El sábado, después de una noche de perros, amaneció como todos preveíamos, mucho aire, frío, agua y riesgo de vientos huracanados, pero aun así y después de estar dudando seriamente si merecía la pena levantarse, conseguí salir de la cama, y a la hora fijada entraba por el parking del Alimerka detrás del coche de otro intrépido pelayero, Pablo El Gruñón. Nos extraño que no hubiera más gente y estábamos comentando la previsión meteorológica cuando al poco apareció otro valiente, Paulino, que venia totalmente pertrechado para las posibles inclemencias meteorológicas que habían anunciado.
Nos dimos cuenta al poco tiempo que la gente no aparecía y después de esperar unos 15 minutos decidimos llamar a Fran para saber que pasaba. Fran nos confirmo lo que intuíamos, que la ruta se había cancelado y que había mandado un correo por la mañana a primera hora indicándolo.
Después de cambiar algunas impresiones sobre que hacer, la meteorología, etc., Pablo y Paulino tenían ganas de aventura y no estaban dispuestos a irse para casa, yo personalmente ya me retiraba hacia el coche para volver a casa, cuando aparecieron Maria José e Isa que también venían dispuestas a irse de aventura por la montaña, y al poco apareció Juan Blas con las mismas intenciones que el resto de compañeros. Ya éramos un “grupín” y cambie de opinión fácilmente saliendo a por Tamara y Alex que estaban en casa en previsión de si se hacia la ruta o no.
Maria José, Isa, Paulino y Pablo salieron en un coche dirección a Collanzo donde habíamos quedado para tomar un caldo o café y ver como estaba afectando el temporal a la zona. Una vez recogí a Tamara y Alex pasamos a buscar a Juan Blas y nos dirigimos al punto de encuentro. Cogimos la autopista minera y a una velocidad prudente debido al fuerte viento, granizo, lluvia, etc. nos fuimos acercando a dicha localidad. Por el camino los pensamientos eran mas bien negativos de esos de ¿a dónde vamos con este temporal? ¿qué hacemos aquí? ¡qué bien se estaba en casa! etc.
Una vez que pasamos Mieres ya vimos algún pequeño claro en el cielo en dirección al Huerna y el viento parecía que se había calmado bastante, aunque la lluvia era constante. Todavía quedaban esperanzas de pasar un bonito día de monte.
Cuando llegamos a Collanzo enseguida dimos con el resto de compañeros que estaban en un café de la carretera principal que cruza Collanzo, y después de dar cuenta de algún que otro café, cola-cao y demás….calienta estómagos, nos decidimos a ir hasta el Pino y ver el estado de la ruta.
Al llegar al Pino, seguía lloviendo aunque mas débilmente, nos preparamos para la ruta cambiándonos las botas, poniendo chubasqueros, polainas, etc. y comenzamos a patear, siguiendo las indicaciones existentes (PR-AS 31 a acompañado de la típica franja blanca y amarilla) por un camino asfaltado y bastante ancho dejando a nuestra izquierda el río.

El “grupín” continua a buen ritmo la subida hacia la entrada de la Foz y poco antes de llegar ya pisamos algo de nieve. Atravesamos un puente que nos adentra ya en la misma Foz y empezamos a subir un camino empedrado que va serpenteando y con bastante desnivel hacia las praderías y los collaos que hay al final de la Foz. En el mismo desfiladero las vistas son impresionantes, las paredes de roca caliza son prácticamente verticales y apenas dejan paso al cauce del río, que va con bastante caudal debido a las fuertes nevadas de días atrás.


Después de la nevada que cayó y al atecho de la cabaña se plateo el seguir subiendo o dar la vuelta por donde vinimos, por mayoría se aprueba el seguir subiendo ya que el cielo comienza a mejorar y se prevé algún que otro rayo de sol.
Una vez comenzamos la subida al collao de Caniella, que continúa siendo una pequeña senda en zigzag con bastante desnivel y nieve acumulada, descubrimos un grupo de rebecos en lo alto de uno de los montes que nos rodean, y estuvimos observándonos mutuamente hasta que decidimos avanzar un poco más hacia el collao, en ese momento aparecieron tres corzos (una macho y dos hembras según Pablo) que estaban escondidos bastante cerca de nosotros y que comenzaron a subir hacia la cumbre del pico en busca del resto del grupo.

En el recorrido de vuelta, a la altura de la fuente más o menos, se nos unieron Roberto y Manu, que habían ido de ruta con la bici por la zona de Moreda y viendo que acabaron temprano decidieron ir a nuestro encuentro para comer juntos.
Una vez en los coches, nos acercamos hasta Felechosa para comer en el restaurante Peña Pandos y deleitar nuestros paladares con unos buenos platos de fabada o garbanzos con bacalao de primero y carne guisada o lomo de cerdo al queso de segundo, ah se me olvidaban unas truchas que se zampó Paulino con su jamón acompañándolas. Los postres a base de tartas de queso, de chocolate, natillas y tarta helada, concluyeron la fartura que rematamos con unos cafés e infusiones para suavizar la digestión. El restaurante es de los que te dejan la “perola” en la mesa así que los que quisimos probamos un poco de todo.
Después de vuelta a casa y a descansar para al día siguiente continuar con las andanzas por los montes y montañas asturianas.

Chao. Nos vemos en la próxima.
Agustín.