jueves, 15 de agosto de 2019

REGODONES BEACH


Como cambian las cosas…y los tiempos…antes, cuando uno era joven y peinaba guedejas, un día de playa significaba una bicicross, un bocadillo de tortilla, una toalla y algo de dinero para la bebida, sin otra preocupación que la de no olvidarse del bañador…y en caso de madre cercana, de la crema para el sol, claro…que las zapatillas de antaño eran de suela dura.
Ahora, cálzate a la espalda un peazo  mochila de 15 kilos, equipada con lo último en hidratación, eso sí…, repleta de utensilios y aperos que apenas sabes utilizar, súbete a una bicicleta que se merendó a todas las bmx de la región…y pedalea…o inténtalo…en dirección a la playa…A no ser que el afamado y a veces vilipendiado jefe de ruta tenga otros planes, que los tenía, y otros números en la
cabeza…estos también…
¡La Concha de Artedo!, pregonaban las misivas, un playón de referencia en un entorno paradisiaco, rodeado de suaves colinas y vegetación ligera, con una sencilla excursión al Lin de Cubel,  picacho renombrado de la zona. Lo de sencilla se diluía en los primeros metros, en los primeros 4000, para ser exactos. Las rampas para llegar a ese guarismo superaban los límites de la imaginación…por lo menos los de la mía…Pero qué necesidad???...12, 15, 18%!!!...pero esto qué es???...y la playa???...PEPEEEEE!!!
Configuraban el grupo de frustrados bañistas, el ya nombrado Barcaiztegui, el siempre dispuesto Marino, las muy capaces Yoli y Vanesa, el SuperCharged Blas, Benja, como representante de la feliz clase desocupada, el trasnochador Joakin y a cola de pelotón, buscando la arena, este que suscribe.

Las buenas gentes de la zona habían pavimentado toda la subida de hormigón del bueno, menos mal, y de esa guisa, pasábamos bajo los viaductos de la autopista, para seguir ascendiendo y ascendiendo y ascendiendo…hasta la ermita de Santa Ana…donde reposamos un poco del esfuerzo.
A estas alturas…la playa no se veía por ningún lado, el sol apretaba de lo lindo, la tortilla se la habían comido los buitres y alguno pensaba en inmolarse debajo de un castaño.
Pero el líder tenía otros planes…más lejanos; el camino serpenteaba arriba y abajo y cruzábamos las aldeas de Villafria y Godina, donde aprovechábamos para reagruparnos…bueno, ellos ya iban agrupados, solo faltaba el de cola.

Y girábamos hacia el Norte, por fin, hacia las aguas turquesas y calmadas que habíamos dejado a nuestra espalda. El camino se convertía en un falso llano, bueno, más que falso…taimado y mentiroso:  La Tabla nos despedía con un tramo del 25%, para hacer pierna…(Yo ya no tenía ni pierna, ni ganas…había perdido La vergüenza…la esperanza… el caldero, el rastrillo…).Después de la agónica rampa, que pocos doblegaron, la cabeza del pelotón, oliendo, quizás, los aromas marinos de la lejana costa, emprendieron la huida por un camino en ascenso. Y para allá se fueron  Yoli, Vane, Marino y un desorientado Benjamín.¡Craso error! Nunca hay que perder de vista al líder!!! 
Como se puede suponer, tuvieron que retornar a la grupeta. Y llegábamos por fin a LLan de Cubel,
punto álgido de la ruta. Iban las cosas un poco apretadas, que la costilla de Marín había reservado mesa en un restaurante cercano, y los minutos contaban.
Desde la lometa arrancaba El Descenso, así, con mayúsculas; al inicio tranquilo y luego pedregoso y complicado, con roderas, ramas, palos y demás habituales de la zona. A la mitad del mismo este prenda desllantaba la trasera, y una vez reparada asistía a Vane, también sin rueda y a Benjamín, cuya bomba había saltado en tres piezas ante la impulsividad del jubilado. El resto de la cuadrilla esperaban nerviosos en el siguiente cruce, que la comida se acercaba. Una vez reunidos, el grupo se escindía, Pepe y Blas giraban a la fonda a refrescarse y el resto corrían como gamos cojos a pisar la arena???...qué arena???…no no había arena…había regodones!!!...cantos rodados de tamaño industrial, que complicaron un poco el baño vamos que tuvimos que entrar a gatas y salir de la misma manera… 
Por lo menos el agua se encontraba a una temperatura apropiada.
Solo quedaba acicalarse lo imprescindible para no sobresaltar al resto de comensales  y recogerse con el resto de cuadrilla para disfrutar de una buena comida.
Y si vais por alli, y os atiende una camarera robusta y seria, no digáis que vais de parte de Marino...mejor que no...


AVISOS: abstenerse de adelantar a Vanesa por la izquierda...mejor por la derecha...y rapidillo...


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