miércoles, 10 de junio de 2009

GIJÓN - COVADONGA 2009


Con una mañana fresquita pero con indicios de tornarse en calurosa, nos reunimos unos 50 efectivos entre Pelayos, Asturcones, amigotes incautos y algún que otro despistado, en las afueras del Molinón para comenzar la peregrinación a Covadonga de este año 2009.

Para algunos, entre los que me encuentro, era la primera vez que acometía la ruta, y dada la longitud de la misma, no las tenía todas conmigo. Los primeros kilómetros, por conocidos, se hicieron cómodamente, senda de Deva, trialera del camping, Peón y aquí, con Lorenzo ya apretando (no es un ciclista), afrontamos la subida al Alto de la Cruz. En esta zona ya se iniciaron las primeras escaramuzas, y cada uno subía por donde, o mejor como podía. Una vez arriba, tocaba reagrupamiento, el primero de la jornada, y a seguir ruta. Bueno, excepto el teniente de intendencia Sr. Josechu, el cual le tocaba guardia en el cuartel...

Por aquí ya me pierdo, que he dicho que era la primera vez, asín que fuimos enlazando pista, otra pista... Niévares, Breceña, Sietes, y cuando ya las cantimploras pedían auxilio ante nuestros inútiles apretones, dimos con nuestros famélicos huesos en Anayo... ¿Qué decir de este lugar? bocadillos de carne guisada, de tortilla, cervezas, helados, cafeses,... Aaaaaahhhh, que placer, ...ssssshhhh...la boca se me hace agua ... bueno, sigo que no llego.


Desde Anayo tiramos pa´bajo en dirección a Borines, luego creo que pasamos por Miyares, y por esta zona fue donde Fran nos enseño como se suben las cuestas con una par de... alforjas en la montura... para la próxima, yo voy en alforja... bueno, pues ascendimos una cuesta que costaba subirla... ANDANDO... creo que era el Bustal, ya me corregís vosotros. Sufriendo... sufriendo, llegamos a Llames de Parres. Una vez nos solazamos en la plaza del pueblo, refrescándonos los secos gaznates, dímonos cuenta de la ausencia de los alféreces Don Luis de Pardo y Don Pablo Trapote, los cuales, supimos más tarde, luego de sufrir en sus propias carnes la dureza y complejidad del camino (se perdieron) tuvieron más que palabras con sus monturas (pincharon), y a la sazón, todavía estaban en esas cuando los comitres decidieron enviar tropas de refuerzo para ayudar en sus cuentas. En la espera, se decidió que una avanzada de las fuerzas retomara camino hacia destino pues ya se nos hacía algo tarde, y el sol era de justicia (32 ºC que decía Nacho). Quedámonos solos pues, una humilde representación del tercio de los Pelayos, que una vez reunidos con la retaguardia, iniciamos camino hacia Cangas de Onís. Cabe destacar aquí la heroica acción del miliciano Héctor, el cual exploró los alrededores en busca de enemigos... (otro que se perdió).


Bueno, pues todos reunidos ya, dimos brío a nuestras monturas y, en poco tiempo, asediábamos las Cangas de Onís... Contranquil, El Llerau, Pozo los Lobos, Celorio, pasaban veloces bajo nuestras ruedas, sin que notáramos el cansancio acumulado por la larga jornada, pues la victoria estaba cerca y según dicen da alas. A la altura de Soto de Cangas, el alférez Don Pablo, que a la sazón y después del pleito con su montura en Llames, habíase quedado algo perjudicado, decidió reponer el aire que iba perdiendo por el camino (he dicho aire, no aceite...), con lo que nos quedamos Juan Blas y un servidor para ayudar en la tarea. El principio del fin... al intentar hinchar, la bomba se lleva un trozo de la válvula con ella, la muy pécora, sustituida la cámara por otra, ésta otra valía de colador, los parches no pegaban... bufffff... en éstas estábamos, sudorosos y requebrantados, cuando quiso el destino que los oficiales de enlace Sres. Pardo y Don Vicente, extrañados por nuestra tardanza, acudieran en nuestro auxilio, y con su ayuda pudiéramos seguir cabalgada. Los cinco compañeros acometimos las interminables rectas de Isongu, La Riera, Llerices, con la intención no solo de recuperar el tiempo perdido, sino de llegar sanos y salvos al lugar de reunión con el resto de las tropas, sito en las afueras de Cangas. La suerte y no otra, quiso que cruzáramos en el camino con los infantes Doña Viviana y Don Fernando, que descendían ya de su particular batalla maratoniana, sedientos y desherrados, pero con la victoria traslúcida en su mirada.

Unas leguas más adelante, también nos cruzamos con el resto de la soldadesca, ya agotados por el esfuerzo y que mas que bajar, se dejaban caer hacia el campamento. Cruzados los saludos de rigor, apretamos los dientes y las piernas sobre nuestras monturas y en un postrer esfuerzo, remontamos las duras rampas finales para, finalmente presentar nuestro respetos al rey Pelayo.

Solo nos quedaba, para finiquitar la victoria, descender de aquellas alturas lo mas raudos y veloces posibles, lo que así hicimos, y en un abrir y cerrar de ojos, nos hallamos en la Villa de Cangas. Luego de dejar a nuestras compañeras ajaezadas y provistas en las cuadras asturconas, vímonos en la obligación de asearnos nos mismos y de sustituir nuestros pertrechos y hierros de guerra por vestimentas más acordes (rehuso destacar a vuesas mercedes los lances que se dieron en el lugar de aseo, donde infantería y caballería disputabanse los pocos sitios donde dejar sus ropas y enzarzabanse en jabonadas poco decorosas).

Una vez puestos los jubones limpios, encaminamos nuestro pasos hacia la fonda donde reponer las fuerzas perdidas, aunque a decir verdad, poco repusimos... en fin, lo que contaba era reunirse de nuevo con el resto de las tropas y comentar los acaecieres de la jornada. Es justo mencionar que el ilustre brigada Don Rubén, artífice del ataque, fue vitoreado por la milicia, agradeciéndole así su dedicación a la jornada, y además, obsequionos con unas camisetillas.

Y descansados y repuestos, unos al bus y otros al coche, de vuelta para casita, las agujetas para el día siguiente, y con ganas de repetir para el año que viene, por supuesto!!!...




Letra y música: Don Arturo de la Mancha

martes, 2 de junio de 2009

LOS 10.000 DEL Soplao (3ª Edición)

23-05-09 (Tercera y ultima parte)

Continuamos por unas pistas que atravesaban bosques con gran abundancia de vegetación y que daban un toque selvático al camino, que como siempre comenzaba a elevarse poco a poco.
Enseguida comienzan las rampas que aunque eran de poca inclinación, eran constantes y se te hacia muy largo llegar a Fuentes. Después de unos cuantos km el camino va dejando atrás la zona boscosa y dejando paso a un magnifico valle que nos permitía ver prácticamente toda la subida que nos faltaba por recorrer.

Yo continuaba sufriendo a rueda de Manu y en estos tramos se nos junto Fermín (de los Repechinos) que por momentos se animaba a seguir a su ritmo, pero que nos acompaño unos cuantos km dándonos conversación y entretenimiento para no dejar a la cabeza pensar solo en lo que nos quedaba por subir (o por sufrir).
Al final Fermín continúo su propio ritmo y nos dejo llegar solos al alto de Cruz de Fuentes.
En las ultimas rampas nos acompañaron varios buitres que planeando majestuosamente se adentraron en los valles. Una vez arriba paramos brevemente en el avituallamiento ( km 108) para rellenar las reservas liquidas, comer algo y abrigarse. A partir de este avituallamiento ya empecé a encontrarme mejor y la bajada hasta la carretera que corona el puerto de Palombera, la hicimos a gran velocidad arriesgando y disfrutando en cada curva.
Fuimos adelantando a varios participantes, entre ellos a Emma (del Asturcon) que nos mando un saludo y con la que coincidiríamos varias veces antes de terminar la prueba.
Una vez llegamos al cruce con la carretera, toca subir de nuevo, pero son solo unos pocos km hasta coronar el puerto y lanzarnos de nuevo vertiginosamente por el asfalto en búsqueda del siguiente avituallamiento. En este tramo de asfalto y con curvas entrelazadas de izquierda a derecha, volvimos a darlo todo y bajamos adelantando de nuevo a unos cuantos participantes. Manu como casi siempre se me escapa un poco en la bajada.
Al poco dejamos el asfalto y nos desviamos a la izquierda por un camino que nos lleva directamente al avituallamiento de Palombera (km 113). Pasamos por delante y no nos detenemos continuando hacia Venta Vieja. En este punto del recorrido, se nos esfumo el temor de años anteriores, ya que no había barro y la pista era totalmente ciclable, eso si habían pasado con un vehiculo de oruga y el culo fue sufriendo continuamente el relieve de la pista. Aun a si, se pudo subir a buen ritmo hasta llegar al siguiente avituallamiento en el km 120. Por este también pasamos sin detenernos, recibiendo los ánimos y felicitaciones de los colaboradores de la prueba, ya que a partir de aquí y hasta el siguiente avituallamiento (km 129), era todo bajada.
La bajada la hicimos como todas las anteriores y Manu se lanzo rápidamente a la caza de los que teníamos delante y que según íbamos tomando las curvas veíamos cada vez mas cerca. Algún que otro susto si que tuvimos en alguna curva con mucha piedra suelta, pero en ese momento de concentración solo piensas en ir robando metros a los que tienes delante. Poco a poco fuimos adelantando a uno pocos participantes y llegando a una zona de “eses” que daban entrada al pueblo de los Tojos, donde los habitantes y familiares animaban y aplaudían agradeciendo el esfuerzo y las ganas de pedalear que todavía teníamos.
Después del pueblo, la pista se convierte en asfalto, pero el trazado sigue siendo con curvas y contra curvas perdiendo altura rápidamente y dando lugar a que “juguemos” a hacernos adelantamientos interiores como si del propio Valentino se tratase. En este tramo no acompaño otro participante, pero cuando nos vio arriesgar tanto en las curvas se separo ligeramente de nosotros.
Por fin llegamos al penúltimo avituallamiento situado en Arroyo Juzmeana (km 133), SOLO nos queda subir El Moral (unos 9 km) y el resto prácticamente todo bajada hasta Cabezón.
En este avituallamiento si paramos, reponiendo los líquidos y comiendo algún pastelillo y barritas, además de comprobar la mecánica de las burricletas, que hasta el momento no nos han dado muchos problemas y con un poquito de aceite se han conformado. Coincidimos de nuevo con Emma que no se detuvo y siguió de frente hacia El Moral.
Controlamos el tiempo que llevábamos (unas 10 horas y cuarto mas o menos) para ver si podíamos bajar de las doce horas el tiempo total de la prueba. Lo teníamos un poco complicado, pero por intentarlo que no quede.
Fuimos poco a poco adentrándonos en el desfiladero que conforma el río y que nos va dando paso al valle que tendremos que salvar para llegar al Alto del Moral. Algunas pequeñas nubes daban paso a los rayos solares que ya nos empezaban a calentar y que no nos abandonarían en toda la subida.
Este terreno ya es conocido, ya que lo hicimos anteriormente de bajada, pero ahora teníamos más tiempo para disfrutar de las vistas que nos ofrecía, y con la iluminación del sol parecía totalmente distinto a cuando habíamos bajado. En la subida pudimos apreciar tramos preciosos del río con cascadas y abundante vegetación, en los que apetecía parar y refrescarse.
En la subida fuimos acompañando a un chaval de la zona al que íbamos animando con nuestra conversación y bromas, pero al final el ritmo nuestro era un poco superior y se descolgó a mitad de subida. En los últimos km apretamos un poco más el ritmo y por fin llegamos a la cima, donde estaba el último avituallamiento (km 142). Nos abrigamos, bebimos y seguidamente nos lanzamos de nuevo a por la bajada que en esta ocasión estaba cubierta totalmente por una niebla bastante espesa que estaba entrando por el norte y que prácticamente cubría toda la cima.
En la bajada más de lo mismo, pero en esta ocasión con algo más de prudencia, ya que teníamos el peligro de que es zona de pastos y el ganado se podría atravesar en el camino. Esta vez fui yo delante, pasando continuamente a participantes que bajaban más despacio y con mas seguridad que nosotros, adelantamos de nuevo a Emma a al que ya no volveríamos a ver. Y pasamos rápidamente por el área recreativa donde cominos al mediodía, después otro tramo de carretera y por fin los últimos 4 o 5 km. Seguimos dando fuertemente a los pedales y nos relevábamos para poder ir recuperando, pero las fuerzas ya prácticamente eran nulas, y los últimos cartuchos los agotamos en la bajada, aun así seguimos pedaleando con el plato grande y conseguimos que no nos adelantara nadie hasta la meta excepto un participante que nos paso cuando paramos para quitarnos la chaqueta y dejar al descubierto el maillot del Pelayo.
Y así, con muchas ganas de acabar entramos por fin en Cabezón y pasamos bajo el cartel de meta donde nos recibía una multitud que aplaudían y festejaban la hazaña que acabábamos de realizar.
En ese momento se te vienen una cantidad de sensaciones que son difíciles de explicar, pero para mi este ha sido el mejor Soplao de los dos que voy disfrutando, aunque a mitad de la prueba lo veía todo muy oscuro, al final conseguimos acabar con un tiempo de 12 horas y 22 minutos, que no esta nada mal.

Ahora a esperar para el próximo año.

Chao.

viernes, 29 de mayo de 2009

LOS 10.000 DEL Soplao (3ª Edición)

23-05-09 (Segunda parte)

No hubo mucho descanso en el asfalto, ya que rodábamos rápido y yo ya empecé a notar que no iba muy fino. Manu tiraba delante y yo apenas podía seguirle a unos metros. Esto se repetiría prácticamente hasta el puerto de Palombera en el km 113, donde me empecé a encontrar mejor y volví a disfrutar al 100 % de la prueba.
En esta ocasión el paso del rió en Carmona no tenia tanto caudal como el año pasado y por suerte no tuvimos que mojar ni los pies, eso si impresionaba ver que el fondo esta completamente cubierto de cantos rodados de buen tamaño, así que para las próximas veces habrá que ir con mucho cuidado.
Una vez pasado Carmona, dejamos la carretera en una curva para coger un camino que sale a la izquierda y que en fuertes pendientes en zig-zag, alguna con hormigón rallado, nos van llevando a la parte alta del valle donde la pista se hace mas tendida y te permite rodar mas tranquilo, además de observar el maravilloso valle que acabamos de atravesar.
Justo cuando nos faltaban uno 200 m para llegar a la cima (Km 52), una pareja se ofrecía a engrasarte la bici, darte agua, pan y jamón serrano, y es que el espíritu del Soplao se nota en cada uno de los espectadores que presenciaban la prueba. Esta subida la llevamos bastante bien, quitando algún problema de cadena que solucionamos con un poco de aceite.
A continuación volvimos a disfrutar de una de las bajadas más bellas del recorrido. Se trata de una pista ancha con grava suelta que nos permite bajar a gran velocidad sorteando al resto de participantes y admirando en cada curva la belleza del bosque que nos rodeaba. Como en casi todas las bajadas, Manu se me escapo y no fui quien a pillarlo, ¡¡como baja el tío!! Una vez abajo la pista se hace mas tranquila y va sorteando tramos del rió en sucesivos puentes que pasamos a gran velocidad dando botes con nuestras burricletas. Y así, poco a poco y disfrutando de la senda tranquilamente que discurre en ocasiones bajo túneles naturales formados por distintos tipos de árboles, nos fuimos acercando a Ruente para posteriormente llegar a Ucieda, donde volvemos a enlazar con una carretera comarcal que nos llevara hasta el Área recreativa de Casa del Monte (km 66), donde degustaremos nuestro avituallamiento principal de la prueba. El área se encuentra totalmente rodeada de bosque y con bastantes zonas sombrías donde comimos algo de pasta que llevaba yo, y bocatas de chorizo que daba la organización, así como frutas variadas y pastelillos.
En esta parada se notaba la abundante participación en la prueba, pero en ningún momento se noto agobio ni escasez de alimentos ni de bebidas.
Después de esta parada, comienza la subida a uno de los puertos de la prueba mas largo y desMORALizante que además se pasa por él dos veces.
Se trata de los 12 km de subida al Alto del Moral que tal amablemente nos indicaban con un cartel a la salida del área.
Los primeros km se hacen por un camino serpenteando entre bosques y praderas, para posteriormente irse elevando poco a poco y dejando al descubierto la belleza de los valles que atravesamos.
La subida es larga, muy larga, ya que a medida que vas avanzando vas viendo por delante las curvas y contra curvas que la pista va haciendo buscando siempre la silueta de los montes que vamos atravesando. En un momento dado, llegando a un pequeño alto donde el camino gira bruscamente hacia la izquierda, parece que el final esta cerca, pero nada mas pasar el peralte de dicha curva, vemos que solo se trata de un pequeño respiro, y que todavía nos queda un buen trecho para llegar arriba del todo donde se encuentra el avituallamiento y el control donde te tican el dorsal de la bici.
Pero antes de llegar a dicho control, todavía tendríamos otra grata sorpresa protagonizada por un espectador que en mitad del ultimo repecho de subida gritaba a pleno pulmón y hacia sonar un gran cencerro para darnos ánimos a terminar esta larga subida. El hombre no cansaba de dar ánimos a cada uno de los participantes que pasaba y prometía seguir allí para la vuelta, ya que el recorrido volvía a pasar por ese sitio de vuelta ya para Cabezón.
Una vez en el control (km 78), paramos lo justo para el ticaje y abrigarnos para la bajada, allí ya nos avisaron que tuviéramos cuidado que ya estaban subiendo de vuelta los primeros. Me parecía alucínate que unos vayamos por la mitad y otros ya estén de vuelta. Serian las 14:45 más o menos cuando comenzamos la bajada.
La bajada es de pista ancha y curvas abiertas con buena visibilidad por lo que te permite arriesgar en las trazadas. Cuando íbamos a media bajada ya nos cruzamos con el primer participante que iba subiendo a buen ritmo, pero cual fue nuestra sorpresa cuando al poco nos fuimos cruzando con más participantes que perseguían al primero con bastante fuerza en la subida.
Nosotros continuamos bajando a gran velocidad y no pensamos mas en esos “superhombres”, así que nos fuimos acercando al avituallamiento de Arrollo Juzmeana (km 86).
El la parte mas baja de la pista si hay alguna curva cerrada y con poca visibilidad donde tenias que controlar un poco la trazada además teníamos cada poco puentes que te iban llevando de una margen del rió a la otra.
Apenas fuimos controlando el paisaje, pero como la vuelta al haríamos mas tranquilamente, ya tendríamos tiempo de admirar las vistas que nos ofrecía la subida.
Una vez en el avituallamiento, todavía con la sonrisa en el rostro por la estupenda bajada que nos acabábamos de hacer, comimos y bebimos algo, y revisamos el mantenimiento de la bici, algo de aceite y algún pastelillo para nosotros.
A continuación continuamos otra vez por carretera hasta Barcena Mayor.
Yo seguía algo tocado y casi siempre iba a rueda de Manu, menos mal que uno tiene buenos compañeros de fatiga, que lo arropan y dan ánimos para seguir.
Pasamos Barcena y al poco nos encontramos con otro avituallamiento, el de Área Recreativa Llano Castrillo (km 93). En este apenas paramos, pero si lo suficiente para tomar un chupito de crema de orujo, algo de fruta y una pequeña revisión al cambio de la bici de Manu.
Al salir del área ya vimos un cartel que nos prometía 15 km de subida hasta La Cruz de Fuentes, y después el puerto Palombera, Venta Vieja,…… Bufff… todavía nos queda…..

Continuara..........

miércoles, 27 de mayo de 2009

LOS 10.000 DEL Soplao (3ª Edición)

23-05-09 (Primera parte)

Parece que no escarmentamos, ni los de la 1ª Edición ni los de la 2ª, ya que de nuevo nos volvimos a ver las caras en el Infierno del Norte como dan a conocer a esta prueba que se esta convirtiendo en un ejemplo a seguir por lo bien organizada, por el animo y apoyo de la gente de los pueblos por donde discurre la prueba, y por un montón de anécdotas que os intentare reflejar mas adelante.
En esta edición no hubo tantos Pelayos como en la anterior (una lastima), y los que fuimos lo hicimos sin organizar nada en grupo, pero nos fuimos encontrando por Cabezón y durante el desarrollo de la prueba. Para esta ocasión, me alié con Manu (Brianso), así que la aventura y la diversión estaban más que aseguradas con el “Capitán Riesgo”, apodo que se gano Manu en sus ultimas vacaciones en Lanzarote.
Partimos de Gijón el viernes a última hora de la tarde en el “Galeón” del “Capitán Riesgo” y llegábamos a Cabezón de la Sal sobre las 21:00, después de hacer una foto a un “cartel” muy representativo de la prueba que estaba en la glorieta de entrada al pueblo, nos fuimos directamente a por el dorsal y el chip para la bici a la carpa que estaba donde el año pasado.
Justo al llegar a la carpa nos encontramos con algunos Pelayos, allí estaban Rober, Mª Jose, Arsenio y Manu (Pedal). Cogimos los dorsales y nos fuimos a tomar unas cervezas con ellos para charlar un poco de los ánimos, la Bimbache y demás comentarios relacionados con la bici y la prueba que íbamos a disfrutar al día siguiente.
Nos despedimos pronto, ya que teníamos que buscar el pueblo donde nos íbamos a alojar y que estaba a unos 6 km de Cabezón.
El pueblo se llama Casar de Periedo y el establecimiento Posada Vallejo, un buen sitio donde pasar un par de noche agradables y con un trato muy familiar. Os dejo el enlace http://www.posadavallejo.com/default.htm
Una vez dimos con la posada, nos quedaba todavía cenar y ya se nos estaba echando la hora encima, pues eran mas o menos las 11 de la noche, así que nos fuimos directamente a La Caseria, un restaurante que hay prácticamente en frente del cruce de entrada a la posada.
Cenamos rápidamente una buena ensalada de la casa y unos macarrones con su tomate y algo de chorizo que estaban muy ricos. Después un paseo hasta la posada y a dormir rápidamente para estar preparado al día siguiente.
Después de algunas risas, nos quedamos profundamente dormidos, hasta que a las 4:30 de la mañana me despertó un enorme trueno seguido al poco de relámpagos y más truenos que ya me hacían imaginar lo que nos esperaba al amanecer. Siguió lloviendo prácticamente hasta el amanecer, y sobre las 6:30 más o menos nos fuimos levantando para bajar a desayunar. En el comedor ya había más participantes que como nosotros dieron rápidamente cuenta del desayuno con la mirada puesta en el cielo para ver si nos mojaríamos o no.
Al salir de la posada vimos que ya no llovía, aunque el cielo seguía cubierto y amenazador.
Nos desplazamos a Cabezón y una vez allí fuimos preparando nuestras monturas, algo de aceite, presiones, dorsales, chip, chubasqueros, ropa de abrigo, barritas, gel, agua, cascos, etc…, un ritual que miraras donde miraras lo veías repetido en el resto de participantes de la prueba.
Seguidamente nos fuimos para la calle donde se encuentra la salida de la prueba, cuando llegamos nos encontramos prácticamente al final de una larga y multicolor marejada de beteteros situada en el centro de la calle y todas las aceras repletas de gente del pueblo, familiares y amigos para dar ánimos a nuestro particular reto.
Al poco saludamos a Juanin, a Carlos y Jorge (de Trasgo BTT) y algún otro de los que no recuerdo el nombre.
Pasaron los últimos minutos de nervios y enseguida oímos y vimos el humo de la traca que daba paso a la salida de la prueba o a la entrada del infierno del norte.
Durante unos minutos circulamos por las calles de Cabezón, donde los lugareños y familiares, a ambos lados de la calle, nos aplaudían y nos daban ánimos para conseguir acabar esta “locura”.
En esos momentos solo piensas en no tropezar con nadie y que te vayas al suelo en mitad de mas de mil participantes.
Después de unos pocos km de asfalto nos desviamos a la derecha para empezar a sufrir los primeros tramos de barro, que aunque no había mucho, estaba muy diluido por las lluvias recientes y apenas podías ver por las salpicaduras de unos, otros y de tus propias ruedas.
Manu y yo fuimos ganando posiciones y comenzamos los tramos de bajada a buen ritmo, aunque como dije antes apenas podíamos mantener lo ojos abiertos, y para mas fastidio comenzaba a llover débilmente.
Llegamos al primer avituallamiento en el pueblo de Caviedes (Km 20), y decidimos no parar, continuando hasta el siguiente que estaba en las Cuevas del Soplao.
Después de pasar Caviedes comienza un pequeño tramo de asfalto que nos acerca en rápidas bajadas y curvas enlazadas al pueblo de Roiz y a la “temible” subida de La Cocina, una interminable pista con gran pendiente adornada con barro, piedras, losas y eucaliptos a ambos lados, además de una multitud de espectadores que no dejaban de darte ánimos para conseguir llegar arriba y que sabían que allí iban a tener espectáculo.
Entre la cantidad de participantes, la mayoría a pie empujando las burricletas, y el estado de al pista, apenas se podía mantener el equilibrio, pero en esta subida yo tire como un “campeón” y no puse el pie al suelo.
Al final el esfuerzo y la insensatez de no tomármelo con más calma me pasarían factura, pero es que a veces a uno se le calientan los motores y no hay quien lo baje de la burricleta.
Manu (más inteligente) subía a un ritmo mas tranquilo, por lo que tuve que esperarlo brevemente arriba.
A continuación seguía la subida pero por una pista con mejor piso que ya nos dejo prácticamente en la parte alta de acceso a las instalaciones que hay en La Cueva del Soplao donde se encontraba el segundo avituallamiento (Km 34).
En este paramos brevemente a comer un par de plátanos y rellenar nuestras reservas de líquidos.


A continuación venia una de las bajadas mas espectaculares del recorrido, ya que se trata de una pista ancha con el piso bastante irregular y llena de un barro especial de color marrón oscuro que te permitía lanzarte a bastante velocidad para ir trazando las curvas que en algunas ocasiones se enlazaban de izquierda a derecha y viceversa. En algunas curvas los regatos del agua y la acumulación de piedras te hacían poner todas las neuronas en alertas para no irte al suelo. En esta zona Manu iba por delante adelantando continuamente a participantes que bajaban con cierto temor.
Al final de la bajada esta el pueblo de Celis y las últimas rampas y curvas de entrada al pueblo son de hormigón rallado, así que tuvimos que ponernos en alerta para no irnos al suelo ya que estaba bastante resbaladizo.


Ya en el pueblo la gente se ofrecía a lavarte la bici con mangueras y seguidamente a la salida del pueblo estaban las asistencias para el engrase y retoques por si algo fallaba o se desajustaba en la bajada. Es de agradecer que las gentes de esos pueblos se vuelquen con la prueba y compartan con nosotros todas las experiencias que vivimos en esos momentos.
Después de Celis nos toca otro tramo de carretera que pasando por La Cotera, Puentenansa y Carmona nos va acercando a la siguiente subida, el Monte Aa.

Continuara ...........

martes, 21 de abril de 2009

SEXTA ETAPA. ARCA DO PINO A SANTIAGO.

09-04-09

El día amanece cubierto como ya es habitual desde que entramos en Galicia, desayunamos en la misma pensión y después de organizar el equipaje y poner a punto las bicis como el resto de días, comenzamos nuestro breve paseo hasta Santiago.

En esta etapa la cantidad de peregrinos que nos fuimos encontrando ya era más importante, ya que desde Arzúa se juntan el Camino del Norte con el Frances y además en Arca do pino es donde hacen la ultima parada la mayoría de los peregrinos de a pie para afrontar los últimos km hasta Santiago.
Fuimos saludando a la mayoría con el ya típico “Buen Camino” y así poco a poco llegamos al Monte do Gozo donde nos empezó a llover fuertemente y nos vimos obligados a atecharnos un poco bajo un alero.
Solo nos quedaban unos 5 km para llegar a Santiago, pero la llegada tan esperada se convirtió en un momento un poco triste influenciado por la lluvia que caía constantemente y por que ya nos quedaban muy pocas horas de pedaleo y libertad sobre la bici, y los pensamientos ya se nos iban hacia la etapa de vuelta y las jornadas cotidianas en Gijón.



Después de callejear brevemente siguiendo las señales del camino (en este caso las flechas amarillas se cambian por conchas incrustadas en las aceras), llegamos a la plaza del Obradoiro continuamente acompañados por la lluvia, donde sacamos una fotos y rápidamente vamos en busca del albergue. El albergue de la ciudad es privado y cuesta 10 euros, frente a los 3 que cuesta el municipal que se encuentra en el Monte do Gozo.

Narciso y Laura deciden quedarse en el de la ciudad y Alex (un poco a regañadientes) y yo nos fuimos al municipal, ya que por el precio del privado, comimos y dormimos ese día.
Ya en el albergue, fuimos atendidos muy amablemente por Manolo que nos sello la credencial y nos mostró la habitación donde íbamos a descansar esa noche. El albergue esta muy bien, y se compone de edificios largos de una sola planta que tienen duchas, aseos, comedor y cocina compartidas.
En la misma habitación coincidimos con los mallorquines que habíamos conocido en Villafranca del Bierzo y a los que vimos también en Portomarin. Ellos hacían el camino desde Roncesvalles en bici y que llevaban unos 10 días de pedaleo.

La verdad es que mereció la pena subir los casi 5 km desde Santiago hasta Monte do Gozo aunque hayan sido bajo la lluvia.
Una vez nos duchamos, fuimos a comer a un restaurante que nos recomendó Manolo donde cocinaban muy casero y a un precio justo.
Después ya en el albergue nos echamos una breve siesta y después bajamos en autobús hasta el centro de Santiago para poder sellar la credencial para conseguir la Compostela y también para despedirnos de Narciso y Laura.
Con ellos dimos una vuelta por la zona de vinos de Santiago conocida como el Paris-Dakar, tomamos algo, compramos una tarta de Santiago para Tamara y una camiseta de recuerdo para Alex y nos despedimos con algo de pena, deseándonos un buen viaje de vuelta.
Lo de conseguir la Compostela tuvo su historia, ya que la chica de la Oficina del Peregrino lo primero que me digo es que la credencial que llevábamos no era la original (me las vendieron en el albergue de Aviles como originales) y lo segundo que teníamos pocos sellos para haber ido en bici, a lo que yo le conteste lo que me dijeron en el albergue municipal de León, que con sellar donde dormíamos era suficiente. Al parecer párale próximo año se van a poner más serios con estos temas y será obligatorio llevar la credencial oficial y sellar dos veces por día.

Nosotros teníamos el Alsa a las 8:30 de día siguiente, así que nos fuimos de vuelta al albergue en autobús, que por cierto no te lleva directamente al albergue, sino que desde la parada tienes que caminar unos 10 minutos (que también fueron bajo lluvia).
Una vez en el albergue conversamos brevemente con los mallorquines para luego despedirnos y desearles “Buen Camino”, ya que ellos continuarían hasta Finisterre, cosa que yo me había planteado, pero en vistas del retraso en la etapa de O´Cebreiro y del mal tiempo que teníamos en Santiago, descarte enseguida.
En esta etapa hariamos unos 25 km y en total el cuanta me marcaba 352, aunque se me estaba quedando sin pilas y puede haber fallado un poco.
Pues hasta aqui mi primera aventura larga, que espero no sea la ultima, solo me queda contaros la vuelta a casa en Alsa, que lo dejo para lo ultimo.
Chao.