miércoles, 24 de abril de 2013

¡¡QUÉ MAL LO PASEMOS ... PERO QUÉ PAISANOS SEMOS!!


Observe el lector la foto que encabeza esta crónica. En ella se puede ver a cuatro aguerridos ciclistas, sonrientes ellos, luciendo el uniforme de la Peña BTT Rey Pelayo, que es así como, según los estatutos, se denomina nuestro bien querido club.
Como la mayoría de los lectores de estas líneas, a buen seguro, serán integrantes de dicha agrupación, habrán reconocido al personal: de izquierda a derecha, Barquín, Ángel Zárate, Antonio y el que suscribe, Pepe. En la instantánea también aparece Yoli, ocasional acompañante en nuestras correrías, y no están presentes otros tres Pelayos que asistieron al evento, a saber, Manu pedal, el expatriado Juan Ángel y el noreñense Pachu. De la chica y de los dos primeros me olvido en lo que concierne a esta historia: son partículas virtuales, como los fotones, pura energía, se sabe que existen pero no dónde están, puesto que nunca ocupan un lugar fijo en el espacio. Es más, una vez liberados no se les vuelve a ver ni el pelo ni ninguna otra parte de su anatomía (sí, Ángel,sí, mira la clasificación de la prueba y reconoce que te equivocaste en la asignación de ese …, ejem, ejem, … culotte). En definitiva, que si las huestes del soberano astur hubieran estado constituidas por esta nutrida soldadesca (por lo de bien alimentada, que no por numerosa), todavía tenemos a Munuza y sus musulmanes descojonándose por la Península.
La foto está tomada minutos antes de dar comienzo la cuarta edición de la “Bike Maratón Montes del Sella” y, como acabo de señalar, se nos ve sonrientes (doy fe de que Pachu también sonreía, probablemente más que ninguno). Y me pregunto: ¿de qué carajo nos reímos? Ya lo sé.
PEPE - Joder! Tengo la rodilla como un botijo, no sé si podré acabar
ANTONIO - Pues yo estoy tomando antiinflamatorios para el hombro
BARQUÍN - Llevo la rueda frenada por culpa de las putas pastillas
ÁNGEL -  … de momento no dice nada, pero ya lo dirá dentro de unos cuantos kilómetros
PACHU - Toy raru, tengo el cuerpu como apajaraú
En efecto, ese gesto facial forzado exclusivamente para el momento del retrato es causado por el “tira tú, que a mí me da la risa” mientras pensamos en los 56 duros kilómetros, acompañados de calor, barro, 2000 m de desnivel acumulado y, según reza el rutómetro, tres subidas duras y dos bajadas peligrosas.
Peeero, hay que saber sobreponerse, y ya que hemos logrado escapar de la enfermería del geriátrico … “VAMOALLÁ, COMPAÑEIROS”

Comienza la prueba, que para nosotros no es carrera, que vamos a disfrutar, a pasarlo bien, -Antonio no te ciegues, que te veo venir-. Todos juntinos por las calles de Ribadesella durante el primer kilómetro, aunque la compañía lo será por poco tiempo. A la salida de la cuevona de Cuevas (es muy bonita, pero el que la bautizó fijo que no conocía otra gruta o era deGijóndetolavida) ya me he quedado solo. No sé dónde están mis compañeros. En el mismo pueblo comienza la subida. Voy despacio, pero logro no posar el pie a pesar de que he visto pasos de Semana Santa más rápidos. Sorteo a unos cuantos “cofrades” que empujan su cruz y llego a la zona de “menos cuesta”. Vale, pues ahora a relajar, a disfrutar del sol, de los paisajes sobre el río Kwai, a tomar unas fotillas. La rodilla se va portando, pero mejor no maltratarla, que ya se sabe que las rodillas son muy suyas y se mosquean a la mínima, no vaya a ser que se rompa el botijo. En un pispás –anda, anda, ya serían dos- llego a la carretera que atraviesa el Monte Moro. Ya sabéis los que conocéis la ruta, esa que subes un cachín y vuelve a llevarte a una pista de las de mirar hacia el final levantando muuucho la cabeza, que tiene muuuchas piedras sueltas; esa que empiezas bien, por la izquierda, aprovechando un poquiñín de yerba, si no hay ningún tocapelotas que por joder no se aparta cuando echa pie a tierra; esa que dices –joder, joder, que esta vez la subo toda de un tirón- y que finalmente la acabas subiendo de un tirón, sí, pero de un tirón de manillar y no te pases que igual también te da un tirón de gemelo. Seguimos ascendiendo hasta dejar atrás la primera de las tres subidas fuertes de las enumeradas en la ficha técnica de la prueba.

Por el camino he pasado a Pachu, con su nueva indumentaria de marcar abdominales y hacerle a uno cachas, y diviso al Sr. Zárate, que va como una moto, concretamente como una Sanglas 400e, las que llevaba la Guardia Civil de Tráfico cuando éramos nenos, con el casco de Calimero y las gafas de bucear. Llego a la altura de Barquín, que sigue frenado de la rueda delantera. El probe tiene que dar pedales incluso bajando y el roce de la pastilla con el disco ha hecho el cariño; con el cariño y el roce, ya se sabe, viene el calor y el aumento de volumen, el del aceite, malpensados, que cuando se calienta tiene muy mala leche, hazme caso, mira si no cuando fríes un huevo, porque alguna vez freirías un huevo ¿no?, ¡hostia, no jodas! ¿Y Antonio? ¿qué ye de Antonio? Mira que le dije… pues ya se cegó, lo del hombro chungo debía de ser una excusa.
Al poco encuentro a Ángel a la veredita del camino:
-¿Le pasa a usted algo, Sr. Zárate? He sabido que un parroquiano, ansioso de darle un ósculo, a poco más y le da por … tirarle de la bici. Y con él a medio pelotón.
- No, nada –responde el riojano- que estoy haciendo unas foticos.
Así que descabalgo y, previo requerimiento, un amable ciclista que pasaba por allí (¿de dónde saldría?) nos digitaliza de arriba a abajo. Y, hale, a seguir, que ya queda nada para parar a llenar el buche. La parada refrigerio ha lugar en un paraje sito a tiro piedra de Bustazán, donde el camino se bifurca en dos ramales: el que parte hacia el oeste va derecho al pinar de mi amiga Thaumetopoea pityocampa; el que baja hacia el sur … BIEN!!!, he dicho que baja … jajá! En lo que como, bebo, canto y folgo me vuelvo a quedar solo: Barquín ni se detiene, que ya va suficientemente frenado, que lo mismo se le agarrota la pinza, la del freno, y Ángel es de los que comen como un paxarín. Antes de arrear soy testigo de la estupidez humana, y perdón por la redundancia, pues la estupidez es siempre humana: un payaso (no, de los de reír no, de los otros) enciende un pitillo y, entre calada y calada, continúa su pedaleo. En fin, lo que hacen algunos para llamar la atención.

Definitivamente nos echamos monte abajo, por la que a todas luces es la primera “bajada peligrosa”, o eso creo, porque cuesta gobernar la nave en el ¿firme? deslizante. La jugada consiste en descender, perdiendo unos 175 m de desnivel para, según se pierden, volver a buscarlos subiendo otro tanto. Y todo por evitar a la pityocampa esa, la peluda que tiene la marcial costumbre de ir en fila de a una, la causante de que Pachu vista hoy de largo, con faja, refajo y refajillo, su camisita y su canesú, rebeca y chaquetilla, manguitos, guantes hasta el codo y mitones, calzones, polainas, cubrebotas, calcetines de lana y medias de canalé. A 23 grados de los centígrados a la sombra, ¡oiga!. Pero eso sí, la güinestoper serigrafíamela con unos buenos abdominales, que me dé un aire al Gerard Butler ese de la peli de los 300 espartanos. ¡¡¡Paaachu!!!, no te mosquees, que estás como una xiblata y no te hace falta para nada ir marcando tabletilla. Total, que no sé para qué tanta bajada y subida con el fin de evitar lo inevitable.  A mis amigas no las llegué a ver, pero haberlas habíalas porque según escribo estas letras, entre párrafo y párrafo, mis dedos abandonan el teclado para aliviar los picores de mi muslamen y otras partes más recónditas (las corvas, guarronzones).

La bajada hacia Arriondas reconforta, quizá porque supone que ya hemos completado la mitad del camino, que no del tiempo. A Ángel lo dejé atrás hace un rato y a Barquín me lo topo al poco de traspasar Pendás, donde un grupo de lugareños aplauden al paso de los esforzados, para darles ánimos. Ánimos tenemos, ¡leñe!, lo que faltan son fuerzas. Don Manuel suelta palabras irreproducibles por una casta pluma como la mía, y exhibe una tez en la que se entremezcla el rojo del esfuerzo con el blanco de la crema solar, todo ello salpicado de un punteado marrón cieno. En su espíritu afloran los primeros brotes verdes, ¡uy! perdón, quería decir los primeros brotes de estoyhastaloscojonesyvoyaabandonar. Le acompaño un rato para insuflarle ánimo, que como acabo de decir no sirve para mucho, a no ser que vaya acompañado de eritropoyetina.
Emprendemos juntos otra bajada, no sé si de las peligrosas, llena de barro y unos regodones húmedo-cabroncetes con muy mala leche. Al final del tramo se aposta un fotógrafo que comparte adjetivos calificativos con los citados pedruscos. Bueno, a decir verdad no sé si está húmedo, pero el tío apunta a todo bicho rodante a la espera, seguro, de que alguno se dé una galleta, para captar la instantánea del desastre. Pues en lo que respecta al dúo Barquín/Marín se quedó con las ganas, pues negociamos el roquedo con pericia, y sólo nos faltó hacer un posado sin manos; el fulano nos sacó todo lo guapos que somos: impresionantes imágenes, ¡qué porte, qué figura, qué perfil, qué a punto de darnos una hostia!
 Recién acabada la ingesta de hidratos de carbono y azúcares, y a punto ya de marchar hacia el Bustacu, aparecen los derrengados Zárate y Camarero.
Los dos emiten ayes de dolor, el primero acalambrado y el segundo apajarado. Si hay algo que nadie nos puede reprochar a los componentes de BTT Pelayo es el compañerismo ¡¡juntos hasta el infinito y más allá!! Así que, haciendo gala de esa camaradería, Barquín y yo decidimos por unanimidad dejar a nuestros amigos en compañía de sus calambres, de sus pájaras y de ellos mismos, y nosotros seguir, también acompañándonos uno a otro. Pero a mi socio le entran los remordimientos y decide dar la vuelta y acudir al auxilio de los quejumbrosos … y de paso tirar la toalla. Con la rueda agarrotada vuelve a Ribadesella vía Arriondas, por la carretera general, 15 kilómetros de más y el viento en contra: si hay que abandonar se abandona pero, ojo, mariconadas las justas.

Me quedo más tirado que el llanero solitario y llego al punto de control de la carretera del Fito. El señor controlador no me quiere dejar pasar, pero un “home no me jodas, que voy a tope” debe de resultarle convincente y me permite continuar. Detrás de mí todavía pasan otros dos o tres sufridores y, por lo que logro intuir, los siguientes ya no han tenido “razones” para convencer al cancerbero del Bustacu. Subo echando el hígado y el resto de casquería de mi derrotado cuerpo hasta la última rampa, que este año han cementado para solaz de los bikers más “pro” y descojone del resto, o por lo menos de un servidor; la afronto con ímpetu y gracejo los 9 primeros metros y al llegar al décimo, en vista de que el cuenta marca 0 km/h y el pulsómetro 185 ppm, decido apearme y hacer el resto andando. En el alto tampoco es posible el pedaleo, esta vez porque el tránsito por las praderías del Bustacu ha de hacerse a pie obligatoriamente. Y poco a poco, disfrutando del impresionante paisaje costero (uno de los incentivos de la ruta) he llegado al mirador del Fito.

Una grata sorpresa nos espera a todos nosotros en el aparcamiento de las antenas, donde el patricio Rubén nos ofrece vituallas, sombra, ánimos, masajes … ¿masajes? y se prepara para tomar unas espectaculares y nada posadas fotos de nuestro paso con los Picos de fondo; espectacular entorno y excepcional fotógrafo, que dan como resultado unas pedazo fotazas de “pelayos en acción”. Me informa el Asturpelayo (que suena mejor que Pelasturcón) que burla burlando van los tres delante, Antonio, Pachu y Ángel, éstos dos últimos obligados a tomar el “atajo” por carretera. Tiro monte abajo por la tercera, última y más peligrosa de las bajadas, con breves paradas para desentumecer los brazos del efecto vibropower.



Por fin, el campo de golf de Berbes, al que llegamos por una variante que evita tener que encomendarse a la Virgen del Carmen, patrona de los marineros, antes de atravesar las lagunas que se forman en la pista que recorríamos otros años, donde más de uno se ahogó al no dominar el noble arte de la natación. Con lo que ha caído estos meses atrás no quiero imaginarme el estado del camino. Y del campo a la playa en un santi, que no da tiempo al amén. La subida desde Vega hasta Tereñes siempre me ha gustado y como la rodilla sigue en su sitio pedaleo cegado de ansia por acabar. Tan ciego voy que a Ángel le espeto un “hasta luego Lucas” al pasar a su lado y a Jandrín ni le conozco cuando me dice –Eh, ya no saludas, ho!!. Lo siento Jandro, no te reconocí con el maillot de Jogar, acostumbrado a “no” verte en la oscuridad de las nocturnas y a asociarte con una bici llena de farolillos feria de abril.
Últimos metros a la verita vera de la ría del Sella. ¡Cagón tó!, tenía yo la cámara preparada para inmortalizar el registro de tiempo con mi nombre al pasar por debajo de la línea de meta y se les ha jodido el crono. Tampoco puedo tomar una foto de las hordas de riosellanos aplaudiendo mi llegada, que dicen los que quedan que la gente se ha ido a la playa y los vítores se les han acabado. Así que recojo la bolsa con el bollu preñaó revenido y la empanada reseca y le pido a Pablo espantaliebres que me saque una foto para dejar impronta de la hazaña. Y como en ese momento llega el tío calambres (de buen rollito, don Ángel) nos retratan juntos, pero no revueltos. Al final sí hay trofeo, de manos de Ángel recibo un delicioso cucurucho con una gran bola de helado. Mientras damos cuenta del manjar aparecen, ya lavados, peinados y espulgados, Antonio, Pachu y Barquín.
Observe de nuevo el lector la foto que encabeza esta crónica, y ésta de la izquierda que la cierra. Si en la primera nos entraba la risa en ésta ya podemos decir ¡qué paisanos semos! Todos peinamos canas ... ¿todos?, bueno, alguno unas pocas y otro no peina nada, pero no porque no pueda, sino porque no le sale de ... la cabeza. A todos nos metieron en la categoría de veteranos, corredores de más de 45 años, y es más, juntos sumamos dos siglos, diez lustros y dos años. Vamos, unos zagales. Se os ha echado de menos a los Arturo, Juan Blas, Vicente, Josmar, … y a todos los que habitualmente componemos el pelotón de rezagados en este tipo de eventos -que para nosotros no son carreras- para sentirnos menos solos y pasar un mejor rato. Y en la siguiente edición, a ver si se anima la chavalería de la peña, que alguien tendrá que acompañar y asistir a la tercera edad.

¡¡ANAAA!!, tráete la crema de corticoides, que esto pica que jode


lunes, 15 de abril de 2013

¡POR FIN LLEGÓ EL SOL!


Dixitque Deus: “Fiat lux”. Et facta est lux, (Libro de gënesis, cap. 1) y llegó la luz por fin, y con ella, el calor, el sudor en el rostro, la alegría, 
la vuelta a las costumbres hace tiempo perdidas: las risas, las puyas, las enviiidias.
Y llegó la luz, no tras meses de tinieblas, si no de agua, de lluvias incesantes que anegaron los caminos, los prados y los rodamientos de alguna bicicleta.
Pues así como al pobre Noe le tocó lidiar con aquellos cuarenta días y cuarenta noches de agua ("Adhuc enim et post dies septem ego pluam super terram quadraginta diebus et quadraginta noctibus et delebo omnem substantiam, quam feci, de superficie terrae”, Génesis, el 7), por estos lares no le anduvimos a la zaga y nos marcamos unos buenos 62 días colmados de persistentes y tenaces aguaceros…en lo que va de año!!!
La ruta escogida en un esplendoroso día primaveral, era la del cordal de Peón, pero ante las dudas por el estado de las sendas, colmadas de agua y de árboles tronchados, se decidió dar un tranquilo paseo por la zona de Candanal, Argañoso y Deva. Y de esa manera tranquila los computadores (que palabra más contundente hoy en día…) dieron fe de unos humildes 35 kilómetros, en un tiempo estimado (por la patrona al llegar a casa) de ¡cinco! buenas horas de pedaleo alterno, ese que alterna de forma elegante el pedalear con el caminar.
Docena y media de jinetes fueron esta vez los afortunados en disfrutar de una jornada soleada y calurosa, entre los cuales, se encontraba una joven ciclista recogida por la zona de Deva y convencida por el siempre amable Modesto para acompañarnos en nuestra sencilla excursión, inocente ella.
Hubieran sido más de no mediar el Maratón del Sella al día siguiente, que obligaba a guardar armas y antihistamínicos a sus temerosos participantes.
Dado el estado de la flora vegetal, radiante de salud y vitalidad, fue algo normal que los pinchazos atrasaran algo nuestro avance: hasta tres veces hubimos de detenernos para reparar los ojales de nuestras ruedas. Dos de ellas causadas por los afilados pinchos silvestres y la tercera por un contundente y recio zapatazo del joven Saúl, también rebosante de vitalidad y alegría, que, de certera y bien dirigida coz, cercenaba la frágil válvula frontal de Guzmán; un poco más arriba y al de la perilla le cambia la voz. 
Y los caminos seguían ascendiendo, entre prados y bardiales, entre vacas y  potrancos. 
Fue por aquella zona donde se afrontaba al temido repecho pedregoso, sendero imposible por inclinación y dificultad, con un comienzo empinado que sólo los más atrevidos y avezados intentan superar, aun a riesgo de su integridad física.
 Pero hete aquí que las nuevas tecnologías, armas del diablo, permiten guardar esos trances complicados que preferiríamos no protagonizar. ¡Ah!, qué momento para que al rojizo normando le entrara la tos…o la disentería, o ambas a la vez. Pero no, allí estaba, pletórico de energía y reflejos para inmortalizar al caído, pero dicho está:  “Mea est ultio, et ego retribuam in tempore”, o sea que la próxima, llevo yo la cámara… 
Una vez sofocadas risas y carcajadas, y comprobado el buen estado del finado, aguardaba una larga rampa peatonal culminando en una casería donde reposar y dejarse fotografiar, esta vez de forma ortodoxa. Fue allí donde el sagaz comandante, siempre atento a las oportunidades, se haría con una botella de añeja sidra, para engrosar su bien escondida colección particular. Como astuto hombre de negocios que es, y previniendo posibles encuentros con aldeanos avariciosos, disimuló la frasca dentro del petate de Guzmán.
El camino nos llevaría, ya sin muchos disgustos, a las alturas del cruce de Cuatro Jueces, y de allí, en rabioso descenso, cada uno por donde su montura quería, al lavadero de Rioseco. Unos instantes de descanso y se retomaba la marcha, por caminos ya trillados, hacia la senda de La Camocha, donde las fuerzas ya se separaban en franca retirada a sus cuarteles.
Y para poco más dio la jornada; monturas embarradas de nuevo, arañazos por doquier, alguno más que otros, y un suave tono rojizo sobre los pellejos de los participantes, que ocasionaría pequeñas observaciones conyugales.
En resumen, una perfecta jornada de bicicleta con buen tiempo, mejor compañía y un más que digno sartenazo que nos llevamos para casa.


miércoles, 20 de marzo de 2013

XX Aniversario de la Vuelta al Concejo de Gijón: Empieza la fiesta


Tras la buena noticia de la inclusión de la Vuelta al Concejo de Gijón en BTT como prueba Patrimonio de Gijón, no podíamos cuando menos que arrancar este 20 Aniversario con un pequeño homenaje a las 19 ediciones anteriores que sirva de paso para recordar a la gente la cita que tienen de nuevo este verano en Gijón con BTT Pelayo.

martes, 8 de enero de 2013

UN AÑO ÉPICO



Pasada ya la Epifanía, con las bandejas de turrón saqueadas, las bodegas bajo mínimos, los índices de azúcar al porcentaje de las mermeladas, y mientras intentamos retomar la rutina diaria, es bueno recordar lo que ha dado de sí el año pasado, ahora que todavía lo vemos por el espejo retrovisor, cada vez más pequeño, pequeñito…
El año 2012 no se caracterizó por su ajuste a los modelos climáticos habituales, no, todo lo contrario, fue un año seco cuando debía ser lluvioso y lluvioso cuando tocaba solana. Por ahí no podríamos encontrarle diferencias respecto a otros lustros, no.
Si hay que dotar a esta añada de una singularidad sería la de la épica, palabro que nos retrae al mundo de las hazañas gloriosas, de lucha contra los hombres y contra los elementos, de sufrimiento, de dolor, de canguelo, si…y de otras por el estilo, pues así fue. 
Hay unas cuantas rutas, no muchas, que atesoran fieras esta definición como una leona a sus cachorros; Fueron salidas que ya fuera por su dureza, por su singularidad, o por la forma de acometerlas, se han ganado un lugar privilegiado en la memoria del Club, rutas hechas al amparo de la noche, bajo un diluvio, por la jungla de asfalto, en soledad…, pero comencemos, comencemos.
Arrancaba el año, seco y frío, pero que muy frío ¡caramba!, rodando por El Sueve y El Fito, una breve excursión en la que no daría tiempo ni a comer el bocadillo, de la celeridad que imprimía Echevarría, el veloz, a sus huestes, tal fue así que el café cariñosamente preparado hubo que tomarlo bajo un hórreo, menos mal que nos resarcimos antes en una fonda de Caravia. A los pocos días, y casi sin recuperar el resuello, la firma Marín&Patricio despachaba una rodada por terrenos de Carreño; el primero se encargaba de hacernos sufrir en las mil y una rampas de aquellos montes, mientras que el segundo reservaba una opípara comida a base de callos y otras exquisiteces en la posada de una antigua amiga, que aliviaran nuestros cansados cuerpos. 
Y vino Marzo , también con clima apacible y con él la primera epopeya del año: el noctámbulo Barcaiztegui, nos sorprendía con una esplendida idea: La Impensable Nocturna, cuyo nombre da visos de la locura; mas de 100 Km por tierras de Gijón, Pinzales, Llanera, Oviedo, Corvera, Avilés y de nuevo Gijón; hechos a la luz de la luna,  con un bello amanecer en las alturas del Gorfolí, benditos locos…Algunos están pensando en repetirla y otros en coger la baja…
Abril, mes ecléctico por excelencia, donde lo mismo te cae una insolación que una nevada, trajo unas cuantas suspensiones de actividades deportivas, entre ellas: Allande, la temible encerrona preparada por Ángel Víctor, que era retrasada de nuevo por las tormentas que asolaban la zona.
Ante tal cúmulo de males, y con la moral de las tropas por debajo de la alfombra, no hubo mas remedio que organizar una merendola, para degustar los productos que Nacho guardaba en la alacena. Vino, embutidos, mas vino y algo de pan, lograron  animar a los fieles, a algunos mas que a otros. 
También  la creación de un nuevo Blog, mas moderno y dinámico, obra del perseverante Garrido senior, alegraba por aquellas fechas las mojadas veladas. 
Mayo se presentaba en sociedad misterioso y taciturno, la humedad se confundía con la lluvia, y las nubes arreciaban contra los montes.
Era hora de la Segunda Odisea: El Soplao, que incrementaba su leyenda suspendiendo la parte final del recorrido, entre aguaceros, rescates y abandonos. La numerosa expedición Pelaya sufría en directo la dureza del cielo y de la tierra: quedan en la memoria los respingos de frío de todos, las miradas vacías de Mulero y Morís, los lagrimones del oscuro Agustín, (oscuro por lo cetrino, vaya…), que iniciaba su carrera de lesiones rompiéndose unos cuantos huesecillos de la mano cuando perseguía al Capitán Riesgo, y por que no decirlo, la soberbia cena que paladeamos la noche anterior. 
De regreso al Principado, las condiciones mejoraron y permitieron que la peregrinación a Covadonga se realizara sin mayores contratiempos, exceptuando el susto de un murete a uno de los invitados, que se saldó con la evacuación de este al hospital, vía coche de Jorge, que andaba por allí de relax sabatino. Este mes también acogió otra de las epopeyas cuando un reducido grupo de Pelayos y Abzetas, sorteando chuzos, pinchazos y vehículos, se plantaron en Santiago de Compostela tras 12 horas de pedaleo y 320 Km de marcha…siii, es verdad, fueron por carretera, pero son buenos chavales, un aplauso. 
Y a finales del mes florido, se nos casó uno de los solterones de oro de esta Peña: El joven y audaz Garrido junior, de nombre Alberto, contraía esponsales con la bella Beatriz, (…chollo te llevas, hija...) desde entonces no lo hemos vuelto a ver pedaleando (…¡¡cachis!!, otro que cae…)
Amerizaban los meses estivales como patos en una charca...seca...(por el calor, se secaban las ideas, oye...)
En Junio, esquivando la concienzuda preparación de la Vuelta al Concejo del comandante Marín, tres desertores huían a las fronteras del reino Astur para descubrir las dotes conquistadoras de Rubén Patricio en la Degaña- Ibias, dos días por tierras lejanas en medio de una ola de calor que provocó en el persuasivo jinete algún que otro desmayo, el cual era muy bien atendido, nos consta, y no digo más que soy un caballero. A todo esto, se suspendía de nuevo Allande!!. 
Julio llegaba con un tiempo variable, variaba en lo que llovía. ahora poco, ahora menos. Tras largos meses de gestación, que digo meses…AÑOS…la Semana Europea de Cicloturismo se inauguraba con la asistencia del otrora gran promesa del ciclismo de montaña y ahora reputado crítico gastronómico, el ilustre Sr. Peinador del Cierzo, que hizo disfrutar con su presencia a los cientos de turistas ciclados que nos visitaron. En aquellos días era difícil no encontrarse con el ya citado, acompañado del estoico Tino, por los andurriales gijoneses...velando por la integridad de las turistas…rusas
Y por fin : la XIX VCG; kilómetros y kilómetros de preparación y marcaje, horas y horas de discusión, y eternos debates sobre el estado de los caminos y del vino de Zarate, dieron sus frutos cuando se dio el pistoletazo de salida, con un día de sol y suave brisa que hicieron disfrutar a los más de 300 ciclistas allí presentes sin mayores contratiempos que unos cuantos arañazos y desgarrones, gracias a los desvelos y protección de la Fuerza Pelaya. Una muestra de la gran acogida que tiene la ruta entre los aficionados, es que las inscripciones se agotaron en tiempo record. Un aliciente para la planificación de la de este año…la XX…Ay, Jesús…lo que nos espera…
Trajo Julio también nuestra primera incursión en las Vacaciones Deportivas con la organización de cuatro sencillas excursiones; pero ni aún contando con la presencia de nuevo de nuestro querido presidente se consiguió quórum suficiente.  Y se remataba el mes con una deliciosa rodada por las tierras de Luna, auspiciada por el reposado Vega, que llevó a nuestros Pablo-Paulino por las calurosas colladas de la zona.
Agosto vino cargado de sol y bochorno, y propició una de las excursiones más preciosistas que se pueden hacer en la Cordillera Cantábrica: el Macizo de las Ubiñas; Gracias al impetuoso equipo Marín-Moya, gozamos de unos paisajes impresionantes, que, partiendo de Tuiza y pasando por Casa Mieres a degustarciertos apuros en el descenso del Collado Terreros, donde alguno olvidaba la ubicación de sus frenos.
Septiembre, mes en el que se retoma la actividad laboro-deportiva nos sorprendió con dos escapadas individuales.
Por un lado, el olvidadizo Javier Guardado, cual aquel Jeremiah Johnson de Roberto Redford, sembraba 400 Km del GR-109 con sus pertenencias personales, mientras escapaba de osos golosos y perros hambrientos.
Del otro, un barbado Rendueles acometía la salvaje ruta Santiaguina por el interior de Asturias, teniendo como apoyo al siempre eficaz Chema Mulero. La sufrida abstinencia peregrina, y demasiados días alejados del hogar pasarán factura al elegante comercial, dentro de unos meses. (otro que va a caer…sniff…).
De otra guisa, el animado Pachu realizaba su Vuelta a Noreña, aprovechando tanto el recorrido de la VCG, que a este paso la siguiente la inicia desde Gijón!!!; otros pocos se hacían compañía en la Travesía Asturcona por los montes de Quirós, y cerrando el verano, Piloña acogía a un buen grupeto de participantes que se llevarían de recuerdo,una buena canícula, pinchazos, extravíos, y avellanas para casa.
El otoño llegaba con toda el agua que no había caído durante el año, y alguna mas que sobraba; a la ya famosa suspensión de Allande, seguiría la de Peñamayor.
En un respiro de los aguaceros que asolaban Asturias, las tropas invadieron la conocida ruta de Ventaniella, con descenso a La Uña y vuelta por Granceno. A los ya conocidos montañeros se unieron en esta ocasión el trío carretero Alfonso-Ramón y Horacio, que para la ocasión estrenaba yegua altiva.
Poco hay que contar de Noviembre, que seguía lloviendo, que se anulaban de nuevo Peñamayor y Allande, que Agustín estrenaba escayola en el pie al caérsele la moto encima…vamos cosas normales.
El año se cerraba con el Belén de cumbres en lugar habitual y con la consabida recogida de viandas y bebidas habituales, bebidas que acabaron haciendo estragos en alguno de los sufridos ciclistas durante el descenso a la urbe…
¿Qué mas, qué mas…?, Ah, si, Nacho cumplió unos asombrosos 60 años…asombrosos, porque no los aparenta, que nos mete peseta a la mínima, le hicimos una fiestecilla y el nos hizo un par de tortillas, vale, también trajo vino.
Hubo pocas lesiones relacionadas con la bicicleta, de hecho no recuerdo ninguna…que las del sarraceno Valerio no cuentan…
Algunos indecentes (…escupe Pablo, escupe…) adquisicionaron bicicletas de ruedas finas y por ahí andan escondidos, entre los coches. Y en los últimos meses la Real Dirección de Ropajes y Prendas trabajaba en el diseño del nuevo uniforme, conmemorativo el XX aniversario de la VCG, a ver que sale...creemos que viene con faja incorporada...

Como siempre, como siempre, algo se quedará en el tintero, resulta imposible trasladar ….¡290 horas! de pedaleo, que dijo Pepe que habíamos hecho, a un solo folio, y con ello todas las experiencias, risas, enfados, caídas, averías, comidas y merendolas que disfrutamos durante 2012, tengan caridad cristiana y de la otra, porfa.
Pero lo fundamental es que seguimos disfrutando como locos de esta pasión, de este compañerismo y del buen ambiente que se respira, entre todos...si Saúl, tu también hijo, te vas a enterar...

Aleh, no más que me pongo tierno.

Abrazotes para todos

Pd: Nueva temporada, nuevos retos…¡¡no comer las sobras de la bandeja del turrón!!!

miércoles, 26 de diciembre de 2012

CARTA A LOS REYES MAGOS DE UN CICLISTA

Tú mismo, sí, no disimules


Queridos Reyes Magos

Os sorprenderá que os escriba de Balaguer ahora, con tan poco tiempo para preparar los regalos, pero ahora que me han chivado que no venís de Oriente, sino de Andalucía, no me podéis poner la escusa de que ya estáis de camino.

Como ya sabréis, le había pedido los regalos a Papá Noel, para aliviaros un poco de trabajo, con una carta respetuosamente redactada. El caso es que la mañana de Navidá me levanté prontito y fui corriendo al salón, donde tengo la bici y el barbas me tenía que dejar mis regalos; cual sería mi sorpresa al comprobar que no solo no me había dejado lo que le pedí, sino que ¡me había desaparecido la bici! Miré a mi alrededor, pensando que quizás era una broma, y descubrí que también me faltaba el televisor de plasma que me había comprado con la prestación por desempleo. Creo que el gordo me tiene manía, no hay otra explicación; ¡pero si incluso al drogata del tercero, que es un mal bicho, le dejó una bici igualita a la que yo tenía...!

Bueno, ya que vosotros sois justos, como históricamente han sido siempre los reyes, creo que atenderéis mi tardía carta:

A Melchor le pido una bici nueva de montaña, para poder salir con mis amigos, por supuesto de doble suspensión de 700mm de recorrido o más, con un sillín blandote, que tengo el culo sensible. A ser posible hecha a mano como las de Juanjo, que molan más; y bien soldada, que no me rompa en cuatro días como a Pachu. No hace falta que traiga guardabarros, que ya se lo encargo a medida a Guzmán. Con pintura dorada, ya que eres el rey de Oros.

A Gaspar le pido una equipación completa, que también me la birló el maizón de los renos: un maillot con rayas diagonales, para parecer más delgado; un culotte con badana de gel (o mejor de champú, que tengo el culo muy peludo); y un casco de agujerines, que está muy fardón, pero de los buenos, no de esos chinos como el de Toni, que a saber lo que aguanta... y yo no tengo la cabeza tan dura. Y unos calcetos calefactados.

A Baltasar le pido el GPS, que lo sigo necesitando. Uno bueno ¡eh!, que no solo avise del desnivel de las rutas de Pepe, sino también de los kilómetros reales de las rutas de Javi.

A Juancar le pido una escopeta de cazar elefantes, que le tengo que dar las gracias a Papá Noel por lo bien que me ha tratado. Me vale con cartuchos de sal, solo se trata de dar calorcito.

Finalmente, y si me lo permitís, al camello le pido unas pastillas energéticas de esas que te hacen subir mejor las cuestas, o por lo menos que no importe a qué ritmo se suben. Que no sean azules como la última vez, que me sube lo que no debe.

Sin más, me despido hasta el día 6; recuerdos al Aliatar, a la Leti, a Elvis y a Simba; al Urdanga no le digáis nada, que igual se queda con mis regalos.

Atentamente, Pelayín