Siempre que este literato se encuentra ante la duda de
encabezar la crónica anual, en base a nuestros acontecimientos deportivos o
sociales mas destacables, claro, (no nos vayamos a los políticos que de esos
este año vamos a estar mas que servidos), busca el evento más atractivo o
vistoso, que al final se trata de eso: de llamar textualmente la atención del
lector cansino y saturado de dulces navideños.

Pero si hemos de recordar algo realmente inusitado e
inesperado de este año que nos abandona, lo tengo claro:
La drástica reducción
de lorzas que ha conseguido nuestro barbudo Blas: un hombrón hecho y bien
derecho que exhibía el año pasado tres cifras de buena y abundante masa
corpórea y que ha llegado a principios de este 2015 mostrando un cuerpo esbelto
y depilado que ya quisieran para sí la mayoría de nuestros socios.
Ya, ya..., cierto
es que tamaña merma ocasionada en sus carnes casi lo deja también sin alegría, y que echamos de
menos sus alborozos ante un buen chuletón con patatas, cachopo al cabrales o callos a la casera,
pero qué se le va a hacer, las dietas es lo que tienen…
Otra de las
consecuencias funestas, para algunos, de su estado, es que ahora anda como un
misil y cuando se corona un alto, no es nada raro encontrárselo allí con cara
de aburrido, mientras saca fotos al resto de de quejumbrosos que se arrastran por los caminos
Enhorabuena Juanillo, y ponte piedras que vas a volar como una cometa cualquier día
de estos.

También, en un
claro de las chubascadas, se acometía la Impensable Nocturna, muy dura en esta
ocasión porque el frió que nos asoló durante toda la noche hizo que más de uno
quisiera abandonar, al final solo se libraron un par de ellos, por mor de
averías mecánicas.

Los
101 Peregrinos hicieron pasar calor a unos cuantos mientras que el resto
recogía sartenes a diestro y siniestro por los valles de Peón. Pero el tiempo
mejoraba y se imponía una visita a las playas de Ribadesella y alrededores.
Unos días después, Marín, el
inquieto y pérfido geógrafo, diseñaba una visita a sus añoradas tierras
palentinas y a sus cumbres. Un día de dura ascensión entre nieve y bisontes que
no vimos, y otro de recortado paseo pedestre ante una tremenda tromba de agua
que casi se lleva, flotando, el coche de Joaquín.

Seguían en plazo la Montemplaria, con un único y obligado
representante y la Degaña-Ibias, que marca el comienzo del verano y cuya
organización se esmera año tras año en superarse a sí misma en amabilidad y cuidado de los
participantes. Una buena recua de socios, siete en total y la mayoría neófitos
en la ruta, disfrutaron de la misma.
Pero llegaba el buen tiempo y, a pesar de los imponderables
burocráticos, conseguíamos hacer la Vuelta al Concejo de Gijón, la XXI, tras
descartar cruces, carreteras y zonas limítrofes con otros concejos. De nuestro cuidado en la planificación de la ruta daba fe la rapidez con que se acabaron las
plazas…¡cuatro días!!...¡¡ahí queda eso!!...
Y a los pocos días el Patronato nos encargaba una excursión a Covadonga con 27 voluntariosos inscritos en la marcha, férreamente vigilados por siete guías de esta casa. Como vehículo de apoyo, de nuevo que ya en la nocturna nos había acompañado, asistía el dispuesto Manuel Arrieta y su inseparable Marian.
Y a los pocos días el Patronato nos encargaba una excursión a Covadonga con 27 voluntariosos inscritos en la marcha, férreamente vigilados por siete guías de esta casa. Como vehículo de apoyo, de nuevo que ya en la nocturna nos había acompañado, asistía el dispuesto Manuel Arrieta y su inseparable Marian.
Por aquellas meses se unía a nosotros la gentil doncella
Eva, de cara a su preparación para la benéfica ruta Sevilla-Gijón, (que finalizó con gran soltura) y disfrutaba
de nuestro buen hacer en una ligera excursión por San Pedro de Nora…nos
perdimos unas cuantas veces.
Los peligros de las bicicletas flacuchas, esos engendros
delicados y resbaladizos hacían de nuevo acto de presencia y, por un quítame
allá ese bardial, Vega, el hombre-nube, arremetía con su montura sobre un
inocente Rubén Patricio, que lo llevaría al hospital con un codo perjudicado. También
recuerdo que, en la corta primavera, durante una frenada inesperada, Joaquín se
llevaba sentado en el manillar al tranquilo Rubén Varas, repartiéndose unos
cuantos verdugones entre los dos. Desde ese aciago día, Joaquín lleva
protecciones de enduro…por carretera!!!
Agosto traía una excursión corta pero intensa: La Carisa; 22
socios acometieron una fiera rampa de 25 kilómetros de subida, repleta de
piedras, escayos, pinchazos y averías (siete en total).
Y volvíamos a Palencia, en esta ocasión equipados con
bicicletas serias y de las otras.

El otoño llegaba con un tiempo seco y
soleado, y con una ruta interminable…Cuevallagar…aquello no se acababa nunca,
siempre quedaba una rampa que ascender. La arriesgada pendiente de Bandujo se
descendió con las últimas luces del día…pocos hubo que la hicieron montados…qué miedo

La ruta a Gorfolí con los amigos de Avilés se suspendería
una semana después con el grupo atechado en una cabaña, mientras los torrentes
rodeaban la misma. Lo que no se aplazó fue el cachopo posterior en Los
Manjares, otro clásico.
Ya se veía venir la Navidad y antes de que lo hicieran las
nieves, rodamos por el bosque de Valgrande, subiendo de paso hasta la estación
de Pajares, que queda alta que te rilas, por así decirlo.
Entretanto, Fran Morís y Patricio ascendían desde Sevilla,
por la Ruta de La Plata, opíparamente patrocinados por la Federación Asturiana.

En una de estas reuniones deportivas: la travesía a nado del
puerto, el intrépido Briansó, felizmente
recuperado de sus males, nos
sorprendía reclutando a un grupeto de valientes para afrontar la citada
singladura…dado el frío que se les ve en la foto, dudo que repitan el año que
viene, y encima alguno se corto un dedito...Valientes!!
Ayyy, menudo año; y estrenamos sede nueva!!
Bueno, que se me acaban los apuntes, porras!!!
Como siempre, se han quedado muchas rutas y anécdotas en el
tintero, demasiadas, pero ya sabéis que las mejores de todas son las atesoráis en
vuestros recuerdos.
Dicho lo cual, voy a seguir jugando con el Ibertren que me
han traído los Reyes Magos, no soy capaz de que suba una cuesta de nada que le
he puesto…¿le pondré un 12-36???
Un abrazo