lunes, 10 de marzo de 2014

A PLANEAR RUTAS!

...Datumm…Daatummm…Daaatummmm
La cartografía, el arte de hacer y entender los mapas, tiene ciertas dosis de ciencia infusa, cuyas variables físicas confieren a la misma ese cariz de misterio, de hermetismo, de brujeríiia. 
De ahí que los eruditos de esta disciplina sean a veces tachados de  adivinos, magos o nigromantes!! 
Confirma esta aseveración el hecho de que uno de los principales investigadores de la citada ciencia, Gerardo Mercator, cuyo apellido puebla infinidad de pergaminos, estuvo en un tris de acabar en la parrilla de la inquisición, allá por el 1544, por un “quítame de ahí esos puntos cardinales”. 
Y es así; mientras que los matemáticos demuestran fácilmente que dos más dos es igual a cuatro, uno de los principales vértices de la cartografía y la navegación, el Norte Magnético, se encuentra sujeto a los caprichos de la naturaleza: -"ahora estoy aquí, ahora no…"
Y toda una pléyade de científicos, como sacerdotes de una oscura iglesia, dedican sus esfuerzos a averiguar donde demonios se halla, el Polar dichoso. 
Los profetas de esta disidencia, hombres místicos y enigmáticos, cuasi dioses, a  veces deciden compartir sus secretos con la gente humilde, con el pueblo llano, incapaz de comprender los arcanos de los poderosos. Pero da igual que se esfuercen, que iluminen sus diatribas con mil y un explicaciones, que rebajen sus intelectos al nivel del plebeyo, ¡que no hay narices!, que seguimos sin enterarnos de nada. 
Y es que: puesto que comprendemos, más o menos, que un plano, mapa o cartografía nace de una proyección de la Tierra sobre una hoja de papel, más o menos grande, ¿a qué viene que el tipo de proyección varía según su punto cenital esté dentro del geoide, en el exterior de este o a años luz del globo terráqueo, en la mismísima Estrella de la Muerte???...y que…
ahondando más en el tema o ahogándonos en el mismo, si se modifica dicha proyección, ¿no se denomina con unos términos que me niego a reproducir en estas líneas?, recatado que es uno.
Aún así y con todo, hay que reconocer el gran valor que han tenido estos dos ilustres licenciados: los señores Marín y Garrido, al compartir su amplia y dilatada sabiduría con los pobres mortales. Sucedió un aciago y lluvioso sábado de Marzo, cuando los dos prohombres tuvieron a bien deleitarnos con sus vastos conocimientos sobre el tema. Agradecidos estaremos de por vida.
Iniciaba la conferencia el vivaz geólogo, ante un público bien atento y escogido, de dentro y fuera de la provincia, (hasta un cojo había...) con una cuidada presentación sobre el sen de la cartografía o χάρτις-ραφειν, como decían aquellos griegos.
En su ponencia aclaraba tanto la historia como los raros vocablos utilizados por los geógrafos, y establecía el hecho de la deformidad de los mapas y su oportuna corrección mediante el empleo del huso, no el que pinchó a la Bella Durmiente, no, el otro.
Descifraba también unos de los acertijos de la jornada: el Datum, palabra enigmática que
designa…¡madre mía!…¿qué designa???, pues digamos que la forma de la Tierra, nuestra querida naranjita achatada, según unos parámetros que cada región escoge a su voluntad, con lo que se hace indispensable el empleo del correcto Datum, so pena de extraviarnos en medio del bosque del Lobo Malo, por utilizar el que no es, recordaba también que el que se aplica por estos lares es el WGS84.
Seguía el estudioso detallando la forma de los mapas y sus líneas, fruto del traslado de las alturas y accidentes reales al papiro, pero ya no contaba con la apreciación de los asistentes, que se habían quedado embobados con el palabro anterior y apenas atinaban a repetir el mantra mientras movían las cabezas de forma rítmica y atolondrada. Solamente recuperaron, algo, su lucidez cuando el maestro extrajo de su zurrón diversos artilugios raros y extravagantes, con los que entretenerse un poco.
Tras unos momentos de esparcimiento y recreo, subía al estrado el aguerrido profesor Don
Vicente y Pérez, para dar a conocer los últimos avances en materia de navegación; el meollo de la cartografía, pues si es bien importante el encontrarse, no menos importante es el no perderse. Hablaba el profesor Garrido, con un estilo más aplomado y circunspecto que el de su compañero de pizarra, de cómo una aplicación de origen militar, destinada a guiar bien los zambombazos de origen bélico, había derivado en la utilización de un dispositivo o parato, de amplio uso entre la concurrencia y cuya principal misión era la de encaminar nuestros pasos hacía el destino escogido, fuera este senda, bardial o mesonera. Esta tecnología en cuestión, estaba presente en infinidad de artilugios, explicaba el bachiller, con lo que actualmente era posible saber con exactitud donde se hallaba una persona.

martes, 25 de febrero de 2014

EL DÍA DE LOS CALLOS

¿CALIDAD O CANTIDAD?
Ayyy…eterna pregunta ante la que siempre decidimos la primera de las palabras, no en vano presumimos de buena escuela…pues es harto conocido el dicho de que “la esencia fina viene en frascos pequeños, ¡no en cántaros de a quince!”, y para finos, unos servidores. (Ahora bien, no es menos cierto que en la dura elección entre filete, chuletón o cachopo, de estos dos cercanos no quedan ni las migas del rebozado, mientras que el triste escalope resiste en los platos de los infelices a dieta, cosas de los genes...)
Pero esta máxima es aplicable a otros campos:…¿para qué sufrir en marchas de 50 o más kilómetros, si en una de 32 o menos, el disfrute es netamente superior?, Ahaa!!!, pues sí hermanos, o ¿no es menos verdad que este sábado pasado retozamos como lechones de bellota en una ruta corta pero intensa en sensaciones, que, de hacerse más larga, hubiera provocado deserte de las tropas y anarquía en general?
Pero aún así, es nuestra perdición y descarrío, que el subconsciente siempre, siempre, escoge la segunda…la cantidad….¡MECACHIS!!!, trae otra ración de callos, Pablo, que con esta no me llega…gracias.
Decía yo que este sábado, (¡este soleado sábado!, menos mal que la climatología nos da un respiro, porque entre galernas, ciclogenesis y tormentas tropicales extraviadas, vaya invierno que llevamos!!!) el moderado Marín, por una vez, desplegó de nuevo su ingenio en una excursión por el suroeste de esa misteriosa cordal que conocemos como monte Areo. Y por esta vez, se portó como un verdadero amigo, sin los típicos excesos y encerronas a los que nos tiene acostumbrados.
Fue el inicio y el final de la ruta la archiconocida tienda-bar de Guimarán, regentada por una más que buena cocinera, cuyas dotes a los fogones deleitamos año tras año, y culpable, juntamente con el galán Patricio, de la alta concurrencia a la ruta. Veinte y siete ciclistas se presentaron a la convocatoria, a los que hay que sumar a otros cuatro comodones que asistieron, mas tarde, al condumio.
Iniciaba la marcha el tenaz geólogo, al que últimamente se le ve muy rápido y dispuesto, situado siempre en las primeras posiciones, con un descenso fácil y rodado hacía Tabaza, para continuar hacia tierras de Tamón y Cancienes. Amén de los habituales al pedregal, contábamos en esta ocasión con la asistencia de los foráneos Susana y Vega y de los noreñenses Pachu y Manuel. El resto, kilo arriba o kilo abajo, los de siempre. 
También deambulaba por allí un silencioso Arguelles, faceta esta desconocida para el resto de mortales, que echaban de menos su vocerío y algarabía...; molestias laborales aducía el finado…de amoríos decían otros…quiera pronto recuperarse el zagal,  sin él hay demasiado sosiego en las rutas. 
Y ya que hablamos de silencios, qué tiempos aquellos en los que la llegada de Blas a los agrupamientos era motivo de temor y zozobra, pues sus improperios y maldiciones aterrorizaban al más bregado, pero sufre el infeliz tamaña dieta que no le queda fuerzas ni para vocear...come algo Juanillo, que no se lo diremos a nadie.
Al otro extremo de la balanza encontramos al feliz como una perdiz, (perdiz cebada, eso sí) el fotogénico Echevarría, que impulsa con alegría ese cuerpo afinado y brioso, rampa arriba, rampa abajo. Si, va a cola, si, pero ahora, por lo menos…habla.
Por la zona de Aguera, y poco después de rodear la cuidada iglesia de Solís, lugar minero y restaurador, Vicente agotaba la paciencia con su rueda trasera, y decidía recortar la ruta, cansado ya de insuflar aire a la condenada interina. Estaba allí Tino, pero no le dejamos acercarse a la bomba, no fuera a arrancar la cubierta de la llanta. 
Aprovecharía la retirada de Garrido, el tristón Blas, que haría un discreto mutis por el foro, en dirección a sus ensaladas y macrobióticos.  Y ya corríamos alegremente, dejando atrás Campañones, como gamos y gacela, y sucedía que, descendiendo por el  bosque que cierra Cogersa por su cara…vamos a ver…si el sol está en lo alto, la luna en lo bajo, el viento sopla a lo lejos…OESTE!!!, (Ayyy, que necesidad del cursillo del GPS..), el grupo de cabeza, abandonando temores y recelos, y de paso a sus compañeros, se saltaba el oportuno cruce, escuchando toda clase de requiebros y epítetos del feroz Pablo. Algunos retornaron cuesta arriba entre maldiciones y amenazas, pero Acedo, Manu Pedal y Gaztelu continuarían su derrota por el valle de Serín.
Como decía en aquellos momentos el jefe de ruta:,-con lo bien señalizado que está el cruce (sombrío giro a la izquierda, portilla oscura cerrada con alambre y madera…) cómo se podía despistar alguien!!”...ya…ya…este escríbano también se saltó la encrucijada…
La cancela estaba protegida por su correspondiente llendador, cuya traducción pongo  corchetada (Alambrera que suelta descargues llétriques que s'usa pa llendar el Ganau), de lo que nos dimos cuenta al observar cómo el licenciado y alguno más daban saltitos de forma rítmica y acompasada.
Una vez superada la electrizante prueba, el sendero descendía a través de unos troncos convenientemente colocados para disfrute del personal. Aquellos que cedían al impulso de atajar la curva, hundían sus ruedas en una charquera, y en el caso de Paulino, hasta las mollejas.
Esperaban en lo hondo los audaces Moya y Modesto, que espoleaban al resto de montunos, dirigiéndoles una especie de ruidos gallineros. Desde aquí, el camino suavizaba su pendiente y se convertía en un riachuelo empedrado que exigía cierta dosis de pericia a los jinetes.
La ruta perdía altitud hacia El Monticu, y una vez superado este punto, ascendía de forma continua hacia los altos del Areo, en un ascenso largo y fatigoso. Ya en las alturas, se imponía la célebre visita al dolmen y la despedida de aquellos que ya fuera por prisas, obligaciones o porque ya soñaban con callos, debían retornar a sus casas, perdiendo de esa guisa a los ilustres Marín, Felix y Josechu, a los que despedimos entre epítetos cariñosos y de los otros. El resto, o sea los paisanos, afrontamos los últimos metros hacia la fonda con rapidez y decoro.
Precavidos y dispuestos disfrutarían de un buen aseo en el estrecho vestuario, que siempre ocasiona mas de una comparación de barrigas…en la que siempre gana Tino por goleada, exhibiendo sin recato sus bien modeladas formas, para vergüenza del resto de triperos.
En la soleada terraza mientras, aguardaban los “pedestres” Vazquez, Juan Ardura y el joven Fraile, que se habían sumado al evento sin mancharse siquiera la zapatilla...tendrían que pagar de mas...
¿Y qué se puede contar de lo que hubo allí?, pues lo de siempre en estos casos: buena comida, bebida, risas y compadreo, lo acostumbrado.
Los callos estaban buenos, el picadillo y el adobo mejor y el arroz con leche delicioso.

y, como siempre, lo mejor...¡¡la compañia...!!
¡¡Vengaaa!! a repetir el picadillo de nuevo!!!



lunes, 6 de enero de 2014

2013, EL AÑO DEL GUIJO

Cuando uno se pone a rememorar las andanzas del año, suele haber imágenes, digitalizadas o no, que saltan a la memoria con más rapidez que otras, ya sean por su dinamismo, por su frescura o porque nos duele, todavía, alguna parte de la osamenta, ¡qué diablos! …
Echando la vista atrás hay una que me sobresale por encima de otras: el chaparrón que caía el día de la ruta de los callos, en Enero, con los arroyos cruzando la carretera y los “limpias” sin dar abasto…¡aquello si que era llover!!!, solo un valiente se atrevía a llevar y ¡montar! la bicicleta; el osado Nacho. Y es que en este año que se nos va, ha llovido lo que no estaba escrito, y aunque sea frase manida, en este caso es cierta y veraz: no estaba historiada tal magnitud  de aguaceros. 
Los datos, esos fríos y asépticos guarismos que tanto le gustan al estimado Barcaiztegui, hablan de cifras cercanas a los 1000 litros por metro cuadrado, que doy fe de que es bastante. Pero no era la cantidad de lluvia cayendo lo que dificultaba el pedaleo, si no su persistencia, muy cansina, vaya…. Nuestro colega Fermín, refería en su afamado blog ¡78 días! de lluvia continua hasta Mayo; o sea que llovía un día sí y otro también. 
De esta manera es fácil comprender los que nos deparaban los primeros meses: suspensiones y más suspensiones de rutas, con las huestes rodando por lugares desconocidos, como trasteros, gimnasios, centros comerciales, y hasta Spas. Pero bastaba un resquicio en los aguaceros para que el citado y temido estadista azuzara las tropas, en su búsqueda de la VCG perfecta, por las zonas de Candanal, Fario, Veranes y Peón, repartiendo sartenazos a diestro y siniestro. Aunque aprovechando una tregua entre borrascas, se autorizaba una ligera escapada a Brañes y Premio, lo que permitía a Adrián comprobar si su coche nuevo pasaba por el puente de la citada localidad…pasó, justo pero pasó (dicen las malas lenguas que desde entonces Adrián tiene un mechón blanco en la cabellera).
Llegaba la nieve en Marzo, trayendo con ella el enésimo aplazamiento de la Impensable, y unas cuantas vueltas por zonas cercanas a Gijón, siempre bajo el pertinaz látigo del licenciado, que no cejaba en sus empeños exploratorios.
Abril portaba lluvias como no podía ser de otra forma, sobremanera al final del mes, y nuestras milicias acudían al Maratón del Sella con el miedo a la procesionaria en los cuerpos. No hubo este año mayores resquemores en ese sentido pero lo que si cayeron fueron calambres y pájaras por doquier: Zarate, Pachu y Barquín sufrían en carne propia tales males, mientras que Acedo ascendía el monte como poseso, Pepe se contentaba con sufrir lo justo y rascarse también lo justo de vuelta en casa y, a velocidad inhumana, transitaban por la zona, Manu, Xuan Angel y la visitante Yoli.
Pero, como dice el refrán: " a la cara más fea la alegría la hermosea" y a los pocos días, recibíamos, con gran gozo y alborozo, los tan ansiados, esperados y necesitados uniformes, que las carnes de algunos
socios se mostraban ya sin recato. Había sido una larga, tensa y paciente (paciencia la mía…) espera desde el inicio de las gestiones con diseñadores propios y ajenos, proveedores, y críticos directivos…¡POR FIN!!!…Y a la vista de las imágenes y oídos los comentarios, se puede decir, que los ropajes nos han quedado chulos a la par que elegantes…¡ELE!!!
En lo deportivo, carentes de entrenamiento, no era de extrañar que las fuerzas fueran muy justas y eso se notaba: 101 Peregrinos ocasionaba una debacle en los animosos socios que acudían a la prueba; exceptuando a los entregados velocistas Morís, Horacio y Junco, el resto, desanimado por el fuerte ascenso a una cantera perdida y por un calor desconocido, daba con sus huesos en la meta a unas horas nocturnas increíbles en otras ocasiones…¡nos cerraron hasta el bar de copas!!!.
Esta prueba era el preámbulo del “Coco” anual: El Soplao. Como era de esperar, en Cabezón llovería el día de la prueba, y los resultados también se mojaban: Xuan Angel aceptaba 13 horas de empapado rodaje, Rubén se retiraba con la cadena en el pescuezo y Pepe era rescatado de las aguas, “in extremis”, por un solícito posadero y por su mujer…la de Pepe, no la del mesonero. 
Pocos días después, el clima nos daba un respiro y peregrinábamos, lentamente eso si,  a Covadonga entre nubes, claros y Asturcones, ganándonos con ello un colorido chubasquero, atención de Don Patricio.
Coincidían las fechas con la llegada de un nuevo literato al universo bloguero: el incontinente, (de verbo, digo, que os conozco…), y joven Arguelles exhibía pluma y prosa en una precisa crónica a Covadonga con la compañía  de cuatro jovenzuelos. 
Seguían por esas fechas las investigaciones de la VCG, con innumerables debates y discusiones sobre el sentido de la ruta, que si a derechas, que si a izquierdas, que si la rampa de Chema, que si la de la “vaca”…etc…etc, algunos debates duraron hasta que se acabó el chorizo y el tintorro salmantino. Suerte que el comandante de la Cosa Nostra nos aireó en una bonita ruta por Logrezana, Carreño, Santufirme, Llanera y demás concejos cercanos, que sirvió para aliviar, un poco, las tensiones.
Como todos estos últimos años, Junio esun mes reposado, de sencillas excursiones por  Candás y aledaños y de la Degaña-Ibias, y para allá que nos fuimos los acostumbrados, más Pablo, Manu y el esbelto Pachu, a disfrutar de los paisajes, de la compañía, del buen sol leones y de la piscina…los que no olvidaron los bañadores
Justo una semana después llegaba la tan esperada y preparada XX VCG, oportunidad sin igual donde mostrar nuestras nuevas y atractivas prendas. En esta ocasión, acompañaba el desfile Don Manuel Arrieta, iniciador de la idea hace dos décadas, que observó atento el desfile de más de 300 ciclistas y vehículos de apoyo. El clima también acompañaba, con una jornada soleada y luminosa, que hizo disfrutar a los deportistas.
Y en el mismo mes, como colofón a meses y meses de diseño y corrección, de búsqueda de imágenes y preparación, veía la luz el libro con nuestras crónicas blogueras. Casi 300 páginas de aventuras a lo largo y ancho de esta región y sus limítrofes (yo es que soy de la EGB…) que ilustran la historia viva de la Peña Btt Rey Pelayo y, que es, además, un manual de
consulta de la buena gramática, gracias de nuevo a Marín, el ilustrado, sin cuya orientación seguiríamos llamando grijo al guijo y sustrayendo acentos por doquier…
Para la presentación del recién nacido, se contó con el apoyo del Patronato y con el de la concejalía de deportes del ayuntamiento, celebrando el acto, como no podía ser de otra guisa, con una opípara merendola, rodeados de buenos amigos y compañeros del pedal.
Los meses siguientes, suelen ser bastante solitarios, con la sociedad repartida por lugares de ocio y diversión, por ello nos sorprendía aún mas que dos paladines de la carretera como son Eugenio y Guti, alcanzaran las mieles del triunfo en esa salvajada que se da en llamar Madrid-Gijón-Madrid, mientras que el resto dormitábamos en tumbonas y similares. ¡Bravo por ellos!
Septiembre iniciaba las hostilidades en la montaña con la XXI vuelta a
Noreña, cortesía de los Rebollines y Pachu, y con un paseo por las alturas de Cotobello. Continuábamos con la ruta de la avellana piloñesa y los ascensos a Pajares y al Collado de Breza, ruta esta sorprendente: a tiro de piedra de las capitales asturianas, tal parece que se esté en los pastizales de Amieva. 
Tan atractiva fue la ruta en si, y tan adictiva que hasta hubo uno que la repitió, debía ser para fijar bien el track, que nos hizo trepar por una rampa de hormigón que no conducía a ningún sitio conocido. 
Por estas fechas, las “maduras“ que no viejas glorias de la Peña hicieron una escapada por Ardisana, vieja excusa para quedarse a comer en un restaurante de la zona.
Y los finales del mes otoñal por excelencia, llevaban a un buen grupeto a disfrutar de los cordales de Allande, en la famosa ruta, tantas veces aplazada, de Angel Victor. Decir que a pesar de las encerronas preparadas por el bueno de Angel, con descensos endiablados y cuestas imposibles, los ciclistas aguantaron como jabatos, incluso el pobre anfitrión, que acabó sin cadena, sin cambio y a poco que se estire, sin bicicleta: tamaña potencia no hay máquina que la resista!!
Noviembre nos traía un pantagruélico festín para celebrar el cumpleaños de Joseba y la adquisición de su montura nueva…si con la de antes, de tubería maciza, no había quién lo pillara, ahora habrá que engancharle unas piedras de escollera…
Y, por si no había sido suficiente la fartura, el sábado siguiente, el inquieto Pepe nos acercaba a tierras Gordonesas con una excelente excursión por Geras, Folledo, Casares, Cubilla y El Tarabicu, donde recordamos a que sabe el buen embutido leonés. Algunos todavía lloramos de la emoción. 
Terminábamos la mensualidad con la puesta del Belén, en el lugar habitual, acompañados del ya habitual aguacero, que hizo que  nos mojáramos mas por fuera que por dentro, (aunque luchamos por invertir la situación) y con la cena navideña, adelantada por culpa de los puentes constitucionales.
El mes que cierra el año nos regalaba un tiempo fresco y húmedo pero soleado, y nos acercábamos a la concha de Artedo y a su playa. 
Los turrones, polvorones, ¡panettones!!,cavas y demás perjuicios para la salud empezaban a asediarnos y  Marín el docto, ducho en el arte de castigar los excesos, mortificaba a los infelices con las rampas y ascensiones de Tellego y el Escorbín. Luego, querría remedarse con un aséptico y frío tratado numérico en el que denegaba la existencia de tales males…(todavía me duelen las piernas, condenado…) En fin, dado que el final de la molienda se celebró en el conocido restaurante Casa Cristina, dimos por bien empleados los esfuerzos, perdonando al malévolo geólogo, mientras deglutíamos jugosas viandas.
Aparte de esto, el año poco dio de sí…tres socios veteranos han pasado a engrosar la lista de sesentones…aunque hay que decir en su favor, que no se les nota nada, ni sobre la bicicleta ni fuera de ella; fueron los veteranos Angel Zarate, Amalio (LALO!) y el estimable Patricio
Felicidades caballeros, de mayores queremos ser como ustedes…
En el tema de lesiones contamos con la participación activa de don Juan Blas y alguno más, que mantienen la cuota entre dedos torcidos, esguinces varios y apretones estomacales y respecto a las averías, tenemos que dar las gracias a los menesterosos Rafa Venta y Fabián, sin cuyo aporte, no descansaríamos en las excursiones.
Por otra parte, las famosas bicicletas de ruedas superlativas han llegado a la Peña, es cierto, si, que la ya famosa inercia de las mismas se nota poco, y en algún caso tienden a desmontar a su jinete, pero qué le vamos a hacer, sufrirlas como se sufre la gripe…También algunos desorientados y de perfil dudoso ha adquirido monturas de ruedas finas y asfalteras, pero son pocos y discretos.
Y así, olvidándome de muchas cosas, rutas, travesías, y perfiles imposibles, hemos llegado al fin.
Deseo de todo corazón un Feliz Año 2014 a todos, y que los Reyes Magos se hayan portado tan bien como nos merecemos, así queee…si hay carbón…algo haríais!!!

…guijo…guijo…guijo…grijo…grijo…grijo…¡AY!..Guijo…guijo...grrrrrrrijo…¡AY!...



lunes, 23 de diciembre de 2013

Tellego-Escobín: un completo ANALÍS


Dice una renombrada enciclopedia de esta era digital (que no por renombrada y digital debiera ser el recurso ante nuestras inquietudes) que “la estadística es una ciencia formal que estudia la recolección, análisis e interpretación de datos de una muestra representativa, ya sea para ayudar en la toma de decisiones o para explicar condiciones regulares o irregulares de algún fenómeno o estudio aplicado, de ocurrencia en forma  aleatoria o condicional”. Pero no queda ahí la definición, sino que “sin embargo, la estadística es más que eso, es decir, es la herramienta fundamental que permite llevar a cabo el proceso relacionado con la investigación científica”.



Así que, como buen científico que lo soy (eh, eh, que no he dicho “científico bueno”, que es parecido, pero no es lo mismo) me dispongo a investigar esas condiciones regulares o irregulares que en nuestros cuerpos provocaron la quejumbre y fatiga asociadas a la ruta que nos llevó desde el encumbrado pueblecito de Tellego hasta los cordales de la Sierra de Fayéu, donde se emplaza el techo del concejo de Oviedo, de nombres tan variados com Pico Escobín, Pico Nieves o Picajo.

Lo primero que ha de hacerse para abordar esta empresa es descargar los datos del GPS al ordenador. Una vez estén los los datos transferidos, me gusta más la transferencia, que la descarga suena a esfuerzo gordo, deben ser tratados y procesados convenientemente mediante el uso de alguno de los muchos instrumentos que los desarrolladores de software y las altas tecnologías on-line ponen a nuestro alcance (o de nuestros bolsillos o de nuestros conocimientos sobre piratería). Bieeen!!, este análisis comienza con buen pie y rigor científico, haciendo uso de muchos términos anglófonos. Imaginaos qué poco sesudo si dijera “Sistema de Posición Global” o “aplicación informática” o “en línea”, o más bien “en conexión directa”, se supone que la conexión es a través de internet, ¡mierda!, otro palabro anglosajón, o sea “dentro de la red”, … bueno … olvidémoslo.




Lo dicho, que transfiero los datos y obtengo un fichero, documento o archivo que abro en primer lugar con la aplicación “Google Earth”. Confieso que aquí puede mi parte irracional sobre el rigor científico, prevaleciendo lo estético de la presentación: ¡¡vaya superchuli cuando se abre el programa y empieza a dibujarse la ruta, y según aumenta el zoom se ven las montañinas en relieve, y los valles allí abajo, y el Escobín leeeeejos y muyyyyy arriba!! Le ordeno al ordenador ¿¿?? que me muestre el perfil de elevación y … (bien, alguien que me obedece en casa) … voilà … ¡¡¡hostia!!! Algo falla en la ejecución del archivo, porque si los datos que observo fueran ciertos el ejecutado hubiera sido yo, por mis compañeros de ruta. Me dice Mr. Google que hicimos 38 kilómetros con un ascenso acumulado de 2045 metros. Vale, reconozco que el primer valor no es error ni estadística, es cierto, os mentí cual bellaco rastrero, pero si en vez de los 32 kilómetros que os prometí os digo de inicio que son los casi 39 que salieron, a buen seguro que alguno os rajáis o a lo menos hubiera tenido que variar la ruta porque “no me jodas”, “tas llocu”, “mira que no llegamos a comer”, … Pero lo de 2045 es más falso que un abrazo de la Aguirre al Gallardón. Ni mi tía-abuela, que la pobrecilla sufría un parkinson galopante, hubiera dibujado peor el perfil de alturas: hasta en los tramos llanos parece que no hicimos otra cosa que subir y bajar, y volver a subir y otra vez bajar. Hombreeeee, uno puede ser cabroncete, pero no un cabronazo. Así que, aunque Google Earth me permite calcular pendientes, analizar tramos y hasta reproducir el recorrido cual si de nuevo estuviera pedaleándolo, decido que no es una herramienta que merezca mi confianza, MENTIROSÓN!!
Ahora abro el archivo con el “Perfils” que, como se puede intuir, representa el perfil de alturas del recorrido. La presentación gráfica es más fea que pegar a un padre, pero el programa sorprende por las pijadillas que puedes hacer, a saber: añadir texto, insertar waypoints, situar las fotos de la ruta sobre el perfil, editar el recorrido (uy!, perdón, que queda más cienzoso decir track). Mola la representación tridimensional del track, que tú mismo puedes ir girando hasta conseguir una vista propicia para exclamar “¡coj…es!, pues sí que subimos”. Pero a lo que vamos, que se trata de hacer el análisis concienzudo del fenómeno; el Perfils dice que el ascenso acumulado fue de 1220,37 metros, ni uno más ni uno menos.



A eso se le denomina precisión centimétrica, por aquello de los dos decimales. Lo siento Juanjo, a toro pasado es más guay decir que subiste 2000 m, y que por eso están bien justificados los dos platos de fabada, déjame probar el pote, no está mal el cabritu pero me ha gustado más pitu caleya, vamos a catar este arroz con leche que tanta fama le ha dado a la casa, aunque el flan no se queda atrás y no le voy a hacer un feo a Cristina rechazando estas casadielles que con tanto cariño nos ofrece. No ahondo en lo que fue el comercio y el bebercio porque quien más, quien menos, todos cometimos el mismo pecado.

Pero si alguna herramienta es capaz de analizar todos los datos recogidos por el GPS y hacer medias, medianas, desviaciones, varianzas y covarianzas, porcentajes, histogramas y demás zarandajas estadísticas, esa es el "IBP índex". Se trata de conectar con la página web del programa y allí mismo se solicita que elijas el recorrido que quieres destripar. Una vez hecho ello, el ordenador torna a un estado de aparente letargo mientras los datos viajan a no sé dónde, y un montón de sabios y de doctores en matemáticas se ponen a trabajar sobre ellos para dar en pocos segundos ¡qué fieras!, el minucioso resultado que a continuación os muestro, queridos sufridores de ruta:




Vayamos pues a las interpretaciones y conclusiones extraídas. Os juro por lo más sagrado que aunque al parecer se registraron 196 puntos aberrantes, ninguno de los degenerados que componían el grupo hizo guarrería alguna. Y en todo caso preguntad a los que se despistaron en mitad del bosque. Lo de los 11 cambios de pendiente penalizables tampoco lo entiendo, a no ser que se refiera a la mucha pena que nos daba cuando teníamos que subir lo que previamente habíamos bajado. La distancia, 38 kilómetros y ¡¡¡666 metros!!!  (debieron ser los de la diabólica rampa final de Vegalencia a Tellego). Y el desnivel acumulado… ni pa ti ni pa mí, que salen 1335,15 m de ascenso. El tiempo total invertido en la ruta fueron 6 horas y 17 minutos (ohú, qué fatiga pisha!!), de los cuales 4 horas 22 minutos fueron de pedaleo y 1 hora 55 minutos de paradas. Pero ojo, que esos datos difieren mucho de un individuo a otro. Así, por ejemplo, se comprobó que Ramón paraba media hora por cada 5 minutos de pedaleo, mientras que Pau, a quien se le aplicaba aquello de “la parada del hideputa”, que consiste en reanudar la marcha según llega el último, o sea él, estuvo todo el tiempo pedaleando, o bueno, dejémoslo en constante movimiento. De lo que se deduce que el dato está íntima y directamente relacionado con la FCM (frecuencia cervecera máxima).
Y en cuanto a la lectura de porcentaje en los desniveles, el quesito de colorines no miente, los mismos kilómetros de subida que de bajada, y los mismos porcentajes de ascenso que de descenso. Useasé, que aparentemente daría igual hacer la ruta en un sentido que en otro. Y ahí es donde la estadística se equivoca, pues todos nosotros sabemos que si cada individuo de la población mundial toca a 1,5 pollos a la semana en su dieta alimentaria, unos comerán 2 pollos mientras que otros se tocarán la po…, vamos que se quedarán con las ganas de catar el pitu caleya, cero pelotero. Quiero decir con ello que los que hicisteis la ruta sabréis que algunas de las bajadas no eran aptas para subir, y tan es así que ciertos margaritos no fueron siquiera capaces de bajarlas.
Y tras esta sarta de pijaes, que no valen absolutamente para nada una vez acabada la ruta y que antes de empezarla sólo son útiles para asustar, vamos a los datos fundamentales, a lo tangible:
1.- El recorrido fue duro de cojones, pero tampoco para desfallecer, que lo peor era saber que teníamos la mesa puesta a las 15:30 h y no llegábamos.
2.- Tomada la población de individuos más quejicas, el grado de ayes, uys, joderes, improperios hacia mi persona y demás lindezas salidas por sus bocas durante la ruta fue directamente proporcional a las alabanzas e interjecciones de placer emitidas durante la pitanza (y algún eructo que otro)
3.- ¡¡¡LALO, DEJA YA DE COMER CASADIELLES!!! 
4.- Finalmente, para quien lea esto y aún así quiera hacer la ruta, aquí va un perfil con la información realmente importante

lunes, 9 de diciembre de 2013

A GERAS VOLVERAS

El “Castiello de Gordón”, hoy  en ruinas, resistió, en el año 997 el ataque de las huestes del moro Almanzor, que intentó tomar la plaza, sin éxito. Mas no pudo, el probe Almanzor, y mira que puso empeño..., doblegar la resistencia de los íberos y de aquel intento quedó la crónica: “En el XI anno deste rey vino Almanzor otra vez a esta tierra de cristianos, et corrio toda la tierra, et llego fasta Alba et Luna et Gordón et a otro Castiello Arborio; et combatiolos Almanzor, mas pero non los priso...vamos que nones...
El almocadén de las fuerzas atacantes entorna los ojos bajo el cruel viento gordonés,
ese aire seco y frío, capaz tanto de producir buenos embutidos y salazones como de arrancar hasta el alma de los huesos de aquellos que encuentre por su camino. Si además se acompaña de esta niebla encainada que humedece las ropas y enfría el espíritu, se convierte en un tormento letal y traicionero para los asaltantes. Hete aquí, sin embargo, que los sitiados en el interior de la fortaleza gozan de buena protección y mejor alimentación para resistir el asedio. Poco sabe de ellos el adalid de las fuerzas godas: parte integrante de sus propias tropas, rompieron la formación en un cruce de caminos y, recortando por colladas y honduras, fueron a refugiarse donde bien pudieron, dándose la casualidad (malditos ellos) de que el lugar en cuestión, además de casa de comidas, es ahumadero de fiambres y embuchados.
Un revuelo llama en estos momentos su atención, sus hombres, sucios y cansados, han apresado a dos elementos de la partida de huidos. No son ninguno de los tres líderes, que se cobijan escondidos en el mesón, no, estos dos son ralos de pelo, pero por lo demás, diferentes como la noche lo es del día. Mientras uno de ellos, delgado e inquieto como rabo de mastín, mira al suelo silencioso, el otro, más grueso y tranquilo, se mantiene a la espera, con cierta actitud indolente; de uno sus bolsillos cuelga un par de ristras del apreciado chorizo leones…: 
-“¡Los hemos pillado cuando iban al excusado, Señor, son parte de los desertores escapados”, se oye decir a uno de los alguaciles, un joven e impetuoso montañés que monta una yegua tres palmos mas alta de lo que le conviene. “Los cabos Amalio y Acedo, y la escuadra de la que son, después de superar Loma Espinosa cortaron por el hayedo de Vallistiriz, desentendiéndose de las órdenes de vuecencia y de la misión en general!”, añadía excitado el bisoño novicio, enfundado en unas calzas prietas como corsé de meretriz. 
El líder escucha en silencio, tras largos años como Maestre de Campo, don Ramón del Fierro y Calzada es hombre de naturaleza pausada y circunspecta. De hechuras adustas y rigurosas, se precia de no desconocer ningún camino o montaña por lejano que sea. Ojea al más robusto de los cabos, que no deja de lanzar aviesas miradas a su mesnada, la del interior del local, que degusta, tranquila, viandas y caldos en la confortable fonda.-”Don Antonio, ¿tiene algo que decir a las recriminaciones del alguacil Arguelles”. El aludido, a la par que se estira los calzones, dos tallas mas cortas de lo normal, contesta; es la suya una voz menos atiplada, más hecha, más rotunda, con cierto deje gallego, aunque el militar sea de cerca de Despeñaperros…-“O meu amigo e camarada Argüelles esaxera Maestre, non é certa que desertásemos, como malinterpreta erroneamente o meu querido compañeiro. É, máis ben, que decidimos, ante o incerto e malévolo clima, investigar certa derrota que nos suxeriu o Alférez Veiga, oriúndo da zona e bo coñecedor desta. Deste xeito, tras sufrir nos inicios do ascenso a Folledo e á lomba espinada, por camiños sumamente deteriorados polas forzas indíxenas, inclinámonos por terreos ao favorables tanto a ao misión como ao estado da nosa escuadra, menos profesional que a do meu correlixionario…”
Las palabras y la prosa del bien alimentado cabo dejan, por un momento, sin voz al alguacil, a la vez que atraen la atención de unos cuantos jinetes que se acercan, sorprendidos. Interviene ahora el lugarteniente de Del Fierro, que se ha mantenido hasta ahora en un discreto segundo plano: Horacio de la Grana, enjuto y espigado como vara de vid seca, tiene una mirada aguda y perspicaz: -“Cabo, ¿lo que decís es cierto, o fuisteis engañosamente apartados de la ruta por vuestros superiores, los edecanes Patricio, Echevarria y Vega…?”. El cenizo miliciano mira a su compañero, pero este encuentra muy interesante el cordón de sus botas…-“bo, é certo que o camiño ía cara a,,…"

-“¡TRAICIÓN…TRAICIÓN, que este no es gallego!!...”, irrumpe ahora en la conversación el riojano Zarate de la Cantera, veterano hidalgo y experto en luchas contra el terreno, o más bien en el terreno mismo, a tenor del estado de sus ropas…de la que habla se palpa la cantimplora, repleta de buen vino logroñés. 
A la par, pero tres cuartas por encima de todos, asoma el corpachón siniestro del gastador René de la Villa, que, desde sus alturas opina también…-“Yo creo, mi Señor, que lo que hay que hacer es escarmentar a estos desleales, puesto que ya en el ascenso a Folledo, comenzaron a tramar su huida, tanto estos ambos como el resto de renegados”. Suelta el torreón mientras espanta a un par de buitres de su cabeza.
Del Fierro mira hacia atrás, por donde ya viene el infatigable don Manuel Barquín de la Compañía, eficaz tesorero, en sus manos porta el manifiesto de desertores…al pronto comienza a leerlo en voz alta; su declamación es concluyente, la voz profunda, aunque algo cascada por malos hábitos nocturnos…: -“Don Joaquín de la Hora Fallida, don Rafael de la Fonda, don Julián de la Goma, don Jorge, don Camilo y don Juan de la Mesma Casa, don Javier de la Pérdida, don José Luis, don Paulino del Morral, don Juan de Blas, Don Arturo de la Mancha, los señores capitanes Echevarría, Patricio y Vega y los dos tunantes aquí apresados”
Duro es, para un comandante, reconocer una deserción, pero más duro es cuando escucha, desolado, los nombres de los prófugos. Aún cuando hay entre ellos gentes de dudosa inclinación, se asombra al descubrir a personal de renombre. Se esperaba algo parecido cuando, al ascender hacia la collada de Casares, buena parte de su escuadra se quedaba atrás y ya, tras alcanzar Cubilla de Arbás y comenzar el largo y farragoso repecho de la Loma Espinosa, las voces disonantes se escuchaban por todos lados, pero jamás hubiera creído de la titularidad de algunos de los que se apostan en el interior del mesón…Algo ruge en su interior (que bien puede ser hambre…), cuando exclama, con voz profunda y temblorosa (lo dicho era hambre…):- “Atacad sin piedad, no hagáis prisioneros, pinchad sus monturas, comeros sus raciones…!!!”. (...lo que uno decía…).
Sus hombres enfrentan sus cuerpos y sus armas  hacia la fachada de la locanda, a través de cuyas ventanas se puede observar a algunos hombres degustando caldos variados, y…¡NO!, algo llama la atención del guía espiritual, se trata del Licenciado Marín, que se dirige hacia él cargado de libros y mapas. Del Fierro alza la mano detentando la feroz acometida de sus huestes, que tropiezan entre sí…y atropellan al joven don Fabián, que intentaba reparar un nuevo roto en su jaca…-“¿Decíais Don Marín…”, ¿en que puedo ayudaros, si es merced???. El eficaz y portentoso rastreador de caminos y veredas exhibe un largo y retorcido mapa, repleto de cruces, líneas y guarismos que solo él puede entender y más aún comprender. Es la suya una profesión enigmática e impenetrable, solo al alcance de unos pocos elegidos: al arte de encontrar y seguir los rastros, los indicios, las trazas…(...AAaaahhhh....)Los hombres, amedrentados, dan un paso hacia atrás, el titulado les infunde mas temor que respeto, saben que sus conocimientos solo pueden ser cosa del demonio o de las artes diabólicas,  y por si acaso reculan mientras echan mano del escapulario…. 
Marín exhibe chorro de voz, contenida y atildada, pero inagotable…- “Que digo yo, mi Señor, que quizá estos desalmados no sean merecedores de tan mortal castigo, que con una buenas puñadas y con privarles del festín, que si nos enzarzamos en disputas a lo menos se nos enfría el cordero…”
La mención del lanudo animal irrita a Don Ramón – “¡A QUÉ VIENE ESA MELINDRE!! No me
digáis, licenciado, que se os están reblandeciendo los entresijos, que os tornáis pusilánime, acostumbrado como estáis a puyar al prójimo cuando desfallece, o cuando reniega de seguir vuestros pasos, amotinándose incluso e injuriando a vuestra familia, ¡¡EXPLÍCATE O CALLA DE UNA VEZ!!”, vocifera el Del Fierro.
El cartógrafo le tiende el susodicho mapa que trasmite e incrementa el temblor de la mano que lo sujeta, delatando así el temor que siente hacia su superior: - “Llllllla la tropa toda flojeaba a esas alturas, un tercio más de lo ya caminado aún faltaba por recorrer, y otro tercio más de penosa ascensión, y peor tiempo, y la lluvia enfangando los caminos, y …  - “¡NO ES EXCUSA!”, atajó el almocadén, dando un manotazo al pergamino y mandándolo a hacer gárgaras contra la cara del mozalbete Diego, que bien se le nombra mozo y no don, pues todavía no ha alcanzado el grado de bachiller.
A estas alturas todo el mundo fija su atención en la tensa escena, circunstancia que aprovecha el cabo Acedo para, con disimulo, hincar el diente al chorizo, incomprensiblemente aún no requisado por sus captores. 
Con la testuz gacha, un ojo puesto en el suelo y el otro mirando de soslayo a su capitán, por lo que pudiera llegar, el otrora chorro de voz se ha tornado en un hilillo que sale de la garganta seca del licenciado:
-“Habréis de reconocer que, cuando Pentapolín del Arremangado Brazo declaró su intención de desertar, vos mismo me interrogásteis sobre los quebrantos del camino, de si era dulce o tortuoso, de si se tornaba pindio o, por el contrario, en descenso, y la misma duda y deseo de retorno os invadió por momentos. Recordad que os tuve que convencer para continuar hasta la collada de Palancos y, en alcanzándola, se os desencajó la faz cuando señalé hacia Collarriondo”. –“SÍ, SÍ”- exclama sin sopesar sus palabras Alifanfarón de la Trapobana- “Daría un maravedí por volver a ver la cara que tornó voacé cuando preguntó si teníamos que trepar hasta aquel lugar”
Poco duran las risitas que en la tropa desata el comentario, atajadas por el chasquido una soberana colleja que Del Fierro santigua sobre su autor, que se duele más en el ego que en las carnes. 
– “No era por mí la preocupación, sino por la fatiga que veía en la soldada y por el castigo a que nos sometían los meteoros, que la vereda, cuando no era de GUIJO, habíase tornado de lodo toda ella, por obra y gracia de los aguaceros”. La explicación, improvisada sobre la marcha, sonó más a excusa que a defensa, y al capitán le vino su dios a ver cuando se oyó una voz que, sin lugar a duda, salía del reseco gaznate del gallego de Fuente Obejuna: -“¿Que non ten naide aínda sequera un mendruguiño de pan para facer compañía al embutido y un cuartillo de viño para empurrar..?”. El imponente René no se anda con contemplaciones y le arranca lo que queda del menguado chorizo que, en su viaje al interior del jubón del gigante, salpica unas gotillas de aromático aceite que quita la respiración a la concurrencia.
Entre el chorreo choricero y el olorcillo a lo que se guisa en el fuerte de los sitiados, los sitiadores muestran evidentes signos de nerviosismo: unos miran de soslayo el chorizo del sansón, otros se relamen imaginándolo acompañado de la cantimplora del riojano y los más se acercan a los ventanucos de la fortaleza, aspirando el aroma que por ellos se filtra. Ya casi nadie atiende a los argumentos de su capitán:
-“Las órdenes de un superior no se discuten, aunque estas no tengan fundamento yyyy…” un coro de tripas rugientes acalla la plática.
- “La satisfación del deber cumplido, el honor, la gloria, el… el,… “  
– “Para vos todo ello, que nosotros nos conformamos con cosas volátiles y de más sustancia”, responde un descarado Don Pablo de la Incontinente Lengua, al que el hambre infunde valor
- “La, la, …¡¡la belleza del camino!!..., bien merecía lo sufrido de su andar”. Todos se han dado la vuelta hacia el fortín, la envidia y la gula han ensordecido sus oídos.
- “Y además … ¡¡¡A MÍ NO ME GUSTA EL CORDERO!!!

La deserción de unos cuantos se ha tornado en motín de todos y a Don Ramón del Fierro no le ha quedado otra que sentarse a la mesa. Y es que, tratándose de pitanza, no hay grados ni galones, ni contiendas, ni venganza. 
Y cuentan los cronistas que le vieron comer el borrego, y las malas lenguas que incluso repitió.

Barcaiztegui & De la Mancha