El hombre (homo burrus ) siempre tropieza dos veces en la misma

piedra...y a veces más. La ruta propuesta era ya conocida, por su dureza y por su perfil altimétrico
(menudo palabro). Y, sin embargo, allí que estábamos en
Bezanes, después de un buen madrugón, rodeados de unos cuantos grupos de ciclistas, cada cual a lo suyo, los endureros, los que bajarían desde el Puerto, los que ascenderían a la Braña desde allí mismo, y nosotros, que tomaríamos el camino mas largo y empinado.
¡Vaya!, que parecía un día de mercado. Tras unos minutos de pertreche y compadreo,
Pablo Gruñón hace honor a su apellido y latiguea sin compasión a las huestes, que atemorizadas, echan a rodar sin decir esta boca es mía, venía caliente y sanguineo el mozo....
Está fresco, que no frío, y recordamos tiempos pasados, 5 ºC decían l

os mercurios, que descendiendo hacia
Soto de Caso, nos hacen castañetear los dientes. Pero este otoñ
o, todo hay que decirlo, disfrutamos de un clima excelente, y al poco de girar, con los primeros rayos de sol lamiendo nuestras monturas, nos desprendíamos de ropajes gruesos y lucíamos palmito. El grupo era numeroso: docena justa de
Pelayos, manita de montañeros del
Abz, alpinista y mozalbete incluidos y un trio de independientes, conformaban la expedición. Ya con menos abrigo sobre las carnes, y, tras atravesar
Belerda, el pelotón afrontó rápido el ascenso hacía
La Gallera, tramo duro, aunque algunos rellanos ayudaban en el esfuerzo.