domingo, 15 de enero de 2006

El Enemigo Invisible

Pasada ya la resaca de las fiestas navideñas, y con las dos neuronas principales trabajando al 100% de su capacidad, me veo sumido en importantes reflexiones sobre la vida y la existencia, que superan la capacidad humana de comprensión racional.

Así que mejor lo dejo y paso a otra cosa.

Me vino a la cabeza ese "juego" tan divertido entre gente que se autoconsidera adulta que es el "amigo invisible", que consiste en asignar a cada uno de los participantes una persona (del mismo grupo) a la que hay que hacerle un regalo, sin que ésta sepa quien será el regalador; por norma general se pone un precio para el regalo, para evitar que la cosa se desmande, tanto por arriba como por abajo. A partir de ahí todo depende del regalador, que deberá acertar con los gustos de la víctima y obsequiarle con algo que verdaderamente aprecie; evidentemente, si no hay buenas relaciones entre ambos, el regalo puede ser lo más desagradable posible (no se si en el momento de dar los regalos se descubre la personalidad del regalador, la grima no me deja llegar al final de la explicación de tamaña diversión).

Y tras esta introducción, paso al tema del que quería hablar: ¡El enemigo invisible!

¿En qué consiste?¿Eh? Pues se meten los nombres de los compañeros de ruta, escritos en unos papelitos plegados, en una pecera de cristal de unos 20cm de radio (el tamaño no importa, es para rellenar texto, que cobro por número de palabras). Cada uno saca un papel, que tendrá el nombre de su víctima potencial, que se guardará en el bolsillo derecho del pantalón. A continuación, en la misma pecera (u otra, si hay presupuesto) se meten tantos papelitos doblados como implicados en el asunto, los cuales estarán en blanco excepto uno, que pondrá algo así como "Tu eres el asesino", que designará al que ejercerá de enemigo invisible. Los demás pueden guardarse el papel para hacer lo que quieran, aunque conviene sacarlo del bolsillo antes de echar los calzones a lavar, porque si no se hace una bola de pasta de papel bastante repugnante.

A partir de entonces, el enemigo invisible tendrá que hacerle la vida imposible a su víctima, según su propia capacidad de inventiva: pincharle las ruedas, aflojarle el tornillo del sillín, ponerle grasa en los discos de freno, aflojar los cierres de las ruedas... La víctima, evidentemente, se dará cuenta en seguida de que es la víctima, pero para parar el suplicio tendrá que averiguar quien es el asesino, momento en el que se acabará el juego.

Premios: Si el enemigo es descubierto antes de un mes, deberá pagar una cena al grupo (con marisco si es en la primera salida). Si no lo descubre antes de dos meses, deberá pagar una cena al grupo. Si lo descubre después del primer mes pero antes del segundo, deberán pagar una cena entre ambos (evidentemente con marisco, ya que tocan a menos cada uno).

Y si has llegado hasta aquí leyendo esta tontería, te recomiendo que leas el siguiente libro: "La Conjura de los Necios", de John Kennedy Toole, para que veas por qué se me ocurren semejantes locuras.

miércoles, 26 de octubre de 2005

II Marcha B.T.T. Monte Deva

El sábado 22 de octubre se celebro la 2 marcha BTT Monte Deva, con una gran asistencia de participantes y un día soleado que más recuerda a las primeras semanas de Septiembre que a finales de Octubre en que nos encontrábamos.
Hubo muchos ciclistas que pese a los consejos previos por parte de la organización subieron hasta el área recreativa montados en sus bicicletas, los hay incansables, el resto subíamos adelantándoles con nuestros coches dejando una nube de polvo detrás y unos cuantos kilómetros menos por recorrer.
En la inscripción se podía disfrutar del ambientillo betetero, saludar a los compañeros que hace tiempo no veíamos, comentar la ruta, el perfíl, ver las nuevas maquinas que algunos de los participantes y poner a punto nuestras monturas.
A eso de las once menos cuarto el "megáfono" de bttpelayo da la salida. Partimos desde el área recreativa del monte Deva en dirección a la bajada del apiario, todos en fila y a comenzar el breve descenso hacia el camín de Rioseco, luego la subida a la Arquera y dirección al Curbiellu. Rápidamente con las primeras rampas el nutrido grupo empieza a fragmentarse, unos salen disparados mientras que otros empiezan a tomárselo con calma y a formar pequeños grupos para hacer mas animada la marcha.
En la bajada a Peón se suceden los primeros incidentes, alguna caída sin graves consecuencias (curiosamente en la parte de asfalto, y es que se nota que lo que más queremos son pillar caleyas), y unos cuantos pinchazos, entre ellos el de un servidor que vio como un reventón le relegó al final del pelotón (es que tengo que buscar excusas, je je).
En Peón comienza la larga, larga subida, primero suavemente pa ir calentando un poco las patucas y después con unas rampas que empezaban a hacer mella en el personal. La mayor parte de la subida ciclable, aunque muchos nos tuvimos que bajar de la bici ya que las fuerzas empezaban a agotarse. Disfrutamos, eso sí, de la hermosas vistas de Candanal y del maravilloso tiempo que nos acompaño durante toda la travesía.
Llegamos con la lengua fuera al desvío de Cuatro Jueces, cuando ya empezaban a bajar los "profesionales". En la bajada a Cuatro Jueces hubo alguna caída espectacular, pero se nota que la juventud esta echa de goma, ya que al poco el susodicho ya estaba otra vez montado encima de su bicicleta, eso sí, con alguna magulladura de más.
Enlazamos con los "profesionales" y comenzamos lo que a mi juicio fue la parte mas prestosa de la ruta, y es que a mí lo del barro me priva, disfrute como un enano metiendome a toda velocidad en cada uno de los barrizales por los que pasamos, algunos fueron superados con éxito, y en otros me encontré en medio del barrizal metiendo las patas en el colacao para poder salir. Desgraciadamente la bajada se hizo muy breve y comenzó la parte menos ciclable de la ruta, la ascensión hacia el Juriscao.
El "camino" sirvió pa empezar a charlar con el resto del pelotón, como decía un compañero, habíamos hecho la parte de bike y ahora nos tocaba la de montain, unos 15-20 minutos tirando de la burra p'arriba. Cuando llegamos al final de la ascensión allí estaban esperándonos una nutrida representación de Pelayo con la intención de sacarnos unas cuantas fotos en donde se notase el cansancio en nuestro rostro. Los Pelayos ya se conocían bastante bien esa ascensión ya que llevaban varias semanas repitiendo la ruta para marcarla y comprobar que no había ningún problema en el recorrido, esta vez y para poder tener un reportaje grafico lo más completo algunos decidieron coger un atajo mientras que otros seguían en ruta a los participantes para comprobar que todo marchaba correctamente.
La ruta estaba muy bien marcada mediante pintadas en el camino y cintas del Patronato Deportivo, aun así alguno se perdió en la ascensión hasta el desvío de Cuatro Jueces, afortunadamente pudo reencontrar al grupo mas adelante.
Cuando comenzamos la bajada a Rioseco algunos ya estaban llegando al final de la ruta, así de desperdigada estaba la gente. La bajada hasta Rioseco estuvo marcada por los pinchazos, la carretera bacheada y las castañas reventaron unas cuantas cámaras, cachis, con lo que fastidia eso.
La ultima subida se hizo dura pa los que estábamos en la parte trasera, pie a tierra y mas montain pa los que teníamos las fuerzas justitas, menos mal que ya prácticamente habíamos acabado. En la llegada nos esperaban las cheerleaders y las masajistas, ah no, estoy delirando, nos esperaban el resto de compañeros y empanada mas bollu pa los que abonaron los 3 euros.
Lo importante, pasamoslo bien y tuvimos buen tiempo, repetiremos el año que viene.

domingo, 11 de septiembre de 2005

It's a Long Way to the Top (Lagos de Covadonga)

Que feusco se prometía el día cuando nos retiramos a la piltra el viernes; el Hombre del Tiempo (no confundir con el Fantasma del Tiempo Pasado) apuntaba una y otra vez el dedito hacia un nubarrón, justito justito sobre Picos de Europa. Aún así, algunos inconscientes ajustamos los despertadores para poder llegar "puntuales" a la cita.

A las siete de la mañana, entre legaña y legaña, se podían apreciar las estrellas en el cielo, lo cual no significa nada, pero queda bonito decirlo. Estaba oscuro, pero eso suele pasar todas las noches, así que lo borro. A las ocho en punto pasadas, nos juntamos los tres únicos corajudos ciclistas que no nos amedrentamos por nada y emprendimos ruta hacia Arriondas; no nos acercamos más a nuestro destino final porque pretendíamos embarrarnos primero por la senda marcada a Covadonga. No había casi frío, así que todo perfecto para comenzar la ruta.

Tras rodar un rato por la senda peatonal (aprovechando que estaba sin peatones), en Las Rozas nos cambiamos de lado y comenzamos nuestras primeras pistas del día; como el sendero va muy llano junto al río, optamos por equivocarnos y subir una buena pendiente en la que decidimos que ya no había frío, por unanimidad. Retomado el camino correcto más adelante, atravesamos Cangas de Onís y llegamos a Soto, donde nos esperaba el cuarto Pelayo, que nos haría de guía durante la subida. Saltándonos el track previsto, que abusaba del asfalto, recorrimos varias pistas llanas (más o menos, ya se sabe que en Asturias la horizontal perfecta no existe) hasta Mestas, donde lo llano se acabó y nos hicimos unos 100 metros de desnivel extra, pero muy emocionantes (no podíamos ni hablar).

Ya entonada la musculatura, empezamos el asalto a la montaña, primero por asfalto, llevadero, hasta Demués, donde un señor de rojo, con cuernos y rabo y un tridente en la zarpa, nos dijo que empezaba el Invierno ¡qué tontería! si primero tiene que llegar el Otoño. Unas pistas de tierra bien compactada, alternadas con tramos de hormigón cuando el desnivel se hacía obsceno (apuntaba hacia arriba como la de un recién casado) nos llevaron hasta el Collado el Regueru; lo que nos quedaba ciclable, hasta el Collado Camba, era prácticamente inciclable, resbalaban hasta las lagartijas. Ninguno de los tres mosqueteros consiguió pasar de la primera curva, aunque nuestro guía dio un recital de cómo se pedalea por las paredes.

Entonces empezamos a trabajar la musculatura superior, cargando la máchina a hombros para salvar esa especie de calzada romana que nos separaba de la Majada de Belbín. Recuperando la postura erguida, volvimos a montar, parte por senderos, parte por pradería (inciso: menudo tirón me pegó por entrar a plato en la pradería, no solté un buen taco porque estábamos en un Parque Nacional...), y finalmente por pistas, para llegar a la Vega de La Ercina, no sin antes visitar el camión de apoyo a los helicópteros de la Vuelta a España (gótico tardío). Entre otras cosas, pudimos comprobar que nadia había embarrado tanto las bicis como nosotros, lo que indica el camino elegido por la mayoría para hacer la subida. Unas fotos y a buscar sitio cerca de la meta, para ver llegar a los profesionales. No voy a comentar las vueltas que dimos para, al final, quedar a 250 metros de la llegada, porque no me apetece, y en ese momento teníamos algo de hambre (pasaban de las 3:30 de la tarde, ó 15:30 para los que teneis reloj digital).

Tras dar buena cuenta de los bocatas, los ciclistas hicieron su llegada triunfal a toda leche, pero como estaban trabajando no pudimos convencerlos de que parasen a charlar un rato; así que les aplaudimos, ¡hala!. Llegaron todos, y cuando vimos el coche escoba, que para nuestro asombro era una furgoneta (a ver quien barre el salón con eso) iniciamos el retorno en medio del barullo de coches y ciclistas que se iban y los aficionados cargados de sidra que venían. Foto de recuerdo y muñeca chochona.

La bajada por carretera no tendría nada de especial que contar, si no fuera por el aguacero que se llevó nuestro sudor ganado con tanto esfuerzo. Tras dejar atrás el Mirador de la Reina (llovía tanto que ni la saludamos) encontramos el camino que debíamos tomar para continuar nuestra aventura off-road. Aquí se nos despidió el cuarto Pelayo, que decía que ese camino nos iba a obligar a cargar mucho trecho con la bici a hombros; y nosotros que no, hombre, y el que sí, que no es ciclable, y nosotros, cabezones, que qué va, si es solo un poquito al principio, que no es por donde dices tú, y él, empecinado, que nó, que no se puede rodar... y tenía razón.

La bajada empezó bajando (con la bici al hombro) para luego acometer una subida de pradería que nos llevó más arriba del punto de partida (con la bici al otro hombro). Siguiendo la ladera, por un sendero perfecto, pero para hacerlo andando, fuimos variando el firme: primero pedruscos, luego alternancia de bultos y baches (gentileza de las patas de las vacas), un poco de bosque, para finalmente ir mejorando y poder montar ¡Si no llega a ser por la vaca cabezona que se nos puso delante y nos obligó a ir a su paso! (el toro por lo menos se aparto pronto). Y se acabó el sufrimiento. Una pista de hormigón de las que te hacen saltar los empastes dio paso a la pista de tierra que nos acercó a Abamia y a las caleyas que nos supieron a gloria.

Y ya en Corao, felices y contentos y exhaustos y yo que se cuantas cosas más, enfilamos la carretera en dirección a Arriondas antes de que la noche dejara caer sobre nosotros su tupido velo (o sea, que nos dejara a oscuras y con el culo al aire, por eso de mejorar la visibilidad). Disfrutamos de un prelavado en marcha, gracias a la segunda remesa de lluvia, aunque en esta ocasión no fue tan intensa (pero vaya lo que jodía...).

En resumen: haciendo recuento, teniendo en cuenta que la subida a los lagos es de 12 Km, a ver como carajo nos salen 75 Km (la media no la muestro, porque tiene un tomate). Y el año que viene, al Angliru...

sábado, 9 de julio de 2005

XII Vuelta al Concejo de Gijón

Tiene esta duodécima Vuelta al Concejo un sabor especial, con todos esos cambios que, a la vista del número de participantes, parece que la hicieron más atractiva para los bikers de todo el mundo (había uno que hablaba raro, creo que no era español).

Por un lado, el cambio drástico en el recorrido (conservando las playas, eso sí) que nos hizo pisar por primera vez los concejos de Villaviciosa y Sariego. Los de cabeza quizá no los pisaron, pero puedo asegurar que los de cola los pisamos, y bastante. esto me recuerda los consejos de la Dirección General de Tráfico, que recomiendan bajarse y caminar cada dos horas de conducción.

Por otro lado, la reducción de kilómetros, que parece que animó a muchos que consideraban que 90 Km son demasiados. En realidad la rebaja fué fruto de la necesidad, ya que la continuación del Picu el Sol que había prevista endurecía la marcha demasiado para lo que es una ruta de estas características. De todos modos, que nadie se haga muchas ilusiones, ya que posiblemente esa parte la incluyamos el próximo año.

Otro cambio se produjo en la alimentación, con muchas novedades: los plátanos estaban curvados hacia la derecha, en vez de a la izquierda. Los bocatas eran de queso y jamón, en vez de jamón y queso. Había bebida de color azul que sabía a gominola, aunque a algunos les tocó de color amarillo que sabía a bebida de color amarillo, en ambos casos isotónica (yo llevaba a título personal una pócima de color rojo, que parecía hecha con sangre de gamusino cibernauta). Finalmente, para los guías había daikiris y caipirinhas energéticas (¿que a tí no te dieron? ah, es que los deportistas no deben beber alcohol).

El último cambio consistió en que el paseo triunfal por las calles de Gijón no se produjo por el paseo del Muro (o sea, por la playa), lo que ahorró a los participantes casados el riesgo de bronca de su pareja por embobarse mirando bikinis, aunque nos dejó un poco desilusionados a los solteros.

Lo que sí se mantuvo como en años anteriores fué la escasez de averías, de caídas y de participantes femeninas ( ¡ oooooh ! ), aunque estas últimas hicieron más agradable la marcha a los que circulamos en la clase turista (los que no tenemos prisa y podemos pararnos a hacer una foto sin miedo a estropear la media -de velocidad-).

Y el año que viene, más.

martes, 21 de junio de 2005

Perros y bicis

El mejor amigo del hombre ha sido, y sigue siendo desde que empezamos a destrozar este planeta, el perro. Ese animal que siempre está buscando compañía, algo de diversión y una pizca de cariño, vamos... como casi todos.

Sin embargo para los pobres ciclistas los perros son a menudo fuente de problemas, ¿quién no se ha asustado alguna vez cuando un pobre animal nos asalta con sus ladridos?, nos suben las pulsaciones y miramos atrás para ver que Cerbero no esta pisándonos la goma. Recuerdo las típicas películas en que el perro estaba al acecho para abalanzarse sobre el cartero o el lechero de turno, pero a los perros, lo que esta claro que les gusta, son las bicicletas.

Como las personas, no todos los perros tienen el mismo carácter, si a nosotros nos influye nuestra educación y la conducta de los padres, es el amo el que se encarga de imprimir el carácter en el animal. Afortunadamente también existen los perros que acompañan al ciclista en su trayecto, corriendo mansamente detrás o sirviendo de guía en el viaje a través de las caleyas y senderos. Si habéis tenido esa experiencia sabréis lo gratificante que es, así que la próxima vez que os asalte un perro ladrando acordaros de aquel que otro día se os unió en vuestro viaje y os regalo su compañía durante varios kilómetros.

De todas formas vamos de detallar las posibles actuaciones a adoptar cuando nos asalta un demonio de mirada feroz y ladrido furioso.

1º Ladrarle no sirve para nada, os enzarzaríais en una discusión y normalmente los perros son bastante cabezones.

2º Bajarse de la bici parece lo más indicado. Yo lo he hecho y al instante el perro ha dejado de ladrar, ¿se pensaran que somos centauros o algo parecido?.

3º Salir disparado a toda pastilla. Esta opción es la mas utilizada, es como practicar deportes de riesgo, siempre asalta la misma duda, ¿me cogerá?.