lunes, 13 de junio de 2011

LA TRASTIENDA DEL INFIERNO (Soplao 2011)

Al igual que ocurre con los seres vivos, las ideas nacen, crecen, se reproducen (o no) y mueren. La de participar en “Los 10000 del Soplao” nació hace un año, durante la convalecencia tras la operación por rotura del ligamento cruzado anterior de mi rodilla. Pensé que, a modo de esas promesas marianas consistentes en alcanzar algún Santuario de Nuestra Señora, sito a tropecientos kilómetros por camino de guijo, descalzo, o mejor aún, hincado de hinojos para mayor sufrimiento, podría meterme 165 kilómetros entre pecho y espalda para ver como respondía la pierna. Con el tiempo y la lentitud de la recuperación la idea quedó aparcada, dormida pero latente. Hasta que retomé las salidas sabáticas y, en una de esas, el que se hace llamar “De la Mancha” se acercó pedaleando y me dijo: -"Pepe, ¿nos apuntamos al Soplao?". Ese día la idea despertó tímidamente, pero a base de chinchar un sábado sí y otro también, entró en fase de crecimiento.
La inscripción a la prueba fue seguida del arrepentimiento de haberlo hecho, no sólo porque pensaba en la locura y sufrimiento de pasar más horas que nunca encima del sillín, sino porque me estaba obligando a entrenar, a robarme tiempo o quitárselo a mi familia para entregárselo a la bici. Pero ya estaba decidido: a partir de ese día me propuse salir todos los sábados, sin importar la meteorología, y también los miércoles, amparado por la nocturnidad. Aconsejado de nuevo por el Manchego de Asturias, me inscribí en dos rutas que bien podrían indicarme si “progresaba adecuadamente” con vistas a alcanzar el objetivo.Todos los pelayos que acudimos a la Maratón Montes del Sella y los 101 Peregrinos acabamos ambas pruebas. En el grupo de cola los de siempre, los que tenemos como meta llegar a ella sin importar el tiempo que invertimos para alcanzarla. Y en ambas pruebas el mismo comentario una vez acabadas: -"¿te das cuenta de que en El Soplao nos quedarían aún 100 kilómetros?; ¡65 kilómetros más para acabar El Soplao!" . Como se dice en el argot ciclista, los dos días tuve “buenas sensaciones” y, aunque mentiría si dijera que no deseaba ver el final, no me hubiera costado mucho pedalear durante unos cuantos kilómetros más.Este fue todo el bagaje que metí en el petate para ir a Cabezón. ...Menudas batallas nos cuenta ahora el abuelo … Pues sí, pero creo que no está de más para desengañar a los que piensan que nunca podrán hacer este tipo de pruebas por falta de tiempo para entrenar. Es más, como soy un tío de ciencias y me gusta apuntar, observar, analizar, … mis piernas hicieron 1416,10 kilómetros repartidos en 34 salidas desde el 1 de enero, lo que hace un promedio de 41,7 kilómetros por salida. Ya lo veis, no se puede ir a El Soplao con cuatro paseínos previos, pero que no os cuenten milongas; si no pretendes hacer un “buen tiempo” tampoco es necesario entrenar un día sí, otro no, en series de frecuencia cardiaca máxima-mínima, subidas del 20% seguidas de suave pedaleo en llano durante 5 kilómetros (quién cojones encuentra un llano de 5 kilómetros seguidos en Asturias), etc, etc. Y por fin llegó el momento de llevar a término la idea. Llegamos a Cabezón de la Sal y me quedé alucinado del ambiente y la cantidad de gente que atestaba la villa. Si Don Pascual Madoz levantara la cabeza reescribiría la página correspondiente de su diccionario geográfico e incluiría tal evento, no me cabe duda. Recogida de dorsales, traslado a Casar de Periedo, cena a base de carbohidratos y a la cama, si así puede denominarse un catre por el que me sobresalían los pies, olía a gasoil y estaba equipado con una almohada cuyo espesor necesitaba ser medido con un micrómetro. La noche fue un eterno duermevela. -"Los nervios, así estamos todos...", dijo uno de mis compañeros a la mañana siguiente. A estas alturas de la vida, con 46 primaveras a mis lomos y habiéndome colgado ya las medallas que considero importantes, puedo afirmar que la excitación, de haberla, no tenía relación con el evento deportivo, sino más bien con la mala leche que me provocaba la íntima sensación de que me habían tomado el pelo. Pero como diría el Sr. Ende en su interminable relato -“esa es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión”.
Ya estamos casi a la cola de un infinito pelotón que se desparrama por las calles de Cabezón. A la espera de que los AC/DC indiquen el momento de la salida, pasan por mi mente los bienintencionados consejos de los que han completado los 165 kilómetros en anteriores ocasiones: -"El Soplao se entrena haciendo kilómetros en bici de carretera; usa cubiertas rodadoras, que no hay tramos técnicos; si acabaste los peregrinos, El Soplao está chupao; llévate un culotte de repuesto y échate crema; el verdadero Soplao empieza en Ruente; márcate un objetivo (el mío era hacer todo el recorrido en la bici, sin caminar, y doy fe que lo cumplí, salvo el tramo de embotellamiento en el que todos tuvimos que echar pie a tierra)". Ya da igual, ya hemos empezado a rodar. Mi inicio es lento y cansado, como acostumbro. La explosividad de los años mozos se tornó hace tiempo en la constancia de los motores diesel de antaño: costaba arrancarlos, pero cuando calentaban después de los primeros 20 kilómetros, eran capaces de ir sumando los que fueran. Por eso, y porque pronto llega la primera meadita, enseguida me quedo atrás. No importa, me uniré a mis compañeros de fatiga en la Ermita de San Antonio y continuaremos cada uno a su ritmo, pero agrupándonos en los avituallamientos. Mi rodar fue más o menos ligero, mejor de lo que pensaba, y aunque algún “maloso” insinuó que comía algo más que plátanos, pastelitos y bocatas de jamón, os juro que hubiera pasado todos los controles antidopaje. No os detallaré el recorrido e incidencias pormenorizados; ya lo hemos vivido, leído, contado u oído. Tuve la sensación de estar haciendo una prueba en etapas en las que se repetía la misma situación una y otra vez: salida torpe y costosa tras cada avituallamiento, mejora progresiva adelantándome a mis compañeros de grupo y nueva parada de vituallas hasta configurar el mismo grupo (Arturo, Adrián, Juan, Pedro, Josmar, Vicente y el que suscribe). Algunas esperas fueron largas, y aunque el cuerpo te pide arrancar para no enfriarte más de la cuenta, un “no sé que” te retiene, algo que te dice que es mejor disfrutar comiendo acompañado mientras comentas cómo estás, das ánimos al que encuentras desfallecido, compartes barritas, cremas, dichas y desdichas,…Y tras una escapada subiendo El Moral por donde previamente habíamos descendido (lo siento chicos, tenía que seguir mi ritmo o no acababa), después de 165 kilómetros y 15 horas de bici, con las nalgas escocidas a causa de la íntima relación de las susodichas con el sillín (y dicen que el roce hace el cariño, ¡ja!), cansado y emocionado, atravesé la meta. La idea se había consumado, pero no tengo tan claro que, a diferencia de lo que ocurre con los seres vivos, haya muerto.
-"...Señor De La Mancha.................

..........¿VOLVEMOS EL AÑO QUE VIENE?........"


Autor confeso del relato: Don Pepe Marín de Barcaiztegui

martes, 24 de mayo de 2011

SOPLAO 2011, ASÍN FUE

Dicen los veteranos que El Soplao es como la vida misma, con sus alegrías y sus desdichas, con sus triunfos y sus desazones, con sus padecimientos y sus recompensas, pero todo ello concentrado en unas pocas horas y en unas decenas de kilómetros. En ese espacio de tiempo y distancia, se pasa por todo tipo de situaciones físicas, mentales e incluso ambientales...y todo ello en un plazo relativamente corto de tiempo...para algunos...Doy fe que así fue.
Podría dotarse a este relato de adornos épicos, tan en boga hoy en día, pero la simple crónica de los hechos dan idea de lo que es y supone afrontar un Soplao.
Vayamos a los hechos pues:
07:40: Allí estábamos, nerviosos como flanes, sonriendo de forma tontorrona y rodeados de más de 3000 ciclistas, esperando la salida del pelotón. Hay que decir, que aún a pesar de intentar colarnos, estábamos de los últimos, exceptuando Agus, Chema, Trapote, Xuan, Angel V., Jorge, que se pasó la noche soñando empezar la prueba en pijama, y el inefable Juanín, a quien algunos acusan de dormir debajo del podium.
08:00; Puntualmente se canta la cuenta atrás, que empieza a removernos. Fran y Briansó, desaparecen, y el resto desfilamos andando por la alameda de salida, pasando unos buenos 15 minutos hasta que podemos subir a los pedales. Saludamos a los Espantaliebres, que se han animado a venir, y a los que nos encontraremos por toda la ruta de lo cariñosos que son. La mañana está fresca y nublada, y sin mayores problemas, alcanzamos Caviedes y su avituallamiento; habíamos pensado en no parar, pero -"¿quién se resiste a unos buenos plátanos?" , de paso, esperábamos a Pepe, un poco retrasado en estos primeros momentos, luego nos esperaría él a nosotros.. Tras este pincheo, la ruta nos acerca hasta La Cocina, una trialerita de fácil ascenso en solitario, pero imposible con 500 ciclistas posados delante. A media subida escampa un poco la montonera y se puede pedalear. Desde aquí se inicia una laarga subida hacia la Cueva del Soplao, andamos ya por el kilómetro 30 y las piernas, quizás por los nervios, se resienten. Seguimos en grupo, destacando Pepe, que debió desayunar guindillas, y Adrián, que lleva un ritmo muy ligero. El posterior descenso hace que crucemos Ruente, animados por bastante gente, (…la hora del vermouth...), atravesando su estrecha pasarela por encima del río…no había sitio ni para poner los pies...Pedro, envalentonado con el público, echa unas cuantas voces que asustan a alguna doncella. Pero se empieza a subir, y el ritmo pasa factura. El Monte AA es una pequeña tachuela que pincha en los abductores cuando se trepa demasiado deprisa y Mancha se resiente, el resto aguanta. A media ladera, nos sorprende un helicóptero en vuelo rasante, -"a ver si se va a caer...quita..quita..!!!" . En grupo llegamos al área de Casa del Monte, un poco tocados; se nota en las caras y en los estiramientos que exhibimos. Impresionante el despliegue: camión de bomberos, hospital de campaña, camiones-cuba para lavar las bicicletas y un imponente avituallamiento con todo lo impensable hace que nos demoremos un poco en tomar la salida, aprovechando para tomar el sol. Nada mas salir, afrontamos ya la tremenda subida al Moral, 12 km de duro y largo ascenso, los calambres aparecen por doquier, las dudas también, y empezamos a ver participantes abandonando la prueba, ¡¡¡sorprendente!!!, si solo llevamos unos 70 Km.… Pero la sorpresa está por llegar; con un pedaleo redondo, la cuadrilla un poco desperdigada, con Marín, Adrián, un poco preocupado por su Tere, indispuesta en el hostal, y Vicente por delante, Blas y Arturo por detrás y Pedro haciendo la goma entre los dos grupos, de repente vemos bajar como misiles a los primeros clasificados…¡¡¡ NO PUEDE SER!!!, mientras nosotros hemos rodado 75 Km., ellos han hecho ya ¡¡150!!...IMPOSIBLE, ver para no creer...¡qué se habrán tomado???. Arriba en el puerto, al mismo tiempo, Angel Víctor da muestras de su excesiva potencia y arranca un radio de su rueda trasera…irá penando el resto de ruta. Trapote lucha contra la soledad y contra su casette en Tierra de Nadie y del resto no sabemos nada de nada. (¿¿ande andarán???). El ascenso es descarnado, sin árboles ni arbustos, y una ligera niebla humedece los caminos. A lo lejos se escuchan algunos truenos que retumban en las montañas…pero empieza a clarear algo. En el descenso nos encontramos ya con el grueso de ciclistas que acometen la parte final de la ruta, Juanín nos saluda el primero, y a su estela viene el rodador Mulero, al que la sal del ColaCao de la cena debe haberle sentado bien, pues sube como una moto… atravesamos Barcena Mayor, una deliciosa y empedrada vi-vi-vi-lla-lla-lla que nos hace botar, y no de alegría. Por cierto, que a estas alturas, con 90 Km en las piernas, nuestras posaderas reclaman algo de atención (¡¡¡CÓMO DUEEELEN!!!) . A las afueras de Bárcena hay otro surtido avituallamiento, con sol también, y con bocadillo de jamón…que mira que nos habían dicho…no lo comais, no lo comais...que luego pesa en la subida...pues nada, a la saca!!! y algunos hasta se guardaron otro en la mochila. De nuevo el grupeto en marcha, con el mismo orden de subida. Esta vez el ascenso se hace muy largo, demasiado. Los hayedos nos rodean y el paisaje es muy diferente a los anteriores, muy verde. Se gana altura de forma decidida, hay que ascender a 1200m. y se nota en los pulmones. Hemos pasado el ecuador de la prueba, nos movemos por terrenos inexplorados, pues ninguno ha superado el kilometraje que estamos haciendo. A medio camino, Lavandera encuentra una bonita campiña que holla con sus pies desnudos…-“qué haces, que vas a gasear a la gente!!!"... -“es que tenía los pies muy calientes, oye….” Blas aprovecha y demarra y yo subo con Pedro y su goma, ahora lo dejo atrás, ahora me deja él a mi…ahora…-"¡¡¡PEDRO, O DELANTE O DETRÁS, ACLARATE…!!!"... Bueno sigamos…Km 111, he dejado al del gomero por ahí, también a Blas, y subo con Eugenio y su Scott hacia Palombera, esto es larguísimo, nunca se acaba, desde La Cruz de Fuentes la niebla ya es patente y no se ve más allá de cuatro vacas, la quinta desaparece, mejor!, que no se ven las cuestas. Dos rampas en Z y alcanzamos Palombera. El airillo fresco, que no frío, nos recibe al parar, a hidratarse tocan. -"¿JOSMAR!!!, que haces aquí?" ...-"Pues ya ve, aguantando el relente"... (lo del relente lo pongo yo, pero Josmar estaba allí, eso si…). Anda Josmar un poco desanimado, quiere ir de vacaciones a Mayaami y corre el rumor de que el que acaba el Soplao deja de ser hombre durante una semana (Barquín dixit), lo consuelo un poco y llega Pedro, saludando a unas féminas de la zona, fiel a su estilo. A los pocos minutos, zapateando por el paso finlandés, aparece Blas, con media horquilla en descomposición. A partir de aquí, y avisados por un amable organizador, echamos alas, nos quedan 45 minutos de reloj para llegar al corte de Juzmeana, así que afrontamos la bajada desde el alto a toda mecha. Marca ritmo por delante un fugado Pedro, seguido de Mancha, Josmar, el cojo Blas y el lebrel Javier. Es un descenso rápido y pedregoso, con curvas enlazadas, botellines atravesados, y una redonda zanja tamaño oleoducto. Juan de Blas se marca unos derrapes incontrolados que hacen que los testigos llamen a un cura, pero endereza a un palmo del descalabro. A pedalear, 25, 30, 35, me uno a Pedro y juntos afrontamos el descenso de Los Tojos, Pedro coge marcha y se embala a 58 Km/h (-"Nati, no leas esto, somos unos exagerados, bajaríamos a 15-20 por hora, respetando nuestro carril y observando las mariposas"…). Salida a la carretera y regreso hacia el Moral, entrando cinco minutos antes del cierre…siempre los últimos, que cruz!!!. Y allí nos encontramos con nuestros compañeros de desdichas, Vicente, Pepe, Adrián, y Eugenio. Marín está rellenando la badana con Hemoal o algo parecido...Al poco llegan Josmar y Blas, fuera de plazo pero a ver quien era el que se lo decía al barbudo. Este mismo agota el bote de Rexona sobre sus piernas, se toma un café cargado de algo y arranca sin despedirse. Josmar entona el -“ya que estoy aquí...” y coge carrerilla. Por delante ya cabalgan hacia arriba el grasiento Pepe y sus secuaces. Me tomo un chute por si aparece el tio del Mazo, pero me comentan que se lo llevó hacia arriba Xuan Anxel, hace ya 5 horas...que detalle...Partimos Pedro, Josmar y menda. El ascenso es largo, pero es el último. A medio camino se hace de noche y solo se ven a ratos las luces traseras de algún ciclista. Lavandera, aprovecha para hacer relaciones pero no le toman en serio. La niebla cae sobre la senda y el paso se hace incierto, los sonidos se amortiguan y excepto alguna piedra aventada, y el sonido de la propia respiración, subimos en silencio (da algo de canguelo...). De repente, al torcer la senda, las luces fantasmagóricas de un vehículo de Protección civil indican el final del puerto!!!! Pues mira que estamos aquí, que lo tenemos a tiro de piedra, que vamos a llegar!!!.
Acampan en la zona Adrián y Vicente. Marín ya se ha ido, que lo riñen en casa si coge frío, y el Garrido cargado de los lumbares, se traga un energético. Colocamos las luces, a la par que llega el resto de la comparsa. Juan enciende los reflectores antiaereos y la noche se ilumina, aunque la niebla rechaza la luz, y hay que enfocar al suelo. Dadas las circunstancias, avisan de que nos agrupemos para bajar por delante de un coche que nos ilumine el camino…Adrián y yo intercambiamos una mirada de complicidad…-" ¿tiramos???...!!!TIRAMOS!!!..." hacia abajo, Adrián va marcando las curvas, pedal a fondo, hay un par de subidas antes del descenso fuerte y de repente, al mirar a detrás, solo veo oscuridad, Garrido Josmar y Juan se han descolgado. Entre la niebla, de repente suena un cencerro,...-"TOLÓN---TOLÓN...", clavamos frenos a la espera del asalto del rumiante pero nos sorprende una voz animándonos a continuar, es un animador que ya estaba allí por la mañana!!! Seguimos bajando, Marguerido afronta las curvas con decisión, la veteranía en las nocturnas se nota, vamos adelantando ciclistas, al principio de uno en uno, luego en parejas y al final a grupos completos. De vez en cuando echo un vistazo atrás pero sigo viendo la boca del lobo, así que dejo de mirar... La niebla es espesa, y empapa nuestros guantes, nuestras ropas, nuestras piernas, es difícil coger tacto para frenar con las manos entumecidas, y en algunos giros freno con los dientes apretados, para no perderlos, por si acaso... Las curvas se vuelven mas pronunciadas y las recordamos de por la mañana….hace ya tanto tiempo..., debemos estar cerca del área recreativa. Sin tregua, y aprovechando que se aclara la niebla, adelantamos también a un coche de la organización y a otro pelotón que se asustan al vernos pasar. Había un avituallamiento que ni vimos??. Alcanzamos Ucieda y a relevos de 40 Km/h cogemos la carretera ya en dirección Cabezón. Algunos nos adelantan como si hubiera meta volante...por que ya no puedo ni con la badana, que si no...a estas alturas, deben ser las 23:30 o por ahí. Atravesamos un paso entre montañas y llaneamos por la Avenida de entrada a Cabezón, al que llegamos en poco. La entrada en la villa es espectacular, con gente animando, aplaudiendo, brindando con jarras en la mano, (los que salían de una cervecería), y por fin, 16 horas después de salir, el hinchable de meta. Emocionante, pero que muy emocionante, vamos que si me paro allí, todavía estaba lagrimando...pero no, seguimos unos metros y nos encontramos a Pablo, aburrido de esperar y al cremoso Pepe. Al poco llegan Vicente y Pedro, con Josmar en el rebufo y cerrando el grupo el inmenso Blas. Tras las fotos de rigor, con caras que denotan cansancio, toca alimentarse un poco en la carpa de la organización, ensalada de pasta y cerveza. Son las doce y media de la noche. El resto de integrantes de la expedición, ya andan cabeceando en la cama, o de vuelta para casa, en el caso de Fran, Agus y Briansó. Lo que queda es sencillo de contar: traslado al hostal, una buena ducha y casi todos a la cama a descansar, menos un par de dos que se tomaron una cerveza para celebrar la hazaña.
Al día siguiente, los rostros indicaban la dureza de la prueba, los que se levantaron, porque a otros casi los tienen que sacar de la cama a escobazos...desayuno, recogida de equipajes y retorno a casa que había que votar y ver la carrera de Alonso.
Y esto es el sencillo relato de una prueba increíble, por su recorrido, por su gente, por su dureza, y por lo bien que nos lo hemos pasado!!!! Gracias a todos.

Pd. ...chissst...chissst...compis...el año que viene…¿volvemos???

viernes, 6 de mayo de 2011

DÉJÀ VU (101 Peregrinos 2011)

El sonido de las botas al hundirse en el barro es agónico, es un chapoteo que embota los sentidos, un sufrimiento que nubla el raciocinio; el ascenso se torna estrecho y los ciclistas pasan de uno en uno, portando sus monturas, ora a hombros, ora a rastras...Marín, que a estas horas lleva regado medio Bierzo con sus aguas menores, está que se lo llevan los demonios...-“Que yo vine a pedalear, no a hacer un duatlon!!!...buff!!, que no llego...- exclama mientras deja la bici y corre a un arbusto cercano..., por detrás de él, sufriendo también, llegan los veteranos Blas y Mancha, el primero luce un chafarrinón por su parte delantera, restos de un barrigazo de emergencia, tras ellos pasan los reclutas Josmar y Lavandera, que intenta limpiarse las piernas sin éxito, y, cerrando el grupo los Garrido y Acedo, parapetado este tras los dos hermanos en un vano intento de guarecerse de la llovizna que castiga de nuevo a los jinetes.
8 horas de ruta, 75 kilómetros recorridos, nos quedan, ¡solo!, menos de 30 para llegar a Ponferrada. Estamos en la zona de San Juan, hemos dejado atrás Santalla y nos toca hacer un bucle para volver de nuevo al mismo lugar. Pero esta vuelta se antoja eterna, a pesar de no haber grandes desniveles, el oscuro y pringoso barro hace imposible avanzar montado más de unos pocos metros...unos pocos metros...........
Los comienzos fueron buenos, mañana clara y despejada, temperatura agradable, para ir de corto, y una organización perfecta, dieron la salida a la peregrinación de este año. En los primeros metros no hay alturas respetables, y se rueda bastante rápido, disfrutando de los paisajes y de los olores de aquellas tierras. Salvo un ligero desgaste del cable de Pepe, no hay ningún problema y pasamos por los primeros avituallamientos, muy bien aprovisionados por cierto, casi sin posarnos. Alberto, que se convierte en el adalid de la ruta, en nuestro líder, nos lleva en volandas por la zona, aprovechando que el terreno está seco, que la cena del viernes, en el interior del Polideportivo este año, fue consistente, y que tiene unos cuantos años menos..¡CARAPE!!. En el Km 28, a las 12 de la mañana, de súbito, las nubes, que venían amenazando desde el día de ayer, descargan un aguacero que obliga a calzarse el impermeable, ya no lo quitaríamos en todo el día. Los viñedos dejan paso al bosque de encinas y rodamos por debajo de Las Médulas, atravesando el paso de La Balouta, cañón estrecho y pedregoso, terror de desviadores traseros. Todos así, juntos y bien dispuestos llegaríamos a Puente de Domingo Flórez, importante punto de avitualle y reposo; aunque a estas alturas de la carrera, ya hemos engullido bollos para todo un año, todavía nos zampamos alguno...El agua sigue cayendo sin disimulo, y tras unos momentos de duda...me quito el chubasquero, me lo pongo-me lo quito-me lo pongo...arrancamos hacia la larga subida de Yeres, son 10 Km duros, muuy duros, que calientan los músculos, y cargan las extremidades. Alberto, Pedro y Pepe, cuando no para a desaguar, lideran la cabeza; vigilando la retaguardia acude el resto del pelotón: Josmar que se descuelga, Blas que le acompaña un trecho, Mancha que hace fotos floridas, Antonio que observa el paisaje...Vicente ni habla...lo que sea por descansar…Por un momento, la llovizna hace una tregua y nos permite rodar en seco. Pero al llegar a Yeres, llueve de nuevo, cargamos isotónicos y frutas variadas…bueno y algún tigretón, vale…y afrontamos el ascenso hasta Las Médulas. El terreno está en buen estado, y la llovizna se agradece, pero esta cuesta sí que es dura...dura de...narices!…y de otros pedúnculos...y sin descansos...arriba, arriba, mas arriba, el cuenta clavado en 3,2 Km/h...todos se me quejan…mis riñones, mi espalda, mis brazos, mis...Surgen pequeños problemas por doquier: Toni discute con el plato pequeño, que se intenta fugar; Mancha guerrea con dos piñones rebeldes; -"Marín...¿Pepe?...¿donde está Pepe?...-“De ahí sale, se le va a secar...”, atrona Blas, señalando una jara húmeda, mientras echa refrigerante a la pierna de Acedo...el resto ni hablan...Al fin, después de trepar 450 m, llegamos al mirador de Orellán; hay, como no, avituallamiento surtido; un trago y media manzana, la foto de rigor, unos estiramientos a cargo de Pedro, que lleva todo el día muy tenso, no hay moza que lo aguante, y para abajo que se enfría Juan. El descenso, por carretera primero y pista luego, acaba en un barrizal-trampa, las ruedas pierden los tacos, nosotros el equilibrio, Toni y Alberto atacan las cunetas, Blas, que hizo algo de patinaje, aguanta un poco hasta que se olvida la bici detrás, y Pedro, tan elegante él, va de puntillas por las orillas. Los demás resbalan como pueden, el lodo salpica por doquier, Vicente, quita un par de puñados de la horquilla y luego de la mano. El tramo se abre un poco y se puede pedalear hasta el siguiente pueblo, La Chana, donde las mangueras descubren el color de la yeguada. Pero “la dicha dura poco en casa del probe, hijo”, que me decía mi tía, y unos metros a continuación, nos vemos rodeados de nuevo por el cieno, primero en una senda y luego por un prado inclinado, donde el pedalear es una quimera, Empujando y tirando coronamos la pista de Ski para descolgarnos a media ladera por el Castillo de Cornatel. Raudos y veloces, cuesta abajo, llegamos a Villavieja para disfrutar de una degustación de productos autóctonos: chorizo, salchichón, queso, tintorro, alivian nuestras penas a la par que un amable vecino pone en condiciones a nuestras queridas monturas. El trazado sigue dirección Norte y allá que nos dirigimos, atravesando zonas de pasto y alameda. Tras ascender una corta cima, la pista se ensancha y desciende hasta el valle de forma vertiginosa, soltamos frenos, algunas piedras de las ruedas y apretamos los dientes…la bajada es endiabladamente rápida…pero que muuy ráaapida. La aceitunada jaca de Alberto lidera el descenso sin dudar en las primeras curvas, pero, repentinamente, una lozana y altiva yegua blanca lo supera sin compasión, en una maniobra harto arriesgada…todavía resuenan en el valle los gemidos y sollozos del Garrido, al ser adelantado por tan hábil veterano…y al abordar al valle…BARRO...¿Por qué me sorprende?
Santalla del Bierzo, Km 73;
Hemos llegado hace poco, después de unas cuantas curvas con grijo que despejaron el viscoso de las ruedas; algunos enjuagan las potras, otros aprovisionan la panza…De repente, suena el móvil, después de varios gruñidos y giros inesperados, consigo extraer de la mochila al condenado, el número es desconocido...¿Quién demonios me llamará hoy...?...-“¿SIIII?”... -“¿DONDE ESTÁIS?”... (y a este que le importa...)...-“¿QUIÉN ERES?”… -“ SOY VICENTE!!!”... -“Pero si Vicente está aquí con noso.....¡ANDA! pues no…, ¿donde estás tu?” …-“EN PRIARANZA!!!”, me giro e interrogo al vigilante de los bocadillos, que, cuchillo en mano, no le quita el ojo a Josmar... -“¿Priaranza?...está a un kilómetro hacia abajo...pasáis por allí, que os espere hombre”...responde el navajero... -“esto…¡Vicente!, que tienes que subir!!!... (me niego a reproducir los epítetos consiguientes)...3 cuartos de hora, varios bocadillos y algunas pintas de vino después apareció el aventurero, extraviado en medio del monte al no tomar una curva medio indicada.
Desde Santalla, la organización había trazado un bucle, que parecía bastante corto...
-"JA!!...¡¡¡10 kilómetros!!! 10 kilómetros de barro!!, ¿quién dijo corto?? Pepe...PEPE!!…¿donde estás???,. sal de detrás de la cotolla, que te vas a deshidratar!!... Aparecemos en Santalla, de nuevo, pero 1 hora más tarde y con 3 kilos de barro encima; No paramos, bajamos hasta Priaranza...aquí han montado un restaurante!!!...pollo, tortilla, caldo de pita, empanada, tintorro, pastelillos, isotónicas (burppp...pasa el vino Toni...), aquello parece una fiesta, confraternizamos con los vecinos, cantamos el himno del pueblo y hasta aplaudimos, mientras se controla al joven Lavandera, que ronda a la doncella del bici-lavado hasta que esta le enfría los bajos a manguerazos.
Solo nos restan 16 Km, pero acecha la terrorífica cuesta del año pasado, nos despedimos de las alegres cocineras y emprendemos el camino. Algo de lodo nos acompaña por el tramo, pero no demasiado, y, en el colmo de la dicha, descubrimos que la famosa rampa está seca como un ajo zamorano, aún así, se resiste la maldita...hay quien la sube de rodillas. A partir de ahí, el terreno se gana con facilidad…Toral, laderas del Pajariel, fabrica de jamones, ríos-caleya, Puente Boeza, senda fluvial del Sil y llegada a Meta, no sin antes acicalarse un poco y lucir uniformes. La entrada en Meta, de poner los pelos como escarpias, todos juntos, Azul Pelayo en pleno, la gente se aparta y nos hacen fotos de frente y de costado. Han sido 10:55 horas como consta en el ticket, dos horas menos que el año pasado, llegando de día, y con la alegría pintada en las caras, Exultantes que estamos.. Lavamos las bicicletas, y nos acercamos a recoger los regalos como finalistas: camiseta manga larga, diploma y MEDALLA!!!, este año han tirado la casa por la ventana!!!. A partir de aquí, llegada al hostal, ducha y engalane y cena en un restaurante de postín, cercano al hostal. Más tarde, hubo unos brindis por la finalización de la ruta y los que tenían energías todavía, estiraron un poco mas la noche, pero eso es otra historia…

Y no quiero terminar esta crónica sin que consten unas palabras de felicitación a los organizadores de la marcha, que habiendo corregido los defectos de la primera edición, tan buen sabor de boca nos han dejado este año. FELICIDADES!!

Pd. Y el año que viene..¿repetiremos?...si...mas... por cierto...el año pasado...¿no había barro???...

domingo, 3 de abril de 2011

PRIENA...volveremos...

¿CUAANTOS SOOOIS???...SOIS…ois...la pregunta rebota entre las montañas, nítida, vibrante, poderosa…, unos cientos de metros por debajo, Pedro Pablo escudriña con ojos de halcón miope el origen de la llamada; a su lado, ocultos por la loma, el resto de integrantes de la cuadrilla escucha degustando la ansiada comida…-“¿quién ef efe?, inquiere Félix con media empanada de chorizo asomando por su carrillo inferior…-“Ni idea, debe ser un pastor…” responde el de la perilla. –“SIEEETE!!!”, atrona Moya… -“ESTAMOS COMIENDO AQUÍII ARRIIIBA!!”, replica la misteriosa voz…-”pues mira que bien… ¡NOSOTROS TAMBIÉN!!”, envalentonado, Pablo ataca… -“¿QUIEN EERES?”-“¡ANGEL VIIICTOR!!!”-“¡anda si es Angel Victor!” , adivina Paulino, aplastando en ese momento unos miles de margaritas… –“puef no lo parefe…”asevera Blas asesinando un panchón relleno de cecina…Los otros tres integrantes del grupo, Venta, Acedo y Mancha, atentos ellos, extraían de sus petates los tuppers repletos de delicatessen…. Fue la última vez que las dos cordadas de la expedición tuvieron contacto en la ruta. A partir de entonces, cada expedición abordaría diferentes peligros hasta culminar sus objetivos: la eterna lucha contra el crono en el caso de la facción de cabeza, y la bucólica contemplación paisajística de los segundos... Aunque el grupo había partido prieto de Cangas de Onís, sintiendo la baja in extremis del barbudo Pedro, abandonado por su blanca jumenta, fue en la aproximación a Llargamundi cuando Paulino con su cadena y Rafa con su cambio, certificaban la dureza de las primeras rampas. Así, mientras los escaladores de cabeza, comandados por Gaztelu y Manuel, y escoltados por un cambiante grupo de aspirantes: Rendueles, Barquín, Mulero, Marín y Pachu, entre otros, ascendían sin freno, unos kilómetros por detrás y por debajo, Moya auxiliaba a un extenuado Del Real, a punto de guillotinar a su anudada cadena…una vez solventado el percance, la feliz pareja recogía a Rafa Venta, de paseo por los alrededores y seguían trepando los riscos. Mientras, el grupo líder superaba sin mayores problemas la curva del Mastín Homicida, y coronaba la collada. Allí, tras un duro interrogatorio al letrado José María, que pleiteo hasta el final por su inocencia (-“que eran dos…no tres…”), se estableció contacto con los fugados de retaguardia, los cuales confirmaron su continuidad en el trayecto. A la vista de que iban a rodar cabezas a su llegada, la tropa puso pies en polvorosa, lanzándose al abismo de Prioro, pendiente asesina y traicionera donde las halla, y que hizo recordar los tiempos de cuando se frenaba con las alpargatas en la rueda trasera. Una vez abajo…¿hay que subir otra vez…?... pues sí, el bueno de Ángel Víctor, incansable él al desaliento reinante, dirigía con pericia las huestes hacía las alturas de Gamonedo, rico pueblo quesero. Aunque no olía a queso, unos pocos jornaleros decidieron esperar allí a los 2 + 1 de la zaga, que llegarían en perfecto estado dicharachero unos minutos mas tarde…unos cuantos minutos más tarde, que se entretuvieron explorando el camino de vuelta. Una vez espantados los caracoles curiosos de las bicicletas, salio el ya reunificado grupo al ataque…al ataque Paau…encontrándose con un feroz descenso al rio Sirviello…¿ahora…hay que subir??? ...pero...¡hombre…¿OTRA VEZ??!!!...¿donde está Ángel Víctor…?...no estaba, suerte que tuvo, bueno, pues a subir de nuevo…mejor dicho, trepar; el ascenso al collado Lincos se hizo largo y extenuante, solo interrumpido por los ánimos de unos excursionistas que, afortunados ellos, descendían de las alturas. El hormigón de la pista exhibía sus razones, y, ante la pérfida rampa final, el clan de cola decidió descansar y reponer fuerzas. Fue en ese momento donde, sorprendidos y hambrientos, oímos la enigmática voz del comandante de la ruta... Habían pasado 5 horas y 25 Km…, menuda media. Una vez aclaradas las gargantas, (léase rápido) el pelotón de ataque, que habían comido cuatro cacahuetes, atrincherados en una marquesina de autobús, arremetieron de nuevo contra las alturas, y tras portear raudos por la majada de Belbín, alcanzaron el lago Ercina, asustando con su rebufo a los turistas que allí pacían. …(velocidad normal…) alguún tiempo después…los mismos turistas contemplaban como otro pelotón, más pausado y tranquilo, serpenteaaba por las verdes praderías de una forma grácil a la par que elegante, y degustaba unos pinchos servidos por el eficaz barman Blas, escuchando por enésima vez el Moyano relato del cachopo con queso de cabra. Atrás quedaba Belbín con sus renovadas cabañas y refescantes fuentes, donde la compañía había reposado del pedregoso descenso, y Buferrera, con su desierta área recreativa. Del grupo atacante (¡vamos…vamos...!!) se desprendían, en ese momento, las unidades Marín y Camarero, que abandonaban la contienda en pos de una ducha temprana. El resto de los integrantes acometía de nuevo un porteo y otro más largo todavía, que, casi sin darse cuenta, (...si, casi…je…pobre Ángel...) los llevaba a las alturas del Picu Priena, atalaya indispensable de Covadonga. Desde aquí un descenso largo y retorcido con giros imposibles, por la Cuesta de Ginés, pondría las cosas en su lugar…a unos sujetos a los árboles y a otros a la hierba. De nuevo en la carretera, y a una moderada velocidad de 40 Km/h, llegarían a la carnavalesca ciudad de Cangas y a las zonas de aseo. Por las alturas de La Huesera, entre tanto, paseaban unos tranquilos ciclistas, que mochileando con sus monturas un corto trecho, desembocarían en una suave pista que los conduciría de nuevo, algunas rampas mediante, claro, hasta Intriago, y desde aquí, pinchazo por medio, a la ya citada Cangas, donde se reunirían de nuevo con sus veloces compañeros. Tras las duchas, cervezas y pinchos de rigor, donde Ángel Victor ejerció de buen anfitrión, intentando con ello que se le perdonaran sus numerosos pecados, hubo merendola en un mesón de la villa, aprovechando de nuevo Moya para hacer publicidad de su ya famoso cachopo de queso de cabra con cecina de jabalí. Y, ya con el tiempo apremiando los relojes, a algunos más que a otros, la cuadrilla retornó, bajo una refrescante llovizna, a sus vehículos, camino de sus casas.


Moraleja: "Si a viejo quieres llegar, a las rutas de Ángel Victor no vayas a pedalear..."

domingo, 13 de marzo de 2011

LA ALIMENTACION, TAN IMPORTANTE ELLA.
Es bien sabido por todos los ciclistas, y confirmado por sesudos y concienzudos estudios, que la alimentación (la buena, claro) es tan importante a la hora del rendimiento, si no más, como el entrenamiento. De ahí, la gran importancia que, como ciclistas harto experimentados…, debemos dar a nuestra dieta diaria. El establecimiento de nuestro metabolismo basal, así como la determinación de nuestro biotipo, ya sea ectoformo (el Pablo), mesoformo (el Jorge) o endoformo (…el resto de triperos), determina exactamente el tipo y la cantidad de vituallas que debemos ingerir para mantener nuestro estado… –“... ¡de buena esperanza, doctor…!”-“¡NO!, nuestro estado físico en la mejor condición. Como regla principal, hay que ajustar nuestro consumo a nuestro gasto, por ejemplo, una ruta de 25 Km. por muy dura que sea…pues no consume más allá de un filete a la plancha y un poco de lechuga, regado todo con un poco de agua…todo lo demás, se lo lleva ese amigo nuestro que vive al lado… –“... ¡el Paulino, estaba claro!…” , -“¡NO!, Michelín”, –“…Ahhh…”. – Pero es que la ruta tuvo de todo, para empezar, había que ascender un prao húmedo, Toni hasta rompió la cadena, mas tarde vino una zona de caminos en mal estado que hizo que se sufriera de lo lindo…”. –“Todo ese gasto energético inicial debe de salir del desayuno, ¿Cuál fue el suyo, González?... -“…es que yo soy de desayunar muy poco…”-“Craso error, de nada vale emprender una ruta en ayunas para luego atiborrarse a mas no poder de proteínas y grasas saturadas, su glucógeno estaría por los suelos”. –“Hummm...saturaaadas…”. –“Atienda González, que se dispersa, siga contándome.”. –“Le decía, doctor, que el sol empezó a apretar de lo lindo por la zona de Molleda, pistas anchas y de buen firme, justo antes del ascenso al Pico, que por cierto, para unos es el Gorfolí, pero para otros es el Friera…la subida no era demasiado dura, cada uno lo hizo a su ritmo, y se llegó casi a la vez”. –“Hasta ahora solo constato un moderado consumo de líquidos, fácil de reponer mediante una buena hidratación…GONZALEZ!, cierre la boca, ¿en qué está pensando?, siga, siga…”. –“…bueno, una vez en la cima, se hicieron algunas fotos para el recuerdo, y el grupo se lanzó por la vertiente Noroeste, una senda de cotollas que al final se empinaba más de la cuenta, provocando que algunos tuvieran que agarrarse a las raíces del suelo, so pena de estriparse un .........…” -“Cuide ese lenguaje González, que esto es un colegio de pago… Seguimos con poco gasto energético, con unos pocos carbohidratos de absorción lenta quedaría todo arreglado…avance, avance…”. –“¿¿Carbohidratos???...¿eso son las patatas fritas?...porque en ese caso…buenooo, yo le cuento y luego me dice…Tras la pindia cuesta, vino una zona de relajo, en forma de ancha senda, que llevó el grupo a una zona boscosa, con cierto parecido a una pista de esquí; con una primera zona de eucaliptos apretados, que hacían como de puertas de un Slalom, en la que algunos quedaron descalificados al atorarse en los palos, y luego un trampolín de saltos, que solo Kike, el guía, logró vencer…bueno, a decir verdad, alguno más lo intentó, pero todavía se pone paños calientes en el flanco izquierdo…De aquí se pasó por una zona cenagosa y en poco tiempo ya el grupo asomaba a la carretera de Molleda de nuevo, para, tras pasar por La Tabla y su renombrado mesón…” –“Lugar de perdición..., quesos grasos, embutidos, frituras varias, carnes atocinadas, bebidas hipercalóricas…GONZÁLEZ!! ¿Por qué cierra las ojos...se encuentra mal…?... -“No doctor, no, he tenido como un vahído, debo de estar algo bajo de glucógenos…, en fin, le decía que ya al poco de pasar por ese lugar, se llegó al punto de partida, y gracias a las gestiones de Rubén, la cuadrilla pudo asearse en el Polideportivo de Los Canapes, para acudir al restaurante en buen estado de revista…”. -” Bien, entonces llevaremos ahora a cabo el balance de los alimentos consumidos, para ver su idoneidad frente a una ruta de tan corto gasto energético, deje que tome nota…supongo que mayoritariamente el menú se compondría de ensaladas varias, carnes o pescados a la plancha y algún postre ligero, ¿no es así?...GONZÁLEZ! ¿se siente usted bien?...tiene usted los ojos en blanco…ENFERMERAAA!!...este joven ha sufrido una subida de LACTATOS!!!
Con agradecimiento a nuestros guias y anfitriones, Manuel, Kike, y demás amigos.

(Burrppppp..., perdón...)