"No estamos locos", no, pero reconocerlo, algunos piñones nos saltan en la sesera.
Cuando hombres hechos y derechos, de los de paseo de domingo con señora del brazo, zapato fino y chaqueta de punto, agarran sus bicicletas recién lavadas y engrasadas, en un amanecer gris y lluvioso, de temperatura más bien fresca, con posibilidades de que la lluvia se convierta en chubasco, cogen el coche, y ponen dirección a una concentración de btt, indica que muy cuerdos no estamos, no. Y no solamente nosotros, reducido grupo de Pelayos que por apoyar a un amigo dejamos familia en cama y perro en sofá, sino los más de 190 ciclistas que nos acompañaron en ese húmedo día. Algo tendrá que ver la concienzuda preparación de la ruta por parte de Rebollines y colaboradores, con el activo Pachu a la cabeza, con sus correctos marcajes, nunca excesivos, con sus avituallamientos, siempre correctos y autóctonos, y, por encima de todo, con el cariño y la atención por parte de estos noreñenses a todos los participantes.
No llovía cuando nos reunimos en el parque algunos supervivientes de
Que no llovía, que no!!!, pero algunos equipamos chubasquero antes de la salida, por lo que pudieran soltar las nubes, que, apretadas y cercanas sobre nuestras cabezas, dejaban caer alguna que otra gota.
La salida, neutralizada por Noreña, pronto dio paso a pistas y senderos que nos alejaron de la villa condal. Rendueles, motivado por un evento familiar, desapareció pronto hacia la cabeza del pelotón, el resto, trotábamos en compañía. Para esta ocasión, la ruta se apartaba de lugares ya hollados anteriormente y discurría por unos parajes desconocidos para la mayoría. Caminos que de repente se convertían en unos maravillosos senderos de tierra suelta por los que transitábamos con la boca abierta y los ojos entornados, (según decía Pachu, era el bosque de Ordiales). Caminos que nos sorprendían con repentinos cambios de nivel, que obligaban a esforzarse en el manejo del cambio. Caminos que se iban estrechando cual embudo repostero y luego se abrían a otros más cómodos, que, (¿Pachu??...-"rodeando Peña Careses".."Aaah"), nos llevaban al ordenado avituallamiento, justo a la salida de un túnel. Y seguíamos el desfile por la zona
rural. Al poco, el túnel de San Pedrín nos dio la bienvenida con sus angosteces y oscuridades, aminoradas en esta ocasión gracias a las gestiones del licenciado, (la última vez que pasamos por allí, algunos salieron montados en la bicicleta de otros...).
Por podadoras, pasamos por túneles vegetales, por fuentes de agua, por regatos... Ya dábamos la vuelta y recorríamos de nuevo el....¡Palacio de Celles! (gracias...), del año 1673, tristemente abandonado por las instituciones, y que a duras penas subsiste. De aquí unas cuantas curvas, una de ellas muy cerrada y resbaladiza, HUY!, que resbaladiza, ¡¡¡!!!... (...ayyyyyyy...sssshhh...trash! no pasa nada estoy bien, ¡HOP!...), nos acercarían de nuevo a la capital chacinera, donde dimos rienda a nuestra gula con unos cuantos bollos preñados dispuestos por la organización, que en aquellos momentos peleaba con algún edil para conseguir duchas calientes, cosa que consiguieron en breve, y que es de agradecer.
El final de la ruta para los que nos quedamos fue el habitual, una excelente y agradable comida de fraternidad con Los Rebollines, en el lugar que también viene siendo habitual. Allí, disfrutamos de una entretenida comida, rodeados de esa simpatía y habilidad que caracteriza a estos amigos y a sus familias.
Del sorteo no nos tocó nada esta vez, no por que no estuviera atento Rubén Patricio, que, con cuatro dorsales que llevaba, tenía todas las de ganar, si no, quizás, porque lo que si trajimos fueron muchas ganas de recorrer esos caminos de nuevo con estos mismos amigos y otros ausentes salmantinos.
Y como de bien nacido es ser agradecido...¡Como no nos toque el jamón, no volvemos!!!., (perdón, perdón, ha sido un lapsus mental...)...Muchas gracias por todo Rebollines.
jueves, 22 de septiembre de 2011
NOREÑA 2011, ¿COMARCA DESCONOCIDA?
lunes, 19 de septiembre de 2011
TERRITORIO VAQUEIRO, TRAVESIA 2011
Sumetum, tierra de altas brañas y profundos valles, de solitarios y altivos vaqueiros, de frondosos bosques y abruptas cañadas, de animales fieros y de otros tiernos…
En silencio, la columna descendía por el cortado que a duras penas con
tenía a los jinetes y a sus monturas. Era un tramo harto peligroso, cualquier paso en falso conllevaba una caída fatal al fondo del barranco. Los infantes extremaban las precauciones y sujetaban las yeguadas para evitar que un inoportuno traspiés diera con sus tristes huesos en la profunda sima.
“En silencio”..., había dicho el Guarda Mayor al dar salida a la expedición - “el enemigo está cerca, al otro lado del valle, frente a nosotros...En silencio..., caminaban los soldados, uno tras otro con gran lentitud...solo el ulular del frío viento y el seco graznido de los cuervos (croark…croark…) era audible en la collada.
...En silencio....el licenciado Camarero iba a la cabeza de la soldada, guiando a los soldados con mucho tiento, con mucha precaución, con mucha prudencia, con mucha cautela, con ... -"¡PAAAACHUUUU!!!, ABREEVIA, QUE NOS DAN LAS UVAS!!!!... El cit
ado, veterano de varias batallas y cuyas patillas blancas denotaban su avanzada edad, miró hacia atrás con dificultad, mientras trastabilleaba a punto de perder el equilibrio...-“es que el estribo derecho no me suelta...JOOOH...”...
Estaban las tropas en el segundo día de los dos que duraba la travesía, siempre amenazadas por hostiles grupos de rebeldes úrsidos, que aunque no se veían, por aquellos lares pasteaban........
La mañana siguiente amaneció fresca y nublada, y algunos reclutas, a juego con la misma, se levantaron grises y plomizos, esto es, pesados de ancas...Salimos de la misma Pola de Somiedo, ascendiendo por la rampa que habíamos disfrutado el día anterior. Llegando a Coto, tomamos el camino de La Sombra, aunque sol no había, no, que las nubes lo tapaban . A partir de aquí, el ascenso se hizo largo y cansino, pero muy cansino, o quizás éramos nosotros los que estábamos cansados. Al cabo de bastante tiempo,, y arrastrando nuestros sacos de huesos,
llegamos a la cresta de aquella loma, entre acebos y piornales y nos dejamos caer hacia la Braña de Mumian, donde los Guardas nos agruparon a todos para descender hacia Llamardal de una forma silenciosa, vista la cercanía de la población Úrsida, que nos observaba con desidia desde el otro lado del monte, mientras mordisqueaban unos endrinos. Estaba la Braña Mumián recorrida por un viento frío y descarnado, que helaba los huesos de los reclutas poco preparados, allí mismo, tuvimos de asistir al aguerrido Ángel Víctor, que temblaba como hoja carcomida, el pobre, quizás por un deficiente equipaje, quizás por la excesiva ingesta nocturna de licores varios la nocheee...la madrugada pasada.. Como ya relaté, fue aquella una caminata tensa e insegura, por un lado el barranco, y por el otro el pedrero. A la mitad de la misma, hallábase la incomparable doncella Emma con algunos invitados animando a los infantes a seguir con mas brío (bueno...animando...animando, menuda guerra nos dio...casi nos tira abajo con su ímpetu…). Y con maña y recato descendimos, unos mejor que otros, hasta enlazar con la subida al Puerto, por agujereados senderos vacunos al lado de la cómoda carretera. Del Puerto a la aldea de La Cueta, se corría por u
na blanca y virginal pista de hormigón, con lo que en breve nos encontramos almorzando en esta última villa, eficazmente atendidos por la dulce Susana. La senda, unos plátanos después, iniciaba un suave ascenso por el fondo de la cañada, hasta desembocar en un pedrazal que hubo que atravesar andando...y con las jacas a hombros de nuevo. Era el último esfuerzo, vislumbrando ya la braña de Murias Llongas, con sus pocos teitos arrinconados contra la montaña. A partir de aquí, una rápida pista nos depositaría de nuevo en el pueblo de Coto, y de este a Pola, donde finalizarían las cabalgadas. Para celebrar el final de las incursiones, la intendencia Asturcona había preparado un gran festín, con profusión de alimentos y bebidas, contando incluso con maestros parrilleros que brasearon unos cua
ntos kilos de costillares y embutidos para las milicias. Y allí estábamos, entre chascarrilos y alabanzas a la ruta cuando al fin nos alcanzaron (a los postres, arroz con leche) la familia Barredo, que venían de sufrir lo indecible, averías incluidas, por los montes sometanos. Detrás de ellos, el atribulado Alperi, que también había sufrido lo suyo escoltando a la familia. Al zagal, compensaronlo con el trofeo al mas joven, y al padre, con una rueda nueva. Y así, fartucos y contentos, retornamos a nuestro hogares con un sonrisa en el rostro…-"Vicente!!!, despierta, que ya acabé…que cruz...si no fuera porque no ronca, el bendito..."
Muchas más historias quedan en el papel, pero lo que no puede quedar es el sentimiento de gratitud a nuestros amigos Asturcones por obsequiarnos estos dos días de maravillosas rutas por el concejo de Somiedo.
Muchísimas gracias
En silencio, la columna descendía por el cortado que a duras penas con
“En silencio”..., había dicho el Guarda Mayor al dar salida a la expedición - “el enemigo está cerca, al otro lado del valle, frente a nosotros...En silencio..., caminaban los soldados, uno tras otro con gran lentitud...solo el ulular del frío viento y el seco graznido de los cuervos (croark…croark…) era audible en la collada.
...En silencio....el licenciado Camarero iba a la cabeza de la soldada, guiando a los soldados con mucho tiento, con mucha precaución, con mucha prudencia, con mucha cautela, con ... -"¡PAAAACHUUUU!!!, ABREEVIA, QUE NOS DAN LAS UVAS!!!!... El cit
Estaban las tropas en el segundo día de los dos que duraba la travesía, siempre amenazadas por hostiles grupos de rebeldes úrsidos, que aunque no se veían, por aquellos lares pasteaban........
Allí estábamos, en una mañana luminosa y alegre, en Huergas, 16 efectivos más un joven tamborilero, vigilado de cerca por el siempre vocinglero Barredo. Rodeando nuestro
exiguo batallón, otros 330 jinetes con monturas de variado pelaje. El bienconocido Hermano Parra, saludonos con afecto, repartió unos cuantos consejos, y, ya sin más, dio la salida a la expedición de este año. De nuestro Tercio se adelantaron ya, rápidos, los competitivos Juanes (Juanín, Xuan y Juan Ardura), Jorge, y los felices cuñados Rendueles. El resto de la cuadrilla se repartía por la zona intermedia del pelotón, que iba ganando metros y se estiraba al pasar por Torre de Babia. A partir de aquí, todavia se alargaría aún más, al encontrarnos ya con las primeras rampas que, aún siendo totalmente ciclables (que palabra más relativa…) obligaron a nuestros caballeros a hincar zapato en suelo y tirar de las grupas de sus compañeras de fatigas. Después de una larga caminata por pastizales de altura, (de bastante altura, que no había quién los subiera…) dimos bien en llegar a la famosa Laguna de Los Verdes, donde gracias al erúdito don Ángel Victor
, supimos del origen de dicha herbacea charca (pensaba yo que lo de morrena se decía a las mujeres de rompe y rasga, pero no…). Unos momentos de solaz asueto, que el cansancio ya era notorio y proseguimos la marcha, aprovechando que los pastizales dejaron paso a las pistas que permitían un trote alegre por momentos. Llegando a la cascada del río Sañeu, estaba dispuesto un estupendo refrigerio, que aprovechamos para agrupar la cuadrilla. Formaban este corro los señores Gordejuela, Ángel Victor, Marguerido, Camarero, Zarate, Ardura con su inseparable Camilo, y el somnoliento Garrido, entre otros. Cerrando la expedición y a cola de la misma, oíanse, como un eco en las montañas, las voces del duo Barredo. Desde esta zona, y a través de unos hermosos valles, alternando de nuevo praderas con pistas con senderos,
acometeríamos el largo y polvoriento ascenso al Alto de La Farrapona. Tocaba de nuevo avituallamiento, esta vez de postín, con multitud de viandas y refrescos. Y servía en este punto el siempre dichoso don Patricio, que nos recomendó, muy vivamente, echáramos mano o mejor boca, de los alimentos energéticos, pues nos quedaban algunos tramos complicados que vencer. Así lo hicimos, y tras los saludos de rigor, los miembros de la brigada fueron emprendiendo la marcha, según terminaban sus raciones. Arrancamos en descenso hacia el Lago de La Cueva, y desde este, en un feroz ascenso entre piedras, excursionistas y la sin par bella Emma, hasta la majada de Cerveriz, asomándonos al lago del mismo nombre, allá, en la lejanía. Una vez en las alturas, y, superada la Vega de Camayor, la ruta giraba
hacia la diestra para enfrentarnos a unos de los hitos del camino: ¡¡¡EL PORTEO!!! asín, con mayusculas, una escalada con la jumenta a cuestas durante unos largos, pero que muy largos, 20 minutos. Durante ese espacio de tiempo inmaterial, por la mente del jinete desfilan un sinfín de consejos: -“cógela por el tubo diagonal…”…” no, no, mejor por el horizontal”…” Bah, qué sabrán estos ceporros, tíratela a la espalda”…a donde apetecía tirarla era al abismo!!!...ya queda menos, solo 50 metros….25…10…arghhh!!!, en un postrer esf
uerzo, se logra la cima…por cierto, ¡que paisaje!. Allí nos daba la bienvenida un Asturcón con banderola al viento, que no había peña en la que no te toparas con uno, o con dos...;un ligero y tenue sendero nos depositaba en una elevada campiña, que había que descender...¡EN PICADO!!, por lo que menester era desmontar de nuevo y confraternizar con la pradera; algunos osados y bienaventurados jinetes sí que lograron descender montados, el resto de los mortales ora caminando, ora paseando, hicimos nuestro peculiar via-crucis hacia el fondo del valle. Allí nos esperaba una corta pero muy exigente trialera, en la que había que ir ganando palmo a palmo el terreno, y, si el descenso no era manco, todavía nos esperaba la madre de todas las rampas…los mismos valientes que habían descendido a lomos de sus jacas, veían como esta
s rehusaban a los pocos metros y daban la vuelta. Solo eran 2500 metros de camino, -"¡pero qué camino señores!...“ y que inclinación!!”. En fin, todo se acaba y antes de que nos abandonáramos a la desesperación y al desánimo, conseguimos hacer cumbre y descender de forma pausada, sin fuerzas para frenar…hacía el pueblo de Valle de Lago, donde recuperar nuestras fuerzas, ya muy escasas y nuestro humor. Y aquella tranquilidad tan típica de esas tierras vaqueiras vino a romperse como un cántaro en la cabeza del enamorado al aparecer por el lugar el hiperactivo Barredo y su mozo (...pero, Pablo…¿no lo habíamos dejado atrás???). La explicación llegó pronto: acompañados de los célebres César y don Paco, asturcones viejos, habían descendido por el camino de Valle de Lago, evitando así todos nuestros males. Salimos al poco de los arrabales de la aldea y, tras una ligera subida en la que el ímpetu de Barredo desmontó a un sudoroso Mancha, el resto fue un descenso rápido y veloz hacia los cuarteles en la Pola. Allí nos reuniríamos con el resto de compa
ñeros, con los que compartimos unos momentos de relajo y disfrute por las tabernas locales y su posterior cena; algunos con fuerzas visitarían, más tarde, un oscuro, pues era de noche, lugar de juego y alterne…servido por una recia y menesterosa mesonera…exceptuando, claro está, la caterva de marmotas que se quedó en la fonda a dormitar.
s rehusaban a los pocos metros y daban la vuelta. Solo eran 2500 metros de camino, -"¡pero qué camino señores!...“ y que inclinación!!”. En fin, todo se acaba y antes de que nos abandonáramos a la desesperación y al desánimo, conseguimos hacer cumbre y descender de forma pausada, sin fuerzas para frenar…hacía el pueblo de Valle de Lago, donde recuperar nuestras fuerzas, ya muy escasas y nuestro humor. Y aquella tranquilidad tan típica de esas tierras vaqueiras vino a romperse como un cántaro en la cabeza del enamorado al aparecer por el lugar el hiperactivo Barredo y su mozo (...pero, Pablo…¿no lo habíamos dejado atrás???). La explicación llegó pronto: acompañados de los célebres César y don Paco, asturcones viejos, habían descendido por el camino de Valle de Lago, evitando así todos nuestros males. Salimos al poco de los arrabales de la aldea y, tras una ligera subida en la que el ímpetu de Barredo desmontó a un sudoroso Mancha, el resto fue un descenso rápido y veloz hacia los cuarteles en la Pola. Allí nos reuniríamos con el resto de compaLa mañana siguiente amaneció fresca y nublada, y algunos reclutas, a juego con la misma, se levantaron grises y plomizos, esto es, pesados de ancas...Salimos de la misma Pola de Somiedo, ascendiendo por la rampa que habíamos disfrutado el día anterior. Llegando a Coto, tomamos el camino de La Sombra, aunque sol no había, no, que las nubes lo tapaban . A partir de aquí, el ascenso se hizo largo y cansino, pero muy cansino, o quizás éramos nosotros los que estábamos cansados. Al cabo de bastante tiempo,, y arrastrando nuestros sacos de huesos,
llegamos a la cresta de aquella loma, entre acebos y piornales y nos dejamos caer hacia la Braña de Mumian, donde los Guardas nos agruparon a todos para descender hacia Llamardal de una forma silenciosa, vista la cercanía de la población Úrsida, que nos observaba con desidia desde el otro lado del monte, mientras mordisqueaban unos endrinos. Estaba la Braña Mumián recorrida por un viento frío y descarnado, que helaba los huesos de los reclutas poco preparados, allí mismo, tuvimos de asistir al aguerrido Ángel Víctor, que temblaba como hoja carcomida, el pobre, quizás por un deficiente equipaje, quizás por la excesiva ingesta nocturna de licores varios la nocheee...la madrugada pasada.. Como ya relaté, fue aquella una caminata tensa e insegura, por un lado el barranco, y por el otro el pedrero. A la mitad de la misma, hallábase la incomparable doncella Emma con algunos invitados animando a los infantes a seguir con mas brío (bueno...animando...animando, menuda guerra nos dio...casi nos tira abajo con su ímpetu…). Y con maña y recato descendimos, unos mejor que otros, hasta enlazar con la subida al Puerto, por agujereados senderos vacunos al lado de la cómoda carretera. Del Puerto a la aldea de La Cueta, se corría por uMuchas más historias quedan en el papel, pero lo que no puede quedar es el sentimiento de gratitud a nuestros amigos Asturcones por obsequiarnos estos dos días de maravillosas rutas por el concejo de Somiedo.
Muchísimas gracias
jueves, 14 de julio de 2011
VUELTA AL CONCEJO DE GIJON 2011
¡¡SABOTAGE!!, Sire, sans doute…a ete un sabotage…el
capitan Briansoix (lease Briansuâ) remató la frase clavando el mellado sable en el suelo mientras se destocaba del sucio barboquejo que ceñía sus sienes. La frase había silenciado, bruscamente, el murmullo de la atestada tienda de campaña. El Sire en cuestión, recio, callado, amenazante, inclinado sobre el mapa pero con pose digna, apenas esbozó un gesto frío mientras acariciaba su corta y canosa barba con la mano libre, la otra, la diestra, permanecía en el interior de su chaleco índigo…la pregunta sonó ronca, merced a años de expediciones en las minas...-¿Cuántos hemos perdido Emmanuel???...Conocía bien al capitán, y le tenía en aprecio, un individuo de verbo fácil, aunque con tendencias histriónicas... -"Pocos Sire, acaso una cuadrilla, los batidores se dieron cuenta pronto y redirigieron el avance", -" ¿Se ha descubierto al responsable…?"...Un silencio opresivo, asfixiante, se extendió entre los asistentes como un sudario húmedo…El temible sargento Jean du Blas, convaleciente de una herida en el Sitio de Le Peinete, respondió seguro de sí, a la par que pasaba una piedra de afilar a la hoja de su daga, su voz era como una sentencia…-"Ha sido reconocido Milord, anda proclamando su hazaña por los boletines locales...”…- El pequeño Mariscal asintió satisfecho, mie
ntras seguía estudiando el mapa, todo un año de preparación se podía ir al traste por lances como aquel; no habían comenzado las maniobras y ya tenían los primeros percances en ciernes...un añejo infante al que los galenos habían tenido que coserle medio brazo y ahora aquello...en estas estaba, maldiciendo en arameo por lo bajini cuando un cabo gastador algo desastrado y flojo de belfo irrumpió tropezando en la tienda en la que se cobijaban los generalatos...-“¡François de Le Polê, Cuádrese!- ordenó el untuoso y socarrón mariscal Reubenoir (Rubenuâ...), siempre dispuesto a encontrar una buena fonda o mesón donde almorzar con su señoría......-¿Qué sucede ahora?...-“ –“ Si Su Ilustre, el comandante Echevarrieux comunica el avance por la zona de Fario, las fuerzas afrontan el descenso hacía el Valle de Sariego, también
hace saber a su Insigne que la vanguardia se ha quedado sin rancho”. Respondió el aludido...Bueno, lo del desayuno no era importante, por lo menos Echevarrieux y sus lugartenientes mantenían el orden, empresa harto difícil con mas de 300 integrantes, entre exploradores, bisoños, veteranos, chusqueros, gañanes y alguna que otra infanta, amén de tres o cuatro carromatos con la intendencia. Ya se había superado el tercio de la ruta y la cosa no pintaba nada mal, el clima se mantenía estable y los caminos limpios y seguros, excepto alguna charca embarrada. Ojeaba el mapa cuando la calma fue de nuevo interrumpida por el voceador Barredoux (Barreduâ), encargado de que las tropas no se durmieran...ante la llegada del ya veterano militar, todos los presentes echaron las manos hacia sus oídos, en previsión de evitar posibles sorderas:...-“SIREEE, DOS BAAJAS...
EN LA COLLADAAA!!!...” Destapando sus imperiales orejas, el Mariscal requirió el catalejo al intendente Paulinê, hombre serio y circunspecto, de oronda cabeza que mantenía cubierta por un chacò. Oteo la zona y descubrió a los heridos, protegidos por algunos batidores mientras los cirujanos procedían a su traslado al hospital de campaña...-“Bien teniente, bien, encárguese de que sean bien atendidos por los cirujanos...y localíceme a Chemoix, donde diantres esté...”. El citado Barredoux espoléo su montura, como siempre hacía y salio disparado, seguido de su delfín, como bala de cañón torcido hacia la zona. Mientras tanto, en las alturas de la foresta Múñica, un irritado brigada Trapeaux (Trapuax), reprendía vivamente a un quinto: -“¡¡Guzmanoir!! (Guzmanuá), le tengo dicho que apague la corneta, que nos está dando el día, Mon
dieu!!!...Unas leguas por delante, uno de los jinetes daba con sus huesos en una trinchera de la zona, quedando en tal mala postura que nadie osaba moverlo, y en una de las rampas posteriores, otro mas, aterrizaba de mala manera en una pedregosa vereda, sin consecuencias serias para ninguno de ellos....-Los correos informaban de la llegada de las fuerzas al área de avituallamiento, en Varé, donde reposarían y darían buena cuenta de las viandas allí dispuestas. Seguía el tiempo tranquilo, sin riesgo de lluvia, que siempre empuerca los caminos y desasosiega las monturas. De ahí a PeñaFerruz, las fuerzas harían un despliegue sencillo, sin grandes contratiempos, excepto algunos desmontes forzados que dieron con un par de reclutas en suelo... Al cuartel general, llegaba en esos mismos momentos el Húsar Êmile du Batôn, correoso funcionario, toda una garantía de la disciplina castrense, y cuyas invectivas eran bien conocidas por algunos. A pes
ar de mantener un espíritu juvenil y dispuesto, los achaques ya le eran frecuentes. -“Milord, l`armeê sobrepasa ya la venta Romarí sin sombra de deterioro, se dirigen al Monte Areo”, comunicó mientras hacía oscilar su garrote arriba y abajo, ante la asustada mirada de los edecanes...Al paso, en el área citada, con ya pocas fuerzas, los integrantes, bajo una lluvia fina que se filtraba entre la arboleda, afrontaban la última rampa, temible como pocas...Solo quedaban unos pocos kilómetros por la urbe para fascinación de los pocos ciudadanos paseantes, con llegada final a los cuarteles de Las Mestas, donde recoger enseñas y diplomas.
El Ilustre, sabiendo lo poco que restaba a la marcha, solo unas pocas leguas por terrenos urbanos con escolta oficial, exhaló un suspiro de alivio al que se unieron el resto de asistentes. Ya se veía disfrutando de un merecido descanso en sus tierras salmantinas, rodeado de sus viñedos y sus colegas...Sin embargo, algo quedaba por hacer todavía...
…Anochecía, y la claridad se difuminaba rápidamente. Buscando las sombras, un hombre embozado y vestido de negro, que a pesar de su corpulencia, se movía ágil y silencioso como una pantera con calzas, llegose hasta la puerta. Allí, en silencio, abrió su chaqueta y extrajo una siniestra daga cuyo filo, recién afilado, lanzaba acerados destellos a pesar de las penumbras. Su mano enguantada en cuero negro abrió, con sumo cuidado, la portezuela, que apenas exhalo un débil quejido, y se introdujo, zahino, en el zaguán de la casa…su presa estaba cerca, lo presentía…era hora de cobrar una deuda reciente, y a fe del sargento, que iba a quedar liquidada en menos de lo que se tardaba en decir un amén…
capitan Briansoix (lease Briansuâ) remató la frase clavando el mellado sable en el suelo mientras se destocaba del sucio barboquejo que ceñía sus sienes. La frase había silenciado, bruscamente, el murmullo de la atestada tienda de campaña. El Sire en cuestión, recio, callado, amenazante, inclinado sobre el mapa pero con pose digna, apenas esbozó un gesto frío mientras acariciaba su corta y canosa barba con la mano libre, la otra, la diestra, permanecía en el interior de su chaleco índigo…la pregunta sonó ronca, merced a años de expediciones en las minas...-¿Cuántos hemos perdido Emmanuel???...Conocía bien al capitán, y le tenía en aprecio, un individuo de verbo fácil, aunque con tendencias histriónicas... -"Pocos Sire, acaso una cuadrilla, los batidores se dieron cuenta pronto y redirigieron el avance", -" ¿Se ha descubierto al responsable…?"...Un silencio opresivo, asfixiante, se extendió entre los asistentes como un sudario húmedo…El temible sargento Jean du Blas, convaleciente de una herida en el Sitio de Le Peinete, respondió seguro de sí, a la par que pasaba una piedra de afilar a la hoja de su daga, su voz era como una sentencia…-"Ha sido reconocido Milord, anda proclamando su hazaña por los boletines locales...”…- El pequeño Mariscal asintió satisfecho, mie
ntras seguía estudiando el mapa, todo un año de preparación se podía ir al traste por lances como aquel; no habían comenzado las maniobras y ya tenían los primeros percances en ciernes...un añejo infante al que los galenos habían tenido que coserle medio brazo y ahora aquello...en estas estaba, maldiciendo en arameo por lo bajini cuando un cabo gastador algo desastrado y flojo de belfo irrumpió tropezando en la tienda en la que se cobijaban los generalatos...-“¡François de Le Polê, Cuádrese!- ordenó el untuoso y socarrón mariscal Reubenoir (Rubenuâ...), siempre dispuesto a encontrar una buena fonda o mesón donde almorzar con su señoría......-¿Qué sucede ahora?...-“ –“ Si Su Ilustre, el comandante Echevarrieux comunica el avance por la zona de Fario, las fuerzas afrontan el descenso hacía el Valle de Sariego, también
hace saber a su Insigne que la vanguardia se ha quedado sin rancho”. Respondió el aludido...Bueno, lo del desayuno no era importante, por lo menos Echevarrieux y sus lugartenientes mantenían el orden, empresa harto difícil con mas de 300 integrantes, entre exploradores, bisoños, veteranos, chusqueros, gañanes y alguna que otra infanta, amén de tres o cuatro carromatos con la intendencia. Ya se había superado el tercio de la ruta y la cosa no pintaba nada mal, el clima se mantenía estable y los caminos limpios y seguros, excepto alguna charca embarrada. Ojeaba el mapa cuando la calma fue de nuevo interrumpida por el voceador Barredoux (Barreduâ), encargado de que las tropas no se durmieran...ante la llegada del ya veterano militar, todos los presentes echaron las manos hacia sus oídos, en previsión de evitar posibles sorderas:...-“SIREEE, DOS BAAJAS...
EN LA COLLADAAA!!!...” Destapando sus imperiales orejas, el Mariscal requirió el catalejo al intendente Paulinê, hombre serio y circunspecto, de oronda cabeza que mantenía cubierta por un chacò. Oteo la zona y descubrió a los heridos, protegidos por algunos batidores mientras los cirujanos procedían a su traslado al hospital de campaña...-“Bien teniente, bien, encárguese de que sean bien atendidos por los cirujanos...y localíceme a Chemoix, donde diantres esté...”. El citado Barredoux espoléo su montura, como siempre hacía y salio disparado, seguido de su delfín, como bala de cañón torcido hacia la zona. Mientras tanto, en las alturas de la foresta Múñica, un irritado brigada Trapeaux (Trapuax), reprendía vivamente a un quinto: -“¡¡Guzmanoir!! (Guzmanuá), le tengo dicho que apague la corneta, que nos está dando el día, Mon
ar de mantener un espíritu juvenil y dispuesto, los achaques ya le eran frecuentes. -“Milord, l`armeê sobrepasa ya la venta Romarí sin sombra de deterioro, se dirigen al Monte Areo”, comunicó mientras hacía oscilar su garrote arriba y abajo, ante la asustada mirada de los edecanes...Al paso, en el área citada, con ya pocas fuerzas, los integrantes, bajo una lluvia fina que se filtraba entre la arboleda, afrontaban la última rampa, temible como pocas...Solo quedaban unos pocos kilómetros por la urbe para fascinación de los pocos ciudadanos paseantes, con llegada final a los cuarteles de Las Mestas, donde recoger enseñas y diplomas.El Ilustre, sabiendo lo poco que restaba a la marcha, solo unas pocas leguas por terrenos urbanos con escolta oficial, exhaló un suspiro de alivio al que se unieron el resto de asistentes. Ya se veía disfrutando de un merecido descanso en sus tierras salmantinas, rodeado de sus viñedos y sus colegas...Sin embargo, algo quedaba por hacer todavía...
…Anochecía, y la claridad se difuminaba rápidamente. Buscando las sombras, un hombre embozado y vestido de negro, que a pesar de su corpulencia, se movía ágil y silencioso como una pantera con calzas, llegose hasta la puerta. Allí, en silencio, abrió su chaqueta y extrajo una siniestra daga cuyo filo, recién afilado, lanzaba acerados destellos a pesar de las penumbras. Su mano enguantada en cuero negro abrió, con sumo cuidado, la portezuela, que apenas exhalo un débil quejido, y se introdujo, zahino, en el zaguán de la casa…su presa estaba cerca, lo presentía…era hora de cobrar una deuda reciente, y a fe del sargento, que iba a quedar liquidada en menos de lo que se tardaba en decir un amén…lunes, 13 de junio de 2011
LA TRASTIENDA DEL INFIERNO (Soplao 2011)
Al igual que ocurre con los seres vivos, las ideas nacen, crecen, se
reproducen (o no) y mueren. La de participar en “Los 10000 del Soplao” nació hace un año, durante la convalecencia tras la operación por rotura del ligamento cruzado anterior de mi rodilla. Pensé que, a modo de esas promesas marianas consistentes en alcanzar algún Santuario de Nuestra Señora, sito a tropecientos kilómetros por camino de guijo, descalzo, o mejor aún, hincado de hinojos para mayor sufrimiento, podría meterme 165 kilómetros entre pecho y espalda para ver como respondía la pierna. Con el tiempo y la lentitud de la recuperación la idea quedó aparcada, dormida pero latente. Hasta que retomé las salidas sabáticas y, en una de esas, el que se hace llamar “De la Mancha” se acercó pedaleando y me dijo: -"Pepe, ¿nos apuntamos al Soplao?". Ese día la idea despertó tímidamente, pero a base de chinchar un sábado sí y otro también, entró en fase de crecimiento. 
La inscripción a la prueba fue seguida del arrepentimiento de haberlo hecho, no sólo porque pensaba en la locura y sufrimiento de pasar más horas que nunca encima del sillín, sino porque me estaba obligando a entrenar, a robarme tiempo o quitárselo a mi familia para entregárselo a la bici. Pero ya estaba decidido: a partir de ese día me propuse salir todos los sábados, sin importar la meteorología, y también los miércoles, amparado por la nocturnidad. Aconsejado de nuevo por el Manchego de Asturias, me inscribí en dos rutas que bien podrían indicarme si “progresaba adecuadamente” con vistas a alcanzar el objetivo.Todos los pelayos que acudimos a la Maratón Montes del Sella y los 101 Peregrinos acabamos ambas pruebas. En el grupo de cola los de siempre, los que tenemos como meta llegar a ella sin importar el tiempo que invertimos para alcanzarla. Y en ambas pruebas el mismo comentario una vez acabadas: -"¿te das cuenta de que en El Soplao nos quedarían aún 100 kilómetros?; ¡65 kilómetros más para
acabar El Soplao!" . Como se dice en el argot ciclista, los dos días tuve “buenas sensaciones” y, aunque mentiría si dijera que no deseaba ver el final, no me hubiera costado mucho pedalear durante unos cuantos kilómetros más.Este fue todo el bagaje que metí en el petate para ir a Cabezón. ...Menudas batallas nos cuenta ahora el abuelo … Pues sí, pero creo que no está de más para desengañar a los que piensan que nunca podrán hacer este tipo de pruebas por falta de tiempo para entrenar. Es más, como soy un tío de ciencias y me gusta apuntar, observar, analizar, … mis piernas hicieron 1416,10 kilómetros repartidos en 34 salidas desde el 1 de enero, lo que hace un promedio de 41,7 kilómetros por salida. Ya lo veis, no se puede ir a El Soplao con cuatro paseínos previos, pero que no os cuenten milongas; si no pretendes hacer un “buen tiempo” tampoco es necesario entrenar un día sí, otro no, en series de frecuencia cardiaca máxima-mínima, subidas del 20% seguidas de suave pedaleo en llano durante 5 kilómetros (quién cojones encuentra un llano de 5 kilómetros seguidos en Asturias), etc, etc. Y por fin llegó el momento de ll
evar a término la idea. Llegamos a Cabezón de la Sal y me quedé alucinado del ambiente y la cantidad de gente que atestaba la villa. Si Don Pascual Madoz levantara la cabeza reescribiría la página correspondiente de su diccionario geográfico e incluiría tal evento, no me cabe duda. Recogida de dorsales, traslado a Casar de Periedo, cena a base de carbohidratos y a la cama, si así puede denominarse un catre por el que me sobresalían los pies, olía a gasoil y estaba equipado con una almohada cuyo espesor necesitaba ser medido con un micrómetro. La noche fue un eterno duermevela. -"Los nervios, así estamos todos...", dijo uno de mis compañeros a la mañana siguiente. A estas alturas de la vida, con 46 primaveras a mis lomos y habiéndome colgado ya las medallas que considero importantes, puedo afirmar que la excitación, de haberla, no tenía relación con el evento deportivo, sino más bien con la mala leche que me provocaba la íntima sensación de que me habían tomado el pelo. Pero como diría el Sr. Ende en su interminable relato -“esa es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión”.
Ya estamos casi a la cola de un infinito pelotón que se desparrama por las calles de Cabezón. A la espera de que los AC/DC indiquen el momento de la salida, pasan por mi mente los bieni
ntencionados consejos de los que han completado los 165 kilómetros en anteriores ocasiones: -"El Soplao se entrena haciendo kilómetros en bici de carretera; usa cubiertas rodadoras, que no hay tramos técnicos; si acabaste los peregrinos, El Soplao está chupao; llévate un culotte de repuesto y échate crema; el verdadero Soplao empieza en Ruente; márcate un objetivo (el mío era hacer todo el recorrido en la bici, sin caminar, y doy fe que lo cumplí, salvo el tramo de embotellamiento en el que todos tuvimos que echar pie a tierra)". Ya da igual, ya hemos empezado a rodar. Mi inicio es lento y cansado, como acostumbro. La explosividad de los años mozos se tornó hace tiempo en la constancia de los motores diesel de antaño: costaba arrancarlos, pero cua
ndo calentaban después de los primeros 20 kilómetros, eran capaces de ir sumando los que fueran. Por eso, y porque pronto llega la primera meadita, enseguida me quedo atrás. No importa, me uniré a mis compañeros de fatiga en la Ermita de San Antonio y continuaremos cada uno a su ritmo, pero agrupándonos en los avituallamientos. Mi rodar fue más o menos ligero, mejor de lo que pensaba, y aunque algún “maloso” insinuó que comía algo más que plátanos, pastelitos y bocatas de jamón, os juro que hubiera pasado todos los controles antidopaje. No os detallaré el recorrido e incidencias pormenorizados; ya lo hemos vivido, leído, contado u oído. Tuve la sensación de estar haciendo una prueba en etapas en las que se repetía la misma situación una y otra vez: salida torpe y costosa tras cada avituallamiento, mejora progresiva adelantándome a mis compañeros de grupo y nueva parada de vituallas hasta configurar el mis
mo grupo (Arturo, Adrián, Juan, Pedro, Josmar, Vicente y el que suscribe). Algunas esperas fueron largas, y aunque el cuerpo te pide arrancar para no enfriarte más de la cuenta, un “no sé que” te retiene, algo que te dice que es mejor disfrutar comiendo acompañado mientras comentas cómo estás, das ánimos al que encuentras desfallecido, compartes barritas, cremas, dichas y desdichas,…Y tras una escapada subiendo El Moral por donde previamente habíamos descendido (lo siento chicos, tenía que seguir mi ritmo o no acababa), después de 165 kilómetros y 15 horas de bici, con las nalgas escocidas a causa de la íntima relación de las susodichas con el sillín (y dicen que el roce hace el cariño, ¡ja!), cansado y emocionado, atravesé la meta. La idea se había consumado, pero no tengo tan claro que, a diferencia de lo que ocurre con los seres vivos, haya muerto.
-"...Señor De La Mancha.................
reproducen (o no) y mueren. La de participar en “Los 10000 del Soplao” nació hace un año, durante la convalecencia tras la operación por rotura del ligamento cruzado anterior de mi rodilla. Pensé que, a modo de esas promesas marianas consistentes en alcanzar algún Santuario de Nuestra Señora, sito a tropecientos kilómetros por camino de guijo, descalzo, o mejor aún, hincado de hinojos para mayor sufrimiento, podría meterme 165 kilómetros entre pecho y espalda para ver como respondía la pierna. Con el tiempo y la lentitud de la recuperación la idea quedó aparcada, dormida pero latente. Hasta que retomé las salidas sabáticas y, en una de esas, el que se hace llamar “De la Mancha” se acercó pedaleando y me dijo: -"Pepe, ¿nos apuntamos al Soplao?". Ese día la idea despertó tímidamente, pero a base de chinchar un sábado sí y otro también, entró en fase de crecimiento. La inscripción a la prueba fue seguida del arrepentimiento de haberlo hecho, no sólo porque pensaba en la locura y sufrimiento de pasar más horas que nunca encima del sillín, sino porque me estaba obligando a entrenar, a robarme tiempo o quitárselo a mi familia para entregárselo a la bici. Pero ya estaba decidido: a partir de ese día me propuse salir todos los sábados, sin importar la meteorología, y también los miércoles, amparado por la nocturnidad. Aconsejado de nuevo por el Manchego de Asturias, me inscribí en dos rutas que bien podrían indicarme si “progresaba adecuadamente” con vistas a alcanzar el objetivo.Todos los pelayos que acudimos a la Maratón Montes del Sella y los 101 Peregrinos acabamos ambas pruebas. En el grupo de cola los de siempre, los que tenemos como meta llegar a ella sin importar el tiempo que invertimos para alcanzarla. Y en ambas pruebas el mismo comentario una vez acabadas: -"¿te das cuenta de que en El Soplao nos quedarían aún 100 kilómetros?; ¡65 kilómetros más para
Ya estamos casi a la cola de un infinito pelotón que se desparrama por las calles de Cabezón. A la espera de que los AC/DC indiquen el momento de la salida, pasan por mi mente los bieni
-"...Señor De La Mancha.................
..........¿VOLVEMOS EL AÑO QUE VIENE?........"
Autor confeso del relato: Don Pepe Marín de Barcaiztegui
martes, 24 de mayo de 2011
SOPLAO 2011, ASÍN FUE
Dicen los veteranos que El Soplao es como la vida misma
, con sus alegrías y sus desdichas, con sus triunfos y sus desazones, con sus padecimientos y sus recompensas, pero todo ello concentrado en unas pocas horas y en unas decenas de kilómetros. En ese espacio de tiempo y distancia, se pasa por todo tipo de situaciones físicas, mentales e incluso ambientales...y todo ello en un plazo relativamente corto de tiempo...para algunos...Doy fe que así fue.
Podría dotarse a este relato de adornos épicos, tan en boga hoy en día, pero la simple crónica de los hechos dan idea de lo que es y supone afrontar un Soplao.
Vayamos a los hechos pues:
07:40: Allí estábamos, nerviosos como flanes, sonriendo de forma tontorrona
y rodeados de más de 3000 ciclistas, esperando la salida del pelotón. Hay que decir, que aún a pesar de intentar colarnos, estábamos de los últimos, exceptuando Agus, Chema, Trapote, Xuan, Angel V., Jorge, que se pasó la noche soñando empezar la prueba en pijama, y el inefable Juanín, a quien algunos acusan de dormir debajo del podium.
08:00; Puntualmente se canta la cuenta atrás, que empieza a removernos. Fran y Briansó, desaparecen, y el resto desfilamos andando por la alameda de salida, pasando unos buenos 15 minutos hasta que podemos subir a los pedales. Saludamos a los Espantaliebres, que se han animado a venir, y a los que nos encontraremos por toda la ruta de lo cariñosos que son. La mañana está fresca y nublada, y sin mayores problemas, alcanzamos Caviedes y su avituallamiento; habíamos pensado en no parar, pero -"¿quién se resiste a unos buenos plátanos?" , de paso, es
perábamos a Pepe, un poco retrasado en estos primeros momentos, luego nos esperaría él a nosotros.. Tras este pincheo, la ruta nos acerca hasta La Cocina, una trialerita de fácil ascenso en solitario, pero imposible con 500 ciclistas posados delante. A media subida escampa un poco la montonera y se puede pedalear. Desde aquí se inicia una laarga subida hacia la Cueva del Soplao, andamos ya por el kilómetro 30 y las piernas, quizás por los nervios, se resienten. Seguimos en grupo, destacando Pepe, que debió desayunar guindillas, y Adrián, que lleva un ritmo muy ligero. El posterior descenso hace que crucemos Ruente, animados por bastante gente, (…la hora del vermouth...), atravesando su estrecha pasarela por encima del río…no había sitio ni para poner los pies...Pedro, envalentonado con el público, echa unas cuantas voces que asustan a alguna doncella. Pero se empieza a subir, y el ritmo pasa factura. El Monte AA es u
na pequeña tachuela que pincha en los abductores cuando se trepa demasiado deprisa y Mancha se resiente, el resto aguanta. A media ladera, nos sorprende un helicóptero en vuelo rasante, -"a ver si se va a caer...quita..quita..!!!" . En grupo llegamos al área de Casa del Monte, un poco tocados; se nota en las caras y en los estiramientos que exhibimos. Impresionante el despliegue: camión de bomberos, hospital de campaña, camiones-cuba para lavar las bicicletas y un imponente avituallamiento con todo lo impensable hace que nos demoremos un poco en tomar la salida, aprovechando para tomar el sol. Nada mas salir, afrontamos ya la tremenda subida al Moral, 12 km de duro y largo ascenso, los calambres aparecen por doquier, las dudas también, y empezamos a ver participantes abandonando la prueba, ¡¡¡sorprendente!!!, si solo llevamos unos 70 Km.… Pero la sorpresa está por llegar; con un pedaleo redondo, la cuadrilla un poco desperdigada, con Marín, Adrián, un poco preocupado por su Tere, indispuesta en el hostal, y Vicente por delante, Blas y Arturo por det
rás y Pedro haciendo la goma entre los dos grupos, de repente vemos bajar como misiles a los primeros clasificados…¡¡¡ NO PUEDE SER!!!, mientras nosotros hemos rodado 75 Km., ellos han hecho ya ¡¡150!!...IMPOSIBLE, ver para no creer...¡qué se habrán tomado???. Arriba en el puerto, al mismo tiempo, Angel Víctor da muestras de su excesiva potencia y arranca un radio de su rueda trasera…irá penando el resto de ruta. Trapote lucha contra la soledad y contra su casette en Tierra de Nadie y del resto no sabemos nada de nada. (¿¿ande andarán???). El ascenso es descarnado, sin árboles ni arbustos, y una ligera niebla humedece los caminos. A lo lejos se escuchan algunos truenos que retumban en las montañas…pero empieza a clarear algo. En el descenso nos encontramos ya con el grueso de ciclistas que acometen la parte final de la ruta, Juanín nos saluda el primero, y a su estela viene el rodador Mulero, al que la sal del ColaCao de la cena debe haberle sentado bien, pues sube como una moto… atravesamos Barcena Mayor, una deliciosa y empedrada vi-vi-vi-lla-lla-lla que nos hace botar, y no de alegría. Por cierto, que a est
as alturas, con 90 Km en las piernas, nuestras posaderas reclaman algo de atención (¡¡¡CÓMO DUEEELEN!!!) . A las afueras de Bárcena hay otro surtido avituallamiento, con sol también, y con bocadillo de jamón…que mira que nos habían dicho…no lo comais, no lo comais...que luego pesa en la subida...pues nada, a la saca!!! y algunos hasta se guardaron otro en la mochila. De nuevo el grupeto en marcha, con el mismo orden de subida. Esta vez el ascenso se hace muy largo, demasiado. Los hayedos nos rodean y el paisaje es muy diferente a los anteriores, muy verde. Se gana altura de forma decidida, hay que ascender a 1200m. y se nota en los pulmones. Hemos pasado el ecuador de la prueba, nos movemos por terrenos inexplorados, pues ninguno ha superado el kilometraje que estamos haciendo. A medio camino, Lavan
dera encuentra una bonita campiña que holla con sus pies desnudos…-“qué haces, que vas a gasear a la gente!!!"... -“es que tenía los pies muy calientes, oye….” Blas aprovecha y demarra y yo subo con Pedro y su goma, ahora lo dejo atrás, ahora me deja él a mi…ahora…-"¡¡¡PEDRO, O DELANTE O DETRÁS, ACLARATE…!!!"... Bueno sigamos…Km 111, he dejado al del gomero por ahí, también a Blas, y subo con Eugenio y su Scott hacia Palombera, esto es larguísimo, nunca se acaba, desde La Cruz de Fuentes la niebla ya es patente y no se ve más allá de cuatro vacas, la quinta desaparece, mejor!, que no se ven las cuestas. Dos rampas en Z y alcanzamos Palombera. El airillo fresco, que no frío, nos recibe al parar, a hidratarse tocan. -"¿JOSMAR!!!, que haces aquí?" ...-"Pues ya ve, aguantando el relente"... (lo del relente lo pongo yo, pero Josmar estaba allí, eso si…). Anda Josmar un poco desanimado, quiere ir de vacaciones a Mayaami y corre el rumor de que el que acaba el Sopla
o deja de ser hombre durante una semana (Barquín dixit), lo consuelo un poco y llega Pedro, saludando a unas féminas de la zona, fiel a su estilo. A los pocos minutos, zapateando por el paso finlandés, aparece Blas, con media horquilla en descomposición. A partir de aquí, y avisados por un amable organizador, echamos alas, nos quedan 45 minutos de reloj para llegar al corte de Juzmeana, así que afrontamos la bajada desde el alto a toda mecha. Marca ritmo por delante un fugado Pedro, seguido de Mancha, Josmar, el cojo Blas y el lebrel Javier. Es un descenso rápido y pedregoso, con curvas enlazadas, botellines atravesados, y una redonda zanja tamaño oleoducto. Juan de Blas se marca unos derrapes incontrolados que hacen que los testigos llamen a un cura, pero endereza a un palmo del descalabro. A pedalear, 25, 30, 35, me uno a Pedro y juntos afrontamos el descenso de Los Tojos, Pedro coge
marcha y se embala a 58 Km/h (-"Nati, no leas esto, somos unos exagerados, bajaríamos a 15-20 por hora, respetando nuestro carril y observando las mariposas"…). Salida a la carretera y regreso hacia el Moral, entrando cinco minutos antes del cierre…siempre los últimos, que cruz!!!. Y allí nos encontramos con nuestros compañeros de desdichas, Vicente, Pepe, Adrián, y Eugenio. Marín está rellenando la badana con Hemoal o algo parecido...Al poco llegan Josmar y Blas, fuera de plazo pero a ver quien era el que se lo decía al barbudo. Este mismo agota el bote de Rexona sobre sus piernas, se toma un café cargado de algo y arranca sin despedirse. Josmar entona el -“ya que estoy aquí...” y coge carrerilla. Por delante ya cabalgan hacia arriba el grasiento Pepe y sus secuaces. Me tomo un chute por si aparece el tio del Mazo, pero me comentan que se lo llevó hacia arriba Xuan Anxel, hace ya 5 horas...que detalle...Partimos Pedro, Josmar y menda. El ascenso es largo, per
o es el último. A medio camino se hace de noche y solo se ven a ratos las luces traseras de algún ciclista. Lavandera, aprovecha para hacer relaciones pero no le toman en serio. La niebla cae sobre la senda y el paso se hace incierto, los sonidos se amortiguan y excepto alguna piedra aventada, y el sonido de la propia respiración, subimos en silencio (da algo de canguelo...). De repente, al torcer la senda, las luces fantasmagóricas de un vehículo de Protección civil indican el final del puerto!!!! Pues mira que estamos aquí, que lo tenemos a tiro de piedra, que vamos a llegar!!!.
Acampan en la zona Adrián y Vicente. Marín ya se ha ido, que lo riñen en casa si coge frío, y el Garrido cargado de los lumbares, se traga un energético. Colocamos las luces, a la par que llega el resto de la comparsa. Juan enciende los reflectores antiaereos y la noche se ilumina, aunque la niebla rechaza la luz, y hay que enfocar al suelo. Dadas las circunstancias, avisan de que nos agrupemos para
bajar por delante de un coche que nos ilumine el camino…Adrián y yo intercambiamos una mirada de complicidad…-" ¿tiramos???...!!!TIRAMOS!!!..." hacia abajo, Adrián va marcando las curvas, pedal a fondo, hay un par de subidas antes del descenso fuerte y de repente, al mirar a detrás, solo veo oscuridad, Garrido Josmar y Juan se han descolgado. Entre la niebla, de repente suena un cencerro,...-"TOLÓN---TOLÓN...", clavamos frenos a la espera del asalto del rumiante pero nos sorprende una voz animándonos a continuar, es un animador que ya estaba allí por la mañana!!! Seguimos bajando, Marguerido afronta las curvas con decisión, la veteranía en las nocturnas se nota, vamos adelantando ciclistas, al principio de uno en uno, luego en parejas y al final a grupos completos. De vez en cuando echo un vistazo atrás pero sigo viendo la boca del lobo, así que dejo de mirar... La niebla es espesa, y empapa nuestros guantes, nuestras ropas, nuestras piernas, es difícil coger tacto para frenar con las manos entumecidas, y en algunos giros freno con los dientes apretados, para no perderlos, por si acaso... Las curvas se vuelven mas pronunciadas y las recordamos de por la mañana….hace ya tanto tiempo..., debemos estar cerca del área recreativa. Sin tregua, y aprovechando que se aclara la niebla, adelantamos también a un coche de la organización y a otro pelotón que se asustan al vernos pasar. Había un avituallamiento que ni vimos??. A
lcanzamos Ucieda y a relevos de 40 Km/h cogemos la carretera ya en dirección Cabezón. Algunos nos adelantan como si hubiera meta volante...por que ya no puedo ni con la badana, que si no...a estas alturas, deben ser las 23:30 o por ahí. Atravesamos un paso entre montañas y llaneamos por la Avenida de entrada a Cabezón, al que llegamos en poco. La entrada en la villa es espectacular, con gente animando, aplaudiendo, brindando con jarras en la mano, (los que salían de una cervecería), y por fin, 16 horas después de salir, el hinchable de meta. Emocionante, pero que muy emocionante, vamos que si me paro allí, todavía estaba lagrimando...pero no, seguimos unos metros y nos encontramos a Pablo, aburrido de esperar y al cremoso Pepe. Al poco llegan Vicente y Pedro, con Josmar en el
rebufo y cerrando el grupo el inmenso Blas. Tras las fotos de rigor, con caras que denotan cansancio, toca alimentarse un poco en la carpa de la organización, ensalada de pasta y cerveza. Son las doce y media de la noche. El resto de integrantes de la expedición, ya andan cabeceando en la cama, o de vuelta para casa, en el caso de Fran, Agus y Briansó. Lo que queda es sencillo de contar: traslado al hostal, una buena ducha y casi todos a la cama a descansar, menos un par de dos que se tomaron una cerveza para celebrar la hazaña.
Al día siguiente, los rostros indicaban la dureza de la prueba, los que se levantaron, porque a otros casi los tienen que sacar de la cama a escobazos...desayuno, recogida de equipajes y retorno a casa que había que votar y ver la carrera de Alonso.
Y esto es el sencillo relato de una prueba increíble, por su recorrido, por su gente, por su dureza, y por lo bien que nos lo hemos pasado!!!! Gracias a todos.
Pd. ...chissst...chissst...compis...el año que viene…¿volvemos???
Podría dotarse a este relato de adornos épicos, tan en boga hoy en día, pero la simple crónica de los hechos dan idea de lo que es y supone afrontar un Soplao.
Vayamos a los hechos pues:
07:40: Allí estábamos, nerviosos como flanes, sonriendo de forma tontorrona
08:00; Puntualmente se canta la cuenta atrás, que empieza a removernos. Fran y Briansó, desaparecen, y el resto desfilamos andando por la alameda de salida, pasando unos buenos 15 minutos hasta que podemos subir a los pedales. Saludamos a los Espantaliebres, que se han animado a venir, y a los que nos encontraremos por toda la ruta de lo cariñosos que son. La mañana está fresca y nublada, y sin mayores problemas, alcanzamos Caviedes y su avituallamiento; habíamos pensado en no parar, pero -"¿quién se resiste a unos buenos plátanos?" , de paso, es
Acampan en la zona Adrián y Vicente. Marín ya se ha ido, que lo riñen en casa si coge frío, y el Garrido cargado de los lumbares, se traga un energético. Colocamos las luces, a la par que llega el resto de la comparsa. Juan enciende los reflectores antiaereos y la noche se ilumina, aunque la niebla rechaza la luz, y hay que enfocar al suelo. Dadas las circunstancias, avisan de que nos agrupemos para
Al día siguiente, los rostros indicaban la dureza de la prueba, los que se levantaron, porque a otros casi los tienen que sacar de la cama a escobazos...desayuno, recogida de equipajes y retorno a casa que había que votar y ver la carrera de Alonso.
Y esto es el sencillo relato de una prueba increíble, por su recorrido, por su gente, por su dureza, y por lo bien que nos lo hemos pasado!!!! Gracias a todos.
Pd. ...chissst...chissst...compis...el año que viene…¿volvemos???
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