y tristemente desaparecida EGB, no se le daban mal las matemáticas, modestia aparte: toda aquella suerte de números, conjuntos,
subconjuntos, productos cartesianos y potencias de toda índole y péñole no suponían mayor problema para el que suscribe que echar unos cuantos garabatos sobre el papel, intentando que el resultado fuera racional, y sobre todo…acertado, ¡claro!, que en eso me iba el curso.
No en vano, esta ciencia formal se basa en el razonamiento lógico, ese que dicta la razón y la propia experiencia de cada uno, de tal forma que si, por ejemplo, le hemos quitado cuatro peras a Gelu, y una se la ha llevado Zarate, que anda a todas, otra Toni, y otra el propio Gelu, está claro que solo tenemos una que llevarnos a la boca, dura como una piedra, eso sí, pero pera al fin y al cabo!!...las peras que entran por las que salen, (aunque, en el caso de la mochila de Gelu, puede salir de todo…: peras, manzanas, nueces, castañas, higos...a poco que rebusquemos puede salirnos hasta el Iker Jimenez…con su programa completo…)

Solo el añorado físico Albert Einstein se atrevió a reformular el alcance de esta materia,
retorciendo los conceptos matemáticos y físicos, con su logrado Teorema de la Relatividad, ese que algún día nos permitirá viajar por los confines del universo plegando el espacio-tiempo (al igual que ya lo hace, con su motor de curvatura, la nave U.S.S. Enterprise, solo que en la imaginación de los guionistas) sin que nos muramos de aburrimiento y de viejos, claro.
Establecidos estos serios y razonUdos fundamentos, volvamos al quid de la cuestión, el que enfrenta la razón a la experiencia…:
¿Cómo diantres, demonios, carajo, se convierte una ruta de 45 kilómetros en una de día completo???, ¿ein?, y es más...
¿Cómo demonios, carajo, diantres, salen 1700 metros de desnivel, si incluso se acortó el recorrido, evitando el consabido sartenazo??, ¿es acaso que estamos ante un nuevo erudito, descubridor de alguna otra teoría Riemanniana o no, que deje en paños menores a la primigenia??
Pues va a ser que no, que el individuo en cuestión es geólogo y no se le conocen más habilidades que las  propias de su profesión…bueno y las de sus labores caseras, que ahí también está fino el condenado.
 Estamos, pues ante otro misterio que resolver, pero analicemos, ¡analicemos hermanos!, pues, la ecuación planteada al grupo de estudio:

“La ruta planificada para el sábado 8, por el occidente asturiano, parte de Barcia
(Valdés) a las 9:30 h. Es ruta de bocata y muyyy chula. Son 45 km y unos 1.700 m de desnivel positivo acumulado. La primera parte de la ruta es hacia el interior en dirección a La Espina. La segunda parte es costera (zona de cabo Busto)...”
 decía el manuscrito. 
Así visto, el problema propuesto atraía nuestro interés…y en el axioma caímos todos…los veteranos, los novatos y bisoños, los apresurados, los  despreocupados, un par de foráneos y los del furgón de cola, tan necesarios ellos para cerrar la ruta. Y así hasta 18 infelices acudimos a la llamada del líder oscuro.
Como bien comenzaba el enunciado, la ruta salía de Barcia, en plena rasa costera de Valdés y remontaba hacia la sierra de Concilleiros, de forma más bien tranquila, no porque fuéramos de parranda, si no porque las piernas no daban más de sí. 
Iba la comitiva comandada por el afanado investigador rodeado de sus estudiantes y adláteres más avanzados: Sres. Gaby, Barquín, el recuperado Antonio y Fredo, que vigilaban la integridad física del preceptor, seguidos a corta distancia por un grupo de insurgentes entre los que se contaban a Blas, Venta, Gelu, Zárate, Saul, Lalo, Benja, Pablo y Miguel entre otros y cerraban, a distancia de pedrada si tuvieran fuerzas para ello, los tranquilos Paulino y Mancha, disfrutando del paisaje. 
A mayores, subiendo y bajando de grupo en grupo, como si no le costara nada de esfuerzo, (nada más lejos de la realidad, por supuesto) encontrábamos cada dos por tres a Echevarría y su artilugio galvánico, por llamarlo de alguna forma.

Y de esta guisa, bien cocinados al suave sol que ya asomaba, llegábamos ¡dos! horas después a la aldea de Merás, conocida por sus alegres festejos (este año tocaba el trió Flamingo). 
Se encontraba la agrupación a unos estimables 10 kilómetros del punto de salida, lo que confería una asombrosa velocidad media de ¡¡5-6 km/h!!, ríete tú de los agujeros de gusano Einstein-Rosen y demás fruslerías. Esto si que es plegar el tiempo…dos veces!! Continuaba la ruta por un impresionante senderos sobre el arroyo Ferreras, donde, al inicio del mismo, Benjamín, con esa fuerza que le caracteriza, dejaba la cadena por el suelo. 

Hizo falta el tesón de Gelu y de Mancha para convencerle de que no se podía anudar de nuevo como si fuera un cordel, y de que tampoco se podía utilizar un eslabón de tamaño diferente a la cadena. Solventado el desacuerdo, y ante las quejas de los compañeros de vanguardia, aburridos ellos, el quinteto (también caían por allí Ángel y Fredo) arrancaba de nuevo.

 Y, tras salir del sombreado sendero, y rodear San Feliz, el plano espacio-tiempo se doblaba de nuevo, hundiéndonos en una curvatura paraboloide que bloqueaba nuestros sentidos y nuestros cuentakilometros, clavados de en un solo y temeroso dígito, ahora no sé si era un cuatro o un cinco…Ay.
Se ascendía en dirección a Brañaverniza…otra hora de ascenso, esta vez bajo un buen sol otoñal (…qué otoñal ni qué narices, sudábamos como jabalís acosados…) y llevábamos ya cuatro horas de ruta…unos 20 kilómetros recorridos.

A estas alturas del día, con los estómagos rugiendo como leones en celo, la senda pasaba cerca de Trevías, y el espabilado Blas, que huele los chigres a distancia, nos condujo hacia él primer mesón que encontró, desoyendo las amenazas de Marín, que nada pudo hacer ante la hambrienta estampida. Tras el inesperado motín, y una vez terminados los cafes, Marín, paladín de las senderos perdidos, recalculaba la ruta de nuevo, obligándonos a volver sobre nuestros pasos y cruzar por segunda vez el puente colgante del Esva y afrontar una repentina subida por Llendecastillo y Bahinas que nos conduciría hasta el Llano de Canero.


El cronómetro totalizaba ya seis horas de trayectoria, verificando oportunamente la teoría de Minkowski, aquella que dice que…pónganme voz atiplada y declamen:… “el tiempo y el espacio no son entidades separadas sino variables íntimamente ligadas en el espacio de cuatro dimensiones…” ahí le has dado Hermann (su nombre de pila)…era esa...la cuarta dimensión, la que nos estaba causando estragos…(el tiempo, lelos...)
Como sería el ambiente reinante que hasta el cambio trasero del cabecilla quiso abandonarle, teniendo que acudir toda la comitiva en pleno a convencerlo de lo contrario. (también quisimos convencer al Marín de recortar la ruta...pero no hubo forma…).
Con un retraso considerable sobre todas las teorías propuestas, se decidió atacar directamente al cabo Busto y luego retornar por su faro hacia Canero. 
Alternativa que realizamos todos mmmmenos algunos inadaptados…el electrógeno entre ellos, que atajarían hacia la atalaya, ahorrándose unos tristes hectómetros.
Reunidos de nuevo, descenderíamos hasta la regodonal playa de Cuevas, y de esta, en franca subida, por supuesto, que la ruta era de quien era, hacía los vehículos y el consiguiente cañón de cerveza.
Se demostraban entonces todas y cada una de las hipotesis de nuestros ilustres matemáticos, sobre todo una de el profesor Einstein…aquella que decía…”desde que los matemáticos han invadido mi teoría…ni yo mismo la entiendo…”
Pues eso, Pepe, nosotros tampoco entenderemos nunca cómo encuentras estos senderos tan impresionantes y empinados, pero te seguiremos siempre a pies juntillas…aún cuando nos retuerzas los concepto de tiempo y espacio, y nos obligues a llevar bocadillos a rutas de sólo 45 kilometros!!!.